El camino invisible

De un tiempo a esta parte encuentro gente que lleva años a mi alrededor y que, de repente, han hecho invisible mi camino hasta el momento en el que me encuentro actualmente. Es como si, por arte de magia, por una concesión de un ente superior, hubiese llegado a tener una casa, un coche, un trabajo estable y una vida relativamente acomodada.

Atrás han quedado los días de diario y fines de semanas estudiando, los años cobrando una miseria, el éxodo a una ciudad que no era la mía, la crianza de mis hijos sin una red de apoyo, las cientos de noches sin dormir, las personas a las que he tenido que pagar para que se quedasen con mis hijos cuando estaban enfermos y yo tenía que ir a trabajar, aquella semana en la que tuve que preparar la oposición mientras mis hijos se iban con su padre fuera de casa. Todo eso ha sido invisibilizado.

Ahora solo queda el “uy, vaya coche tienes” (uno bastante normal, por cierto), “es que claro, como tú eres funcionaria”, “es que a ti te es más fácil, porque puedes pedir días”, etc. Y queda, de nuevo, invisibilizado, el hecho de que yo sigo viviendo en una ciudad pequeña que no es la mía, que la gasolina cuesta un ojo de la cara, que cuando yo pido días dejo trabajo sin hacer que no hace otra persona por mí, sino que se acumula para el día siguiente y hay personas que dependen de mi trabajo.

En resumen, lo que quiero decir es que, partiendo de la misma situación, que era una situación bastante buena, en la que nos podíamos permitir estudiar lo que quisiéramos porque vivíamos en una ciudad con varias universidades y nuestros padres nos lo podían pagar, unos hicimos unas cosas y otros hicimos otras. Me niego a que me sitúen en una posición de supuesto privilegio por haber elegido el camino que he querido y por haber luchado por alcanzar la comodidad.

Imagino que esto es una cuestión de clase: gente insinuando que tienes privilegios por tener ni más ni menos que lo que has ganado con tu trabajo. Gente planteando que no has desarrollado valores esenciales y comunitarios porque lo tienes todo solucionado con tu sueldo. Es bastante incómodo que den por supuesto que eres quien más puedes ofrecer porque tienes más (y ese más se traduce en tiempo que le tienes que quitar a tu casa, a tu familia y a tu trabajo).

El llamado ascensor social no solo tiene techos, también tiene frenos. No basta con llegar: el mantenimiento implica aislamientos y rupturas. Aislamientos porque existe una falta de comprensión insalvable que supone el desconocimiento de los contextos en los que habita la persona que, supuestamente, ha ascendido. Rupturas porque, debido a esta falta de comprensión, lo que se espera no es lo mismo que lo que se obtiene.

Represión policial en los institutos

Hace poco, en el instituto de mi hijo, han tenido un tema con el vapeo. Para quien no lo sepa, el vapeo hace referencia al cigarrillo electrónico, ese artefacto que se puso de moda con la llegada de la ley antitabaco. Parece ser que algunos y algunas chavales/as se han aficionado a ese utensilio y se dedican a usarlo en los baños. Pues bien, nos enteramos del asunto porque una niña nos informó. A raíz de esta información, pusimos en conocimiento del instituto el asunto.

A partir de ahí, no vais a creer lo que pasó. Niñas y niños de 12 años fueron conducidos a las dependencias de la DGS, digo al despacho del equipo directivo y les dijeron “dame nombres”. Esa conducta, más propia de un centro de interrogatorios chileno que de un centro educativo, condujo a una denuncia masiva, no sólo de las personas que vapeaban en los baños, sino también de los y las niños/as que eran inducidos/as a probar el vapeo. Tanto es así que el padre de la niña que informó sobre el asunto fue llamada a las dependencias de los interrogadores, digo del jefe de estudios y fue sancionada por probar el vapeo, al haber sido delatada por los detenidos. El padre de la susodicha recibió una llamada diciendo: “mira mira, tu hija también”.

En los registros que se llevaron a cabo se encontraron otro tipo de sustancias. Los primeros delatados fueron extendiendo el rumor de que gente mayor de fuera del instituto iba a acudir a las puertas del mismo a pegar palizas a los que se hubiesen chivado del asunto.

La moraleja con la que se quedan los niños y las niñas de todo esto es que es mejor no contar nada. Si cuentas que la gente vapea en los servicios, esa misma gente que un día te dijo “¿quieres probar?”, estás perdida. Te llevas una sanción, la bronca de tu familia y nadie te proteje de las agresiones por chivata. Todo el proceso que puso en marcha el instituto es un proceso represivo y no educativo. Represivo tanto para el que lleva a cabo la conducta delictiva como para el que la delata. Lo mejor es que las cosas que pasan en el instituto se queden en el instituto.

Lo que vengo a decir es que es una vergüenza que estas cosas pasen en un centro educativo. Primero, es vergonzoso que el profesorado no sepa lo que pasa en los servicios. Segundo, es vergonzoso que, cuando las familias alertan al centro de lo que está pasando allí, inicien un proceso policial y no un proceso educativo en el que se proteja a los/as menores de cualquier tipo de peligro y en el que se fomente la comunicación y el diálogo y no el silencio. Tratar a las y los niños/as como chivatos es un error. Pedirles que den nombres es un estilo fascistoide. Es de alguien que ha visto muchas peliculas y no ha sabido digerirlas. Y esta forma de proceder tiene consecuencias nefastas. Seguramente, la niña de nuestra historia se lo pensará mucho antes de contar de nuevo algo que pasa en el instituto.

Madres con móviles en el piel con piel

Ya, ya sé que el título es raro. Si no frecuentáis twitter y no estáis familiarizadas con las forma en que algunos pediatras y neonatólogos twiteros hablan de las madres, no sabréis de qué va. Esperad, que os pongo el tuit de un señor neonatólogo en twitter (una red social pública en la que cualquier persona mayor de 16 años puede tener una cuenta)

No sé, así, a primera vista ¿de qué creéis que va el hilo? Parece ser que este señor ve mal que las mujeres recién paridas escriban mensajes con su móvil mientras están con su bebé piel con piel en las primeras 2 horas tras el parto. No sé muy bien de dónde ha sacado el señor en cuestión que esa es la cifra de mensajes y a cuántas mujeres hace alusión con ese “algunas”. Pero el sabor del tuit es ese: “Mira las pendejas, nada más parir y no hacen más que mandar mensajes con el móvil”. Ahí se centra el foco.

Pues bien, si seguimos leyendo el hilo, dice lo siguiente:

Vale. En este tuit lo deja más claro: está responsabilizando de hacer un piel con piel tras el parto sin supervisión profesional a las mujeres. Y ese “o atendiendo a tu móvil” pone a la misma altura ambas cosas: estar sin supervisión y atender el móvil.

Es decir, está responsabilizando a las mujeres recién paridas de poner en riesgo a su bebé al hacer piel con piel sin supervisión y atendiendo a su móvil. Por más que leo el tuit no veo otra interpretación. Es como si la mujer recién parida decidiese echar a todos los buenos y buenas sanitarias que quieren supervisar su piel con piel y se pusiese a mandar selfies a sus amigas (reconoced que os ha venido esa imagen a la mente).

Pero sigamos profundizando en esta historia. Si observáis, en el segundo tuit, el señor en cuestión deja un enlace. Ese enlace conduce a un estudio en el que se hizo seguimiento de todos los recién nacidos en 5 hospitales de Estocolmo en un período de 30 meses para detectar posibles casos de Colapso Postnatal Inesperado y Repentino (CPIR o SUPC en sus siglas en inglés) y analizarlos. En un total de 68.364 nacidos se detectaron 26 casos de CPIR. En 3 de estos casos, la madre estaba usando el móvil cuando se produjo el colapso. Se entiende que en el resto no y que de los casi 70000 casos analizados, podría haber más mujeres usando el móvil durante el piel con piel.

Es a partir de estos datos que el señor neonatólogo decide lanzar en una red social pública el mensaje culpabilizador y limitante que indica que si usas el móvil durante el piel con piel te la estás jugando. No le dice a sus compañeros y compañeras que deben supervisar a las madres y a sus bebés durante ese período. Les dice a las madres que no se la jueguen. Seguimos.

En otro tuit, pone otro enlace. Es una entrada de blog , dirigida a los sanitarios que asisten partos (no a las madres) que habla del colapso prenatal y el piel con piel. En esta entrada habla de los factores asociados al CPIR, entre los que destaca los siguientes:

-Ser primípara.

-Padres (¿madre?) solos en el paritorio.

-Uso del móvil por la madre durante esas 2 horas mientras hace piel con piel.

-Intentos de inicio de la lactancia materna sin supervisión en las primeras 2 horas (en algunos estudios hasta la mitad de los casos están en esa situación).

-Fatiga materna.

-Posición en prono del bebé (boca abajo, sobre la madre o padre).

-Necesidad de reanimación del bebé al nacimiento (presión positiva y luego inicio de piel con piel).

-Test de Apgar bajo.

-Prematuridad tardía (35, 36 semanas, incluso a términos de 37).

-Parto distócico.

-Si la madre ha precisado sedantes (anestesia general, sulfato de magnesio) que puedan afectar a la madre y/o al bebé.

¿Cuál es la solución que propone el autor de esta entrada? Supervisar el piel con piel. No lanzar mensajes para que las madres decidan no usar el móvil durante el piel con piel (aunque hayan llegado solas a parir y necesiten ponerse en contacto con sus familiares). No se va a twitter a culpabilizar a las madres que usan el móvil durante el piel con piel de la muerte de sus bebés basándose en 3 casos.

Señores sanitarios, dejen de tratar a la mujer pariendo como a un ser al que se puede estar sermoneando en todos los contextos y miren sus propias prácticas. Si tienen que supervisar el piel con piel, supervísenlo, pero no les digan a las mujeres que si usan el móvil tras el nacimiento de su hijo o hija, se la están jugando. No es verdad. Dejen de tratarnos como a niñas en el patio del colegio. Somos adultas responsables que se ponen en sus manos y no tenemos por qué aguantar sus faltas de respeto.

No eres docente

Es matemático: si criticas el sistema educativo, eso debe ser que no eres docente. Si dices que los libros de texto son de baja calidad y están desactualizados, estás yendo en contra de Cervantes y a favor de Belén Esteban. Si insistes en que nuestros hijos e hijas no tienen por qué sufrir año tras año libros que se reproducen sin modificaciones durante décadas, saltan con la importancia del teorema de Pitágoras.

A ver, señores, un poquito de seriedad. Que no es la primera vez, ni la segunda ni la tercera que se habla de lo malos que son los libros de texto. ¿Que ustedes necesitan usarlos porque no tienen tiempo de preparar buenos materiales y buenas clases? Vale. Pero no nos hagan comulgar con ruedas de molino. Que no hace falta ser docente para valorar la calidad de estos libros. Que no hay ningún misterio oculto en los Grados de Magisterio y en su Máster de profesorado de secundaria que les haga únicos conocedores de cuándo un libro está bien escrito, está actualizado y tiene un contenido pedagógicamente organizado.

Pero volvamos al título de este post. Ese reproche lanzado con rabia a la persona que osa criticar lo que sucede en las aulas en las que sus hijos e hijas pasan 5 o 6 horas al día durante 5 días a la semana, durante unos 9 meses al año. Podemos ser o no ser docentes (que vaya usted a saber, igual sí que lo somos), pero tenemos derecho a opinar. Y no solamente tenemos derecho: nuestra obligación es velar por que la educación que reciben nuestras hijas y nuestros hijos sea de cierta calidad.

No. El no ser docente no es óbice para que no podamos decir que los libros de texto que sufren nuestras hijas en las aulas son una basura. Y no, no hace falta ser pedagogas para decirlo. Tampoco hace falta ser médico para denunciar una negligencia médica o para negarse a recibir un tratamiento. Así son las cosas: el tener un título no te da autoridad sobre las personas con las que trabajas. Vivimos en una socieda democrática, de momento. Una sociedad en la que lo normal ha dejado de ser que los padres y las madres de los y las alumnas tengan menos nivel de estudios que la maestra o el profesor.

Y no. No es lo mismo ser docente que ser médico. Dejen de compararse con los médicos, señoras y señores docentes. Los médicos no tienen una clase de 30 menores a su cargo. Los médicos no tienen esa responsabilidad: la de quedarse a solas con nuestras hijas y nuestros hijos durante horas para educarles. Que sí, que cuando se meten en el quirófano con ellas/os es una gran responsabilidad, pero yo, como madre, habré dado mi consentimiento y me habrán explicado con detalle en qué consiste la operación.

Docentes, háganse a la idea: si trabajan con menores, tienen que contar con las familias. Y sí, es una cruz que haya familias listillas que se preocupan por lo que hacen sus hijos/as en las aulas, que les cuestionen, que les intenten proponer cosas, que se quejen de las malas prácticas y que pidan calidad docente. Pero claro, la respuesta a estas familias ya sabemos cuál es: no sois docentes, no sabéis lo duro que es nuestro trabajo, no queremos que nos evalueis, no queremos que opinéis sobre los libros de texto, no abráis la boca y rememos todas y todos en la misma dirección.

Vale.

#VDLN 154. Las Odio: Un cuarto propio.

Virginia Woolf a los 20 años. Tomada de la Wikipedia. 

Cambia, todo cambia, que cantaba nuestra querida Mercedes Sosa. Y si nos quedamos enganchadas en nuestro pasado, no podremos seguir avanzando, seguir cambiando. Las luchas generacionales son algo tan manido que parece mentira que no seamos conscientes de ella. Nuestros ensalzados 80 terminaron y envejecieron mal ¿por qué no reconocerlo? Cambian las perspectivas, cambian las necesidades, los gustos, los estilos, las herramientas y el lenguaje. 

Pero no, no voy a poner una caduca canción de Mecano. Voy a poner una canción actual, una canción de un grupo post-punk feminista que nos gusta mucho por aquí: Las Odio. Ellas homenajean a Virginia Woolf en su canción Un cuarto propio , y tienen mucha razón en lo que dicen. Las cosas han cambiado y lo del cuarto propio ha quedado un tanto obsoleto. ¿Quiere decir eso que no reconocemos el valor de Virginia Woolf en la literatura y el feminismo? No. Pero debemos seguir hacia adelante, siempre hacia adelante.

No voy a haceros más spoilers de la canción, os la pongo directamente. Espero que os guste. 

#VDLN 153: Ay Marie Kondo. La más fané. L Kan

L Kan

Si te quieres divertir, tienes que escuchar a L Kan. Lo ideal es verles en directo, porque interpretan sus canciones desde su formación teatral y es hipnótico verles cantar sobre situaciones cotidianas. 

Sus canciones hablan de cosas de las que podemos hablar entre amigas cualquier día en nuestro grupo de facebook. Por ejemplo, Marie Kondo. ¿Quién no conoce a estas alturas a la japonesa que vino a transformar nuestras vidas y nos hizo preguntarnos si esa mujer se viste siempre con camisetas de colores lisos y pantalones con raya. Marie Kondo, el orden va mucho más allá de saber doblar la ropa. Tienes que tener gustos sencillos y espacio para almacenarlo todo con pulcra estética. L Kan lo cuenta así: 

Y luego están esos personajes que todo el mundo conoce y L Kan nombra y dibuja en sus canciones. El tontipop de este grupo me fascina, pone en palabras, en música, mis levantamientos de ceja. Les voy a pedir YA que escriban una canción sobre las personas que dicen “yo soy SAP” o “I´m an Artist”. De momento, tienen dos canciones que están muy próximas a ello: La mas fané y Mi cociente es diferente. Aquí os las dejo. Que las disfrutéis, son buenísimas.  

La reunión inicial con la señorita Porvicio

Una reunión inicial sirve para introducir. Una reunión inicial sirve para poner en común. Una reunión inicial sirve para presentarse y conocerse, para intercambiar pareceres. Una reunión inicial es para iniciar una relación, como su propio nombre indica.

Por tanto, en una reunión inicial de un centro educativo, lo que se espera de las docentes y especialistas (femenino genérico) es que expliquen a las familias lo que van a hacer en dicho centro con sus hijas. Les informarán de sus protocolos, normas, procedimientos de enseñanza, filosofía educativa y de todo lo que sea relevante. Las familias quieren saber, necesitan saber, tienen derecho a saber lo que van a hacer sus hijas desde que entran en el centro hasta que salen, cuáles van a ser sus rutinas, incluso hay familias que pueden estar interesadas en los marcos teóricos en los que se apoyan las prácticas educativas que van a usar las educadoras.

Ahora veamos este tuit:

Desde el punto de vista de la señorita Porvicio, es muy normal entrar a una reunión general con las familias a principio de curso y ponerse a decirles lo que tienen que hacer EN SUS CASAS. Independientemente de lo buenísismos que pudieran ser los consejos que da Porvicio, la sensación de esas familias al recibir pautas sobre lo que tienen que hacer en sus casas en vez de recibir información sobre lo que la maestra de audición y lenguaje va a hacer (ella) para mejorar el aprendizaje lingüístico de sus hijos es un poco chocante. ¿Por qué, de repente, entrar en el sistema educativo tiene que significar que llegue una señora que se presenta como AL y te diga cómo organizar tu mañana? Amén de dar por supuesto que tu peque toma biberón o lleva chupete.

Por otra parte, dando por supuesto que hay niños y niñas de 3 años que todavía llevan chupete y toman biberón por las mañanas, si se desea cambiar estas rutinas no se debe hacer dando pautas generales al aire. Se debe hacer estudiando cada caso particular, analizando las circunstancia de cada familia y dando estrategias adaptadas a la situación de cada niña y cada niño. Hacerlo de otra manera es como decirle a alguien que debe dejar de fumar, y que lo vaya haciendo poco a poco: ¿qué clase de pauta es esta? El cambio de rutinas familiares es una cosa muy seria y que puede acarrear muchos problemas, por lo que soltar pautas generales en una reunión inicial es absurdo. Repito: este no es el objetivo de una reunión inicial. Y quizás tampoco sea la misión de una AL de un colegio. Para dar este tipo de orientación están las psicólogas y pediatras, que dan una atención más individualizada y pueden abordar de forma más directa el caso particular en el entorno familiar (lo que viene a ser un “zapatero a tus zapatos”).

En otro orden de cosas, hablemos de la apostilla del tuit, ese “no se si voy a salir viva“. Diciendo esto, la señorita Porvicio demuestra que s abe que, de alguna forma, va a crear incomodidad, y que esta incomodidad va a conducir a cierta resistencia a sus pautas dadas al aire. Lo que me pregunto es que, si teme salir viva, ¿cuál es el objetivo de su acción? Hemos de decir que mientras el objetivo de la Porvicio es, de alguna forma, arrancar a las familias de esos hábitos salvajes que dificultan de por vida el lenguaje de sus hijas (no, no os preocupeis, van a hablar), aunque sea incomodándoles y diciéndoles lo mal que lo hacen, las familias están ahí para que ella les cuente lo bien que lo va a hacer ELLA trabajando con sus hijas. ¿Puede salir algo bueno de esta divergencia de intereses? Lo dudo.

Por último, tranquilizar a las madres/padres/cuidadoras en general que, por alguna razón u otra, tienen niñas y niños de 3 años que todavía toman el biberón o usan chupete: esto no va a producir ningún retraso en el lenguaje de sus hijas. El uso del biberón pudiera estar relacionado quizás con problemas de maloclusión de la mordida que pueden derivar en dificultades de pronunciación (dislalias), pero los estudios son escasos y no es nada que no se pueda corregir con el tiempo.

La mascuniñidad

Ser niño en el instituto es duro. Y si, además, eres un niño al que no le gusta el fútbol, más aún. Y si encima todavía no has dado el estirón y no te gusta llamar la atención, tienes todas las papeletas para que te llamen rarito y te den un empujón. La presión social, en esas circunstancias, te lleva a convertirte en invisible o a tener que soportar las burlas de los niños que entran dentro del prototipo de populares, carismáticos y fortachones.

Sí, se pasa mal siendo niño cuando la identidad que estás cultivando no es la del seguidor madridista bebedor de cerveza, o la del deportista de élite, o la del integrante del grupo que grita al unísono a la señal del líder. Cuando te gusta leer, coleccionar cubos de rubick, hacer trucos de magia, leer manga y hacerte experto en videojuegos, la llegada al instituto es un poco truculenta.

A las nuevas masculinidades les está costando trabajo expandirse en nuestra sociedad. Mantenemos ideas muy inflexibles sobre lo que supone ser un chico y les criamos llamándoles machotes, riéndoles sus bravuconadas y torciendo el gesto cuando muestran su parte sensible. Ver llorar a un hombre todavía nos causa ese no se qué de desesperación, de vergüenza ajena que nos han imprimido los años de esculpir vetas de desafección en nuestras figuras masculinas.

Sí, la vida también es difícil para los niños. Nuestra sociedad patriarcal les impone cargas inmensas de tareas a cumplir en edades muy tempranas. Se la tienen que estar midiendo desde que, por primera vez, se pelean por un juguete en la guardería. Se les impone silencio sobre su tristeza, sobre su bondad, sobre sus sentimientos amorosos y de amistad, sobre su alegría, y estas palabras se ven sustituidas por sucedáneos como valentía, camaradería, honor, fuerza, etc.

No se les permite mostrar debilidad ni defenderse si no están dispuestos a enzarzarse en una pelea física y esto les pone límites en la defensa de su dignidad. Pelear con la palabra, argumentando y razonando, es más propio de niñas que de machotes, y no hay nada peor cuando eres adolescente que pongan en duda tu masculinidad. Entra en el ideario. Imaginad por lo que tienen que pasar, en este entorno, los adolescentes LGBTI.

Dar paso a nuevas masculinidades es una tarea educativa muy importante y que no podemos dejar sin trabajar durante más tiempo. El primer paso es liberarnos nosotras y nosotros mismos, los adultos que educamos, de esas ideas implícitas ligadas al “ser hombre” (y, por tanto, también de las ligadas al “ser mujer”). El segundo paso sería dejar de tratar a niños y niñas, desde su más tierna infancia, como diferentes: dejar de marcarles con pendientes y colores, dejar de asignarles calificativos diferenciales, dejar de asignarles tareas más y menos apropiadas, según nuestra ideología, a su sexo. Y por últimos, dejarles elegir, no forzar su inclusión en espacios asignados forzosamente a un género, como es el caso del fútbol o la danza, y no suprimir su emocionalidad. Es tremendamente difícil, pero muy necesario.

 

Pantalones cortos en el instituto

Algunas recordaréis esa carta de una niña de un instituto de Baleares a la que llamaron “putilla” por llevar pantalones cortos un mes de junio abrasador. Ayer, en la reunión inicial con las familias de 1º de la ESO, el director se dirigió a nosotras diciendo que “hay unas normas de vestimenta, los niños no pueden venir en bañador y chanclas y las niñas no pueden venir en pantalones cortos que enseñan el culete.” Me dio verdadera grima escuchar a un señor adulto referirse así a nuestras hijas de 12 años. Que una niña de 12 años en pantalón corto le pueda parecer algo obsceno a alguien es el problema.

Hoy, acudiremos a comprar pantalones ni demasiado largos para que la niña se muera de calor en este septiembre todavía abrasador, ni demasiado cortos para que la mente calenturienta de determinados señores adultos se quede en paz. Es vergonzoso que, desde tan temprano, las niñas deban sufrir esta sexualización de la que se les culpa a ellas, sin pensar que el que debería ser intervenido es el que se atreve a pensar en el culo de las niñas como algo perverso. Esas mismas personas a las que les parece mal que haya niñas que vayan con chador a clase.

Iremos a por los pantalones no porque creamos que llevar pantalones vaqueros cortos esté mal. Lo haremos para que la niña no tenga que sufrir algún tipo de intervención humillante por parte del director del centro, que parecía muy preocupado por este asunto. No queremos que se vea expuesta a exabruptos machistas directos por parte de personas que están por encima de ella. Queremos ahorrarle ese mal trago. Lo malo es que, haciendo eso, quizás la estemos enseñando a someterse y a acatar la visión sexualizada que tienen ciertos adultos de ella. Es un dilema con el que tenemos que lidiar en esta sociedad en la que vivimos.

El caso es que la voz del pueblo, por lo general, aclama posturas de este tipo (fuera pantalones cortos enseñaculetes de los centros educativos) en aras de la decencia, ese concepto tan franquista que perdió su significado sobre las buenas constumbres para la convivencia para referirse normalmente a los preceptos que debía cumplir una mujer para ser buena. Desde muy pequeñas, se nos imponen unas normas para no provocar la lujuria del varón, mientras a éste se le deja a su libre albedrío. En vez de educar a los niños para que respeten a sus compañeras y las traten como personas y no como objetos, se educa a las niñas para que no enseñen demasiada carne y aprendan a parar los embites de sus pobres compañeritos, a los que les empuja el deseo y la naturaleza.

Qué difícil va a ser darle la vuelta a la tortilla: educar a los niños para que no vean un culete, sino una niña que va vestida de acuerdo al clima de la temporada. Y atrevernos a decir a esos señores que dejen de mirar a nuestras niñas así, que dan miedo.