Los 11 mandamientos

Hace unos días, el proyecto Gestionando Hijos (fundado por un ex-alumno del colegio antes privado, ahora religioso concertado Santa María del Pilar y empresario de vocación) y la editorial SM, presúntamente implicada en la distribución de un libro de Biología y Geología de tercero de la ESO de contenidos homófobos, lanzaron un pacto educativo, jaztándose de haber adelantado al gobierno en tamaña empresa. Los 11 mandamientos del pacto educativo, los llaman, mostrando sin tapujos su trasfondo cristiano y su ideología basada en el amor al prójimo y la buena voluntad. Qué bonito. Y lo han hecho 16 divulgadores educativos  (léase gente que vive de dar charlas motivacionales sobre cómo los demás hemos de educar a nuestras hijas e hijos). 

Dice la periodista de El Mundo, Olga Martín, que este pacto ha ido a lo esencial y se ha dejado de coñas. Las coñas son los conciertos educativos, las lenguas co-oficiales o la asignatura de religión evaluable. Claro ¿por qué nos han de preocupar esas nimiedades, propias de rojos y ateos, de enemigos de la unidad patria y de la división de clases? Lo importante es que las madres (y los padres) mantengamos a raya nuestros grupos de WhatsApp y no cuestionemos las decisiones de los profesores. Porque claro, ya sabemos que todo el problema del sistema educativo español es que lo cuestionamos. Si no lo cuestionásemos, seguiríamos llevando manzanas a las maestras y todos tan contentos: los tontos con orejas de burro y los listos en la primera fila. 

Pero vamos a ir a los mandamientos que han suscrito estas madres y estos padres apañaos convencidos por los 16 divulgadores de prestigio. 
1. Colaboraré con los profesores considerándolos compañeros en la educación de mis hijos.

A ver, no. Los profesores (y las profesoras) son profesionales asalariados que se ocupan de la educación obligatoria de mis hijas e hijos en un horario lectivo. No son compañeros. Yo tengo la patria potestad y la custodia de mis hijas e hijos, y ellos/as colaboran en su educación, tal y como señala la LOMCE en su preámbulo. Por tanto sustituiría compañeros por colaboradores. 

2. No criticaré a los profesores (y menos aún delante de mis hijos) y, si surgen problemas, hablaré con ellos directamente. No usaré los grupos de WhatsApp de padres para cuestionar sus decisiones y fomentar el desencuentro.

A ver, el ser humano es gregario. Cuando tienes un problema, lo comparte con las personas de tu confianza. Los grupos de WhatsApp son un medio de comunicación más, podría comunicarme con otras madres también por teléfono, en el Facebook o en la puerta del colegio. No me comprometo a dejar de compartir mis problemas y, por supuesto, si hay que criticar al profesor o profesora delante de mis hijos, porque le han faltado el respeto o han tomado una decisión injusta, no dudaré en expresar mi desacuerdo delante de ellos. Quiero que mis hijos e hijas crezcan sabiendo que deben defenderse de las injusticias y rebelarse contra el poder establecido si es necesario. 

3. Haré todo lo posible por prestigiar la figura del profesor, participando en su reconocimiento social.

La figura del profesor se ha de prestigiar si es prestigiable, al igual que la de la madre, el padre o los abuelos. El reconocimiento social se gana mejorando la formación del profesorado, exigiendo calidad y evaluando al profesorado de manera fiable y válida. 

4. Estaré disponible para hablar con el profesor cuando lo considere necesario, comprometiéndome a dialogar con una actitud positiva. Escucharé con atención y buena disposición lo que los profesores me digan sobre mis hijos.

Igual que el profesor (o profesora) tiene sus necesidades y horarios de trabajo, yo tengo los míos. Siempre que una maestra ha querido hablar conmigo (que ha sido una vez o ninguna) he acudido, por supuesto. En cuanto a la actitud positiva y el diálogo, eso es cosa de dos. Hemos de tener en cuenta que somos dos personas adultas en un intercambio comunicativo, y ninguna de las dos estamos por encima de la otra. Por tanto, la actitud positiva, la atención y la buena disposición debe ser mutua. 

5. Pondré a disposición de profesores y de la escuela en general mis conocimientos, al objeto de participar activamente en una verdadera comunidad de aprendizaje.

Fíjate, eso me encanta. Yo, con mis conocimientos sobre educación, sobre alfabetización, sobre lengua escrita… y para lo único que me han llamado es para cocinar el plato típico de algún país y para hacer disfraces. Yo no sé ni coser ni cocinar, pero como soy madre, se supone que es eso lo que puedo aportar a la comunidad de aprendizaje. Por tanto, no, en esas condiciones no me pongo a disposición de nadie. 

6. Haré todo lo que esté en mi mano para colaborar con los profesores y la escuela para erradicar el acoso escolar. Yo también soy responsable de exterminar esta lacra.

Por supuesto que soy responsable. Mis hijos e hijas tienen una educación sobre el respeto y la igualdad que han mamado desde la cuna. Pero cuando están en el centro educativo, quiero que estén seguros y que el profesorado ponga todos los medios para que no sufran acoso escolar. Por tanto, espero que el centro escolar tome en serio las denuncias sobre insultos y agresiones físicas y no se consideren “cosas de niños”.

7. No haré los deberes ni los trabajos a mi hijo, sólo le ayudaré y animaré a hacerlos, ya que con ello estaré entrenando a mi hijo en la responsabilidad y en la no dependencia.

Siempre que mis hijas/os me han pedido ayuda es porque la han necesitado. No piden ayuda porque son vagos y quieren que yo les haga las cosas. La piden porque tienen dificultades para resolver tareas escolares que solo se pueden resolver con apoyo. Así que lucharé para que ese apoyo educativo se de donde se tiene que dar, en el aula, y así las familias puedan dedicarse a hacer las tareas que son propias de su grupo humano y que no tienen nada que ver con libros de texto ni cuadernillos Rubio, sino con parques, piscinas, paseos y cine. 

8. Contagiaré emociones positivas a mis hijos sobre su escuela, sus profesores y el aprendizaje. Veré la escuela como mía.

No veo la escuela como mía, es que es mía. Es nuestra. La pagamos con nuestros impuestos y forma parte de nuestra comunidad. Por tanto, contagiaré a mis hijos emociones positivas para que la sientan suya y sepan que, si hay que luchar para erradicar las faltas de respeto, las injusticias y la mala praxis, se lucha. 

9. Trabajaré en equipo con los profesores en la mejora y progreso de la sociedad a través de la educación […]

Si los profesores quieren llamarme alguna vez para que colabore con ellos (y ellas) en algo, no tendré ningún inconveniente, siempre que sea compatible con mi vida laboral y familiar. 

10. Me plantearé a diario qué estoy haciendo yo para que la escuela de mis hijos sea mejor.

Bueno, eso me lo planteo todos los días. Por eso, alguna vez he escuchado eso de “tú ocúpate de lo tuyo y no te metas en los asuntos de los demás”. 

11. Recordaré que educar a mis hijos con conciencia e ilusión es garantizar una sociedad mejor. Seré plenamente consciente de la importancia de mi papel educativo y jamás rehuiré esa responsabilidad.

Con conciencia, ilusión y un buen sueldo. Cuando tu hábitat es la escuela pública y te rodeas de personas de todo tipo de procedencia, te das cuenta de los esfuerzos que hacen algunas familias para sacar adelante a sus hijas e hijos. Luchar por la justicia social es una forma de vida. Yo sé que yendo a colegios en los que la mayoría de las familias tienen dos sueldos y una casa en condiciones se vive al margen de otras realidades que también existen. Pero hay que tomar conciencia de las dificultades por las que pasan muchas familias en nuestro país y dejar de hacer atribuciones culpabilizadoras de clase media. Es raro que una madre o un padre rehuyan su responsabilidad, aunque estén trabajando 12 horas al día por un sueldo de mierda. Vamos a tomar conciencia todas y todos. 

Deja un comentario