Las mal llamadas extraescolares


La típica respuesta de la masa docente cuando damos argumentos en contra de los deberes que nos imponen desde la escuela es que las familias cargamos de extraescolares la agenda de nuestros hijos e hijas. Este argumento de quítate tú para ponerme yo funciona mal. Cuando las niñas y niños salen de la escuela, después de 5 horas lectivas, el tiempo es gestionado por la familia, y lo que hagamos con ese tiempo no puede ser decidido desde una institución ajena a la misma.

En muchos casos, ese tiempo se aprovecha, además de para descansar y tener un rato de ocio libre, para aprender cosas que la escuela española no enseña ni de refilón. Tocar un instrumento, aprender lenguaje musical, a jugar al tenis, a nadar, a pintar o a practicar un arte marcial. Ese tipo de cosas son, en muchos casos, vocaciones y talentos que nunca se desarrollarían si no fuese por esta inversión extra-escolar.

Pero el hecho de llamarlas “extraescolares” las sitúa en referencia a la escuela. Como si fuesen algo añadido a la escuela y subordinadas a ella . Nada más lejos de la realidad. En estas disciplinas que no se trabajan en la escuela, bien porque no se les ha dado la suficiente importancia, bien porque no existen profesionales preparados para enseñarlas en esa institución, se trabaja de forma radicalmente diferente a la escuela. Las niñas y niños aprenden haciendo. Nada de estar sentados en un pupitre con lápiz y papel, copiando o escribiendo al dictado lo que un adulto dice y realizando miles de ejercicios sin referente en la vida real. Si un niño o una niña aprende a tocar un instrumento, formará parte de una agrupación o de una orquesta y tocará delante de un público desde el primer momento. Formará parte de una comunidad en la que va asumiendo más responsabilidad a medida que adquiere más destrezas y conocimiento. Y nada de calificaciones: en este entorno, la recompensa es la satisfacción de hacer las cosas mejor cada día. Todo esto no tiene nada que ver con la innovación, sino que es algo normal y más bien antiguo. Se aprende como se aprendía antes, formando parte de una comunidad de práctica y participando en ella, primero en la periferia y pasando poco a poco hacia el centro, a medida que se va aprendiendo más y más.

En estas disciplinas sí que se trabaja la cultura del esfuerzo. Las niñas y los niños aprenden que el buen desempeño va acompañado de muchas horas de práctica, de entrenamiento, de ensayos y de estudio. Y estas horas se ven recompensadas cuando llegan a ser capaces de hacer algo que antes no sabían hacer. Es entonces cuando reciben los aplausos y la enhorabuena, el nuevo cinturón o un puesto más cercano a la directora de orquesta.

Este tipo de actividades de aprendizaje no son extraescolares. Son comunidades de aprendizaje independientes del colegio. Actividades extraescolares son las academias a las que algunas familias llevan a sus hijas e hijos para hacer los deberes que mandan en la escuela, o para reforzar destrezas en las que el colegio invierte mucho tiempo pero no acaba de enseñar bien, como por ejemplo una segunda lengua. Las extraescolares siguen los mismos métodos de transferencia de contenidos y realización de ejercicios a los que son sometidos niñas y niños durante 5 horas al día. Mis hijos nunca han ido a este tipo de actividades, principalmente porque son ellos los que eligen qué hacer.

En conclusión, el tiempo no lectivo es un tiempo que gestiona la familia y que no está sujeto a las imposiciones que se hagan desde la institución escolar. La educación obligatoria tiene su tiempo asignado y no puede exigir que las familias nos convirtamos en una extensión de la escuela. Es demencial imponer a niños y niñas de 3 a 11 años que dediquen gran parte de su tiempo libre a estar sentados frente a un libro de texto y un cuaderno. Comparar esto con las actividades que las niñas y los niños hacen de forma libre y voluntaria y en las que aprenden destrezas inalcanzables para ellas y ellos en el colegio es un sinsentido.

Me parece increíble tener que estar escribiendo sobre esto. ¿No os da la impresión de que las instituciones se inmiscuyen cada vez más en nuestras vidas?

6 Responses

    1. Hola Eva,

      ya veo. Este tema levanta apasionados debates, y veo que hay gente que se empeña en seguir pensando que pueden opinar alegremente sobre el tiempo libre de otras ciudadanas y ciudadanos. El hecho de que tengamos hijas/os parece que da a los demás derecho a opinar sobre nuestras vidas. Qué se le va a hacer.

  1. Estoy de acuerdo con la idea aunque muchas escuelas actualmente ya no son como tu las describes.
    La expresión “masa docente” es ofensiva e innecesaria.

    1. Muchas no, más bien pocas, aunque la idea de comunidades de aprendizaje es bastante antigua. En cuanto a lo de la ofensa, no veo por qué. Sería ofensivo si dijese “los tontos de los docentes” “los metomentodo” o algo así, pero no lo he hecho ¡Gracias por comentar!

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