La envidia 

Recuerdo que hace ya muchos años estuve en una conferencia de Derrida en la Residencia de Estudiantes de Madrid en la que habló sobre la mentira. Decía que lo importante de la mentira no es su oposición a la verdad, sino las intenciones del que miente y los efectos que tiene la mentira. Además, hablaba de una transformación de la mentira de un fenómeno privado a uno público. Ahora, las mentiras son globales y tienen efectos internacionales. 

Me hubiese encantado escuchar una charla parecida sobre la envidia. Desde una postura realista, en la que la envidia es el sentimiento de odio hacia la persona que tiene algo que deseamos, hasta una definición de la envidia como una práctica social con múltiples usos existe un camino largo e interesante. Normalmente, las personas no reconocen tener envidia. Son los demás los que usan este concepto como acusación a partir de ciertos signos externos. La envidia no se ve ni se confiesa, de modo que siempre es algo que se infiere de ciertos elementos. En este sentido, la envidia no es algo definitivamente evidenciable que puede ser descubierto. Es algo que se sospecha pero nunca puede probarse fehacientemente.

Por lo tanto, las pruebas a partir de las que acusamos a alguien de padecer envidia son un aspecto digno de atención. Vamos a explorar algunas.

1) La falta de reacción ante las alegrías y los éxitos del otro o de la otra: Una de las cosas que nos puede llevar a acusar a alguien de ser envidioso/a es que no se alegre públicamente de nuestros progresos, éxitos o alegrías. Por tanto, antes de que se produzca un sentimiento de envidia existe antes una difusión de los éxitos de la persona envidiada. La persona envidiada es cubierta de alabanzas, y aquellas personas que no se unen a la algarabía son tachadas de envidiosas. 

2) La emulación de la persona envidiada: Puede ser que la envidia no vaya ligada a la comunicación de grandes éxitos. Acusamos de envidiosa a la persona que nos imita o emula, que hace lo que a nosotras/os nos proporciona éxito y alegría. Imaginemos que en una reunión alguien hace un chiste y todos/as se ríen y alaban a la persona por su buen sentido del humor. Acusamos de envidia a aquellas personas que no se ríen del chiste y acto seguido empiezan a hacer chistes en cadena.

3) La crítica hacia el acto o la obra a partir de la que hemos cosechado el éxito: Por último, se infiere envidia de la crítica inmediata hacia lo que nos produce alegría y/o éxito. Mientras recibimos halagos por nuestra obra, definimos como envidiosos/as a aquellas personas que miran con recelo lo que hemos hecho y encuentran sus partes negativas. Esto se ve como un intento de eclipsar nuestra felicidad y echar abajo nuestro éxito. 

Estos tres elementos que son tomados como pruebas de lo que llamamos envidia no son, como ya he dicho, pruebas irrefutables de la existencia de un sentimiento de envidia. Dado que la envidia es un sentimiento inconfesable (a no ser lo que llamamos envidia “sana”) nunca podemos constatar que realmente la persona acusada de envidia sienta realmente inquina hacia nosotros/as. 

Por tanto, sería mucho más efectivo prescindir de la necesidad de probar que alguien nos envidia y constatar que alguien presenta alguno de estos tres tipos de comportamiento que hemos definido anteriormente (no-reacción, emulación o crítica). No obstante, hemos de ser consciente que poner de manifiesto que alguien hace cualquiera de estas tres cosas nos sitúa en el pundo de mira de la vanidad y la soberbia. Por tanto, la acusación de envidia o la constatación de existencia de alguna de estas tres pruebas es algo que tiene que hacer otra persona (una palmera o un palmero). De ahí surge la conocida expresión “lo que pasa es que te tiene envidia”, a lo cual nuestra única respuesta posible es “¿Ah, sí?”.

A partir de aquí, podemos observar que los medios de comunicación y las redes sociales se han convertido en entornos propicios para observar actos de envidia colectivos y públicos muy interesantes. Desde las figuras públicas del mundo de la farándula hasta los políticos de todas las especies evidencian en algún momento actos de envidia reseñables y constatables. Pero esto será objeto de otro post. 


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