¿Por qué el pesimismo?

   
Estoy harta de cenizos. Mi vida no ha sido fácil. Ni difícil tampoco. Según con quién me compare. Vivimos en una época fantástica para el ser humano. O terrible, depende de la perspectiva desde la que la describamos. ¿Por qué entonces elegir siempre el camino del pesimismo? ¿Por qué siempre pensar que todo el pescado está vendido, que las cosas vienen pre-diseñadas por otros, que nunca conseguiremos lo que nos proponemos?

Si echo la vista atrás, creo que he podido elegir pocas cosas. Naces donde te toca nacer. Vives donde te toca vivir. No dices de repente “ahora decido ser vegetariana y pacifista y vivir en el campo de lo que cultivo yo misma.” No. Una cosa va llevando a la otra. Vas aprendiendo por el camino, construyendo poco a poco, creciendo. Te encuentras con personas, te despides de otras. No tienes un plan prediseñado desde el momento en el que tienes uso de razón. Puedes dar cambios sorprendentes a tu vida de un día para otro, irte a vivir a otra ciudad, conseguir un trabajo diferente (o un trabajo, simplemente). Tras cada paso que das, hay un empeño que te dirige, un propósito más o menos descabellado que pones por delante. O al menos así lo veo yo. Sólo hay una cosa tremendamente destructiva, y es el vivir en un permanente empeño de que no hay salida. 

Hay gente que vive en bucle. Nada tiene remedio, nada tiene solución. La vida es sufrimiento, aguante, rutina, un castigo impuesto del que no se pueden deshacer. Tampoco son lo suficientemente infelices para creer que la vida es una pérdida de tiempo, pero no encuentran ningún motivo para decir que es bella, que sienten felicidad en un momento determinado. Y si observas su vida, no tiene nada especialmente malo. Es más, podríamos decir que hay cosas bastante buenas. Sin embargo, pasan desapercibidas la mayoría del tiempo. 

Y el mundo ¿cómo funciona el mundo? La teoría sociológica que mantiene el pesimista es desesperanzadora. Todo funciona de arriba a abajo. Todo está pensado para que, hagas lo que hagas, las cosas sigan igual. Hay siempre otras personas que deciden por nosotros. Y no digo yo que no hay gente con más poder para mover tuercas. Pero esta teoría nos mantiene inmovilizadas sin hacer nada. Solo unos pocos se atreven a intentar promover cambios soñados. Y esos que se atreven son los que cambian el mundo. Porque convendréis conmigo en que el mundo ha cambiado de manera impresionante a lo largo de su historia. Y los cambios se producen por las acciones individuales y en común que llevamos a cabo las personas. Los cambios no son más que acciones de la gente. Vale que la gente puede ser Montoro o Bárcenas, Rajoy o Rivera, pero también hay otra gente que da pasos, que realiza acciones y estas acciones producen cambios positivos. Puedes ser tú. Puedo ser yo. Y no tienen que ser grandes cosas siempre. Y no tienen por qué ser cambios rápidos: hay veces que debemos esperar años para ver los efectos de nuestras acciones, y eso no es necesariamente malo. 

El efecto mariposa funciona. Para bien o para mal. Cada acto tiene sus consecuencias. Cada paso da espacio a otro paso. Quedarse inmóvil hace que las cosas se estanquen. El pesimismo produce inmovilidad. La falta de ilusión produce estancamiento. La negatividad continúa produce retroceso. Odio la psicología positiva vacía que te invita a sonreír y ser feliz, a echar en cara a la gente sus gruñidos y sus enfados, a pensar que si sonríes siempre, todo te saldrá bien. Pero tampoco me gusta el planteamiento contrario que te disuade de la lucha, del intentarlo, del creer que puede salir bien, de la esperanza. ¿No podríamos encontrar un término medio? ¿Algo que nos sitúe a medio camino entre Ebenezer Scrooge y Julie Andrews?

1 Response

  1. Yo creo que seguir el camino del pesimismo es mas sencillo. El quejarse continuamente de cosas es mucho más fácil que intentar cambiarlas. La gente que entra en el bucle de la queja parece que no puede o no quiere salir de él.

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