TWITTER HA MUERTO. VIVA TWITTER.

Millan Astray

En Twitter, nadie es tu amigo. No sé si te habrás dado cuenta, pero eso es así. Ya sé que eso de tener la impresión de que eres famosa o famoso se sube a la cabeza como el champán. Pero desengáñate: igual que subes, bajas. Si expones tu nombre y tus apellidos, incluso tu foto y tu currículum al escrutinio público, debes ser muy cuidadoso/a. Ah, ¿que ya la has cagado? Pues bien, no hay remedio. Seguro que hay algo que has dicho a lo que alguien es capaz de sacarle punta hasta el infinito y más allá. Aunque nunca hayas probado a jugar con los límites del humor ni hayas hecho una ronda escrita de chistes de gitanxs, negrxs, judíxs, mujeres en general, discapacitadxs o cualquier otro colectivo oprimido/oprobiado.

¿Imagináis que hubiese habido Twitter en la España de los 30? Unamuno hubiese sido un excelente tuitero. “El general Millán-Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada…” Esto dicho el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, a un Millán-Astray cojo, tuerto y manco, hubiese sido portada del ABC y bueno, Unamuno hubiese sido defenestrado por aludir a la discapacidad del creador de la legión. Aunque éste no se quedó corto, contestando al rector: “Muera la intelectualidad traidora”. En fin, hubiese sido TT. Pero en aquella época, las cosas quedaban en las aulas, los paraninfos, los pasillos, los artículos de prensa, que llegaban a un sector reducido de la población en comparación a la difusión que alcanzan hoy en día este tipo de noticias.

Hemos de sopesar seriamente si merecen la pena unos minutos de gloria tuitera en comparación con la terrible experiencia de un linchamiento virtual. Y si ya, el linchamiento virtual asciende a los blogs y los periódicos y de ahí a Facebook, ya olvídate de tu intimidad por los siglos de los siglos. El olvido no existe en internet. Tu nombre estará ligado al escándalo POR SIEMPRE. ¿No querías fama? ¿No querías gloria? Ahí la tienes.

¿Qué tiene el escarnio público que puede generar tantos correlatos fisiológicos en tan poco tiempo? Taquicardia, sudoración, ansiedad, pánico. El sentimiento de agobio y desasosiego puede durar semanas, incluso meses. Si se cronifica, puede convertirse en una depresión. Lo que es seguro es que puede afectar seriamente a la vida familiar y profesional. La violencia simbólica que se ejerce en la plaza virtual del pájaro azul puede tener consecuencias devastadoras en una persona. Pero lo curioso es la falta de empatía que demuestran las y los integrantes de estas jaurías tuiteras que caen sobre un ente digital incorpóreo. La mayoría de las veces, el supuesto pecado no se corresponde en absoluto con el desproporcionado castigo que recibe su autor (o autora).

Pero el enemigo virtual no siempre es el bocachancla que responde a tu tuit la primera burrada que se le ocurre y le pasa por su corta mollera. Hay un enemigo mucho más peligroso, y es el que permanece agazapado en la esquina de tu time line leyendo todos y cada uno de tus tuits sin decir nada. Así pueden transcurrir años. Y un día, te das cuenta que hay gente que sabe mucho de ti, que ha atesorado cada bit de información que has soltado al aire. Y esa gente, de cuya existencia simbólica no eras consciente, comienzan a usar esa información en situaciones de la vida “real”. Son esos seguidores (o amigas/os del Facebook) siempre discretos, que no publican, no comentan, no respiran apenas para no ser notados ni vistos. Hasta que salta la liebre.

Si sospechas de alguno de estos espías silenciosos, puedes hacer una prueba muy sencilla: restríngele el acceso o bloqueale. En poco tiempo notarás que da señales de vida. Hará notar de alguna forma su malestar por no tener acceso a tu información. Hay gente que se pone tan nerviosa que intentan obtener datos a través de terceros, los cuales, alarmados por esa reacción tan fuera de lugar, te comentan la agresiva reacción de X por creer que “le has borrado del feisbuk”.

Es evidente que las redes sociales han transformado enormemente las dinámicas de interacción social. Sobre todo las de las personas que las usamos, porque luego está esa parte de la población que no tiene cuenta de tuiter o no vive enganchada a ella. Para esas personas (la mayor parte, todo hay que decirlo) todas nuestras aventuras simbólicas no son más que extrañas paranoias que nos hacen perder el tiempo y delirar más de la cuenta. Tened por seguro que si decidiésemos dejar de usar Twitter un buen día, la masa enfurecida dejaría de tener poder sobre nosotras (femenino genérico, por cierto).

Mi hija de 15 años, que es una experta tuitera, dice que Twitter tiene los días contados. Y no puedo dejar de estar de acuerdo con ella. La frescura de Twitter murió con Zapata y con Soto. Se acabaron los días de vino y rosas, donde el Twitter era una fiesta de la palabra, una vomitera de expresión incorrecta, creativa, desatada. Nos dimos cuenta de que el escrutinio público y la permanencia de la palabra escrita no son buenos compañeros de la interacción social a granel. En breve, Twitter se llenará de cuentas falsas imposibles de controlar. Todos los personajes públicos abandonarán sus cuentas o estas se harán extremadamente aburridas y anodinas. Ya no encontraremos a nuestros conocidos tuiteando como descosidos su vida privada, y los que haya tendrán el mojigato candadito de guardián de tuits. Nos recluiremos en facebook y tendremos mucho cuidado con lo que decimos. Va a ser muy aburrido… y lo sabéis.

 

3 Responses

  1. Probablemente tengas razón, pero es una pena. A mi me gusta Twitter, paso buenos ratos y aunque las conversaciones ahí son superficiales, a menudo continuan en grupos de whatsapp en los que se puede hablar con más libertad.

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