YA LLEGA JALOGÜIN

Me encantan los monstruos, los vampiros, los zombies y las calabazas. No hay más que ver la familia que tengo: toda una monstruosidad. Por eso, cuando se acercan estas fechas, me encanta dar sustos a los que lloran por las fiestas de antaño. Recuerdo poco de esa fiesta… si es que se puede llamar así. Cuando yo era pequeña, vivía en un pueblo. Todos los primeros de noviembre la gente se vestía de negro, compraba flores que olían fatal e iban todos (todas) a ese recintillo que me estaba vetado y que llamaban “Cementerio”.
Por aquel entonces yo no sabía lo que era la muerte, y el cementerio me producía muchísima curiosidad. Un día, mi madre nos pilló a mi hermano y a mí en la comitiva de un entierro. Nuestra niñéz fue libre y campurriana, y vagábamos por el pueblito desde muy pequeños. Cuando vimos a toda esa gente de negro en procesión y detrás de una caja extraña, decidimos unirnos a la procesión, a ver que daban al final. No nos dejaron consumar. Quizás sea por eso que siempre he tenido un morbo especial por los cementerios y cuando viajo, no me gusta irme del lugar sin visitar la última morada de los nativos.
Sin embargo, una o ninguna vez he ido a un cementerio el primero de noviembre. Mis muertos, los pocos que tengo, están conmigo siempre, no me hace falta ir a visitarles a ningún lugar. Por eso me gusta Halloween (o Jalogüin, como prefiráis): es entonces cuando pongo una vela para recibir con honores a mis espíritus más queridos. 
Llegadas estas fechas, oímos a mucha gente despotricar contra Halloween por distintos motivos. Los católicos protestan porque Halloween hace sombra al día de todos los santos, la celebración que ellos impusieron por encima de toda tradición pagana ancestral. Los progres porque dicen que los yankies nos están colonizando. Pero lo cierto es que Halloween es una tradición celta, concretamente irlandesa, que fue importada por Estados Unidos en el siglo XIX, hacia el año 1845, cuando una mala cosecha de la patata hizo que los habitantes de la isla esmeralda emigrasen a las américas. 

Los irlandeses, ya católicos, mantenía algunas de sus tradiciones celtas, y esta,  la de Samhain (año nuevo wiccano) era una de la más importantes. La noche del 31 de octubre, originalmente llamada “la vigilia de Saman” se celebraba el fin de un ciclo. Es la época en la que se hace la última recolección de la cosecha y, metafóricamente, comienza un nuevo ciclo de maduración de la semilla durante el invierno, florecimiento durante la primavera y crecimiento de los frutos durante el verano. En la  cristianización de la fiesta pagana, el Papa Gregorio IV cambió el nombre (y el contenido) por el de “Día de todos los Santos” (All Hallows Day), y finalmente la fiesta acabó llamándose HALLOWEEN.

En la noche de Samhain, los dos mundos, el de los vivos y el de los muertos, se conectan. Los espíritus tienen la oportunidad de visitar a sus familiares, que les reciben encendiendo velas que purifican y meten dentro de calabazas talladas. Este es el ritual que se recita al encender la vela: 

En esta noche de Samhain señaló tu paso amado Dios del Sol

Hacia las tierras del eterno verano, aguardando tu regreso 

También señaló el paso de los que se han ido y se irán después 

Oh bendita y amada Diosa eterna, tu que das nacimiento a los caídos 

Guía mis pasos en la oscuridad, protégeme y ayúdame a comprender 

Tus misterios, enséñame que así como de la oscuridad nace la luz 

El ciclo renace eterno y por siempre.



El fuego es un elemento esencial en esta celebración por sus propiedades de purificación. Esta noche, escribe todo lo que se ha destruido a lo largo de este año, aquello de lo que te quieras desprender (malos hábitos, personas tóxicas, tristezas, desengaños) y aquellos seres a los que hayas perdido y quémalo en un caldero con fuego. Esto simboliza el renacer y el comienzo de un nuevo ciclo. Mientras el papel arde, recita: 

Sabia de la Luna menguante, Diosa de la noche estrellada. Creo este fuego dentro de tu caldero Para transformar lo que me está atormentando. Que las energías sean revertidas ¡De oscuridad, luz!, ¡De mal, bien! ¡De muerte a nacimiento!

¡¡¡FELIZ HALLOWEEN!!!

2 Responses

  1. Curioso. Por lo que dices, viene a ser como una especie de “año nuevo, vida nueva”.

    A mí también me gusta visitar cementerios, pero porque algunos son auténticas preciosidades. También porque me gusta jugar a descubrir algo de las vidas que tuvieron los que (dicen) descansan allí.

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