¿La señora Killer, por favor?

  

El otro día andaba trabajando cuando sonó una llamada en el móvil. Mi trabajo a veces no me permite coger el teléfono en el momento en que vibra, así que esperé a terminar lo que estaba haciendo para comprobar la llamada. Era una llamada del instituto. Devolví la llamada. La primera persona con la que hablé me pasó con una segunda, que buscó en el parte de faltas para ver si alguno de mis hijos se había fugado sin mi permiso. No. Finalmente me pasan con el jefe de estudios. 

JE- Habrá comprobado Vd. que tiene una llamada mía de hace dos minutos

MK- Así es, por eso llamo 

JE- (Disfrutando del momento) Hemos pillado a x con el móvil en clase

MK- Ahaaa?

JE- Y tiene un día de expulsión

MK- Ahaaa?

JE- Es que como sabe, no se puede usar el móvil. Solemos devolvérselo a los padres, así que tendrán que pasarse a por él. 

MK- Ahaaa?

Ese Ahaaa iba precedido por largos silencios que parecían esperar otra respuesta por mi parte. No sé, que me mesase los cabellos o me rasgase las vestiduras porque uno de mis hijos estuviese usando el móvil en clase. Pero conociendo a mis vástagos como les conozco, prefería escuchar la otra versión antes de hacer ningún juicio. Por otra parte, tengo que decir que es la primera vez en todos sus años de escolarización, que ya van por 13, que pasaba una cosa así, de modo que no había agravante por reincidencia. 

Después me entero de que la “pillada” fue en una clase en la que había faltado el profesor, en una hora en la que los alumnos permanecían solos en el aula. El profesor de guardia entró en la clase y sorprendió al presunto delincuente manipulando el móvil. Acto seguido le hicieron bajar a jefatura de estudios y le impusieron la sanción para una falta muy grave: un día de expulsión. ¿Un día sin clase es un castigo adecuado? nos podríamos preguntar. Consultando el Reglamento de Convivencia del Centro, esto solo se puede hacer si se programa una tarea de carácter educativo que el estudiante tendrá que realizar ese día y entregarla al profesorado. Pero para qué nos vamos a molestar: expulsamos del centro, privamos al estudiante de su derecho a asistir a clase y nos saltamos la constitución. 

En realidad, el uso de dispositivos móviles está prohibido en los centros educativos por una cuestión de miedo y de falta de formación. Es cierto que si está prohibido, no se deben usar. Pero prohibir el uso de esos dispositivos, que empieza a ser generalizado y universal, es como si en siglos pasados prohibiesen el uso de dispositivos de inscripción gráfica en las aulas (cuadernos y bolígrafos). Vivimos en una sociedad tecnoletrada, y no lo podemos seguir ignorando. Es urgente que los centros educativos integren la tecnología de la comunicación en las aulas. En caso contrario, la sociedad seguirá avanzando, y nuestras aulas permanecerán inmóviles y de espaldas a lo que pasa ahí fuera, en la vida real. 

Por otra parte, nadie se preguntó qué hacía ese estudiante con el móvil. Por lo que sé, podría estar leyendo a Shakespeare. Ser expulsado del instituto por leer La Tempestad es lo más cool que puede pasarte, una historia para contar a tus nietos el día de mañana. 

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