De los profesores que odiaban a sus estudiantes

Hay un espécimen de profesor que habita en las redes sociales (y, desafortunadamente en las aulas de nuestras hijas e hijos) que tiene un perfil muy concreto. Suele ser un señor (aunque él se crea un chaval) que presume de sus títulos universitarios y de un oficio siempre distinto al de docente (dicen ser escritores, científicos o divulgadores.)

Ese especimen es bastante egocéntrico. Suele tener gran aprecio por su persona y, en cuanto te descuidas, te habla del premio que le dieron hace tiempo un grupo de pseudofeministas trasnochadas o de cuando fueron nominados para algún premio docente de esos que han salido ahora como setas para dar un poco de glamour a una profesión claramente devaluada.

Pero ¿qué es lo que llama más la atención de este tipo de docente? Es muy llamativo su odio hacia el alumnado. Su alumnado adolescente, esos chavales y chavalas que están pasando por una etapa de su vida de emociones y cuerpos cambiantes, con las hormonas en ebullición, son objeto de su más exaltado desprecio y, aún diría más, de su odio.

En la página del Ministerio del Interior, podemos ve la definición de un delito de odio:

“(A) Cualquier infracción penal, incluyendo infracciones contra las personas o las propiedades, donde la víctima, el local o el objetivo de la infracción se elija por su, real o percibida, conexión, simpatía, filiación, apoyo o pertenencia a un grupo como los definidos en la parte B;

(B) Un grupo debe estar basado en una característica común de sus miembros,  como su raza real o perceptiva, el origen nacional o étnico, el lenguaje, el color, la religión, el sexo, la  edad, la discapacidad intelectual o física, la orientación sexual u otro factor similar.” (OSCE, 2003)

Por lo tanto, las injurias generalizadas hacia los adolescentes que profieren esos docentes en sus páginas personales de Facebook, en su blog, en sus cuentas de twitter, etc., pueden ser considerados delitos de odio. Delito más grave si cabe cuando es proferido por una figura de autoridad como un docente que trabaja en un centro público. Delito que puede ser denunciado por las familias de sus estudiantes, dado que, muchas veces, llevados por su egocentrismo, esos personajes escriben esas soflamas antiadolescentes y las firman con nombre y apellido.

¿Os imagináis que un día, paseando por las redes sociales, os encontráis al profesor de vuestro hijo o vuestra hija diciendo que son eructos que habéis traído al mundo como eructos? Si os pasa, denunciad.

Es hora de que las familias exijamos respeto hacia nosotras y nuestros hijos e hijas. Pasear por las redes sociales y leer a personas que se suponen profesionales y que se dedican a la docencia insultando a su alumnado, mofándose de ellos y ellas, contando cómo les humillan y las cosas que les contestan, publicando trabajos suyos y hablando de ellos y ellas con desprecio es una verdadera vergüenza. También invito a la inspección educativa a que, de vez en cuando se pasee por las redes y observe lo que allí ocurre y la cantidad de docentes que dejan a la profesión por los suelos.

Historia de un confinamiento educativo

Las primeras semanas de confinamiento me sorprendió que el profesorado de la ESO de mi hijo no organizase clases virtuales. Mi hijo se levantaba todas las mañanas y hacía todas las tareas que algunos de sus profesores le enviaban por correo electrónico. Le veía haciendo fotos a hojas manuscritas de su cuaderno y me extrañaba que, trabajando a distancia y de manera digital, siguiesen sirviéndose de esas herramientas tan pasadas de moda. ¿Por qué no usaban el Google docs, ya que estaban usando Google Classroom?

En fin, misterios insondables. Mientras, mi hijo, que siempre ha sido muy independiente para sus cosas, hacía todas las tareas. Yo le preguntaba que qué tal y él se quejaba de que eran cosas que ya sabía hacer y que no le aportaban absolutamente nada. A veces me pedía ayuda para que le hiciese alguna foto o vídeo para enviar al de Educación Física o a la de Taller de Arte, pero no pasamos de ahí. El profesorado seguía sin hacer acto de presencia virtual y él hacía estoicamente todo lo que le mandaban.

Así fue hasta que salió la Orden EFP/365/2020, de 22 de abril, por la que se establecía el marco y las directrices de actuación para el tercer trimestre del curso 2019-2020 y el inicio del curso 2020-2021, ante la situación de crisis ocasionada por la COVID-19. Todo el mundo buscaba el párrafo en el que dijese que había un aprobado general o que los profesores iban a evaluar las tareas y a avanzar temario. Pasaron por alto los aspectos más importantes de esa orden y se ignoró lo crucial: cuidar el desarrollo y la educación de niños/as y adolescentes.

El mismo día en que salió la orden, mi hijo me preguntó “¿Entonces hay aprobado general?”. Le dije que no exactamente. Me dijo que iba a dejar de hacer las tareas, porque eran un aburrimiento y no aprendía nada. ¿Qué le vas a decir a un niño que ha trabajado siempre puntualmente de manera autónoma? Era la primera vez que mi hijo decía que no quería hacer algo. Las calificaciones de la primera y la segunda evaluación, todo sobresalientes y notables. Le dije, entonces, que sólo hiciese lo que le aportase algo.

Como no quería que el profesorado le empezase a exigir que entregase las tareas, envié un mensaje diciendo que mi hijo no las iba a hacer y por qué: no le aportaban nada. Para haceros una idea de hasta qué punto las tareas eran absurdas, había una de plástica que le instaba a adornar el balcón con motivos de las fiestas locales, banderas de nuestra ciudad y demás, hacerle una foto (imagino que desde la calle) y enviársela. Otra de Educación Física consistía en registrar todos los días las horas de sueño y de comidas y el tipo de alimentos que consumían. Quizás son tareas que pueden estar muy bien para 2º de primaria, pero no para 2º de la ESO, donde ya saben colorear y hacer gráficos de barras desde hace tiempo. No en vano, la normativa autonómica dice: “Los centros educativos y el profesorado utilizarán procedimientos de evaluación diversos que serán consecuentes con el sistema de educación a distancia, adecuados a cada etapa y a cada asignatura, a las capacidades y a las características del alumnado y se centrará en la evaluación continua.”

A partir de entonces, algunos y algunas profesoras comenzaron tímidamente a dar clases on-line, al menos una por semana. Mi hijo se volvió a enganchar a esas asignaturas y a hacer tareas, dejando de lado aquellas otras en las que lo único que hacían era mandar listados de tareas (de las que, por cierto, no daban retroalimentación). La importancia de conectarse en directo, escucharse, verse, volver a ser un grupo, ha sido ignorada por gran parte del profesorado de la pública aun siendo un recurso imprescindible para mantener el vínculo educativo y emocional con el alumnado.

Y llega el 30 de abril y una resolución de la Junta obliga al profesorado a hacer una adenda a las programaciones didácticas, de las que deben informar a las familias. El 15 de mayo recibimos un documento de 28 páginas llenas de tablas (la adenda), farragosa e indescifrable. La comunicación con las familias ha sido muy deficitaria en general, fría, sin mostrar ningún interés (excepto honrosas excepciones) por el estado físico o anímico de mi hijo o de su familia. Llegados a este punto ya nos ha quedado claro que el derecho a la educación ha quedado reducido a su mínima expresión y que la comunidad educativa está rota.

En esas instrucciones del 30 de abril, se señala lo siguiente: “Con el fin de garantizar el derecho a la evaluación objetiva del alumnado, los centros educativos publicarán el calendario de presentación de reclamación de calificaciones y, si fuera el caso, el procedimiento de entrega de boletines y/o informes de evaluación y el procedimiento y período de reclamaciones para conocimiento de toda la comunidad educativa, según lo establecido en las Instrucciones de 22/04/2020 de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes de Castilla- La Mancha, sobre el procedimiento de revisión y reclamación de las calificaciones en la Plataforma Papas 2.0, como consecuencia de la declaración del estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19.”

¿Vosotras habéis recibido el calendario y procedimiento para presentar reclamaciones? Yo no. Ni eso ni el informe de evaluación individualizado que se supone que iba a tener todo estudiante. Lo que sí he recibido son las calificaciones. Tres profesores de mi hijo han tenido la desfachatez de suspenderlo en la tercera evaluación (en la ordinaria le han tenido que poner sobresaliente en 2 y notable en 1). Y digo desfachatez porque, evidentemente, lo que han evaluado es su incapacidad para mantener la tensión educativa y el vínculo. Más que los suspensos, que son solo una rabieta porque el niño no haya hecho sus tareas y, fundamentalmente, porque su madre le haya dejado no hacerlas, lo que me molesta profundamente es la falta de empatía con un adolescente que lo da todo en los estudios. Es increible cómo tres personas adultas no han sido capaces de ponerse en la piel de un adolescente y preguntarse qué pasó el día que dejó de hacerse fotos haciendo el boca a boca a un peluche o de hacer los ejercicios de inglés que su profesora les mandaba fotografiados de un libro de texto.

No tengo la menor duda de que mi hijo se va a reenganchar sin dificultades cuando comience el nuevo curso escolar. Tiene competencias sobradas para hacerlo y, además, capacidad de autoaprendizaje. Y tiene, además, una cosa muy importante: la competencia de decir “basta” cuando le empiezan a mandar hacer demasiadas cosas inútiles y sin sentido. Hemos de seguir intentando sacar lo máximo de este sistema educativo mediocre y obsoleto y, sin duda, depende de él seguir formándose complementando las lagunas inmensas de las que este currículum y este sistema educativo adolecen. Todo esto no aleja de mí el pensamiento de que ha habido miles de niños y niñas que han sido abandonados/as educativamente y que, quizás, no tienen la misma suerte que el mío.

Sois corregidoras y corregidores

Ya han puesto sus notas y sus numeritos. Ya se han quedado a gusto. No se les ha caído la cara de vergüenza. Después de no dar ni una sola clase online, después de no hacer gran cosa por mantener la motivación y el entusiasmo por aprender de su alumnado, después de dedicarse a enviar PDFs y fotos de un libro de texto, después de dar poca o ninguna retroalimentación a los ejercicios que sus estudiantes les enviaban, se han atrevido a calificar (que no evaluar) a su alumnado.

Está más que demostrado: el profesorado que ha hecho acto de presencia en clases on-line, aunque solo hayan sido 2 o 3 en todo el período del estado de alarma, ha obtenido mejores resultados que el que se ha limitado a enviar ejercicios del libro de texto o similares. La docencia on-line no puede limitarse a una escribanía y una corregiduría. Aprender requiere de una mediación educativa de alguien que te dirija en tu aprendizaje. Y dirigir en el aprendizaje no significa, de ningún modo, mandar ejercicios que encima no has diseñado ni tú.

Es muy difícil poner una reclamación diciendo que el profesorado es nefasto e incluso perjudicial pedagógicamente hablando. Podría poner una reclamación diciendo que la profesora de inglés de mi hijo ha contribuido a que esa asignatura, que se le daba bien, que nunca le había dado problemas, se le atraviese en la garganta, pero ¿quién me iba a hacer caso? Solo me queda esperar que al curso que viene tengamos más suerte y le toque un/a docente en condiciones.

Profesores que ni se han molestado en preguntar a mi hijo que qué tal estaba. Profesores que nunca en la vida hubiesen obtenido una respuesta, no obstante, porque no se han ganado la confianza. Profesores que afirman sentenciosamente que sólo están para enseñar, pero que ni eso saben hacer. Profesores y profesoras de Educación Física que fracasan estrepitosamente poniendo una calificación de insuficiente en la tercera evaluación a un niño que tenía sobresaliente en las dos evaluaciones anteriores (que alguien me explique cómo puede suceder esto si, en teoría, ya estaban superados con creces los estándares de las dos primeras evaluaciones y no se avanzó materia)

No, señores y señoras: el fracaso es suyo. Los que no han sabido hacer su trabajo son ustedes. Porque miren, yo, que soy prevenida, pensé que esa forma de trabajar a mi hijo no le iba a enganchar ni un mes. Y antes de verle tirándose de los pelos, le dije que no hiciese lo que creía que no le iba a aportar nada. Y así hizo. La cosa no ha ido nada mal, aún así. Solo me sorprendió que no quisiese seguir haciendo plástica, que es una asignatura que se le da bastante bien. Así que nos apuntamos a un curso de Cartoon de Doméstika y lo hicimos juntos, con maravillosos resultados. Mejores que los que obtuvo su profesora (aunque los trabajos que le envió no estaban nada mal).

Está claro que no hay nada que hacer. Nuestro sistema educativo es nefasto y haría falta un cambio tan drástico que harán falta generaciones para conseguirlo. Pero no debemos de dejar de decirlo, porque nuestros hijos e hijas no se merecen esta porquería. Y señora ministra, señoras y señores Consejeros de Educación, pónganse a trabajar de una vez en el plan de rescate educativo para el curso que viene, porque se está notando demasiado que la educación les importa una mierda.

Educación y conciliación

Hoy, escuchando el debate parlamentario, me ha sorprendido la ausencia de preguntas sobre dos temas que son imprescindibles para recuperar la normalidad: la educación y la conciliación. Pareciera que reactivar el sector del turismo es mucho más acuciante , pero es indudable que las personas que viven del turismo también tienen hijos/as en edad escolar, menores que tienen derecho a la educación y a que se garantice su bienestar.

Si algo ha descubierto esta pandemia es que a niñas, niños y adolescentes no se les presta gran atención como grupo de características peculiares que es. Como metáfora perfecta, hoy he pasado por delante de una terraza abarrotada de adultas y adultos bebiendo alcohol, mientras que el parque infantil de al lado permanecía sellado con cintas de plástico.

No se está cuidando a la infancia. Diría más: se la está ninguneando. No podemos estar a fecha de hoy sin que haya propuestas de financiación para la adaptación del sistema educativo a partir de septiembre. Esto se une a la mentalidad imperante de que las personas dependientes son problema de su familia unicamente, y no de todo el grupo social. Estoy harta de leer comentarios de gente que asevera muy ofendida que la obligación de “los padres” es cuidar a sus hijas/os, aunque tengan que ir a trabajar.

Bueno, seguramente esta gente no tiene criaturas, de modo que cree que los bebés son como un gatito que puedes dejar con agua y comida en casa mientras te vas a trabajar, o bien ha heredado las tierras de su tía Ágata y pueden montar una granja y vivir de los productos de su huerta… yo qué se.

En fin, que la que se avecina no es pequeña. Aunque el profesorado se niega a volver a las aulas, eso es una posibilidad que debe descartarse (al menos en los niveles de infantil y primaria). Y si secundaria quiere relajar la vuelta, desde luego la administración debe ponerse las pilas con la formación del profesorado para la enseñanza online: no se puede seguir con esta parodia sin sentido.

No tiene ninguna gracia

Si entras en Twitter o en Facebook encontrarás grupos de docentes que pasan el rato riéndose de sus alumnas y alumnos menores y sus familias. Sentido del humor lo llaman, pero yo creo que es el reflejo de la más cruda deshumanización en el entorno educativo.

La educación pública en España está gravemente deteriorada, no solo a causa de los recortes de la última crisis, que también, sino porque el sistema de valores que la sustentan ha perdido la correcta orientación. La educación obligatoria debería estar al servicio de la infancia y la adolescencia. En un entorno en el que esto sucediese, una publicación de un docente como la que encabeza este post sería duramente criticada. Sin embargo, aquí es humor. Humor dirigido hacia un niño que pregunta qué tiene que enviar para aprobar.

Es muy triste y no hace ninguna gracia que el aprendizaje esté totalmente ausente en este juego del aprobado y el suspenso. Y más triste es aún que el docente adopte ese papel de juez que otorga una puntuación.

No entiendo muy bien cuál es el papel que creen tener estos docentes y cómo pueden destilar tanto odio hacia los menores a los que se suponen que deberían educar. Buscan respuestas de ellos en vez de potenciar su curiosidad o, al menos, preguntarse por qué no quieren participar en el juego que ellos proponen. Hay veces que me echo las manos a la cabeza porque es muy difícil discernir quién es el niño y quien el adulto.

¿Estamos en un estado de alarma a raíz de una pandemia o son imaginaciones mías? ¿A esta gente adulta y profesional se le ha ido la pinza con el confinamiento o es que siempre han sido así?

El caso es que las familias están pasando por situaciones muy duras y eso de tener que aguantar a ese docente insensible que, desatendiendo la normativa estatal de cuidar, guiar y apoyar , sigue dando por culo con las putas notas, es un estorbo añadido.

Señores y señoras docentes, intenten dignificar un poco su oficio. Están para servir y para guiar, no para poner en ridículo y sancionar. Y dejen de dar vergüenza en las redes sociales, que estamos en una situación que merece más empatía y cariño que humor dirigido al de abajo.

¿Por qué nos parece que el profesorado no lo está haciendo bien?

Llevamos algunos días, o me lo parece a mí, que está habiendo una escalada de nerviosismo y crispación en las redes. Hay muchas familias que manifiestan su descontento por la forma en que el profesorado de sus hijas e hijos está gestionando la docencia en esta situación. Las quejas se refieren, en términos generales, a que los docentes envían listados de ejercicios y trabajos y piden la entrega sin mediar palabra, sin una mínima mediación educativa, de modo que las familias tienen que convertir su hogar en una escuela y ellos/as ser las y los maestros. También se quejan de que amenazan con el suspenso por no entregar las tareas a alumnos/as que tienen las dos primeras evaluaciones aprobadas, que someten a las criaturas y a los chavales a situaciones de exámen estrambóticas, o que envían mensajes en tono agresivo y con faltas de respeto a niños y niñas.

En el nivel de educación secundaria, los alumnos y las alumnas se quejan de la escasez de clases virtuales y la cantidad de tareas repetitivas y sin sentido que trabajan cosas que ya estaban trabajadas en anteriores evaluaciones, sin personalizar la enseñanza ni motivar a los estudiantes para seguir aprendiendo.

Seguro que hay profesorado que lo está haciendo genial, pero eso no le importa mucho a las familias y estudiantes que están sufriendo a los que lo hacen mal.

Si acudimos a la Orden EFP/365/2020, de 22 de abril, por la que se establecen el marco y las
directrices de actuación para el tercer trimestre del curso 2019-2020 y el
inicio del curso 2020-2021, ante la situación de crisis ocasionada por el
COVID-19.
, en esa legislación la conferencia estatal de educación establece unas directrices para todos los centros educativos que han sido desarrolladas por las Comunidades Autónomas. Estas directrices aparecen en el Artículo 4 de esta normativa y son las siguientes:


a) Cuidar a las personas, un principio fundamental.
b) Mantener la duración del curso escolar.
c) Adaptar la actividad lectiva a las circunstancias.
d) Flexibilizar el currículo y las programaciones didácticas.
e) Adaptar la evaluación, promoción y titulación.
f) Trabajar de manera coordinada.
g) Preparar el próximo curso 2020-2021.

Centrémonos en la primera directriz, la que invita a la comunidad educativa a Cuidar a las personas (Anexo 1), y en concreto en dos puntos, el b y el c:

b) Todos los responsables de las tareas educativas, sean docentes, equipos directivos o miembros de las Administraciones, extremarán su cuidado para apoyar a los estudiantes y sus familias, a los docentes y a todos los miembros de la comunidad educativa, así como para hacer posible el desarrollo de sus tareas respectivas en condiciones que promuevan su bienestar.
c) En las circunstancias actuales, todos los responsables de las tareas educativas extremarán el cuidado en el cumplimiento de los derechos incluidos en la Convención de los Derechos de la Infancia de la ONU que España ratificó.

Parece entonces que la prioridad no es que los niños y las niñas entreguen las tareas. Tampoco ponerles notas y aprobar o suspender, como parecen demandar muchos docentes obsesionados por centrar su trabajo, como siempre, en calificar las tareas, los ejercicios y los exámenes. Muchos/as no saben qué hacer con estas nuevas prioridades para mantener el curso actual. Madre mía, y no hablemos de los derechos de la infancia y ese vapuleado derecho a la imagen y a la intimidad, por los múltiples vídeos y fotos solicitados por los docentes como forma infalible de evaluación. ¿Cómo se puede seguir con el curso si no se puede suspender, aprobar, examinar y sancionar? Veamos lo que propone la normativa para mantener la duración del curso actual, la segunda de las directrices propuestas:

a) Durante el tercer trimestre se continuarán desarrollando actividades que permitan a niños, niñas y jóvenes mantenerse incorporados al aprendizaje continuo y suscitar su interés por aprender, de modo presencial o a distancia, y que estarán adaptadas a su edad y características, así como a la situación excepcional que están viviendo.

Aquí , las expresiones clave son”aprendizaje continuo” y “suscitar su interés”. No dice nada de que haya que mandar tareas y ejercicios evaluables ni que haya que controlar la cumplimentación de tests todas las semanas. Se trata de motivar para el aprendizaje. El profesorado, que siempre se queja de lo apretados que están los contenidos del currículum y que no pueden darlo todo y bla bla bla tenían una oportunidad de oro para trabajar otros aspectos de su labor docente. Pero no.

Con respecto a la directriz C, adaptar la actividad lectiva a las circunstancias, veamos algunas de las cosas qué propone la normativa. En los puntos b, c y d se pone el acento en detectar al alumnado que no esté conectado, hacer que recupere el vínculo escolar y hacer un esfuerzo para dotar de medios digitales a los alumnos y las alumnas que carezcan de ellos. No dice nada de abandonar educativamente a los alumnos y alumnas que sí estén conectados y que sí dispongan de medios digitales. Muy al contrario, en el punto e y siguientes, la normativa señala que las Administraciones educativas y los centros docentes desarrollarán herramientas y programas de formación adecuados y realistas para permitir que el alumnado obtenga el mayor provecho de la metodología no presencial, que adaptarán el modelo de tutorías a la nueva situación, con la finalidad de ayudar al alumnado a organizar sus actividades escolares, autorregular su aprendizaje y mantener un buen estado emocional, y que organizarán acciones de orientación académica y profesional con los medios disponibles. También habla la normativa de que se seguirá atendiendo las necesidades especiales del alumnado con las adaptaciones y los apoyos pertinentes.

Es decir, lo que se haga debe contribuir a AYUDAR al alumnado, su aprendizaje y su buen estado emocional. No dice nada de calificarle y someterle a exámenes vigilados por la webcam ni nada de eso.

La normativa dice más cosas, y luego todo esto está desarrollado con instrucciones y demás en las correspondientes Comunidades Autónomas. Parece que la administración educativa ha generado muchísimos documentos digitales durante esta pandemia. El profesorado se queja de la muchísima burocracia a la que debe de atender y dicen que es por eso que no tienen tiempo de celebrar clases online y mediación educativa en condiciones.

El centro del sistema educativo es el alumnado. Ni el inspector que pide papeles, ni el documento que hay que entregar mañana ni los ejercicios del libro de texto, ni los aprobados y los suspensos, nisiquera el currículum. Son las criaturas y las y los adolescentes que tienen derecho a su educación y no a una tortura cotidiana durante el confinamiento. Tienen derecho a ser guiados en su aprendizaje, no forzados ni calificados ni avergonzados ni sometidos a un régimen de tareas estrictas, excesivas y carentes de interés. Tampoco favorece su derecho a la educación el abandono al que han sido sometidos en muchas ocasiones, recibiendo una o ninguna clase online y perdiendo el vínculo con su grupo-clase y con sus profesores.

¿Que por qué nos quejamos las familias? Por eso y por mucho más.

Ya he sacado el libro

Por fin he tenido tiempo y he hecho una recopilación de entradas del blog organizadas en 4 partes.

Parte 1: Introducción. Sobre Mother Killer y los motivos por los que empecé a escribir.

Parte 2. Feminismo y maternidad.

Parte 3. Crianza, lactancia y parto.

Parte 4. Educación en el cole

Parte 5. Educación en casa

Parte 6. Anécdotas familiares

Lo podéis encontrar en Ámazon y en Kindle Unlimited. Espero que os guste.

Educación en tiempos de pandemia

Estamos en una situación sin precedentes y en las situaciones sin precedentes se aprenden muchas cosas. Una de las cosas que se hacen manifiestas es el orden de prioridades de una sociedad. Y en este momento, la prioridad parece ser la economía. No el bienestar de la ciudadanía, que todo el mundo mantenga un nivel de vida adecuado, que se alimenten, duerman, cuiden su cuerpo y su mente. La prioridad es que no nos muramos muchos y que podamos levantar pronto el aislamiento para volver a la “normalidad”.

Pero eso nunca va a pasar. Hay una generación que ha visto truncado su curso escolar, desde infantil hasta la Universidad. Y esto de “ver truncado” es una cosa que va con el sistema. El sistema consiste en ir salvando obstáculos y superando niveles, como en los videojuegos. Esa ingenua afirmación de “lo importante es aprender” es una puta mentira. Lo importante es y ha sido siempre aprobar. Hasta ahora, que la situación de evaluación no puede asegurar que el resultado del test refleje la retención y acumulación individual y memorística del conocimiento.

En esta situación excepcional pueden suceder dos cosas: el sistema intenta perpetuarse o el sistema cambia. Entre los que intentan que el sistema se perpetúe están los que quieren que esto se chape hasta septiembre, que se de por perdido el curso y que los niños y niñas empiecen de nuevo el curso en el que ya llevaban casi 5 meses. Esa propuesta me parece aberrante por muchos motivos, pero el principal es la falta de respeto, la falta de consideración y la trivialización que supone del derecho a la educación.

Vamos a ver las cosas con un poco de perspectiva: el derecho a la educación no va de hacer ejercicios repetitivos del libro de texto y que el profe te los corrija. El derecho a la educación es tener acceso a la información, apoyo para comprenderla y espacio para aplicarla y generar nuestro propio conocimiento. Y, si nos importa este derecho, si nos importa que los niños y las niñas, que las y los adolescentes sigan teniendo oportunidades de crecimiento en medio de una pandemia, hemos de hacer cosas diferentes.

Es previsible que, ante esta afirmación, haya quien diga que esto no es lo importante ahora. Seguramente será una persona de clase media e intelectual, con niños pequeños y que se ve sobrepasada por la absurda inundación de tareas que sufren de manos de las maestras de sus hijos. Estos niños, de clase media e intelectual, están en constante contacto con recursos educativos, por lo que las tareas dificultan más su vida que otra cosa. Es absurdo estudiar por tercer año consecutivo el ciclo del agua. Este planteamiento, que se detenga la actividad docente, es absolutamente comprensible, si no supusiera un abandono completo de otras niñas y niños que no tienen la suerte de tener un acceso tan amplio a recursos educativos.

Desde mi punto de vista, las prácticas educativas en esta situación de pandemia deberían cambiar. No tiene sentido intentar seguir haciendo las mismas cosas. Mandar tareas a destajo, obligando a las familias de niñas y niños pequeños a estar gestionando su realización, solo sirve para crear tensión y rechazo. No podemos pretender recrear la situación de las aulas en los hogares. Pero claro, ¿dónde está el Think Tank educativo en España cuando hay que organizar todo esto? ¿Holaaaaaa? ¿Hay alguien ahí?

Los centros educativos públicos parecen pollos sin cabeza planificando las directrices generalistas que han recibido de sus jefes directos: los consejeros de educación y los cargos intermedios. “Haced lo que podáis, planificad la docencia a distancia y la evaluación y mandadnos los planes”: eso ha sido todo. Ni un puñetero recurso. Bueno, sí, Clan TV ha hecho un programa de clases horroroso que da vergüenza ajena y que los niños no quieren ver ni en pintura.

Los y las docentes son un cuerpo de funcionarios que ahora podrían estar haciendo grandes cosas, y, sin duda, algunos y algunas lo estarán haciendo. Interesarse por el bienestar de sus estudiantes y sus familias, ofrecerles ayuda para tener acceso a recursos interesantes y profundizar en su formación, sugerir, acompañar, informar. Por favor, dejad de enviar tareas inútiles, dejad de estresar a las familias y humanizad vuestro trabajo.

Es tan importante la labor educativa en estos momentos como en cualquier otro. Esta es una oportunidad para ver las cosas desde otra perspectiva, para educar sin partes, sin sanciones, sin notas, sin negativos, sin exámenes. El único objetivo es poner el conocimiento al alcance de la gente. Ahora que se aplaude tanto el trabajo de los sanitarios y se describe como heroico, los docentes no se deberían quedar atrás y deberían aprovechar esta oportunidad para mostrar la importancia de su trabajo.

Pero bueno, seguramente esto no sean más que tonterías. Hay gente muy preocupada por que se van a incrementar las desigualdades. Como si esas desigualdades no estuviesen ya totalmente establecidas. Esto es como cuando mis hijos iban a “no religión” y no podían hacer nada que implicase aprendizaje académico. Era como dejarles en un stand by para que no avanzasen con respecto a los demás. Me parecía una solución perversa. En vez de sacar la religión de las aulas, había que crear espacios muertos para los niños que no quisiesen ser adoctrinados. Ahora, las niñas y niños que tienen internet y dispositivos ¿qué deben de hacer? ¿Intentar aprender lo menos posible para que no se agrande la brecha?

Quizás deberíamos empezar a pedir, por ejemplo, Internet libre, acceso libre a la cultura, reparto de dispositivos a las familias que carezcan de ellos y de posibilidades de comprarlos. No es más que asegurar el derecho a la educación. ¿Alguien tiene un plan? ¿Hay alguien pensando sobre esto en algún sitio?

Lo que ha quedado patente en esta situación de crisis es que los niños y las niñas son ciudadanos de segunda. Han quedado recluidos en sus casas y ninguna de las medidas de apoyo planteadas por el gobierno aluden a la infancia. La infancia encerrada ha quedado privada de todos sus derechos. La infancia encerrada, y además pobre y sin líneas de comunicación con el exterior está más expuesta a innumerables riesgos. Nadie se preocupa por asegurar el bienestar de la infancia y su derecho a la educación. Exijamos a ese ejército de funcionarios que dependen de las consejerías de educación que se pongan las pilas, que innoven, que cambien su perspectiva y que den la posibilidad a nuestros hijos e hijas de seguir teniendo acceso a la cultura. Por todos y todas. Para todos y para todas. Por nuestro futuro y por el suyo.

La menopausica esa

Si ponéis en el buscador de twitter la palabra “menopáusica” encontraréis un montón de gente usando esa palabra como insulto. La mujer con menopausia se equipara con una vieja arpía con inestabilidad emocional, poco atractiva, sin actividad sexual y que envidia la belleza y atractivo de las mujeres más jóvenes.

Viejofobia y misoginia se unen en este uso despectivo de la palabra menopausia. Y una idea subyacente pulula en todo el discurso: el valor de la mujer se acaba cuando ya no se puede reproducir. El caso es que el pasar de los 45 inhabilita a una mujer para tener credibilidad, autoridad, sabiduría y prestigio social. Tampoco es que una mujer en edad reproductiva tenga mucho de eso, pero al menos no la llaman vieja histérica.

La señora cincuentona es un arquetipo despreciable. La mujer de esta edad es expulsada del paraiso y recluida en las mazmorras de lo feo, lo molesto, lo absurdo y lo desechable. El sistema médico la trata como a una enferma a la que hay que medicar y se lucra a su costa prescribiendo hormonas y psicofármacos. Las y los jóvenes comienzan a tratar con condescendencia a su madre aunque tenga un doctorado y les haya enseñado todo lo que saben de las redes sociales y los smartphones. Porque la señora de 50, la menopáusica, es ignorante por definición, una cosa tonta que no sabe usar el WhatsApp y que publica fotos de flores en su cuenta de Facebook.

Aludir a la señora menopáusica para hacer una gracieta es algo que se lleva mucho entre los y las jovencitas. Ya se sabe que una de las taras de la juventud es creer que se va a ser joven por siempre. Ensalzar en un altar el ser joven y tener la piel tersa lo único que consigue es unas crisis brutales cuando se llega a los cuarenta y una adicción al botox. Además, el despreciar a los mayores, y, en especial, a las mujeres, conlleva una terrible pérdida de memoria histórica que vamos acumulando generación tras generación (además de renunciar a la sabiduría y los consejos de las personas que ya han pasado por lo que estamos pasando).

Niñas, chicas, mujeres, al menos respetémonos entre nosotras. Ser mujer no se limita a tener atractivo sexual para el sexo opuesto. Ser mujer es una actitud que progresa y madura, que se va gestando y florece no solo en la adolescencia. La madurez tiene mil tesoros escondidos que no podemos ir pisoteando por la mierda patriarcal que nos han metido en la cabeza: que a partir de los cuarenta debemos escondernos porque dejamos de ser útiles, se nos resecan las neuronas y nos hacemos tontas perdidas. Valorémonos en todas nuestras facetas, respetémonos y hagámonos respetar. Y a todo/a el que use la palabra “menopáusica” como un insulto, block.