MOM BLOGGING VERSUS MOMMY BLOGGING

Si hay algo que me caracteriza es que soy muy cotilla. Es verdad, lo reconozco. Y como sé que en los EE.UU. siempre van por delante de nosotras, decidí un buen día indagar qué pasa por ahí en el mundo de la blogosfera maternal. ¡Es impresionante! Nosotras preocupadas por si Madresfera vuelve o no vuelve, y en los States tienen cientos de rankings de blogs de madres… y de mamis.

Aquí podéis consultar las impresionantes cifras de los blogs de madres estadounidenses. ¡Más de 39 millones de blogs! Y solo 500 son considerados influyentes. Pero el hecho de que haya un MOM BLOGGING FOR DUMMIES, tesis doctorales y libros publicados sobre este fenómeno dice mucho de la importancia del mismo. Hay blogeras que ganan ¡más de 50.000 $ mensuales con su blog! Las marcas conocen a la perfección este fenómeno. Saben que los blogs de madres tienen más influencia en su población diana que todos los anuncios de la televisión, periódicos y revistas especializadas juntas. Y, por lo que he podido averiguar… ellas también lo saben.

Pero vamos a lo que nos ocupa: los mommy blogs y los mom blogs. En el año 2005, Blogher se constituyó como comunidad y compañía que englobaba a todas las mujeres que escribían en la red. Lo hicieron en una conferencia que se celebró en San José (California) a la que se inscribieron 300 asistentes. En ella, tuvieron su pequeño espacio los mommy blogs como una sección marginal de mujeres que escribían blogs personales sobre sus hijos y su maternidad. El resto de mujeres escribían sobre temas variados, desde tecnología o moda, feminismo, literatura o deportes. Esos eran los blogs considerados serios. Desde entonces se han celebrado conferencias prácticamente todos los años. En la del 2012 se inscribieron 5.000 asistentes. Los mommy blogs se revelaron contra la marginación y el menosprecio inicial de la comunidad de bloggers y han luchado desde entonces por ocupar un lugar relevante en el ciberespacio y por construir una identidad propia.

Es muy interesante conocer la historia de las madres blogeras estadounidentes para predecir qué camino va a tomar la blogosfera maternal en nuestro país. Después de ver lo que se mueve por ahí fuera, creo que nada más está empezando. Pero lo que tengo claro es que las marcas conocen esta historia mucho mejor que nosotras. El poder de la blogosfera materna es evidente: las mujeres confían más en sus iguales que en cualquier otro agente social para guiarse en la crianza de sus hijos. Y la crianza conlleva muchas compras: ropa, juguetes, pañales, alimentos, libros, etcétera. Somos muchas las que decimos que no queremos convertir nuestro blog en un escaparate, pero si lo hacéis, no os dejéis engañar: tenéis el poder en vuestras manos.

Aquí van algunas páginas de rankings estadounidenses por si queréis echarles un vistazo:

Bable

Circle of moms

Mommy Blogger Directory

Top mommy blogs

¡SEGUIREMOS INDAGANDO!

¿POR QUÉ NO ME GUSTA CARLOS GONZÁLEZ? (AUNQUE SIGA SUS CONSEJOS)

Nadie me ha producido más contradicciones en mi relación con las teorías del maternaje como el Gurú Carlos González. Por un lado aporta información increiblemente valiosa en relación a la lactancia, la alimentación y el sueño de los bebés. Por otro lado, produce un sentimiento de culpabilidad, malestar y rechazo en muchas madres que, por distintas razones, no han seguido sus consejos. De ahí mi contradicción. Por una parte, los planteamientos de González me fueron enormemente útiles en mi segunda crianza, mientras que me hacían sentirme miserable y fracasada con la primera.

Leamos el siguiente párrafo, tomado de su famoso libro “Bésame mucho”:
“Cuando las absurdas normas de algunos expertos impiden a los padres responder al llanto en la forma más eficaz (tomando al bebé en brazos, meciéndolo, cantándole, dándole el pecho..), ¿qué salida queda? Puedes dejarle llorar e intentar ver la tele, hacer la comida, leer un libro o conversar con tu pareja, mientras oyes el llanto agudo, continuo, desgarrador, de tu propio hijo, un llanto que traspasa los tabiques «de papel» de las casas modernas y que puede prolongarse durante cinco, diez, treinta, noventa minutos. ¿Y cuando empieza a hacer ruidos angustiosos, como si estuviera vomitando o ahogándose? ¿Y cuando deja de llorar tan súbitamente que, lejos de ser un alivio, te lo imaginas sin respirar, poniéndose blanco y luego azul? ¿Están los padres autorizados a correr entonces a su lado, o eso sería «recompensarle por su berrinche» y también se lo han prohibido?” (Pag. 67)
 
Cuando yo leí ese libro, no pude evitar rememorar con amargura mi primera crianza y rebelarme contra la imagen de ignorantes, estúpidos e insensibles padres que refleja González en el mismo. En esa época, mi segundo embarazo, buceé interminablemente por los foros de crianza y aprendí muchas cosas que me fueron muy útiles después: conseguir una lactancia exitosa, usar la bandolera para moverme líbremente con mi bebé, colechar con él y dormir a pierna suelta juntitos. Pero quise explicar por qué mi primera crianza no pudo ser así. Ahí fue donde me dieron. SIN PERDÓN, SIN PIEDAD. Las hordas de Carlos González me atacaron hasta la médula. Yo decía: “Era madre primeriza de mellizos, sin preparación, sin apoyo social. Llevábamos 5 meses sin dormir por la noche, y tuve que empezar a trabajar a los dos meses. No vi otra salida que ese libro que me regaló mi suegra, el Duérmete Niño, del Estivill. Y funcionó, y por fin pudimos dormir. Estábamos derrotados, enfadados, deprimidos, devastados. Esa fue nuestra única salida.”

Yo pensé que la respuesta iba  a ser “No te preocupes, cada cual tiene sus circunstancias y no se puede culpar a padres en situaciones extremas. Lo importante es que ahora te hayas propuesto hacerlo de otra manera y tengas las ideas claras.” Pero no (bueno, para ser justa, hubo gente que sí). En vez de eso, me atacaban diciéndome que mis hijos pagarían las consecuencias el día de mañana con trastornos mentales o disfunciones emocionales graves. Qué maravilla para una madre oír eso. Fue entonces que tuve la ocasión de hablar en un foro con el propio Carlos González. Mi sorpresa fue mayúscula ante su frialdad, su autocontrol y su falta de piedad ante mis explicaciones. Porque por aquel entonces, yo necesitaba dar explicaciones. Ahora no, ahora la seguridad en mí misma como madre ha aumentado y aunque, como todas, no puedo evitar culpabilizarme de vez en cuando, el ver crecer a mis niños sanos y felices, inteligentes y relativamente sanos emocionalmente (todo lo sano que se puede ser en la sociedad en la que vivimos) hace que los gurús hayan perdido su poder sobre mí.

Además, este gurú, que proclama en sus libros los nefastos consejos que dan los especialistas a las madres… ES UN ESPECIALISTA. Esta idea me rondó durante mucho tiempo en la cabeza. Un hombre que se permite decirle a las mujeres lo que tienen que hacer o dejar de hacer. Un hombre que, lejos de ser cercano, humano y amable es… bueno, creo que aquí no voy a usar las palabras que me vienen a la mente por educación y porque creo que no es necesario. Nunca olvidaré su gesto crispado y ese afán por convencer dando interminables listas de datos. Sí, conocí a Carlos González porque le invité yo misma a dar una charla en VillaSpringfield. Una charla de 1 hora y media que se prolongó durante 3 y en la que nadie hizo preguntas. Solo habló él. Las madres se fueron yendo y el seguía con su perorata de datos. En verdad os digo que es mucho más ameno leer sus libros que escucharle en persona. Al menos puedes cerrarlos cuando quieras.

Quizás sea que ese señor no tiene como misión ayudar a las madres y a los padres en la crianza de sus hijos, sino más bien salvar a la humanidad de los errores cometidos y llevarnos a un estado de paz a través de la crianza con apego. Mientras que la primera misión es altruista y desinteresada, la segunda conlleva delirios de grandeza y un afán exterminador de aquellos miembros deshumanizados de nuestra especie que osan, en algún momento de su historia, cometer un error en la crianza de sus hijos (según los criterios de este gran juez).