#Elrincondecarlota 1: Coraline (Neil Gaiman)

Y como lo prometido es deuda, aquí estoy con la primera entrada de El Rincón de Carlota, dedicada a la maravillosa novela de Neil Gaiman, Coraline. Mi hija tendría 10 años cuando le regalé la adaptación gráfica de la novela. Había ojeado las primeras páginas y me pareció que le podría resultar interesante. Y se lo pareció. Pero no me quería decir nada sobre lo que leía. Hasta que un día fui un poco más allá y me encontré con la otra madre, la de los botones en vez de ojos.

Me sentí muy culpable por haberle dado la novela sin revisarla, pero lo cierto es que Coraline se ha convertido, con el tiempo, en una de sus novelas fetiche y Neil Gaiman en uno de sus autores favoritos. Coraline es una novela corta de terror. La protagonista es una niña, y esto podría llevarnos a pensar que todo es inocente y tierno, pero nada más lejos de la realidad: Coraline se enfrenta a un ente diabólico que se alimenta del alma de los niños y niñas para seguir viviendo.

La comparación más fácil que podemos hacer es con Alicia en el País de las Maravillas, aunque, desde el principio, el autor nos deja claro que todo es real. Coraline no está soñando y se enfrenta, junto con un gato callejero, a los peligros del otro lado. Yo encuentro tambien parecidos con It (Stephen King) y ese ser viscoso y maléfico que se disfraza de payaso para atraer a los niños y comérselos, distorsionando la realidad y haciendo parecer que la trampa tenebrosa a la que se dirigen es un lugar de ensueño.

Hay dos cosas que me llaman mucho la atención de esa novela, y creo que están claramente relacionadas: las dos familias de Coraline (la del mundo real y la del mundo imaginario) y su relación con el concepto de maternidad que sustenta el autor entre líneas, por una parte,  y el problema de la identidad y el propio nombre, que recorre todo el libro, por otra.

Las dos familias de Coraline

Coraline se ha mudado con su familia a una vieja y extraña casa. Es una casa grande que está dividida en varios apartamentos. En el de abajo viven dos mujeres mayores, la señorita Spink y la señorita Forcible, antiguas cabareteras. En el piso de arriba vive un señor mayor que tiene unos ratones como mascota y del que no sabremos el nombre hasta el final del libro.

La madre y el padre de Coraline trabajan en casa. Están los dos muy ocupados para atender a su hija y la echan de su lado con desgana para seguir con sus tareas sin interrupción. Pero Coraline está especialmente enfadada por la desatención de su madre. Ésta ha delegado la tarea de cocinar en su padre, que hace unos mejunjes asquerosos con ese tipo de verduras que los niños siempre rechazan. Coraline pasa el día vagabundeando por los alrededores de la casa, pero un día lluvioso tiene que quedarse encerrada y aburrida, y es entonces cuando encuentra la puerta que conduce al otro lado.

La puerta le lleva a un mundo en el que hay otra familia, otra madre y otro padre que reciben a Coraline con los brazos abiertos, con un amor desmedido y con una suculenta cena. Pero Coraline no ve claro todo aquello. Esa solícita madre no le parece trigo limpio. En esta confrontación entre la madre verdadera, descuidada y desganada en el trato con Coraline y esa otra madre, una mala copia de la madre real con botones negros por ojos, uñas rojas y piel blanca que se deshace por tener a Coraline entre sus brazos y le dice constantemente que la quiere, el autor parece querer decirnos algo. Quizás nos esté enfrentando a un debate sobre la maternidad real frente al deseo de poseer el alma de los niños, de darles amor y atención para alimentar el mundo irreal que hemos construido y que se desmoronará cuando empezamos a movernos en ese mundo, a vivir en el. Para vivir una maternidad perfecta, primero hay que secuestrar y encarcelar a los verdaderos padres. Pero entonces son las propias niñas y niños las que huyen de ese afán de posesión y luchan con todas sus fuerzas para huir de ahí. ¿Una oda contra la sobreprotección? Quizás.

– ¿Para qué me quiere esa mujer? ¿Por qué desea que me quede con ella?
– Supongo que quiere amar algo, algo que no sea ella misma. Es como si le apeteciese comer. Es difícil saber lo que sienten las criaturas así.

También es curioso el papel del otro padre: éste no es más que un fantoche construido por la otra madre para formar parte de la escena familiar. Solo está ahí al servicio de la perversa criatura para conseguir que ésta atrape y devore el alma de Coraline. El padre real no es que tenga mucha presencia, pero es una persona real, con entidad propia y muy querida por la niña.

En el otro mundo, en las garras de la otra madre, Coraline está en peligro y podría perder su alma y… olvidar su nombre.

La importancia del nombre 

Coraline se pasa durante todo el libro diciéndole a diferentes personajes que no se llama Caroline. Segura de sí misma, se reafirma cada vez que corrige a su interlocutor. Porque el nombre es algo muy importante para los humanos, que en realidad no sabemos quiénes somos. Pero los gatos tienen muy claro quienes son: por eso no necesitan un nombre.

– Perdóname, por favor. ¿Cómo te llamas? Mira, yo soy Coraline, ¿vale?

El gato bostezó cautelosa y prolongadamente, revelando al hacerlo una boca y una lengua de un asombroso color rosa.

– Los gatos no tenemos nombre.

– ¿No?- dudó Coraline.

– No- corroboró el gato-. Vosotros, las personas, tenéis nombre porque no sabéis quienes sois. Nosotros sabemos quiénes somos, por eso no necesitamos nombres.

Los humanos, alejados de nuestra propia naturaleza, necesitamos construir una identidad extraña, diferente, propia y única que nos da consistencia pero que es frágil y se nos olvida cuando se destruye ese dibujo que hemos ido maquinando desde el principio de nuestras vidas. En la novela de Gaiman, las personas adultas son cada vez menos conscientes de su naturaleza. Coraline, como niña que es, todavía conserva parte de su conciencia, lo que la permite seguir adelante, a pesar de lo terrorífico de su situación.

No quiero destriparos más el libro. Si os animáis a leerlo, espero que disfrutéis tanto como yo. Y si se lo recomendáis a vuestras criaturas, aseguraos antes de que puedan asimilar todo el horror que se esconde en esta obra.

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