Quien decide tiene la culpa

 

En momentos de indecisión en grupo ¿has notado que siempre tomas tú las decisiones? ¿Que la gente que te rodea siempre espera a que tomes la última palabra y digas qué debemos hacer? Siempre hay alguien en un grupo que termina diciendo “pues venga, vamos a ello”… ¿eres tú esa persona? Pues la has cagado pero bien. Si las cosas salen mal, no podrás evitar sentirte culpable.

Cuando te das cuenta del tema y dejas de decir la última palabra, el grupo colapsa, se queda varado en el error de la última decisión tomada y te miran suplicantes para que tomes las riendas. Y como no te da la gana, el bloqueo persiste y todo el grupo asume que no va a haber decisión, que vamos a seguir varados, que no hay salida. Tú miras suplicante al segundo de a bordo, al tercero, al cuarto, pero nadie toma la palabra. Impasibles, parecen indiferentes ante la situación.

Al día siguiente, la gente se queja de la mierda de tarde, o del truño de película que se han tragado, o de la bazofia de comida que se tragaron en aquel sitio de mala muerte, pero en el momento de tomar la decisión, esa que podría haber evitado el mal trago, nadie se menea. Todos tragan y adelante, que el que decide es el que lleva la carga.

Y es que, cuando se toman decisiones en un estado de indecisión, en un estado de incertidumbre, se corren riesgos. Y los riesgos inmovilizan (y si no, que se lo digan a Puigdemont). Quien toma decisiones en estos momentos será el chivo expiatorio del mañana. “Tú fuiste quien dijo que lo hiciésemos” es el grito de los huevones y las huevonas. Por eso es tan raro encontrar esa figura cándida y valiente que alienta al grupo para que actúe. Porque una vez que se quema, ¿quién es el guapo o la guapa que toma el relevo?

En otro post hablaba de cómo lo complejo es lo sencillo , y cómo las estructuras ocultan el corazón del asunto. El dicho como arriba es abajo lo define muy bien. El tema es que la diplomacia, esa gran capacidad de negociar con el contrario, oculta a veces el miedo a decir lo que se quiere y necesita y dar motivos claros y contundentes al respecto. Ya, es verdad que es mejor negociar, dialogar, debatir con argumentos, llegar a un consenso. Pero hay momentos en los que te la cuelan y la diplomacia te impide que lo que es de ley salga adelante. También es verdad que si te la han colado, poco vas a poder hacer, pero al menos que quede constancia de que te has dado cuenta.

Todo esto es una perorata sin mucho sentido para la audiencia, lo sé. Lo importante es lo que pasa cuando el que toma las decisiones se retira. Y el por qué se retira. Hay múltiples circunstancias en las que esto puede pasar, pero una cosa habitual es que el grupo se quede estancado. Y no puede ser de otra forma. Hay ocasiones en las que hay que aceptar que el grupo no puede progresar ni actuar al mismo ritmo que lo haces tú, que la gente necesita tiempo. Tiempo para darse cuenta de los errores cometidos y de las decisiones mal tomadas. El hecho de que tú tengas claro lo que hay que hacer no significa que el grupo lo tenga claro, así que ajo y agua, como decíamos de pequeñas.

Seguro que hay gente ahí fuera, leyendo esto, que me comprende perfectamente. Para vosotras y vosotros, una lista de consejos no pedidos:

1. Si hay que tomar una decisión, deja que primero se pronuncie otra persona del grupo. No te lances a hacer propuestas, no te signifiques en un primer momento. No te hagas abanderada/o del asunto: si lo haces, será mucho más difícil retirarse.

2. Si nadie se pronuncia, siempre puedes hacer una sugerencia. Algo así como tímido, como quien no quiere la cosa.

3. Si encuentras una callada por respuesta, no insistas: no hay quorum. Hay que dar tiempo al grupo para que asimile el problema y lo sopese. Por mucho que creas tener la visión completa del asunto, no va a servir de nada que lo expliques una y otra vez: hay que seguir una serie de pasos para alcanzar la comprensión.

4. Cuando el desastre se avecina, nunca digas “os lo dije”. Muchas veces pasa. El grupo se ha quedado varado y no ha tomado decisiones importantes. Llega el toro y nos pilla. Hay que asumir las consecuencias con el grupo y tirar para delante.

5.Ten paciencia: en algún momento caerán en la cuenta. Pero lo cierto es que, si el grupo o la mayor parte del grupo no cae en la cuenta, no hay nada que hacer más que esperar.

6. A veces hay soluciones alternativas que tú no habías considerado.  Únete alegremente a ellas alegremente, sin rencor y suspirando con alivio. Hay veces que estás rodeado/a de gente capaz y competente, gente buena y maravillosa que ve las cosas desde otra perspectiva que también conduce a la solución.

Si este post os ha parecido condescendiente, lo siento mucho. Es lo que hay.

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