Familias diferentes en la escuela

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En el año 2005, Griffith y Smith escribían Mothering for schooling. Estas dos autoras, sociólogas, trabajadoras, madres, escriben sobre la forma en la que el discurso escolar de la relación familia-escuela determina las tareas que nosotras, como madres, tenemos que realizar y se suponen necesarias y adecuadas para el funcionamiento escolar. De esta forma, la escuela mantiene una imagen de familia y madre ideales que actúan como pieza maestra para que todo el engranaje funcione.

Si sois madres y tenéis hijas e/o hijos en edad escolar, habréis sentido en algún momento la presión de la escuela y sus expectativas hacia vosotras. Según mi experiencia, el colegio de mis hijxs tiene una visión de la madre como una persona que se ocupa de su casa las 24 h. del día y que forma parte de una familia nuclear tradicional que tiene una red social extensa formada por la familia de ambos progenitores (que se supone viven en la misma ciudad) y por amigos/as y conocidos/as de la infancia, la adolescencia y la juventud.

Esta imagen determina en gran medida las acciones y “trabajos” que el colegio supone que la familia (principalmente la madre) puede desarrollar con relativa facilidad para apoyar sus procedimientos y sus actividades. Y el ignorar condiciones diferentes en los distintos tipos de familia supone una discriminación estructural que impone trabajos poco realistas sobre unos supuestos falsos acerca de las condiciones de vida de las familias.

Voy a enumerar ciertas condiciones que la escuela tendría que contemplar para no discriminar a familias y personas con distintos planteamientos y formas de vida en relación a su imagen ideal de familia y persona:

1) No todas/os las niñas/os pasan todos los días en la misma casa. Por tanto, la escuela debería tener esto en cuenta a la hora de comunicar ciertas actividades. Aunque los progenitores se lleven estupendamente (que afortunadamente siempre ha sido mi caso), la logística a veces es complicada, y no se puede pedir un disfraz de un día para otro, por ejemplo. El conseguir los elementos de un disfraz en un tiempo récord dependen de ciertas condiciones supuestas que pueden no darse en algunas familias: a) Todas las pertenencias de la criatura están en una sola casa; b) Uno de los miembros de la familia puede abandonar los cuidados para comprar/coser complementos del disfraz mientras el otro se ocupa de la prole.

2) Por otra parte, suponer que la familia dispone de una red social extensa deja fuera de juego a personas que se han trasladado al lugar desde su ciudad natal por motivos laborales y han dejado atrás a toda esa red. Por tanto, el conseguir cosas que la escuela da por hecho que “todo el mundo tiene” (como un sombrero de paja, unos pantalones azules, un pañuelo rojo o unos zapatos oscuros) adquiere mayor dificultad cuando no tienes primos/as, hermanos/as o amigos/as íntimos/as a los/as que pedírselo. O lo tienes o lo compras. Y para comprar algo, volvemos al punto 1: hay que avisar con tiempo y disponer de un presupuesto anual para disfraces y complementos.

3) Además de las familias monoparentales y de padres/madres divorciadxs, otro tipo de familias bastante ninguneado son las familias numerosas. La escuela supone una familia nuclear con un retoño, dos a lo sumo. Por tanto, da por supuesto que la capacidad de atención de las madres o padres hacia la tonelada de tarea escolar que mandan a sus estudiantes está focalizada en un máximo de 2 niños/as. Craso error. El trabajo aumenta exponencialmente con el número de hijxs. Y además, si alguno de ellos es un bebé, compatibilizar el apoyo a las tareas escolares y el amamantamiento y atención al pequeño o pequeña es una tarea de locos que la escuela no tiene en su imaginario.

4) Si además de familia monoparental y numerosa, resulta que eres madre trabajadora, apaga y vámonos. Instrucciones como “lavar la ropa del disfraz para volver a llevarlo mañana” o la de “llevar un plato típico de un país X” me dan risa y llanto a la vez. Ya no te digo tareas tales como “hacer una maqueta de una ciudad con material reciclado”. Esta última es de las mejores. Suponen que yo guardo los cartones de leche a la espera de que a la niña o al niño le vayan a mandar una tarea escolar, y que me puedo sentar toda una tarde entera, desatendiendo al resto de la familia y de las tareas cotidianas para hacer una obra de ingeniería.

5) Por último, y no menos importante, quisiera mencionar la persistencia de la escuela por asignarnos a las madres tareas de cocina y costura. Yo, que no sé ni coser ni cocinar, he tenido que ir esquivando durante años estas tareas que me imponían de manera persistente. Con los años he de reconocer que esta exigencia ha ido disminuyendo, pero hubo una época que me tuve que comprar una máquina de coser y aprender a mal usarla para que mis hijxs pudiesen participar en el desfile de carnaval que la ciudad organizaba para los colegios. Era un mes intenso de costura que tenía que compaginar con mi trabajo y el cuidado de mis pequeños, sin tener, como la mayoría de las madres con las que compartía tarea, conocimientos de costura y familiares con tiempo y con estupendísimas máquinas de coser industriales (vivo en una ciudad de tradición de talleres de costura).  Tardé en darme cuenta del absurdo, pero hasta entonces la costura me aportó semanas de angustia persistentes. No me malentendáis: me gustaría colaborar con la escuela, pero la escuela solo me pide hacer cosas que no sé hacer ni quiero aprender. Podría ir el día de los oficios a contarles que soy investigadora, organizar un taller de escritura o montar un cuenta cuentos o una escuela de madres y padres. Pero nunca se interesaron por esos talentos extraños para una mujer/madre de familia.

En conclusión, sería importante que la escuela tomase en serio eso de la atención individualizada. Su ideario de familia se corresponde cada vez menos con las múltiples situaciones que se pueden encontrar en la vida real. Además, debería dejar de atribuir características supuestas a las familias diversas: estas familias no son problemáticas de fábrica y merecen su atención y su respeto. Ya estoy un poco harta de escuchar las inferencias desinformadas que hacen sobre lxs hijxs de padres y madres separadas. Hagan su trabajo: descubrir los talentos y las necesidades educativas de sus estudiantes observando su realidad, y no imponiéndoles una realidad imaginaria y normativa que elimina la diversidad o la patologiza. 

1 Response

  1. En mi cole son tan finos que el disfraz para las actuaciones escolares se encarga a una modista y tú lo pagas jajaja no se andan con chiquitas. Ya dan ellos por hecho que los padres no van a tener tiempo de hacer nada, guiándose por el dato de que ningún año se logra la jornada continua porque los padres alegan que con las tardes libres no sabrían qué hacer con su hijo (aquí no añado a ciertas madres, que este año se quejaron de que serían muchas horas con el niño en casa. En fin…).

    Besos

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