¿Por qué mis hijos nunca han ido a religión? (II)

Imagínense a esas alturas el lío que tenía yo. Dos potentes sistemas morales tirando de mí en direcciones contrarias. Uno me decía que nada dependía de mí, el otro que había que mover el culo para transformar el mundo. El primero me decía que amara a dios sobre todas las cosas y el otro que la religión era el opio del pueblo.

Luego vinieron el feminismo y el relativismo, y qué voy a decir que no se sepa, ya no quedaba sitio en mi repertorio moral para una Eva y un Adán castigados por comer del fruto del Árbol de la ciencia. Fueron expulsados definitivamente al rincón de pensar, junto con los mandamientos, los rezos, el fervor y todas esas cosas que seguramente estaban muy bien, no digo que no, pero yo no les encontraba mucha utilidad tal y como se estaban desarrollando las cosas.

Pero el tema es que,  cada vez que se me van de viaje, tengo un asunto que resolver o quiero conseguir algo, me queda ese impulso irrefrenable de rezarme una coplilla o de santiguarme de forma impulsiva (sé que tú, si si tú, la cotilla que no pone nada en el Facebook y lo lee todo, ahora te estás revolcando de risa). Lo que había absorbido desde pequeña está ahí ocupando su parte dominante en mi esqueleto.

A ver, que no tiene nada de malo ser incoherente, pero me fastidia que me hayan inoculado algo sin pedirme permiso. Me incomoda que hayan alojado en mí el concepto de pecado, culpa, infierno, castidad, en una etapa tan vulnerable como la infancia. Me hubiese gustado construir por mí misma el significado del mundo. Porque claro, como buena relativista, pienso que la realidad depende del marco desde el que te detengas a mirarla, y eso de que te incrusten uno del que no te puedas deshacer en tu vida, pues es una faena. No sé como sería mi realidad sin el concepto de DIOS.

Bien es cierto que todo lo que vamos aprendiendo son marcos y que si no me hubiesen impuesto el de la religión, habría otro sustituyéndolo. Pero ese marco… ¿no os parece ciertamente perverso? Domina todas las facetas de nuestra vida, desde la sexualidad hasta la forma de abordar la injusticia social, fundamentándose en la obediencia debida a un ser omnipotente y omnipresente. Vamos, no te dejas nada por controlar así.

En fin, que mis hijos nunca han ido a religión para que sean ellos los que elijan el marco desde el que mirar su realidad. Si me preguntan, yo les contesto; si quieren indagar, les doy los medios, pero  nunca les digo lo que tienen que pensar. Y os aseguro que la experiencia ha sido un éxito: han tenido una infancia sin el concepto de DIOS, de pecado, de culpa, de infierno. El día de jueves santo que me preguntaron por qué sacaban a esos muñecos disfrazados a hombros es cuando me dí cuenta de que eso es lo que había estado buscando: una ignorancia total del sistema.

¿Que van a ser unos ignorantes? A ver, en el mundo en el que vivimos, todo lo que quieran saber está a un solo click. Además, con todas las cosas que ignoramos en esta vida, creo que podrán vivir sin saber ciertos detalles escabrosos de la historia de la humanidad.

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