Los debates vacíos del educarquismo

 

Los alumnas/os y sus familias tenemos que aguantar por estas fechas gran cantidad de faltas de respeto en las redes de manos de algunos profesores (sí, en masculino) que quieren tener su momento de fama despotricando de lo mucho que sufren evaluando a sus estudiantes en estas fechas. La palma se la lleva ese profesor mediático sobre el que ya escribí en su momento, y que en su libro decía que los virus se curaban con antibióticos. 

Todo empezó cuando este profesor en cuestión publicó un estado en su página de Facebook diciendo que ese día se había acercado, sorprendido, al examen de recuperación de una alumna de 3º de ESO que, según él,  nunca había escrito tanto ni tan bien en un examen, y le preguntó si no podía haber hecho eso antes. La muchacha le respondió que para qué, si se había sacado el curso en dos días. Acababa diciendo que cada uno sacásemos nuestras propias conclusiones. Y eso hicieron varias personas.

En resumen, lo que venían a decir estas personas en estos comentarios no halagadores era lo siguiente: que el sistema, centrado en lo memorístico y en la transmisión de contenido, permitía a una alumna con un nivel de inteligencia medio-alto aprobar un curso en unas pocas semanas. Que el resto del tiempo era percibido como superfluo, falto de interés y de utilidad, y era mucho más eficaz y adaptativo hacer un pequeño esfuerzo al final para sacar la asignatura que estar durante un año invirtiendo un tiempo que podía ser precioso para una adolescente. No sé, creo que el argumento es bastante claro, y no hace falta ser Ausubel, Dewey, Freire o Vygotsky para emitirlo ni para comprenderlo: es evidente que una persona que puede invertir un esfuerzo x para alcanzar una meta, no invertirá x+1 sin obtener ningún beneficio a cambio. Este es el problema que tienen quienes basan su docencia únicamente en el tan ensalzado esfuerzo y en la sacrosanta memoria, sin añadir unas dosis de motivación y unas cuantas actividades significativas en las que se adquieren destrezas que no se pueden alcanzar de ninguna otra forma.

Pues bien, estos argumentos enfadaron mucho al profesor en cuestión, que publicó otro post diciendo que los profesores deberían cobrar un plus por aguantar las gilipolleces (sic) que tenían que leer en las redes sociales (como si sus contratadores le exigiesen tener una página en Facebook, vaya). Y seguía diciendo que anunciaba un cambio radical en la orientación de la página, que  pasaba de tanta Estupidez, con mayúscula, que tenía (de nuevo la obligación) que leer diariamente, de tanta crítica vacía, faltona y que solo denotaba desconocimiento del sistema educativo.Terminaba diciendo: “Ojalá tengan vuestros hijos los profesores que queréis para ellos.”

En fin, señor Poo, gracias por sus buenos deseos. Ojalá sea así. Pero desde luego puedo decir que las críticas que se le hicieron no eran ni faltonas (nadie le dijo que usted decía gilipolleces y estupideces) ni denotaban desconocimiento del sistema educativo, sino todo lo contrario. Le aconsejo que, si quiere cambiar la orientación de su página para dar consejos educativos, aprenda a debatir sobre educación con cierto fundamento.

Otra cosa que debe saber, señor Poo, es que no está bien hablar de los alumnos menores de edad en las redes sociales y publicar escritos de su puño y letra sin su consentimiento. Yo sé que es muy tentador hacer fotos a las producciones escritas de los estudiantes, y más si nos halagan. Seguramente eso subirá el número de likes y de visitas de su página, pero no es ético. No se debe hacer. No sea tan borde con la gente que se lo recuerda una y otra vez.

¿Y si me rompo un brazo?

Imagina que trabajas en una empresa de programación. Tu trabajo depende de tus manos sobre el teclado. Un día, andando por la calle, tropiezas y te rompes un brazo. Llegas a tu empresa y les pides una adaptación temporal del puesto de trabajo, para poder programar sin tener que usar las manos,  te la niegan y te dicen que programes con una sola mano. Además, no tienes ningún tipo de derecho reconocido por tener una incapacidad temporal. A final de mes no cobras porque no has cumplido los objetivos de la empresa. ¿Cómo lo ves?

Algo parecido le pasa a algunos y algunas estudiantes que tienen la mala suerte de romperse un brazo durante el curso de la ESO o Bachillerato. La situación es mucho peor si estamos hablando de asignaturas tales como matemáticas o física y química, en las que el conocimiento procedimental en la realización de ejercicios realizados con bolígrafo y papel es fundamental en el aprendizaje, tal y cómo están planteadas las cosas. Que llegue un/a estudiante diciéndole al/a profesor/a que cómo puede hacer los ejercicios con su mano derecha (izquierda, si es zurdo) y le diga que lo haga con la otra es algo que, aunque parezca mentira, es la respuesta habitual que encuentran las y los estudiantes cuando llegan con su brazo escayolado.

Últimamente se habla mucho de inclusión y de atención a la diversidad. Una primera premisa para que estos dos objetivos se hagan realidad algún día es que las personas que educan, el profesorado, tengan una ideología, unas creencias y una sensibilidad proclives a ejercer esta responsabilidad: la de que cualquier estudiante, independientemente de sus características, circunstancias y necesidades especiales, puedan alcanzar los objetivos educativos. Sin esta sensibilidad, difícilmente se pueden dar más pasos para avanzar, haya muchos o pocos recursos. SENSIBILIDAD. Algo tan fácil de decir y tan difícil de adquirir.

Un profesor o profesora con sensibilidad hacia la inclusión y la atención a la diversidad vería obvio que un estudiante con una incapacidad temporal como la que estamos planteando, la mano con la que escribe inutilizada, requiere apoyos adicionales para superar ciertas asignaturas: exámenes orales, más tiempo para asimilar conocimientos procedimentales, más tiempo en los exámenes si se le exige usar la mano izquierda, etc. Lo que es inconcebible es que se llegue al final de la evaluación con 3 suspensos por no poder haber realizado los exámenes o los ejercicios que llevaba para casa con una mano escayolada y no haber hecho absolutamente NADA para solventar esta situación.

Esta sociedad se debe acostumbrar a que las personas menores de 18 años, al igual que las personas adultas, tienen derechos. Seguro que hay alguien que, leyendo esto, piensa: “y deberes”. Pues sí, deberes tienen. Les institucionalizamos desde los 3 años en un proceso que parece inacabable y en el que, a veces, se sienten vapuleados y maltratados. Si les exigimos deberes debe ser en un marco de extremo respeto a sus derechos: 0 humillaciones, 0 menosprecios, atención a su diversidad y necesidades, y, por supuesto, todos los derechos que están reconocidos para cualquier ciudadano y ciudadana.

No niego que vivimos en una sociedad diversa, en la que existen muchos tipos de familia con circunstancias muy diferentes en las que los niños y niñas pueden ver sus derechos vulnerados. Esa es una cuestión que se atiende desde Servicios Sociales. Pero el sistema educativo debe garantizar para sus alumnos y alumnas un marco seguro de respeto a sus diversidad. Nadie dice que se a fácil, pero si no existe la sensibilidad, será imposible.