¿Puede un niño ser mezquino?

1249139876_1168_full[1]Una de las cosas que más me llamó la atención cuando estudié Psicología Evolutiva es el hecho de que el concepto de infancia que tenemos actualmente está muy alejado del que se mantenía hasta el siglo XVIII. De forma creciente, al menos en el mundo occidental, la niñez se ha convertido en un fenómeno cada vez más separado de la etapa adulta, con sus especificidades, sus derechos y sus hábitos propios. Desde que Rousseau escribió Émile ou de l´éducation (1762), persiste la idea del buen salvaje: el niño (y la niña quizás también) es bueno por naturaleza. Es la perversión de la sociedad la que nos corrompe y nos convierte en los adultos que somos.

Sin embargo, yo he sido siempre más de John Locke (1632-1704). Somos una tábula rasa que va grabando todas las experiencias que vivimos. Evidentemente tenemos una base genética como animales que somos, pero la experiencia es la que da forma a nuestros actos, pensamientos, creencias, ideas e incluso a nuestras enfermedades. Por tanto, las niñas y los niños no son buenos “porque sí”, “porque son niños/as”. Depende mucho de lo que vivan, de lo que les enseñen, de lo que sufran o disfruten, que surja en ellos la bondad y el sentido de la justicia, o por el contrario la mezquindad.

Sin embargo, dado que nuestra sociedad ha acordado contemplar la infancia como un estado de beatitud extrema, suena verdaderamente mal decir que un niño es “mezquino”. Por las redes sociales circulan cientos de panfletos recordándonos todo lo que tenemos que aprender de los niños: su alegría ante los problemas, su bondad, su capacidad de ayuda desinteresada…NinosSonriendo_06Sin embargo, yo me pregunto si es oro todo lo que reluce. “Son cosas de niños” es una expresión con la que nunca he estado de acuerdo. Un niño (y una niña) aprende lo que ve, lo que oye, lo que vive. Y, sin afán de atribuir culpa ni condena, puede ser tan mezquino o tan mezquina como su entorno se lo permita. Un niño al que no se le enseña a respetar, no respeta; un niño al que no se le enseña a empatizar, no empatiza. Lo siento, eso no va en los genes. Y si empatizamos y respetamos es porque, en algún momento de nuestra historia evolutiva, alguien o algo nos ha enseñado a hacerlo. 

A partir de ahí, podemos plantear distintas formas de conseguir que nuestras hijas e hijos desarrollen ciertos valores. Hay quienes recurren a los límites rígidos tipo Super Nany; otros recurren al ejemplo y la crianza con apego. La diferencia entre estas dos posturas extremas (que dudo que mucha gente cumpla a rajatabla) puede ser objeto de otro post. Hagamos lo que hagamos, una cosa es importante: reflexionar sobre los valores que queremos que nuestros hijos e hijas desarrollen. Si queremos que nuestros hijos sean respetuosos, debemos educarles en el respeto. Eso implica tanto respetarles como enseñarles a respetarnos. Es bueno que las niñas y los niños sean conscientes de sus necesidades, y que tienen una familia que las cubre, pero también deben ser conscientes de que el resto de su familia tiene necesidades y debe ser respetuoso/a con ellas. Por ejemplo, yo intento que mis hijos sean conscientes de que yo tengo un cuerpo que tengo que alimentar, limpiar y descansar, y que hay veces que deben respetar mis tiempos, al igual que yo respeto los suyos y cubro sus necesidades. Si les enseñamos a ser conscientes ÚNICAMENTE de sus necesidades, eso derivará en algo que, en un adulto, podemos calificar como EGOÍSMO. 

Sé que hoy por hoy está muy mal visto atribuir estos calificativos a los niños y niñas; quizás porque tenemos la esperanza de que no están todavía formados y pueden evolucionar hacia formas más nobles, o quizás porque tenemos asimilada la sacralidad de la infancia hasta la médula. Sea por lo que sea, está claro que todos/as hemos sido niños/as, y fue en esa etapa en la que se formó una base importante de nuestra personalidad. También es verdad que una persona puede cambiar mucho a lo largo de su vida y sufrir experiencias que cambien de raíz esta base. Pero, desde mi punto de vista, partir de una buena base nos facilita mucho las cosas, y nos ahorra muchos golpes contra esas paredes que nos enseñan nuestros errores de partida. 

 

2 Responses

  1. Totalmente de acuerdo contigo y con Locke.
    Y además con todo el post.
    No sé si hace diez, o quince, o veinte años se produjo un cambio de paradigma, en mi opinión fruto de una desastrosa transposición de determinadas ideas de izquierdas sobre los criterios educativos a seguir durante la infancia, mezclando churras con merinas, política y formación vital, que nos ha llevado a una realidad que durante nuestra propia juventud probablemente habríamos llegado a considerar incluso distópica.
    No es sano, ni para el adulto ni para el niño, una educación y formación en valores distinta de puertas para adentro que de puertas para afuera, por lo que de alguna manera nos vemos abocados a regirnos por lo que en derecho llaman principios generalmente aceptados, las pautas que la sociedad en la que crecemos va adoptando, que cada vez tienden a ser más dirigidas, “globalizantes”, intentando corregir o matizar en casa, con todas las limitaciones que conlleva de tiempo, capacidad y oportunidad, lo aprehendido fuera.
    La consecuencia es la paulatina anulación de los criterios propios, de las ideas respecto a la educación y la formación. Si los mantenemos, poco a poco vamos derivando hacia la no aceptación social. No puedes pronunciarte en voz alta respecto a la mezquindad, el egoismo o incluso la crueldad de un niño, no puedes sonreir mirando a una niña mientras juega en el parque ni dirigirle la palabra, no puedes considerar que la disciplina sea necesaria si tus límites no coinciden con los del máximo común denominador…
    Mi conclusión es que para que los adultos puedan ayudar a los niños a educarse en valores y a creer en el sentido común, el respeto o la tolerancia deben rozar casi la heroicidad con sus actos y con los defensa de sus creencias y valores. Y el ser humano como especie no es tan fuerte, cada persona no tenemos la energía necesaria para que después de superar todas esas barreras aún nos quede suficiente para enseñar con el ejemplo. Como sociedad tendemos hacia la ineficiencia absoluta en lo que a la preparación de nuestros pequeños se refiere a la hora de enfrentarse a un mundo cada vez más complejo.
    Y es triste. Sobre todo por ellos, pero también por nosotros, por la carga de inevitable fracaso personal que nos va lastrando…

  2. Te sigo leyendo. Tu pluma no decae ni en continente ni en contenido. Tu post es muy atinado. Coincido y es una postura valiente, impopular pero de mayor toma de conciencia y mayor responsabilidad. Cuando mi hijo me pregunta si hay gente mala le digo que no, que hay gente herida y eso es lo que transmitimos, nuestras heridas y eso provoca comportamientos malos de los que no sabemos salir… hasta que nos decidimos claro. Un abrazo

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