MOTHER KILLER

 

Dudé mucho tiempo qué título ponerle a este blog. Sabía que jugaba con los sentimientos de mis lectoras (y lectores). El situar el adjetivo al principio o al final del dueto no fue una decisión fácil. Poniéndolo al principio, con seguridad atraería a lectores morbosos. Poniéndolo detrás, a amantes de las películas de asesinos en serie. Pero haciéndolo en ambos me los ganaba a todos y además podía incluir a los lectores que más me interesan: las mujeres, que siempre van buscando la ambigüedad.

Hay muchos tipos de mujeres, y por ello hay muchos tipos de madres. ¿Te identificas con alguno de estos  dos tipos?

1) Madres-maestras. Estas madres están sumamente preocupadas por hacer que sus hijos e hijas adquieran la mayor cantidad de conocimientos y destrezas posibles cuanto antes. Sus hijos leen a los tres años, aprenden idiomas, se interesan por la pintura o declaman a Shakespeare. Estas madres dedican su tiempo libre a construir tarjetas con palabras escritas y enseñárselas una y otra vez a sus bebés. Veamos una muestra:

Niña de 4 meses aprende a leer con el metodo Doman

Si eres este tipo de madre, debes leer la biografía de Hildegard Rodríguez, a la que su madre asesinó por no cumplir sus expectativas tras convertirla en una niña prodigio.

Una peligrosa variedad de este tipo de madres son las que se dedican a preparar a sus hijas para los concursos de belleza a edades tempranas, como la madre de Alana, de 6 años:
2) Las madres naturales. Este tipo de madres siempre ha existido, pero tuvieron una gran expansión con la entrada en vigor de las redes sociales. Son mujeres que valoran una crianza lo más vinculada al desarrollo natural de sus criaturas. Luchan por un parto natural y humanizado y ofrecen a sus hijos e hijas una lactancia prolongada, citando siempre las recomendaciones de la OMS. Además, la educación que promueven prioriza el respeto al desarrollo emocional, físico e intelectual de las criaturas. Hasta aquí, todo precioso. Pero si indagamos en los entresijos de este movimiento, como en cualquier otro, encontramos sus sombras. Cuando conocí a este tipo de madres me llamó la atención la vehemencia con la que defendían su perspectiva. Esta vehemencia les ha construido al frente un importante grupo de detractoras que son las que se niegan a sentirse culpables por haber optado por una crianza más “desnaturalizada” podríamos decir.

Pero claro, las naturales buscan apoyos científicos para todo lo que defienden: los beneficios de la lactancia materna, del colecho, de la crianza con apego, del uso de las bandoleras, etc. Y claro, eso supone que los niños y niñas que no obtienen estos beneficios algún día se lo reprocharán a sus madres.
Otra característica importante: el activismo en la red. Muchas veces te preguntas cómo tienen tiempo para atender a sus bebés de una forma tan intensiva.  Pero es bonito ver como el intelecto de las mujeres se desborda cuando lo quieres contener. Mi teoría personal es que muchas de estas mujeres frustraron su carrera profesional para dedicarse a la maternidad, son cerebritos en potencia que se desbordan y tienen que sublimar su actividad a los foros y blogs sobre maternidad.
Su frase favorita: “Sigue tu instinto”.

¿Conoces más tipos de madres? La idea es matar a todas ellas.

EL PRIMER CONTACTO

Cuando era libre no soportaba ver a las mamás sufridoras dando el potito a sus bebés babosos. Ese rebañar una y otra vez con la cuchara me resultaba histriónico y desesperante. Y si mientras que ella embutía la cuchara una y otra vez en la boca del pequeño, su pareja reía en los alrededores ajeno al espectáculo, peor que peor.

Cuando tuve que alimentar, me negué a dar potitos en público. Me negaba a ser el espectáculo de esas singles vacilonas que siempre creen que lo harían mejor. Pero de rebañar los morros con la cuchara no me libré. Siempre hay algo de morboso en darle de comer a un niño. Alimentar a otro es como decidir sobre su vida en el más profundo sentido.


Comer y dormir son los dos ejes fundamentales de la maternidad. Que el niño coma y me deje dormir. Y mientras te centras en el mantenimiento de los sistemas vitales de otro, te olvidas de los tuyos y vas languideciendo. Sí, la maternidad, esa bella experiencia.

El ser humano es el único animal que puede decidir conscientemente sobre su maternidad. Ahora, pasados los años, sé muy bien que lo que me empujó a ser madre fue la deseabilidad social y la necesidad de abrazar a un ser indefenso y sentirme necesitada. Si hubiese sabido que eso lo podía conseguir de otras formas, quizás hubiese reflexionado antes de actuar.

La maternidad, tan bella, tan sobrevalorada, me ha conducido a un estado de indefensión del que no sé como saldré. Atrapada en el cuidado continuado y prolongado de otros seres que exigen y demandan, mi vida se consume. El abandono de mis criaturas me ha pasado por la cabeza, no lo puedo negar, pero la culpa es un ingenioso mecanismo para el mantenimiento de la especie. Solo me queda escribir y contar cómo transcurre mi monótona vida… ¿O no tan monótona?