Soltar

El alma humana es compleja. Mucho. Necesita de un depurado y abrillantado continuo, de un cuidadoso aprendizaje que se produce de forma muchas veces dolorosa. Nos encontramos, nos alejamos, nos encontramos otra vez. No tiene nada de esotérico el decir que aprendemos de cada persona con la que nos relacionamos, sea nuestra experiencia buena o mala. Y a veces hay que saber discernir muy bien qué personas nos aportan un aprendizaje y cuáles han dejado de contribuir a la causa de nuestra construcción como almas expertas.

Fijaos que me cuesta mucho ponerme en plan “qué buena soy y cuanto amor desprendo”. Es una actitud que considero manipuladora y falsa en muchos sentidos. Pero hoy voy a intentar ser un poco menos Killer que de costumbre. Hay gente que tiene dolor dentro. Hay gente triste. Y esa tristeza se convierte en agresión gratuita cuando menos te lo esperas. Y una, que está acostumbrada a defenderse, pues se defiende. ¡¡Pero no!! He descubierto dos armas mucho más infalibles: la autoestima y la compasión.

Una persona que se estima y se quiere a sí misma es una roca. Es preciso amarse para no perturbarse ante los ataques de una persona triste. Porque una de las formas de expulsar la tristeza cuando no la sabes aceptar y dejar fluir es situarla en el otro o la otra. Y el mecanismo es sencillo: buscas los pilares de la persona que tienes enfrente y los dinamitas. ¿Que la persona se siente orgullosa de su familia? Le preguntas si es feliz estando todo el día en casa cuidando de sus hijos/as. ¿Que la persona tiene una afición que le motiva y le aporta buenos momentos? Pues es la afición más tonta del mundo, que lo puede hacer cualquiera y además no sirve para nada… cosas así. Pero si conoces el mecanismo y tu autoestima es alta, nada podrá conmover esos pilares. Y aquí es donde entra la segunda arma: la compasión. 

A ver, la compasión no es sentir pena por alguien (al menos en el sentido en que uso aquí el término). La compasión, desde un punto de vista budista (y no, no soy budista pero me gusta la compasión en ese sentido) es un sentir-con. Es una forma de empatía y solidaridad. Es el comprender por qué la otra persona está haciendo eso y además no enfadarse. Es una forma de consciencia sobre los sentimientos y motivaciones del otro/de la otra. Es lo que nos permite no romperle la cabeza a alguien (en sentido figurado) cuando nos está intentando joder. Lo que nos permite dejar pasar esa pullita innecesaria, ese comentario malintencionado y conseguir situarlo en un contexto. Esto no quiere decir que sigas como si nada estuviera pasando, pero sí aporta una paz inmensa, evita conflictos presentes y previene de situaciones incómodas futuras. 

Y la conclusión: soltar. Soltar porque nos lo merecemos: merecemos a nuestro lado a personas que cuiden nuestros pilares y los valoren, igual que nosotras cuidamos y valoramos los suyos. Soltar y aprender a tratar con cariño los pilares de tu prójimo. No intentar dinamitarlos para disipar tu tristeza. No juzgar la validez de esos pilares. Acompañar en el camino y cuando las sendas se bifurquen, despedirnos sin estridencias, sin reproches, con un beso y un adiós. 

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