INSIDE-OUT NO ME REPRESENTA

  
Me encanta que disney-Pixar haga películas de animación cada vez más curradas, coloristas y emocionalmente desafiantes. Y me gusta verlas y desmontarlas después poco a poco, desgranarlas y desmembrarlas. Cualquier artista desea tener un lector o una lectora que desentrañe su obra y descubra en su interior los tesoros escondidos que depositó en ella. Sin embargo, no estoy segura de que Disney lo desee y por eso se dirige al público más vulnerable, al que se entusiasma con sus entrañables personajes. 

Mi familia reconstituida, una familia que ni por asomo Disney incluirá en su repertorio de arquetipos, ha hecho que vea la película 2 veces: la primera para disfrutarla, la segunda para deconstruirla. Y es que si te gusta el cine y eres madre, pasarás muchos años consumiendo películas infantiles y tendrás la oportunidad de pensar lo que les están vendiendo a tus hijas e hijos.  Y la verdad es que, lo que “del revés” (pésima traducción del título en inglés) quiere venderles, no me gusta. 

El mensaje oficial es que la tristeza tiene su utilidad, lo pillas a la primera y gusta porque te permite desmentir de un plumazo el acoso de los partidarios del positivismo a toda costa. Pero detrás de este mensaje oficial hay otros muchos, que se van desentrañando a medida que piensas en las cosas que la película te plantea como dogmas inamovibles. 

No voy a hablar de los aspectos de género, elementos que ya se han debatido en otros sitios y con los que estoy de acuerdo. Pero he de decir que la madre de Riley, sensata, cuidadora, sin trabajo y con la tristeza como jefa de las emociones, no me representa. ¿Os imagináis estar toda la vida guardando el recuerdo del tío bueno y erudito para salir adelante en una realidad en la que vuestra pareja os parece mediocre? Quizás ese sea el secreto para mantener una impecable familia nuclear que hace que la personalidad de Riley tenga una flamante isla de la familia. Es verdad que la isla de la familia se podría constituir de otras muchas formas, pero Inside-Out ha decidido que sea la tradicional familia nuclear la que presida esta metáfora. Seguro que no soy la única persona con familia no tradicional que se ha preocupado por el efecto de esta reificación en sus hijos e hijas. Yo me he visto impulsada a decirles que ellos tienen un pedazo de isla de la familia como la copa de un pino, con muchas personas adultas ocupándose por su felicidad y su bienestar. Y se sintieron reconfortados con la aclaración, se lo noté en la cara. 

Las películas de Disney está diseñadas desde un supuesto de normalidad. Y los espectadores se ven impulsado a juzgarse de acuerdo a este canon. En este sentido, el concepto de mente que propone la película no es en absoluto inocente. Tampoco coincide con los avances científicos sobre el funcionamiento de la memoria, las emociones y el pensamiento. Por eso me parece sorprendente escuchar a la gente decir “todo lo que ha aprendido sobre la mente” viendo la película. No es este el lugar para hacer un análisis minucioso sobre el modelo de memoria que plantea, en qué momento de la historia de la Psicología quedó descartado ese modelo y cuál es el modelo que se promulga actualmente. Pero sí me gustaría señalar dos consecuencias que se desprenden de la forma que tiene Inside-Out de dibujar la mente humana. 

En primer lugar, el modelo que plantea la película es radicalmente realista. La memoria refleja lo que realmente ha pasado, de forma fidedigna, y solamente matizado por la emoción que tiñe el recuerdo. Este modelo se contrapone a los modelos reconstructivos de la memoria, en los que la mente no guarda el conocimiento sino que lo reconstruye a partir de indicios y de memorias compartidas con nuestros congéneres. En los trabajos sobre memoria de testigos es evidente que esta capacidad humana no funciona como un espejo, y que el ser humano no aprehende la realidad sino interpretándola y haciéndola suya. Varias personas que sean testigos de un mismo hecho pueden rememorarlo de maneras muy diferentes dependiendo de distintas variables personales y situacionales. Por tanto, la verdad absoluta no está ahí fuera para ser reflejada. Pero ya se sabe: el relativismo es uno de los mayores enemigos del pensamiento único. 

En sengundo lugar ¿os imagináis una mente únicamente dirigida por las emociones? El hecho de que una niña decida escaparse porque ha sufrido una mudanza, un cambio de contexto, un trauma en el que no ha sido acompañada debidamente, una pérdida de un círculo de iguales bien establecido, un conjunto de situaciones que afianzaban su personalidad y le daban seguridad y autoestiva, se explica porque alegría y tristeza se han caído de la torre de mando. Vaya. Es una explicacion descontextualizada, individualista, que no nos permite buscar soluciones externas a nuestros problemas y nos impele a culpar al desequilibrio emocional de nuestros actos impulsivos y aparentemente disfuncionales. Así que, si alguien hace algo fuera de lugar, lo más probable es que sufra un trastorno, esté loco, necesite tratamiento, etcétera etcétera. Es una manera estupenda de mantener controlada a la población: establecer el locus de control de los problemas siempre dentro de uno mismo y que la gente no se plantee que quizás lo que haya que cambiar sea el sistema. 

Para los que piensen que esto es “rizar el rizo”, les deseo que sigan disfrutando de las películas infantiles tanto como lo hago yo. Para los que prefieran ir un poquito más allá, solo decir que este es un análisis precipitado y que la película invita a otras muchas interpretaciones que me encantará leer en los comentarios y en otros post. 

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