KARMA

La primera vez que oí hablar del Karma creí que era una marca de ropa deportiva. Más adelante, cuando me enteré de la parte evolutiva del concepto, pensé que algo había avanzado en estos milenios para no ser una hormiga. Después, me enganché a la parte moralizante del concepto y lamenté haber sido tan perversa o perverso en mis vidas anteriores. Ahora, disfruto de todo lo aprendido y me maravillo de como la vida va poniendo la prueba exacta en el momento exacto.

No, no hay pruebas científicas de su existencia. Cuanto más complejos son los fenómenos, más difícil es someterlos a ese divertido juego humano llamado Ciencia. Tampoco es necesario, el observar la vida desde un punto de vista kármico es opcional, nadie te obliga a hacerlo y nunca va a existir una directiva europea al respecto que diga “Se recomienda a los estados miembros que insten a sus ciudadanos a adoptar una perspectiva kármica de la vida.” 
Para ser un verdadero aprendiz kármico hay que pasar por varias etapas. La primera es la dearrieritos somos y en el camino nos encontraremos.” En esta fase creemos que el concepto de reciprocidad kármica se aplica en el mismo lugar en el que se produce el daño. Así, podemos estar esperando durante años agazapadas esperando a poner la zancadilla a la persona odiada. Sin embargo, cuando llega la oportunidad, nos damos cuenta de que el evento ha perdido todo su atractivo. De alguna forma, el tiempo ha puesto las cosas en su lugar. Esa sería la segunda fase: aprendemos que el poder del Karma no reside en la oportunidad de venganza, sino en la justicia divina. Pero claro, hemos de tener en cuenta que no siempre nos enteraremos de si la justicia ha caído sobre la cabeza de esa persona a la que estamos deseando decir “Te lo dije.” Y por otra parte, cuando nos enteramos, quizás no nos produzca el regocijo esperado. Hay veces que sentimos compasión y solidaridad, metidos todos como estamos en una rueda kármica sin fin. 
En esa fase, que no sé si será la última, comprendemos que las cosas no están nítidamente clasificadas en buenas y malas. Es entonces cuando empezamos a comprender la importancia de poner atención y conciencia en cada paso que damos, a estar atentas a las señales que nos lanza la vida y a quedarnos en el momento presente. Recordar nos sirve para comprender el presente. No sabemos qué vendrá. Lo único importante es el aquí y el ahora.

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