Sintonizar y tocar teta: Conductas habituales del amamantamiento

La lactancia materna como elemento nutricional básico del ser humano se entremezcla a veces con elementos moralistas que nos recuerdan que los pechos están cargados de simbolismo sexual. Si para ti la sexualidad no supone algo temible que hay que ocultar a toda costa en los espacios públicos, pues es algo “muy íntimo”, ofensivo y vergonzoso, no tendrás ningún reparo en ver a una madre amamantando en público. 

No me imagino de ninguna forma a nuestras antepasadas ocultándose para amamantar en público. Cuando una mujer da de mamar a su criatura, está realizando una acción tan antigua como la vida misma, imprescindible para la vida y para la especie. Sin ese acto no estaríamos aquí, os lo aseguro. 

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Sin embargo, el puritanismo social y la distorsión que hacen ciertos sectores de la sociedad de la vida sexual nos conducen a una suerte de estupidez colectiva en la que las madres se tienen que cubrir los pechos para alimentar a su bebé, tienen que encerrarse en habitaciones aisladas, deben educar a sus retoños para que no les toquen los pechos en público y adquirir decorosas ropas para amamantar con la máxima discreción. 

Virgen de la leche. Pedro Berruguete. S.XV
Virgen de la leche. Pedro Berruguete. S.XV

Todo esto está muy bien si quieres hacerlo. Si te da vergüenza amamantar en público, tienes alguna otra opción. Pero desde luego perderás la libertad de alimentar a tu hijo o hija a demanda en cualquier momento y sin barreras psicológicas. Y cuando no ponemos barreras a la naturaleza, además de la succión nos encontramos con que otras cosas pueden pasar (y pasan) cuando amamantamos.

Las madres lactantes y que hemos sido lactantes sabemos que el amamantamiento no solamente es una conducta alimenticia. La succión va acompañada de otras conductas y, además de aportar alimento, contribuye con seguridad, afectividad y vínculo entre la madre y su criatura. Cuando amamantamos siguiendo los consejos de la OMS y de la madre naturaleza, y prolongamos la lactancia más allá de los 4 meses,  el bebé que succiona va desarrollando sus capacidades motoras y cognitivas e interactúa con nuestros (sus) pechos de una forma cada vez más compleja. Es aquí donde aparece el reflejo de sintonización, que consiste en que el niño, mientras succiona de un pecho, agarra el pezón (ordinariamente llamado *****) del otro, girándolo como si estuviese buscando una emisora de radio. Sí, esas cosas suceden, y lo sabemos las personas que amamantamos. Un gurú de la lactancia, un hombre que nunca haya amamantado y que no haya visto a una mujer amamantar en libertad no sabe esto: es parte de nuestro conocimiento como expertas en el tema. El hecho de que esta conducta pueda tener una función fisiológica de estimulación del reflejo de eyección (en términos vulgares, conseguir que la leche salga por sí sola y llene la boca a chorros), es interesante para desviar a las mentes perversas de la posible función sexualizada que le puedan atribuir a este comportamiento. 

Pero además de esto, las mujeres que hemos dado de mamar siguiendo las recomendaciones de la OMS y las de la madre naturaleza sabemos que, llegado el destete, las niñas y los niños no se separan de manera drástica de su fuente de placer. Un niño o una niña que ha mamado durante varios años no olvida de la noche a la mañana que los pechos de su madre le han calmado, nutrido, quitado miedos y penas, ayudado a dormir, etc. Quizás por eso, conservan durante un tiempo la costumbre de tocarlos en los momentos de ansiedad y a la hora de dormir. Hay quien recomienda eliminar de raíz lo que creen que es una fea costumbre. Sin embargo, desde mi punto de vista, como profesional de la Psicología, creo que censurar esta etapa intermedia de destete definitivo es innecesario y puede producir conflictos entre madre e hija/o, así como momentos de ansiedad innecesarios. Esa conducta cesará paulatinamente, y os aseguro que vuestra/o hija/o nunca más se interesará por vuestros pechos. 

Es una pena que la especie humana se avergüence con tanta frecuencia de un acto que forma parte de su esencia misma. Señoras y señores que se escandalizan por ver una teta humana alimentando a un cachorro humano, señoras y señores que se escandalizan por ver a un cachorro humano jugando con los pechos de su madre: respiren hondo. No pasa nada. Es la naturaleza siguiendo su curso. 

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