Pediatras tuiteras

Si no teníamos bastante con la supuesta política sanitaria de la “revisión del niño sano”, ahí tenemos a la policía sanitaria de twitter. Las pediatras en la red están para aconsejarte, para reconducirte al rebaño, para que no te creas que existe eso de la autonomía sobre la salud propia y la salud de nuestros hijos e hijas. Es maravilloso que, en la época y el país en el que vivimos, podamos acudir a una persona a la que le suponemos sabiduría sobre los procesos biológicos que se producen en nuestro cuerpo que nos de consejos sobre la manera más adecuada de sanarlo. Está bien que se establezcan políticas de prevención de enfermedades y que se fomente entre la población el ejercicio y la alimentación sana, entre otras cosas. ¿Pero de verdad es necesario que haya alguien permanentemente diciéndonos cómo alimentar a nuestros hijos e hijas, cómo dormirles, cómo tratarles, qué objetos ofrecerles, etcétera?

No hace falta estudiar medicina ni enfermería, ni siquiera hacer un ciclo de puericultura, para criar a un bebé. Ni siquiera hace falta que haya cerca ninguno de estos profesionales. Empiezo a percibir vuestros aspavientos. Ya, ya sé que creéis que es, no necesario, sino imprescindible, que existan a nuestra disposición ciertos compuestos inyectables y gente que los pueda subministrar por un módico precio. Pero hoy no voy a hablar de esos compuestos que se empeñan en inocularnos a toda costa y que, si osamos poner en duda su utilidad e inocuidad, nos acosarán por tierra, red y aire. No. Ya hablan bastante de esos productos las pediatras tuiteras. De hecho, yo diría que el principal objetivo de la presencia de estas pediatras tuiteras en la red es la defensa a ultranza de estos compuestos.

Pero lo cierto es que los niños y niñas pueden crecer sanos y fuertes sin visitar al pediatra en ausencia de enfermedad y sin consultar a una o uno de ellos día sí día también. El control sobre nuestra salud y la de nuestros hijos e hijas está en nuestras manos. ¿Alguien lo duda? ¿Alguien ha creído por un momento que tengo que perdirle permiso a un pediatra para alimentar a mis hijos e hijas de una forma o de otra? ¿Alguien ha pensado alguna vez que la revisión del niño sano es obligatoria? ¿Alguien cree que para alimentarse correctamente hay que acudir a un nutricionista o que hay especialistas que saben más de la lactancia materna que las madres que han dado de mamar a sus hijas/os durante años? Pues pareciera que sí. Hablar de temas de alimentación infantil en la red se está empezando a convertir en un deporte de riesgo, sobre todo si tienes opiniones sobre nutrición diferentes a las de las pediatras tuiteras. Ellas suelen ser abanderadas de la alimentación mainstream, y enarbolan con furia los casos de niños muertos porque sus padres les alimentaban con leche de soja.

A mí la verdad es que me importa un huevo y parte del otro la opinión de las pediatras tuiteras. Cuando llevo a mi hijo al pediatra es por voluntad propia y a pedir consejo, nunca a recibir órdenes. Y agradezco mucho tener ese recurso a mi disposición, además de agradecer no necesitarlo con frecuencia. Pero las pediatras tuiteras, así como las boticarias tuiteras, me son bastante indiferentes. En primer lugar, porque no me interesan sus opiniones médicas. Si las pongo en cuestión, rara vez argumentan o me ofrecen evidencias contundentes sobre lo que están diciendo. Ignoran mis argumentos. En segundo lugar, porque sus intervenciones en la red dan la impresión de ser publicidad encubierta. Cuando se ponen a hablar de productos antipiojos todas a la vez y, casualmente, del mismo producto, suena raro ¿verdad? Así que prefiero seguir con mis métodos particulares de toda la vida, que siempre han funcionado.

En Twitter me gusta informarme, divertirme y odiar, odiar mucho, pero no recibir consejos no solicitados ni ponerme a las órdenes de sargentos no nombrados por mi regimiento. Así que, de momento, solo veo a las pediatras tuiteras cuando son retuiteadas por alguien a quien sigo. Bueno, no pasa nada, con ignorar las soflamas médicas y seguir con mi vida es suficiente.

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