#ElrincóndeCarlota2: La vida de los elfos (Muriel Barbery)

Después de una larga espera tras su éxito con La elegancia del erizo, una exquisita obra de realismo mágico francés, Muriel Barbery nos sorprende con La vida de los elfos, en la que se sumerge definitivamente en la magia y la ficción y recrea la historia de dos niñas que tienen como misión salvar dos mundos.

Nos encontramos ante una historia que quiere ser mítica y crear un mundo al estilo Tolkien. Pero además, tiene aspiraciones de generar una narración que sustente los sueños de la humanidad. Porque la humanidad vive de historias y la narración que la ha sostenido durante más de 2000 años está desgastada ya. Como dice Petrus, uno de los personajes secundarios más importantes de la novela, “Hay dos momentos en que todo es posible en esta vida: cuando bebemos y cuando inventamos historias.”

En este cuento las protagonistas son dos niñas, María y Clara. No os voy a contar nada de ellas, porque su historia se irá desentrañando poco a poco a lo largo del libro y su origen y sus vínculos son el gran misterio a desvelar. Ambas comparten protagonismo con la naturaleza. La autora se deleita describiendo parajes montañosos y aislados de la civilización en Francia y en Italia. Nos envuelve en la sensación de grandeza de las montañas bajo la lluvia, la nieve en el campo abierto, los vientos y la escarcha en la naturaleza cruda y descarnada. La autora emplea una riqueza explosiva de adjetivos que llenan de color, de sonidos y de sensaciones las imágenes que vamos creando a medida que leemos.

Quizás toda la moral que envuelve el libro esté un poco vista: somos un todo con la naturaleza y es el amor y las historias, las palabras, el arte y la música lo que da sentido a nuestras vidas. Pero lo que más me ha gustado de la historia es esa sensación de que la importancia de las personas no tiene nada que ver con la fama ni con las grandes obras. La importancia de cada persona reside en los dones que tenemos y con los que influimos, muchas veces de maneras que pasan desapercibidas, en la vida de los demás. Los personajes humanos del libro, lugareños y lugareñas de un recóndito pueblo en las montañas, gente ligada a la tierra y a sus bienes, poseen peculiaridades íntimas que les hacen únicos y que aportan elementos imprescindibles para la comunidad.

Otro tema importante del libro son las visiones que nos dan energía para realizar misiones importantes en nuestras secuencias vitales. La infancia, simbolizada como el lirio blanco, da la fuerza curativa a la anciana Eúgène, que disuelve sus antiguas penas y logra desatar sus dones en todo su esplendor. “La infancia es el sueño en el que se comprende lo que todavía no se sabe“.

Eso sí, una advertencia: el libro mantiene los roles de género como si fuesen emanados de la naturaleza. Las mujeres cobran su fuerza de su linaje, cocinan, recogen hierbas medicinales y se dedican a mantener a la tribu a salvo dentro de las cuatro paredes del territorio privado del hogar. Mientras, los hombres cazan y luchan, aman sin expresarlo demasiado y mantienen a la comunidad a base de autoridad, fuerza y nobleza.

No es un libro que enganche, pero está escrito con esquisitez. Si sabéis francés, seguro que disfrutaréis mucho más leyéndolo en versión original. La historia no es muy redonda, seguramente con la intención de sacar una segunda parte, siguiendo las modas de secuelas interminables de los libros fantásticos de los últimos tiempos. Si os gustan los elfos (y las elfas) es vuestro libro.

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