Malvavisco, hiper, helicóptero… ¿algo más?

De repente, el mundo se ha llenado de psicólogas y periodistas superexpertas que han inventado un montón de etiquetas para opinar sobre la forma en que las madres (y a veces los padres) educan a sus hijas e hijos. En realidad, han inventado unos personajes imaginarios que, según sus propias palabras,  son “suaves como un bombón, dulzones con los hijos, porque no tienen claros los límites.” De repente, el ciberespacio se ha llenado de artículos copiados unos de otros y citando a expertas que no sabemos si son reales o imaginarias, diciendo gilipolleces. Dicen que ese supuesto grupo de “padres” leen mucho y están muy bien informados, tanto que se sienten confusos. Porque ya se sabe por el Quijote: si lees mucho, te confundes. 

¿Cuál es el modelo educativo que proponen estas soflamas anti-cuidados? La periodista Eva Millet, a la que cita todo el mundo y por lo visto no se confunde al leer tanto, dice, opina, asevera que la familia es un sistema jerárquico, no una democracia, y los hijos deben marchar a toque de corneta, levantarse solos cuando caigan al suelo y hacerse con un taburete para buscar su almuerzo en la nevera. Bromas aparte, no sé dónde ha visto la señora Millet que la familia sea un sistema jerárquico. Yo no soy la jefa de mis hijos. Soy su madre, y tengo una serie de responsabilidades de cuidado hacia ellos, responsabilidades que parece que hay gente que quiere minusvalorar, despreciar, convertir en ridículas preocupaciones de una madre histérica. 

Lo cierto es que hay distintos modelos educativos de acuerdo con la tradición psicológica: el autoritario, el permisivo y el democrático. El democrático es el que olvida toda esta caterva de opinólogos que han saltado a la palestra en los últimos tiempos. Promueven un estilo autoritario, que, según las investigaciones, ralentiza el desarrollo, y asimilan el democrático, que siempre ha sido considerado el más positivo, con el permisivo, que de tan laxo llega a ser negligente. O han leído mal los textos, o hay una intención oculta en soltar todas esas tonterías a la prensa día tras día. 

El diálogo y el establecimiento negociado de límites son, sin duda, las estrategias educativas más eficaces. Las prohibiciones están basadas en el miedo. Sin embargo, la argumentación y el diálogo llega a lo más profundo del sistema conceptual y, además de ser estrategias mucho más honestas, hacen que nuestros vástagos se apropien de nuestras enseñanzas y las hagan propias, haciendo lo que tienen que hacer por convencimiento y no por miedo a una figura de autoridad. No, señora Millet. Mi casa no es un cuartel militar. Quizás la suya sí, pero yo prefiero estrategias menos hitlerianas para educar a mis hijos. 

Mi consejo es que, cada vez que abráis uno de esos artículos que nos asignan una etiqueta a “los padres”, hagáis un buruño virtual con él y lo arrojéis a la papelera virtual. Leído uno, leídos todos, fruto de mentes aburridas que inventan cosas para controlar nuestra forma de crianza de educación. La experiencia sobre crianza y educación valiosa está a vuestro alrededor, en las familias que conocéis y que sacan adelante a su prole con amor, no en los supuestos expertos y expertas que escriben en los periódicos. Si necesitáis consejos, pedídselos a vuestra vecina con 4 hijos antes que a la Doctora Claudia Sotelo Arias o a la periodista Eva Millet, a las que no conocéis de nada. 

Bueno, voy a ver qué ha publicado hoy la prensa y qué nueva etiqueta han inventado para nosotras. 

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