Malditos decálogos

decalogoQué agobio tengo últimamente. No hago más que leer decálogos y consejos sobre cómo educar, tratar, contentar, sanar mi relación con… mis hijos y mi hija. “10 cosas que debes saber sobre…”,  “5 cosas que no debes decir a…”, “25 formas de…”. No doy a basto a leer tantas listas de buenas intenciones. Pero eso no es lo malo: lo peor es cuando intentas ponerlas en práctica. 

Ya hablé en mi entrada sobre las falsas preguntas sobre lo difícil que es llevar a la práctica estos consejos bien intencionados. No es lo mismo el ideal de interacción social que tienes en mente,  que la relación que realmente tiene lugar en el intento. Cuando te pones a aplicar alguna de esas propuestas imaginativas que alguien ha escrito haciendo un impecable brainstorming, los resultados pueden ser asombrosos. La última experiencia la tuve con el listado 25 formas de preguntar a tus hijos ¿cómo ha ido el día en el cole? 

Siempre he tenido problemas para obtener información sobre las mil canalladas que les hacen a nuestros niños y niñas en el colegio. Mi angustia materna imagina y teje mil situaciones terribles que se ocultan tras la cara de poker de mis hijos cuando salen por la puerta de esa institución demoníaca. Cuando mis ahora adolescentes mellizos eran pequeños, me tuve que repasar algún otro texto sobre memoria de testigos infantiles para recordad que los niños de 3 años son sugestionables y pueden generan falsas memorias para complacer al adulto que pregunta. 

Por eso, cuando leí el título de ese artículo, la verdad es que no abrigué mucha esperanza de su éxito, pero le eché un vistazo. Me llamó la atención la pregunta 12: “Si una nave de alienígenas llegara a tu clase y se llevara a alguien, ¿a quién querrías que fuera?” Uy, qué pregunta más sugerente y graciosa… voy a probar. Me acerco a mi Vampi, de 8 años, que estaba jugando con sus Playmovil muy concentrado y se lo pregunto. 

SORPRENDIDO

Esa fue su cara. Más o menos. 

– V.: Pues a nadie

– MK: ¿Ni siquiera a la maestra?

– V.: No

– MK: ¿Si tuvieses que elegir entre que se llevasen a la maestra o a algún niño o niña, qué elegirías?

– V.: Pues a la maestra.

Las únicas conclusiones que pude sacar de esta conversación fueron que mi hijo no cree en los alienígenas, que no quiere deshacerse de nadie de su entorno escolar en particular y que siente una solidaridad hacia sus congéneres que le hace sacrificar al adulto aunque no sienta nada malo hacia él  o ella. 

Esta experiencia me ha hecho reafirmarme en algo que he aprendido a lo largo de los años: que debo aprender a confiar en la capacidad de adaptación y supervivencia de mis hijos. No digo que no haya que estar atentos. Que las madres y los padres estén atentos a las señales que puedan lanzar las niñas y los niños es bueno y deseable. Lo que digo es que es mejor vivir sin miedo, como decía Rosana. Por eso, he decidido que, a partir de ahora, haré caso omiso de los decálogos y seguiré haciendo lo que he hecho siempre: observar, darles mucho la lata con mis sermones, defenderles con uñas y dientes cuando lo necesiten y estar siempre disponible cuando me quieran contar que la nave de alienígenas, por fin, llegó a su clase. 


Comentarios

Malditos decálogos — 3 comentarios

  1. Venga hoy voy a criticarte…(por eso de que dicen que te aprecio y no soy objetiva y porque paso de ser una palmera de esas “sin sexo”, digo seso , ups ¿humor inapropiado?,que hay por ahí)pero no puedo porque me han encantado tu letras ( otra vez), porque me parece muy sensato eso de confiar en las capacidades de nuestros hijos, y yo también estoy hasta los huevos de decálogos, frasecitas, y consejos varios, porque el papel lo soporta todo pero ya la práctica es otro cantar…ah mañana viernes …deseando escuchar tus canciones 😉

    • En el fondo todxs sabemos lo que hay que hacer para solucionar los problemas. Los consejos que seguimos son solo los que confirman nuestras creencias. Buscaré una canción que te guste.

  2. Cansino sí, porque además como te pongas a seguir unos y otros puedes volverte loca y más a tus hijos.
    Más observar, estar y escuchar y menos decálogos y listas, que nuestros niños son los que están a nuestro lado y nos enseñan la mejor forma.
    Tanto orden y organización en listas lleva a anular los instintos, que son los que nos deberían guiar.

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