#VDLN 135: LeKlein (Ouch!)


LeKlein siempre ha sido eclipsada por promesas de la canción enlatadas. Primero fueron los triunfitos, que irrumpieron con toda su fuerza (bueno, suya no, del márketing) a finales de los 90, cuando Vanesa Cortés sacaba su primer disco. La talaverana vio sus esperanzas desvanecerse cuando Chenoa y Rosa de España se convirtieron en las divas number one del panorama musical español. 

Esta vez ha sido Manel Navarro, un chavalillo joven y de talento escaso pero con muy buenas relaciones, el que ha desbancado a LeKlein. En realidad, dejar de ir a Eurovisión no es malo del todo, pero hubiese sido todo muy distinto si hubiese sido esta canción la que hubiesemos escuchado en Ukrania. Os dejo con LeKlein y su propuesta fracasada, y un unplugged del mismo tema que me encanta por su frescura. 

#VDLN 134: Alice Wonder

Tenemos disco, pero cantante ya teníamos. Esta joven madrileña ha sorprendido a sus seguidores de Instagram con esa maravillosa voz y su capacidad para versionar cualquier cosa. Las millennials lo hacen de otra forma. Si quieren cantar, cantan. No esperan a que nadie les de permiso. Mientras escuchamos a miles de voces carcas decir que las y los jóvenes son peores de lo que éramos nosotras, ellas conquistan su espacio haciendo. Se escapan de los circuitos y se muestran tal y como son. Les da igual ganar o perder.

Las cosas han cambiado. Asumámoslo. Ya no somos la vara de medir. Seguro que todo vuelve al redil algún día, pero de momento, yo cojo un micrófono, una cámara y una guitarra y versiono lo que me da la gana.

Y luego voy y saco un disco con mis propias canciones. Canto en inglés con voz de negra aunque sea madrileña y más bien blanca. ¿Qué pasa? las voces negras nacen donde les da la gana. Y cantan como quieren. No siguen modas ni normas. Y si no te gusta, me da igual, porque yo tengo mi canal de YouTube para cantar ante el mundo todo lo que me de la gana.



El pensamiento crítico en nuestro sistema educativo 

No, este no es un post sobre si nuestro sistema educativo fomenta o no el pensamiento crítico de los estudiantes. Es evidente que, en términos generales, no lo hace. ¿Cómo lo va a hacer, si se transmite el conocimiento como si fuese la verdad absoluta, sin posibilidades de cuestionamiento? Pero ¿quiere decir esto que nadie que esté sometido a nuestro sistema educativo (prácticamente todo el mundo) tiene pensamiento crítico? ¡No, por favor! A pesar de nuestro pésimo sistema educativo, hay gente que aprende a pensar. Podrían ser más personas, pero afortunadamente no todo el mundo se queda enganchado en la barbarie acumulativa que nos proponen en las aulas

El otro día leía por enésima vez ese estúpido argumento de, si no te han enseñado a pensar críticamente en la escuela, ¿cómo es que criticas el sistema educativo? ¿En serio que creéis que nuestra capacidad de criticar al sistema educativo viene del propio sistema educativo? Años tuvieron que pasar para darme cuenta de la escasa calidad de lo que me habían enseñado. Pura bazofia. No sabía música, ni matemáticas, ni filosofía, ni tenía nociones del método científico. Todo lo interesante que pasó en mi cabeza ocurrió FUERA del sistema educativo. 

Es una pena, pero mucha gente se queda por el camino sin encontrar su filón, aquella actividad que les llena, que se les da bien, con la que disfrutan. Hay gente que sigue pensando que aprender es sufrir y memorizar. Que siguen creyendo que hay que pasarlo mal para aprender. No, mira: aprender es placer, aunque haya esfuerzo. Te lo voy a explicar, te lo voy a dar masticadito para que lo entiendas. El esfuerzo no implica sufrimiento necesariamente. El esfuerzo que realiza un esclavo es un esfuerzo vacío. Si un niño es obligado a aprender de memoria todos los ríos, lagos, cabos, picos y cordilleras de un continente, sin  darle un sentido a ese esfuerzo, pues mira, eso es sufrimiento. Y ese aprendizaje, si se puede llamar así, es poco duradero.  Pero si ese mismo niño se esfuerza por aprender las características geográficas de un lugar que van a visitar con el colegio y por usar el mapa de ese lugar para orientarse mientras pasea por él, las cosas cambian bastante. El aprendizaje  tiene una finalidad, un fruto. El placer del aprendizaje surge en el imaginar lo que se puede hacer con esos nuevos contenidos y competencias. Y se sigue aprendiendo cuando estos contenidos se aplican a situaciones reales o se puede hacer cosas interesantes con ellos.

En definitiva, sin no consideramos que el aprendizaje nos va a deparar algún tipo de placer, aunque sea más adelante, es difícil conseguir que alguien se esfuerce. Sin una meta que valoremos, que persigamos, no hay esfuerzo. Sin motivación, es muy difícil conseguir que alguien aprenda. Esforzarse, por otra parte, no implica necesariamente sufrimiento, no exageremos.  El propio esfuerzo puede implicar placer. El buscar una solución, indagar, investigar, buscar información, leer, escribir, pensar y reflexionar conducen al aprendizaje, suponen esfuerzo y son todas actividades que pueden llegar a ser muy placenteras. Pero claro, si por aprender entendemos memorizar y lo que se suele denominar como “machacar”, evidentemente el aprendizaje está vinculado al sufrimiento y a la falta de significado, además de no ser perdurable. 

En fin, que está claro que entendemos cosas muy distintas por aprendizaje y por esfuerzo. El aprendizaje es perdurable y útil. Pobre del que no haya experimentado placer en un proceso de aprendizaje: no sabe lo que se pierde, la verdad. 

La envidia 

Recuerdo que hace ya muchos años estuve en una conferencia de Derrida en la Residencia de Estudiantes de Madrid en la que habló sobre la mentira. Decía que lo importante de la mentira no es su oposición a la verdad, sino las intenciones del que miente y los efectos que tiene la mentira. Además, hablaba de una transformación de la mentira de un fenómeno privado a uno público. Ahora, las mentiras son globales y tienen efectos internacionales. 

Me hubiese encantado escuchar una charla parecida sobre la envidia. Desde una postura realista, en la que la envidia es el sentimiento de odio hacia la persona que tiene algo que deseamos, hasta una definición de la envidia como una práctica social con múltiples usos existe un camino largo e interesante. Normalmente, las personas no reconocen tener envidia. Son los demás los que usan este concepto como acusación a partir de ciertos signos externos. La envidia no se ve ni se confiesa, de modo que siempre es algo que se infiere de ciertos elementos. En este sentido, la envidia no es algo definitivamente evidenciable que puede ser descubierto. Es algo que se sospecha pero nunca puede probarse fehacientemente.

Por lo tanto, las pruebas a partir de las que acusamos a alguien de padecer envidia son un aspecto digno de atención. Vamos a explorar algunas.

1) La falta de reacción ante las alegrías y los éxitos del otro o de la otra: Una de las cosas que nos puede llevar a acusar a alguien de ser envidioso/a es que no se alegre públicamente de nuestros progresos, éxitos o alegrías. Por tanto, antes de que se produzca un sentimiento de envidia existe antes una difusión de los éxitos de la persona envidiada. La persona envidiada es cubierta de alabanzas, y aquellas personas que no se unen a la algarabía son tachadas de envidiosas. 

2) La emulación de la persona envidiada: Puede ser que la envidia no vaya ligada a la comunicación de grandes éxitos. Acusamos de envidiosa a la persona que nos imita o emula, que hace lo que a nosotras/os nos proporciona éxito y alegría. Imaginemos que en una reunión alguien hace un chiste y todos/as se ríen y alaban a la persona por su buen sentido del humor. Acusamos de envidia a aquellas personas que no se ríen del chiste y acto seguido empiezan a hacer chistes en cadena.

3) La crítica hacia el acto o la obra a partir de la que hemos cosechado el éxito: Por último, se infiere envidia de la crítica inmediata hacia lo que nos produce alegría y/o éxito. Mientras recibimos halagos por nuestra obra, definimos como envidiosos/as a aquellas personas que miran con recelo lo que hemos hecho y encuentran sus partes negativas. Esto se ve como un intento de eclipsar nuestra felicidad y echar abajo nuestro éxito. 

Estos tres elementos que son tomados como pruebas de lo que llamamos envidia no son, como ya he dicho, pruebas irrefutables de la existencia de un sentimiento de envidia. Dado que la envidia es un sentimiento inconfesable (a no ser lo que llamamos envidia “sana”) nunca podemos constatar que realmente la persona acusada de envidia sienta realmente inquina hacia nosotros/as. 

Por tanto, sería mucho más efectivo prescindir de la necesidad de probar que alguien nos envidia y constatar que alguien presenta alguno de estos tres tipos de comportamiento que hemos definido anteriormente (no-reacción, emulación o crítica). No obstante, hemos de ser consciente que poner de manifiesto que alguien hace cualquiera de estas tres cosas nos sitúa en el pundo de mira de la vanidad y la soberbia. Por tanto, la acusación de envidia o la constatación de existencia de alguna de estas tres pruebas es algo que tiene que hacer otra persona (una palmera o un palmero). De ahí surge la conocida expresión “lo que pasa es que te tiene envidia”, a lo cual nuestra única respuesta posible es “¿Ah, sí?”.

A partir de aquí, podemos observar que los medios de comunicación y las redes sociales se han convertido en entornos propicios para observar actos de envidia colectivos y públicos muy interesantes. Desde las figuras públicas del mundo de la farándula hasta los políticos de todas las especies evidencian en algún momento actos de envidia reseñables y constatables. Pero esto será objeto de otro post. 

#VDLN 133: Antilópez

Estos dos chicos son de Huelva, hacen chiripop y me encantan. Me gustan tanto que no os voy a decir el único ramalazo machista que he encontrado en una de sus canciones. Miguel Ángel Márquez y José Félix López se llaman y os pondría una a una todas sus canciones. Tienen para bailar y para pensar, para soñar y para reír. Tienen ese aire retro de cantautor urbano sumado al desmayo indie y al salseo rumbero con letras un tanto postmodernas, románticas y surrealistas. Y son muy buenos músicos. Venga, os pongo la primera, de su Album Desprendimiento de Rutina. 

Hay, cómo me enamoran. A ver, ¿qué os pongo ahora? Es difícil elegir, pero esta me llamó la atención desde el primer acorde al último. Me encanta el repaso que hacen a la música española en esta canción. Cuando tengáis tiempo la escucháis en el Spotify, yo os voy a poner este directo en el que despliegan todas sus cualidades. Yo les quiero ir a ver en concierto YA. Me he enamorado mucho. 

¿Y cuándo se ponen románticos? Mirad, estos chicos lo tienen todo. No me dio tiempo ayer a publicar el VDLN, pero es que creo que esto no puede quedar más tiempo en el tintero. Me encantan sus voces y sus guitarras, sus letras, su puesta en encena y su frescura. Son inteligentes, hacen buena música y se lo pasan bien. ¿Qué más se le puede pedir a un dúo? (Ah, y son graciosos).