La escuela y la familia

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La foto que aparece arriba se ha hecho viral en las redes sociales en los últimos tiempos, difundida en su mayor parte por personas que se dedican a la Educación (valga el contrasentido). No sé quién o quiénes la han puesto en circulación ni con qué intenciones, pero cada vez que la veo me reafirmo más en la idea de que las maestras y los maestros tienen una formación muy limitada en cuanto al papel que juegan en el desarrollo y aprendizaje de las niñas y niños que tienen en sus manos. Para ser justas diremos que esto no es así en todos los casos, ni mucho menos. Pero las profesionales que no están de acuerdo con esta foto seguramente son minoría y se sitúan en las filas de las ovejas negras, o trabajan en un colegio con una línea pedagógica alternativa.

Para explicar el papel de la escuela y la familia en el desarrollo de la persona es útil acudir a la Teoría Ecológica de Urie Bonfenbrenner. En la foto que aparece a continuación se presenta un esquema de lo que plantea este autor: la inserción del desarrollo personal en una serie de sistemas concéntricos que se influyen unos a otros de fuera a adentro y se relacionan entre sí. En el centro está la persona, rodeada de sus microsistemas, entornos más próximos y en los que participa de manera activa: la familia, la escuela, el vecindario, etc. 

Modelo Ecológico del Desarrollo. Bonfenbrennner.

TODOS estos entornos implican transmisión de valores y educación. La integración de una niña o un niño en el microsistema escolar implica el aprendizaje de nuevos valores, formas de comportamiento, rutinas, formas de relacionarse, que constituyen la base de la participación en el entorno escolar. A ser alumna/o se aprende en la escuela, es la escuela la que debe desarrollar los mecanismos de enculturación y socialización de sus integrantes. Por eso, cuando la escuela se define como un sitio donde se enseña pero no se educa, significa que han perdido conciencia (o nunca la han tenido) de su carácter de entorno social singular y diferente al familiar, con sus propias normas y valores implícitos.

Un ejemplo que puedo poner sobre esta falta de conciencia sale de las reuniones que tenemos periódicamente en el colegio. Una de las quejas más persistentes de las maestras es que LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS HABLAN MUCHO EN CLASE. Cuando nos lo dicen, nos miran a las madres (inmensa mayoría en estas reuniones frente a los padres) de manera acusatoria, como si nosotras tuviésemos alguna responsabilidad sobre esta conducta. Nos lo cuentan y nos piden que hagamos algo. No sé, es como si yo acusase al colegio de que el niño se sienta en la silla en casa y no se mueve, y les pidiese que hiciesen algo al respecto. No es que esté de acuerdo pedagógicamente con que las niñas y niños estén callados en el aula. Pero si las maestras quieren que esto suceda, tendrán que habilitar estrategias para conseguirlo. Yo desde luego no voy a obligar al niño a que esté callado en casa para que esta conducta se reproduzca en la escuela, no sé si me explico. 

Por eso que un niño o una niña “venga educado” de casa no implica que la adaptación al entorno escolar vaya a ser óptima y que no surjan dificultades y roces entre los dos microsistemas (escuela y familia). En este sentido, los valores que se transmiten en el hogar pueden ser contradictorios, y no necesariamente peores, que los que se intentan transmitir en la escuela. 

En la actualidad, la relación entre estos dos microsistemas está bastante deteriodada, desde mi punto de vista. La viralización de fotos como la que aparece al inicio de este blog y como la que aparece a continuación muestra una actitud agresiva y de continuo juicio hacia el papel de las familias.

Visiones tendenciosas sobre la relación familia-escuela

La expresión que más se oye cuando se habla de la relación familia-escuela es “es que los padres no se preocupan”. Cuando oigo esto, pido datos. ¿En qué te basas para decir que las familias no se preocupan por sus hijos e hijas? Yo voy a recoger a mi niño al colegio y allí me relaciono con muchas familias. A todas las veo muy preocupadas por sus peques. Es indudable que hay factores que influyen decisivamente en la educación que la familia ofrece a sus niños y niñas;  la clase social y el nivel sociocultural son los más importantes, y está sobradamente probado que el rendimiento escolar es distinto en función de estos dos factores. Pero reducir este dato a la simpleza de “los padres no se preocupan” me parece de nuevo una falta de reflexión e indagación teórica por parte de los “profesionales de la educación”. 

¿De qué no se preocupan “los padres”? Acudimos de nuevo a un ejemplo sacado de esas tediosas e inservibles reuniones familia-escuela a las que me veo sometida periódicamente. Otra de las acusaciones que tuvimos que encajar las madres en esa reunión fue “no se saben las tablas de multiplicar.”  A ver, ¿no habíamos quedado en que la familia educa y la escuela enseña? Entonces ¿por qué me haces a mí responsable de que el niño o la niña no se sepa las tablas? ¿Que tengo que repasarlas con él? ¿No sería lo más adecuado que lo hicieses en el aula? Eso me daría tiempo a mí para hablar con mi hijo de nuestras cosas y no perder el tiempo con un conocimiento automático que corresponde al ámbito escolar y no al familiar.

Además, esta afirmación de “los padres no se preocupan” es contradictoria con la reacción de la escuela cuando las familias MUESTRAN PREOCUPACIÓN y acuden al colegio para informarse sobre lo que allí sucede con sus hijas e hijos. En mi dilatada experiencia como madre de escolares (ya va para 12 años), he aprendido que ir a hablar sobre las cosas que allí pasan y las dificultades con las que se encuentran las niñas y niños te convierte en persona incómoda y non grata. Esa supuesta apertura que se pregona en las ya mencionadas reuniones escolares, manifestada con frases como “estamos disponibles para todo lo que necesitéis” o “la colaboración de las familias es imprescindible para nuestro trabajo”, se traduce, en el día a día, a “cumple nuestras normas, haz lo que te diga y no pongas objeciones, que el que sé de esto soy yo.”

Para acabar, voy a contar una anécdota, también de esta última reunión escolar a la que me vi sometida. Las que sois madres de niños y niñas en edad escolar conoceréis ese nuevo fenómeno de los grupos de WhatsApp. Las madres de un mismo grupo nos mantenemos conectadas de esta forma. Son muchos los usos que se le da a estos grupos, desde quedadas para cumpleaños a preguntas sobre cuestiones escolares. Pues bien: en mi cole el claustro de profesores/as se siente amenazado por estos grupos. No lo dijeron así, pero más o menos.

¿Qué es lo que incomoda de estos grupos? Que las madres hablamos de lo que pasa en el aula, nos comunicamos, opinamos de forma conjunta. Una de las excusas que pone el claustro para ir en contra de estos grupos es “que los niños no se responsabilizan de apuntar los deberes en la agenda porque las madres preguntan en el güasap”. A ver… de nuevo nos encontramos con un error de conceptos. La responsable de que el niño apunte los deberes en la agenda ERES TÚ, que les pones deberes y que crees que son necesarios para su aprendizaje. Y que les pones un punto rojo si los traen sin hacer. Lo cierto es que lo de pedir los deberes por el güasap no se hace tan frecuentemente. Yo lo hice una vez el curso pasado, porque el niño no había ido al colegio. Y el grupo se usa para eso con una frecuencia más bien baja. Otra de las excusas no la entendimos muy bien: decían que el güasap crea “nudos” que luego hay que deshacer en el aula. Se referirán a un caso aislado que, de nuevo, generalizan para ir en contra de un medio que mantiene comunicadas a las familias.

Todo esto lo único que demuestra es la gran brecha que existe entre la familia y la escuela. Cuando volví de casa de esa reunión en el colegio, mi hijo, que es bastante aplicadito y muy buen conocedor de las normas escolares me preguntó  “¿Mamá, qué te ha dicho de mí la maestra?” “Pues qué va a decir cariño, que eres especial”, le mentí yo. ¿Sabéis? Creo que el problema de la falta de calidad educativa y de la falta de educación en general no son las leyes, es la deshumanización del sistema social en todos y cada uno de sus ámbitos.

4 Responses

  1. Con matices y desde la lejanía (mis hija terminó ya su carrera y el chaval está en su último año), comparto tu reflexión. Me quedo con la frase final “el problema…no son las leyes, es la deshumanización del sistema social”. En esto y en todo. Pero admitirlo nos convierte en responsables y vivimos tiempos en los que la culpa, siempre es de los demás. Y… así nos va.

    1. En este caso estaba refiriéndome a los balones fuera del gremio educativo. Hablo desde la postura de madre responsable que intenta cumplir con todo hasta que se da cuenta del gran engaño en el que nos quieren enredar. Y porque me considero responsable de la educación de mis hijxs, creo que es necesario denunciar el desafecto de un lugar en el que pasan un mínimo de 5 horas al día.

    1. Puf, a ver, yo soy de las que no trago. Ya el hecho de escribir esto es no tragar. La ventaja que tengo con mi peque es que se adapta y no se queja, es lo que ellxs llaman “un buen niño”. La escolaridad de mis mayores no fue tan fácil, porque aunque eran muy buenos estudiantes… se aburrían mortalmente y el cole les hacía infelices. Así que me pasé 9 años quejándome y algunas cosas conseguí. Yo creo que formar una masa crítica de familias que no están conformes con el sistema es muy importante. Un beso y ánimo, aquí estamos para lo que necesites.

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