POSITIVIDAD RAUDALES

smile!

Si buscáis en google (me niego a usar ese neologismo horrendo de “googleáis”) Positividad Raudales, sabréis que es el nombre del artista que debía protagonizar el relato presentado a un concurso de esa bebida cuyo lema es “La chispa de la vida”. Mis dos hijos hicieron chistes sobre ese nombre durante semanas. ¿Cómo era posible que obligasen a poner ese nombre en un relato serio? Imponiendo esa condición limitaban las posibilidades bastante: o hacías un relato sobre lo chupiguay de la vida de Posi o un relato sarcástico sobre un personaje negativo y gafe.  El tema es que los niños y las niñas hablasen de la positividad sí o sí. Teniendo en cuenta que la felicidad y el buen rollo han dominado siempre las campañas publicitarias de esa marca, no es de extrañar que si hacen un concurso de relatos no quieran que los niños se explayen y usen su imaginación más allá de los límites impuestos.

Pero ¿porqué una marca internacional y poderosa usa la positividad como lema de su campaña? Desde mi punto de vista, la positividad impuesta como valor único y absoluto es una forma de control social muy poderoso. SONRÍE Y SÉ FELIZ así, porque sí, sea cuál sea la situación, pase lo que pase, y que se te ocurra decir que no te da la gana. Está claro que sonreír y ser feliz es deseable socialmente. Ser una persona positiva, que siempre señala lo bueno de las cosas y evita los conflictos es el prototipo de “persona guay”. Pero detrás de esta imposición de la sonrisa a toda costa hay una trampa: silenciar todo tipo de desviación de la norma. Si las cosas son perfectas y estupendas y todo se ve con positividad y una sonrisa de oreja a oreja, decir que algo no te gusta o no te parece bien es una transgresión de este estado nirvánico de felicidad. Es entonces cuando los y las abanderadas de la sonrisa eterna atacan.

La forma de atacar del bando de la positividad a raudales es muy contradictorio. Es una exaltación a la vida y un rechazo a las personas que osan salirse del patrón de lo bello y lo feliz. El argumento funciona así: lo importante es esto y aquello. Yo me centro en lo importante. Elimino de mi vida a las personas que no se centran en lo importante. “Lo importante” suelen ser cosas reconocidas como cruciales en todos los ámbitos: la amistad, el amor, las relaciones, la familia, etc. Al poner en marcha el argumento, se supone que la persona que habla de otras cosas no se centra en lo importante, no le da la suficiente relevancia a la vida y a sus cosas esenciales y, por tanto, hay que alejarse de ella porque corremos el riesgo de alejarnos de lo esencial con su simple presencia. En este giro argumental se relega al ostracismo a las personas que no forman parte de la secta de la sonrisa eterna.

Desde mi punto de vista, el positivismo no tiene nada que ver con el rechazo y la evitación del conflicto. Es positiva la persona que tiene confianza en sus capacidades y recursos para solventar cualquier situación problemática en su vida y no quien la evita. Es positiva la persona que tiene las ideas claras y sabe discernir entre las formas de pensamiento que conducen a su sociedad deseada y aquellas otras que conducen a situaciones de opresión y control. Es positiva la persona que tiene muy claras sus metas y se encamina hacia ellas si perder la flexibilidad y la fluidez. Es positiva la persona que sabe distinguir y sabe evitar formas de control social que conducen al éxito de ciertas personas pero no al bien común.

Por lo tanto, si sonrío es porque quiero y porque siento, no porque sea obligatorio. Me encanta sonreir y disfrutar de la vida. Pero la naturaleza humana nos ha provisto de otras emociones además de la alegría. No voy a ser yo la que piense que la naturaleza está equivocada cuando nos permite expresar y sentir ira, asco, miedo, sorpresa y tristeza. Eso sí, siempre que razono, me gusta hacerlo con una sonrisa en la boca y en el corazón. No me gusta escribir enfadada, eso no le da a lo que escribo la lucidez para expresar las ideas que quiero plantear. Pero me gusta escribir sobre muchísimos temas diferentes y no necesariamente esenciales. Si me centro en lo esencial, escribiría un post y cerraría el blog. Y no es ese mi objetivo. Me gustan muchas cosas que, aunque no sean esenciales, le dan a mi vida una esencia que no tendría sin ellas.

Así que, a riesgo de ser condenada al ostracismo por el bando del positivismo a raudales, sonríe cuando lo sientas, enfádate si lo crees necesario, grita cuando lo necesites, pero aprende siempre a recuperar el equilibrio emocional para poder disfrutar de las pequeñas cosas. Y, por supuesto, nunca te nieges a ti misma para conseguir ser aceptada en un grupo.

12 Responses

  1. Jo aun que me cuesta aveces entender tus post…jajajaja (soy lerdica) este me ha gustado mucho, porque somos humanos y a mi me gusta las personas transparentes.
    Besos

    1. Qué puñetera manía tenéis de descalificaros. De lerda nada. Estos post son para leerlos con calma, a veces no los entiendo ni yo. No son de lectura rápida. Pero lo mejor si no se entiende algo es preguntar: ya sabes dónde encontrarme. Un beso.

  2. Yo de ostracismo tengo alguna perla que he soltado. La suelto cuando me desequilibro y luego…vuelvo a ese equilibrio emocional del que hablas. Hoy me siento geniiiial!!! y desde luego, me quedo con tu última frase…jamás dejaré de ser yo, para que me acepten. Es una pena, pero de eso se ve muchísimo…
    Es imposible estar con la sonrisa colgada 24 horas al día, 365 días al año. Es imposible que todo te parezca bien, y es imposible mantener la calma y la corrección siempre. La gente impertérrita me da grima.

  3. Estoy contigo, la libertad de sentir lo que a uno le dé la gana sentir es algo tan básico que ni siquiera debería cuestionarse, pero por desgracia tenemos la rara costumbre de imponernos normas sociales que nos empequeñecen y nos obligan a ser todos iguales y perfectos. Cada cual que haga lo que quiera siempre que sea con respeto hacia sí mismo y hacia los demás. Y de hecho, para mi eso es ser positiva. Gracias por la reflexión 😉

    1. La imposición de normas sociales es tan antigua como la propia sociedad, pero el no acatarlas también. Ahí está la gracia del asunto. Gracias por pasarte por aquí. Un abrazo.

  4. Pues solo faltaba, que tuviéramos que sonreir y reír por todo… como ovejas.

    Se siente cada vez una cosa o mil a la vez. Cada sentimiento me ha enseñado una lección de vida. Me quedo con todas y no reniego de ninguna porque cada una me hace ser yo.

    un besote!!!!!!

    1. Negar los propios sentimientos, ya lo dijo Freud, nos lleva a la histeria. Así que no hay nada más sano que aceptarlo y navegar por ellos para llegar a buen puerto. Oveja tú ¡¡Nunca!! ;))

  5. Mirá, cada vez que veo un eslogan parecido resuenan en mi cabeza las palabras de Adorno y Horkheimer cuando hablaban de industria cultural. Ya que uno de los cambios que se dio a partir de la mercantilización fue la fusión cultura-entretenimiento. Pareciera que buscáramos escapar del aburrimiento de manera superficial. Y lo único que logramos es reproducir las condiciones de producción. Para ser más clara, más que diversión se da una reproducción y confirmación de las formas de vida dominantes. Porque es claro que existe una función social en la diversión comercializada. Esa es la paradoja que representa el tiempo libre regido por la industria cultural, reproducir los esquemas del mundo laboral. En este sentido, y en torno a él giran las marcas, como es el caso de la positivad raudales. En definitiva, la positividad es como la risa. Las dos operan como “un instrumento de estafa respecto a la felici­dad”. A mayor positividad y entretenimiento comercial, mayor pérdida de compromiso con lo social y mayor proclamación del orden existente.
    Creo, como bien vos decís, que por algo tenemos las otras emociones.
    Resalto que el positivismo no tiene nada que ver con el rechazo y la evitación del conflicto. Y rescato tu propia definición de la persona positiva, con la que acuerdo punto por punto.
    Como siempre, es un placer pasar por tu killer house!!!
    Abrazo, che!

    1. Sonríe, no mires atrás. Ponte las orejeras y sigue adelante. Y disfruta de tu ceguera. Es lo que nos imponen con todos esos slogans publicitarios. Siempre releo con sospecha esa exaltación de la felicidad desmedida. Un lujo tenerte por aquí, Pao.

  6. Aunque estoy de acuerdo en líneas generales, sí que creo que la mirada condiciona. Continuamente nos ocurren cosas buenas y malas (o con doble vertiente), nosotros podemos decidir donde focalizarnos y eso sí se puede potenciar.
    Por supuesto, no hay que negar las emociones, sean las que sean, pero evitar centrarse en la visión negativa de las cosas es positivo (valga la redundancia), ya se sabe, los problemas nunca vienen solos, ¿o quizás es que los vivenciamos más porque estamos en la nube negra?

    En cualquier caso, la estrategia comercial de la marca va por otros derroteros, si asociamos su producto a felicidad venden más, simple y llanamente. Y, sí, el nombre del protagonista es absolutamente ridículo.

    Googlearé sobre el tema (no he podido resistirme, me encanta el neologismo) 😉

    Un beso, Killer

    1. Hola Osa,
      Creo que las cosas no son buenas o malas por sí mismas en general. Lo son las consecuencias, y esas consecuencias son las que tenemos que saber vadear con esmero y capacidad de superación. No se trata de la sonrisa que lleves a todos lados, sino de la capacidad de resiliencia que hayas desarrollado a lo largo de los años. Esta capacidad te dota para superar las dificultades y volver a un estado de equilibrio. Lo demás, desde mi punto de vista, es filosofía barata que no conduce al aprendizaje sino al inmovilismo. No hay visión positiva o negativa de las cosas, hay capacidad de superación o tendencia al inmovilismo.
      Besos

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