TEORÍAS DE LA CONSPIRACIÓN

Me encanta la conspiranoia. Soy fan absoluta de las teorías de la conspiración. Y no me digáis que después de milenios alimentando a nuestras criaturas con leche de madre, el que haya tantas, tantísimas mujeres diciendo convencidas que sus tetas no alimentan, que sus tetas no dan leche, que sus tetas se dañan peligrosamente con solo pensar ser succionadas, es altamente sospechoso de ser el producto de una gran conspiración.

A ver, no tengo nada en contra de las mujeres que deciden libremente no dar de mamar a sus hijos e hijas, NADA. Yo misma mamé un mesecillo, dos a lo sumo, y soy una mujer sana y equilibrada (ejem ejem). Pero me molesta terriblemente que en los tiempos que corren se eche por tierra todo el conocimiento sobre la fisiología del cuerpo humano femenino. Es rarísimo encontrar mujeres que sepan cómo funciona una una teta como órgano que, además de embellecernos y aportarnos placer, tiene el maravilloso don de producir alimento.
No me malinterpretéis, no soy ninguna fundamentalista. Ahora cualquiera que hable de la función fisiológica de las tetas parece estar cometiendo un pecado. Pero me incomoda que se prive a millones de mujeres de uno de los mayores beneficios de la lactancia materna: la prevención del cáncer de mama. Que este gran beneficio se haya visto eclipsado tanto tiempo solo puede ser producto de una gran conspiración. Y esto no se me ha ocurrido a mí, ya lo dijo Carlos González hace algunos años (para que veáis que no le guardo ningún rencor)
Está claro que si se promocionase la lactancia materna en condiciones, habría mucho dinero cambiando de unas manos a otras. Nosotras ahorraríamos mucho en leche de fórmula y utensilios para subministrarla (por no hablar de la cuna, el cuarto del bebé y chupetes a tutiplén); el gobierno (osea, los y las contribuyentes) ahorraría en tratamientos de cáncer y de las múltiples enfermedades que previene la lactancia en madres e hijos/as y, lo que es más importante, nos ahorraríamos mucho sufrimiento vinculado a la enfermedad. Pero claro, habría miles de empresarios perdiendo MUCHO dinero. Empresarios muy poderosos… vamos, los conspiradores (ya ya, parezco Rafa Pal, lo sé, pero no me faltan argumentos).
En fin, que lo creáis o no, somos víctimas de una inmensa conspiración que dura ya demasiado tiempo. Lo que no sé como encajar aquí es el hecho de que ciertos pediatras vayan diciendo por las guarderías que la lactancia a demanda promueve los trastornos de alimentación porque no deja al bebé reconocer la sensación de hambre. Pero eso será objeto de otra entrada.

3 Responses

    1. No lo dudes: para los conspiradores el vicio es una pieza clave. Los niños que maman más allá de los dos meses son viciosos irremediables a los que hay que frustrar poco a poco para que vayan entrando en razón. ¡Que el vicio es mu malooooo!

  1. Los pediatras que con tanto ahínco defienden la lactancia artificial, y los responsables de cargarse (digamos) el 80 por ciento de las lactancias (para el otro 20 por ciento están las madres, suegras y vecinas) son los que reciben regalos de esos empresarios que ganan tanto dinero haciendo creer a miles de madres que son inútiles porque sí, porque una mujer que quiere amamantar y no puede (por los mitos que tan acostumbradas estamos a oír) se siente inútil y frustrada, aunque la mayor parte de las veces lo deje pasar y lo acumule con el resto de frustraciones a las que nos acostumbra la maternidad.
    A mí me parece genial que esos empresarios ganen dinero, faltaría más, pero que lo hagan con técnicas lícitas y éticas. Hay muchos artículos totalmente absurdos con los que ganar dinero, más si son infantiles, y no son nocivos, así que que se pongan a ello. Y que los pediatras hagan lo que deben, que es curar enfermedades y prevenirlas, y se dejen de pamplinas.
    Uy, me he encendido.

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