LA PARENTALIDAD POSITIVA

The hidden treasure

Hoy voy a escribir sobre parentalidad positiva por petición de un amigo que se ha atrevido a sugerir el tema. Y gracias a él he sabido que en el año 2006, el Consejo de Europa hizo una serie de recomendaciones sobre las Políticas de Apoyo al Ejercicio Positivo de la Parentalidad. Vamos, que  mientras yo me acostaba a altas horas de la madrugada foreando y discutiendo con las madres naturales, intentando saber cómo se hacía eso de dar la teta y dormir por las noches cuando tienes un bebé, había un grupo de políticos que estaba mirando por mí e intentando promover políticas que me facilitasen la vida, además de programas educativos para las madres y los padres.

Pues oiga, estamos en el 2013 y no me he enterado de nada con respecto a esas políticas maravillosas. Vale que eran recomendaciones y que no había ninguna obligación de cumplirlas, pero que la cosa esté retrocediendo y vaya a peor, pues tampoco es eso. Las maestras y profesoras (femenino genérico) se quejan mucho de la falta de respeto que les tienen, lo mucho que sufren con sus maleducados estudiantes y la poca autoridad que despliegan (aún siendo autoridad pública en algunas comunidades autónomas), pero creo que las madres y los padres (sobre todo las madres) somos la institución más atacada y menos respetada de todas en esta sociedad. Y sin lugar a dudas, la primera recomendación que yo daría para potenciar la parentalidad positiva es el RESPETO de la sociedad por la función parental.

 
El fracasado modelo educativo español se ampara como excusa permanente en la supuesta mala praxis de la familia en la educación de sus hijas e hijos. Este mantra, que repiten reiteradamente los educadores profesionales y del que se hace eco la sociedad entera, ha calado tan profundo que cada vez que intentamos hacer sugerencias sobre la… ¿cómo lo llamaríamos? enseñanza positiva, nos asaltan hordas de profes bramando por la incompetencia de las familias para educar a sus vástagos. 
 
Antes de seguir por este camino voy a aclarar una cosa: defiendo la escuela pública y me parece vergonzoso el ataque al que se está viendo sometida. Pero esto no es óbice para criticar el obsoleto modelo educativo español que lleva 30 años dando tumbos repitiendo los mismos bailes con distintos vestidos.
 
Hecha esta aclaración, paso a ejemplificar algunas de las prácticas educativas negativas en las distintas etapas educativas. Estas prácticas, desde mi punto de vista, van en contra de la parentalidad positiva y denotan una gran falta de respeto por las familias. 
 
Una de las quejas permanentes de las profes de infantil y primer ciclo de primaria es que los niños y niñas hablan mucho en clase. En las reuniones con las madres (femenino genérico, jajajaja), nos lo echan en cara con actitud grave y circunspecta. Siempre me he preguntado qué esperan de nosotras a ese respecto. ¿Que llevemos al niño con un espadadrapo en la boca al colegio quizás? ¿Que no les dejemos hablar en casa? ¿Que les digamos que en el colegio solo se habla cuando pregunta la maestra? Todas ellas muy relacionadas con la parentalidad positiva, como podéis ver. (Qué suerte si te toca en gracia como maestra una madre natural, aunque no tenga hijos/as. Es la mayor bendición que te puede tocar en este país).
 
Avanzamos en el sistema educativo, y nuestras hijas e hijos ya han aprendido a estar quietos y callados (exceptuando algunos casos perdidos que se pasan el día en el despacho de la directora o, en el peor de los casos, en el pasillo). Es entonces cuando los niños comienzan a pensar por libre, a consolidar su identidad … Y a decir lo primero que se les pasa por la cabeza. Como por ejemplo “Dios no existe”. Para qué queremos más. Entonces no te llaman del colegio para echarte la reprimenda por las ideas de tu hija, pero le montan al niño una trifulca de tres pares de narices que le hace llegar a casa diciendo: “Mamá, hay cosas que no se pueden decir.” Y te dan ganas  de ir a discutir y argumentar sobre el problema, que es un problema de conciencia en el que un adulto está ejerciendo su superioridad jerárquica sobre un niño que tiene ideas distintas a las suyas, pero sabes que entre las familias y la escuela hay un muro infranqueable.
 
Y llegamos al instituto. Qué bello el instituto, con sus PCPI, los de “diver” y las aulas de reclusión, digo de convivencia (qué pedazo de eufemismo). Ah, y se me olvidan los ACNEE, de los que he oído hablar en muchos tonos, ninguno respetuoso. ¿Formaría parte de una parentalidad positiva que etiquetásemos a nuestros hijos de forma similar? ¿Que les aplicásemos siglas y les segregásemos según sus capacidades o características de personalidad? Seguro que estáis pensando “pero detrás de esas siglas hay medidas educativas que favorecen a esos niños”… ¿estáis seguras? Yo soy más partidaria de una educación inclusiva (concepto diferente al de integración, más profundo, más comprometido), en la que los niños y las niñas no son segregados, sino que son educados en comunidad.

¡¡¡Qué difícil!!! diréis. Pues sí, tal y como está concebido el sistema educativo actual y la formación del profesorado es una misión imposible. Pero vosotras ¿educáis por separado a vuestros hijos e hijas por el hecho de ser diferentes unos de otros? No ¿verdad? Pues eso forma parte de la parentalidad positiva y de la educación sin violencia. Mis hijos, que son de los considerados con un “desarrollo típico”, manifiestan la incomodidad que les produce la segregación en las aulas. Un día, Phantom Killer tuvo un desliz en un examen y sacó un cuatrillo. Llegó a casa muy preocupado, preguntando si le iban a meter con los de PCPI. En ese momento me entró un arrebato Killer y me dieron ganas de ir al instituto a preguntar qué había visto mi hijo que le hacía formular esas preguntas. Pero qué voy a saber yo, una pobre madre ignorante. “Cállese señora, que nosotros, educadores expertos, le vamos a enseñar cómo adoptar una parentalidad positiva.”

Vale David, como al final he llevado el tema por donde yo he querido, voy a terminar comentando el decálogo de parentalidad positiva con adolescentes que nos sugiere ADOLESCENTESDOSPUNTOCERO.

1. Tendrás una visión positiva de la adolescencia….y de tu hijo o hija. Vale, lo intentaré. Pero a cambio, que ellos no me llamen vieja carca y conservadora.

2. Conocerás sus necesidades. Ya no es el niño o niña de hace unos años. Vale, si conocerlas no implica satisfacerlas siempre, estoy de acuerdo. Ya he pasado por lo del vegetarianismo y por lo de ser hacker, creo que es suficiente.Además, con los recortes en el sueldo, las necesidades adolescentes deben irse reduciendo.

3. Establecerás límites claros. Las normas y límites claros son fundamentales, sobre todo al comienzo de la adolescencia, para evitar que se sientan perdidos y desorientados y para que no desarrollen problemas de conducta. ¿Límites claros? Es fácil poner límites a la mala conducta, pero muy difícil poner límites claros para conductas que, sin ser malas, son incómodas: que no te hablen, que no te cuenten, que te suelten frescas irónicas a todas horas. Pero bueno, lo intentaremos, no vaya a ser que desarrollen problemas de conducta. Prefiero desarrollarlos yo.

4. Conocerás a tu hijo o hija. Haz todo lo posible por conocer sus aficiones, sus amigos y sus actividades. Siempre me he imaginado con unas gafas de sol y una gabardina yendo al lugar donde hacen botellón los jóvenes springfilianos. Pero ¿de verdad es necesario? Prefiero prohibirles ir de botellón.

5. No serás autoritario. Hay muchas formas de controlar y hacerse respetar sin recurrir a la imposición unilateral. Uy… ¿eso vale para los educadores además de para las madres y los padres? Porque digo yo que el autoritarismo será malo en esencia. En todo caso, hay ocasiones en las que hay que recurrir a la imposición unilateral, os lo aseguro.

6. No evitarás los conflictos. La adolescencia es una etapa en la que suele aumentar la conflictividad parento-filial. Vale, eso es fácil.

7. Lo/a dejarás crecer. Muchos padres y madres tienden a intervenir y presionar demasiado a sus hijos para que se comporten o piensen de una demasiada manera. Ok… yo les dejo crecer. Pero ¿se me permite educar en algún momento? No se trata de presionar, pero intervenir es algo inevitable, yo tengo mis propias ideas y tendré derecho a expresarme, digo yo.

8. Te comunicarás con él o ella. Aprende a escuchar, deja a un lado lo que estés haciendo y mírale a los ojos cuando te hable. También estoy de acuerdo. Pero ¿eso no debería ser mutuo? Yo el problemilla que tengo a veces es que me gustaría comunicarme y están demasiado ocupados para atenderme. Y cuando yo estoy haciendo algo es cuando les dan las ansias de comunicación. Un poco asimétrico.

9. No insultarás ni ridiculizarás. Este punto me parece básico y fundamental. Espero que se me corresponda con la misma moneda, chic@s.

10. Lo/a amarás. Este punto debería ir el primero y es sobre el que menos dudas me surgen.

 

WENDY… CASI KILLER

Hoy vamos a hablar de AMISTAD. ¡¡¡¡Siiiii!!!, amistad con mayúsculas. Casi un noviazgo. Un flechazo que nos deja tontas, y cuando nos recobramos… ahí está ella. Esa persona que no te escucha pero te oye, te oye todo el rato, aunque no estés a su lado. Esa persona que no te juzga, aunque haya entrado hasta el fondo de tu alma y haya visto los caminos más siniestros y escondidos. Esa persona que, aunque no le gusten las pelis de terror, te comenta los post del Facebook cuando te pones pesada con tu frikimanía.

La primera vez que salimos juntas… Inolvidable. Imaginaos: una fiesta de hippies, intentando inspirar pensamientos de este tipo

y dos mujeres solas, que no salen hace años porque están cargadas de churumbeles empiezan a tener ideas de este otro

En el mientras tanto, comienzan las conversaciones profundas y circunspectas. Esa marea que sube, que no se puede contener: la risa. La risa nos inunda… y acabamos liándola, vamos. Ese tipo de situación en la que no puedes contenerte y decir TODO TODO TODO lo que se te pasa por la cabeza. Situación: la Wendy, yo y una mujer decente.


Mi comentario: “Vamos, vaya juventud. Yo a estas horas ya estaría rompiendo la fiesta.”

El de Wendy: “Ya te digo, tronca. Estaríamos ya… bua bua bua.”

Comentario de la mujer decente: “Ah, pues nosotros no. Nosotros quedábamos para hacer reuniones, y hacíamos proyectos o preparábamos actividades”

…. El mundo en un hilo…

Mi comentario: JAJAJAJAJA, VAYA JUERGAS QUE OS CORRÍAIS, AHHHHHJAJAJAJAAAA. Comentario de Wendy:
:

Madre mía, que te devuelvan así a la realidad es embarazoso. De repente dices: “la he cagao…” y en su cara confirmas: Así es querida. En ese momento comienza a resonar en mi cabeza: “Tengo que salir de aquiiiiiiii”, porque me entran ganas de cagarla una y otra vez, para atrás y para adelante, arriba y abajo. Por todos lados, vamos. Así que cogemos un cubatita y nos vamos a la cocina que allí se estará más tranquilo todo.
En la cocina, nos encontramos con la anfitriona, una simpática y hippie jovencita encantadora. Y empezamos a hablar de nuestros niños. Ella nos mira extasiada… hasta que llegamos a la parte en la que no se duerme porque están chupando de la teta toda la noche. La chica da un brinquito y pregunta:

¿Pero los niños maman por la noche?

Respuesta recomendada: “Claro cariño, los niños pequeños maman por la noche porque necesitan energía más a menudo que los mayores. Pueden sufrir una hipoglucemia si no lo hacen. Pero no te preocupes, cuando el bebé mama, el cuerpo de la madre segrega una sustancia, la prolactina, que tiene un efecto sedante y la madre pronto concilia el sueño.”

Respuesta unánime: BUAJAJAJAJAJAJAJAJA, QUE SI MAMAN POR LA NOCHE DICEEEE, JAJAJAJAJA. Cuanto más bonita, cuanto más. Y maman, y maman y maman y no paran de mamar.

Nos entra tal ataque de risa que nuestra anfitriona hace un giro de ojos y disimuladamente se va de nuestro lado, como quien no quiere la cosa.

— Bueno Wendy, ya les hemos ahuyendado a todos… ¿nos vamos?
— Pero cómo nos vamos a ir tía, si acabamos de llegar. Y mira, están sacando la cena… LA CENA. Mira nena, que yo tengo que hacer base
–Por más que te esfuerces, te voy a hundir, Wendy
— Mira Killer, que soy más grande que tú y tengo más experiencia
— Bua, no me conoces tú a mi..
— Tía, por favor por favor por favor, solo espera que salga la cena y que coma algo… ala, mira que buena pinta tiene todo. Nada de carne, eso sí, pero mira ese humus tía, me tengo que untar tres o cuatro rebanadas y nos vamos.
— Vale, pero date prisa que la voy a liar como sigamos mucho tiempo aquí
–No Killer,contente, no digas nada. Cuando te entren ganas de decir algo mírame a mí.

Y entonces llega el momento… nosotras apoyadas en un radiador… comiendo. Y aparece un hombre de pelo cano, algo calvete, alto y delgado y dice: “Yo he estado en Marruecos.” Wendy y yo nos miramos. “Pues muy bien.” Dice Wendy, toda corrección. Y a mí me empieza a entrar, descontrolada. “Pues en Marruecos hay muchos camellos” Vale, otra en la frente amigo. Y entonces empiezo a notar el calor del radiador, que asciende, sube, llega a mis mejillas. “Uffff, que calor, es que estamos sentadas en el radiador. Oye, que mejor nos vamos. Oye, que guay eso de Marruecos, ¿eh?” Y volvemos a salir disparadas a la cocina. Esta vez tengo un plan:

— Nos vamos y nos vamos
— Jo vale tía… ¿Pero así sin despedirnos ni nada?
— Pero tía, ¿de quién nos vamos a despedir? ¿Del de Marruecos? Pero si no nos va a echar de menos nadie
— Que sí, Killer, que por lo menos nos tenemos que despedir de nuestra anfitriona.
— Vaaaale, venga.

Situación: Un grupo de jóvenes treintañeros (más cerca de los 30 que de los 35) hablan en un corro. Su hablar es pausado y sereno, y beben limonada. Una nube de humo denso les rodea. Dos madres desmelenadas se les acercan e intentando no reír les dicen “Oye chicos, que nos vamos”. “Pero si la fiesta acaba de empezar, ¿porqué os vais?

Sé que Wendy ha palidecido en ese momento. Sabe que una Killer siempre dice la verdad, aunque le cueste. Y esta Killer está en su fase de absoluta sinceridad. ¡¡¡NOOOOO!!!
“Nena, es que nos aburrimos y como es la primera vez que salimos en siglos, tenemos que aprovechar la noche.” Nos mira con comprensión, imaginando nuestros pezones macerados tras una noche entera de succión, y nos da su bendición.

Lo que ocurrió esa noche será motivo de otra entrada. Pero os puedo decir que nunca, en mi vida, me lo he pasado tan bien saliendo sola con otra mujer. Las aventuras que corrimos acabaron con un percance, pero nos acordaremos siempre a carcajadas de ese día en que me llamó a las 7 de la mañana diciendo “Killer… Killer… que me ha parado la guardia civil”

 (Continuará…)

VILLA SPRINGFIELD

La familia Killer vive en Villa Springfield. En este lugar abundan los brotes… no, no os confundáis con el nombre. No son los brotes verdes que surgen en los campos primaverales, no. Son esos brotes psicóticos que estaban latentes y con la crisis se han puesto por las nubes.

Llegué a Springfield ya como Mother, aunque todavía no era del todo Killer. Esa faceta se fue gestando a medida que sufría un trauma tras otro en esta funesta villa. Llegué de la gran urbe con un carro de mellizos que casi no abarcaba con los brazos. El primer trauma llegó cuando comprobé que, al contrario que pasaba en la gran urbe, nadie te sujetaba la puerta de los establecimientos para salir o entrar, e incluso a veces aprovechaban el momento en que tú la estabas sujetando, haciendo malabarismos con el carro gemelar, para colarse y salir triunfales. 
La falta de sensibilidad, ciudadanía y educación de los springfieldianos fue minando mi inocencia de forma sistemática hasta convertirme en lo que soy ahora. Por ejemplo, los springfieldianos no conciben que una mujer trabaje, por lo que se creen en el derecho de hacerle perder tu tiempo en la sala de espera de una consulta toda la mañana (es que claro, si solo tienes que barrer y fregar por qué te va a importar esperar) y no conciben el no poder acudir al domicilio a determinadas horas a entregar paquetes o hacer reparaciones, les tienes que explicar: “es que trabajo”, como si fueses un bicho raro.
Una de las cosas más traumáticas que recuerdo es cuando se me ocurrió preguntar en la guardería (pública) que si la carne de ternera que comían los niños era de confianza. No, no es que fuera una tiquismiquis, sino que en aquella época el notición era una epidemia de la enfermedad de las vacas locas que tenía conmocionada a media Europa. La directora de la guardería, springfieldiana ella, me trató fatal y me echó de allí sin darme ninguna prueba de la procedencia segura de la carne.Yo me fuí del despacho diciéndole que si dentro de 10 años mis hijos caían enfermos con la enfermedad de Creutzfeldt- Jakob, recaería sobre su conciencia (todavía ahora me la encuentro por la calle y me mira con ojos asustados). Por tanto, escribí una carta a la autoridad de nuestra región relatando mi preocupación y diciendo que, en tanto en cuanto no se me asegurase el origen seguro de la carne, se abstuviesen de dar a mis hijos carne de vaca en el comedor de la guardería. Afortunadamente, al poco tiempo me llegó una carta como respuesta. En ella, me aseguraban que la procedencia de la carne de vaca que comían los niños era fiable y que, si quería que mis hijos dejasen de comerla debía llevar un justificante médico señalando que la ingesta de carne de vaca podía ser perjudicial para la salud. Como no me aportaban ninguna prueba, fuí al médico a pedir el justificante y, mira por dónde… me lo dio. Cuando llegué al despacho de la directora ogro y le tiré el justificante a las narices, le hirvió la sangre y me acusó de haber falsificado el documento. “Demuéstrelo” le dije. A partir de entonces los niños no comieron carne, pero en cuanto pude les cambié de guardería. Las propias cuidadoras me manifestaron sus miedos a las iras de la funesta directora, y no estaba dispuesta a vivir pensando que ese ser frustrado y contrariado pudiese decargar su rabia en mis hijos.
He de decir que vivíamos solos en una ciudad extraña, sin ningún familiar o amigo en el que apoyarnos, con un par de gemelos y un trabajo exigente y difícil. Un día tuve que ir a la compra sola con los bebés. Cuando llegué a pagar, la cajera me dijo, en tono ofendido y anticipando la lentitud de una señora cargada de compra y de bebés, que si no tenía nadie que viniese a ayudarme. La miré con desprecio y creo que nunca olvidará, en su flamante carrera de cajera prepotente y estúpida, la velocidad con que hice la operación de sacar las cosas del carro, embolsarlas y llevármelas. 
Perra estúpida, no, no tengo a nadie que me ayude. Así han crecido mis hijos, así les he criado es este lugar inhóspito y difícil, retrógrado y cateto. Un lugar en el que no se evalúan los juicios a primera vista, un país de ciegos en el que el tuerto es el rey. 
Los niños, a pesar de haber crecido aquí, no han echado raices. No encajan en estos esquemas familiaristas cerrados. Cuando eran pequeños y nos despedíamos en la fila del cole con un beso en la boca, se oían murmullos de desaprobación. Cuando nos encontrábamos los domingos a sus compañeritos de clase, que iban a diario en chandal y zapatillas, enfundados en abrigos de paño y con zapatos de charol, mis niños les restregaban su libertad en vaqueros por la cara, y a cambio recibían la mirada de desprecio que reciben los pobres de los grandes señores. 
Cuando llegó la hora de las comuniones, ellos lo tenían muy claro: no pensaban hacer el ridículo. Mientras que las madres se peleaban por las flores que iban a comprar para la iglesia, nosotros fuimos a comprar su regalo de no-comunión: su primer reloj. Lo lucieron con orgullo y les duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio. Y nunca, nunca, se cumplió la profecía: “ya verás cuando vean a todos de comunión, querrán hacerla ellos.”
Otra de los escarmientos que tuve con mis primeros hijos fue en el ámbito de la costura. Las springfilianas se dedican a sus labores, y en su defecto, en aquella época anterior a la crisis, eran explotadas en talleres de costura. Cuando llegaba la época de carnaval, se organizaba un desfile de disfraces por las calles de Springfield en el que participaban todos los colegios de la villa. Tres meses antes, las madres invadían el colegio por las mañanas preparando el disfráz colectivo de nuestros hijos. Se compraban los materiales en común y cada una hacía su parte en casa. A mí, trabajando y sin abuela, me costaba enterarme de los planes. No tenía las mañanas libres como ellas ni la destreza costuríl de las marujas. ¿Qué os pensáis, que las marujas costureras apoyaban al resto de las madres en las labores, facilitándoles el trabajo e informándolas de las decisiones que tomaban por las mañanas? Nooooooo. Todas pagábamos por el material común, pero a nosotras nos daban los peores retales y lo que les sobraba de sus flamantes disfraces. Así que en el último desfile, en el que madres e hijos íbamos disfrazados de pollos, nuestros disfrazes eran el hazme reir de Springfield y ellas todas y sus vástagos iban monísimos. Ahí es cuando dije “una y no más”, y no volví a participar en ninguna actividad del colegio en la que hubiese costura de por medio.
Bueno, creo que ya os habréis hecho una idea aproximada de la ciudad en la que vivo. El infierno diario de la mediocridad, la insolidaridad, el aislamiento y la tontería supina. Si oís hablar por ahí del “gusto springfieldiano” echaos las manos a la cabeza y preparaos para ver las cosas más sórdidas y feistas que podáis imaginar. En semejante prisión, la única solución ha sido convertirnos en la familia Killer.

FATHER KILLER

Alguna vez tenía que llegar este momento, así que cuanto antes mejor: hablemos de Father Killer. Father Killer es paciente con los niños. Les cuenta cuentos cambiando de entonación para cada personaje y les hace palomitas dulces las tardes de lluvia. Recoge todos los bichos inmundos que encuentra en la calle… bueno, anima a los niños a recogerlos para que mi instinto killer se apacigue cuando los veo. Les pone los mandiles de cocina y pican verdura para la comida (cosa que me pone los pelos de punta) y entre todos cocinan manjares exquisitos que solo nos comemos él y yo. Bueno, y el Vampirillo, que es como una lima.

Vamos, que Father Killer parece Saint Father… hasta que aparece una nota manuscrita con letra infantil en la cartera de Monster Girl.

La nota de Amiguilla Basurilla despierta los instintos asesinos de Father, que se va rumiando a la cama. Y en ese duermevela de conversación pre-sueño me confiesa: “Voy a persuadir a los padres de Amiguilla Basurilla para que la cambien de colegio”

No, él no se anda con chiquitas. Nada de ir a hablar con la maestra y andar mareando la perdiz con soluciones pacíficas o consensuadas: hay que atajar el problema de raíz. Y es que no puedo más que darle la razón: Amiguilla Basurilla es una sádica que parece sacada de la versión infantil de la matanza de Texas y que se dedica a perforar las orejas de Monster Girl con el pincho del primer pendiente cutre que tiene a mano. 
Claro, que él no se da cuenta de que Monster Girl tiene tendencias que le conducen a tener ese tipo de amistades. El otro día estábamos tomando un refrigerio en una terraza de Villa Springfield, llena de ciudadanos de pro. Estábamos con nuestra amiga Abundancia y su SmartLittleBoy. Moster Girl capitaneaba el grupo: Smart y Vampirillo seguían todos sus pasos disfrutando de lo lindo a una distancia prudencial. En esto que llega Smart gritando: “¡Mamá, hay una rata!”

El tiempo se detuvo en ese momento. El revuelo se extendió por la terraza. Una mujer de la mesa de al lado (que para más inri estaba en el AMPA de nuestro cole) entró en colapso y comenzó a hiperventilar. ¡¡UNA RATA!! ¡¡UNA RATA!! … Por ahí todavía no se veía ningún bicho que no fuera algún mosquito suelto. Entonces comenzamos a interrogar a Smart y le preguntamos si alguien la ha tocado. Smart niega con la cabeza… aunque su expresión ambigua nos hace sospechar. Father Killer dice: “Monster seguro que la ha cogido” Todas le miramos con horror. “Qué queréis ¿Que la pegue?” “No por Dios, no” Le respondemos, pensando en las demás opciones (ir corriendo a ver si ha cogido la rata, por ejemplo). Entonces, a lo lejos, vemos llegar al resto de los exploradores capitaneados por Monster. Lleva algo en la mano… se acerca… LA TERRAZA SE CONVIERTE EN UN CLAMOR: UNA RATAAAAAAAA.

Era de esperar: Monster porta en su mano un palo. En la punta, una rata cadaver pende inerte. Su expresión indica que conoce perfectamente el alcance de sus actos: el revuelo en toda la terraza.
La señora fóbica a las ratas de la mesa de al lado se desmaya. Father Killer empieza a vociferar, haciendo honor a su nombre: MONSTER GIRRRRRRRLLLLL. Vampirillo y Smart se regocijan, ríen y saltan, y nosotras morimos de la vergüenza viendo como los de la mesa de al lado dan aire a la pobre señora desmayada.Y finalmente, Monster se va con su rata mientras Father Killer corre tras ella para asegurarse que la tira en un sitio de donde no la puedan volver a coger.

Acto seguido, todos hacen fila para lavarse las manos en el servicio del bar… todos. Porque Abundancia les ha contado que pueden coger la rabia, una enfermedad que les vuelve locos y les hace echar espuma por la boca. Y aunque aseguran que ninguno ha tocado la rata, se lavan las manos con presteza (Glupssss).

En definitiva, Father Killer es mi compañero ideal: pausado, paciente, actúa solo cuando lo tiene que hacer, acude a soluciones drásticas en vez de andarse con rodeos y se gana el afecto de todos los niños y niñas que le rodean… bueno, de casi todos. Si hay que matar, se mata. Siempre hay un plan que urdir para vengar las afrentas de los que se interponen en nuestro camino. No todos los padres son como Father Killer, con ese toque de asesinillo en seriecilla que nos hace la vida más emocionante, con ese pasado de aventuras y desventuras que poca gente conoce.

LAS MADRES 2.0

Las madres 2.0 tenemos mucha suerte, no sé si os habréis dado cuenta. Si mi madre hubiese tenido Facebook (FB)…  Bueno, si mi madre hubiese tenido FB no sé si yo estaría aquí: se hubiese olvidado de alimentarme, las sartenes hubiesen salido ardiendo, habría tenido muchísimas crisis nerviosas a cuenta de las discusiones internaúticas con sus amigas y estaría como loca espiando todas las cuentas de mi padre en las redes sociales. Ahora que lo pienso, menos mal que no había internet cuando yo era niña.
Pero vayamos al grano: tú y tus amigas 2.0, esas conversaciones nocturnas, esos saraos a media noche, esas risas en jajajaja, esas Jam Book Sessions (JBS). Qué placer.Vamos de una red social a otra picoteando, con tres chats abiertos en el FB y el wassap ardiendo. El otro día, mientras chateaba con una amiga, apareció en la pantalla del Iphone un wassap de una de nuestras comadres en el grupo de crianza. Paso a transcribir nuestra conversación:
 MK. Vamos a ver qué dice… Uf, es un vídeo,
qué pereza
A.  Será un vídeo de frasecillas
MK. Oye…. ¿Les ponemos un vídeo porno?
A.    Jajajaja, noooooooo
MK. Imagínate, la Lola cambiando de tema: “Ejem ejem,  ¿alguien tiene un sacaleches?”
A.    Que no se lo pongas tía
MK. Venga nena, no seas muermo. Le ponemos el trailer de Game of Thongs y verás cómo se les arregla el cuerpo.
A.   Joe, ayer la pobre Silvia puso ese vídeo sobre la amistad y nadie contestó. Cri cri cri en el wassap, qué putas somos…
Las madres 2.0 son la prueba más real de que los medios culturales amplifican lo que ya existe (el patio de vecinas en este caso) y aparecen nuevas posibilidades de comunicación antes no imaginadas. ¿Qué sería de nosotras sin poder lanzar esa pulla certera en el muro de nuestro FB o en la entrada de nuestro blog? No sé, por ejemplo, cambias tu foto de perfil y te pones sonriente pasándotelo genial en la comida con tu amiga A. y entonces aparece un comentario de tu amiga B. :“Estabas mucho mejor en la otra foto”. Y acto seguido, tu amiga C., que se lleva bastante mal con tu amiga B. comenta: “Un abrazo, guapísimas”. Y va A. y le da al megusta en todos los comentarios. Y a partir de ahí se produce un silencio significativo, y salta el chat de A. (las nuevas burbujitas del FB son monísimas) y se comenta la jugada.
Por no hablar de los chats de a 5 más las combinaciones de dos a dos. Si no sabéis a qué me refiero es que no sois machacas del FB.
Chat a 5
A. ¿Qué tal el día chicas?
B.  Ufff, estoy machacá. No he parado en todo el día.
C.  Venga queridas, que ya queda poco para el finde
D.  ¡¡Holaaaa!! Ahora vengo, que estoy durmiendo al peque.
E.  Yo ya estoy, ¿qué vais a hacer el sábado?
Y tras esta inocente conversación…
Chat a 2 A
A.  Ya está B.con que trabaja mucho. Pero si tiene a los niños todo el día con su madre. En mi casa la quería ver yo.
C. Ya ves… ahora nos contará todas sus peripecias. Corta pronto que quiero contarte lo de Pichurri.
Chat a 2 B
B. Hola nena, ¿quedamos el sábado para comer? Pero sin estas, que son un muermo.
E.  Vale, en mi casa, que ya hemos abierto la temporada de piscina. ¡¡Risas y cervecita!!
Chat a 5
D. Chicas, ¿seguís ahí?
Y es que las mujeres somos monógamas para algunas cosas, en especial para las amigas. Y los celos 2.0 son muy malos. Por eso me gustaría que mis amigas tuvieran una cuenta de Twitter, que eso es más al revolquéo plural y multicultural. Pero bastante me costó que entrasen en FB y en Wassap.
En fin, las madres 2.0 tenemos mucha suerte. Hemos creado nuestro propio universo de fans y followers. Es verdad que hay muchas firmas y muchos firmantes frotándose las manos con los beneficios que generamos. Pero somos un lobby… o un lobito, no sé. Lo que somos es un importante grupo de consumo, ya sea en el mundo de Baby Johnson o en el de Biocultura. Pero lo somos. Por tanto, hoy desde aquí prometo no volver a consumir ningún producto dirigido al grupo diana maternal y hacer un blog sostenible, además de piratear todos vuestros libros.
Nos vemos en la blogos-madre-esfera.