El WhatsApp del cole: El terror de las maestras

Cuando el WhatsApp llegó a nuestras vidas, cambió nuestras prácticas. Como cualquier otra tecnología, se introdujo en nuestra cultura interactiva y ofreció nuevas posibilidades a nuestras comunicaciones. En el caso de la vida escolar, nos ofreció la posibilidad de hablar entre nosotras/os, las madres y los padres, sin las prisas que son habituales en nuestros breves encuentros a la entrada y salida del colegio. 

Pasó un curso usando el WhatsApp, y al curso siguiente, en la reunión inicial del colegio de mi hijo, la directora introdujo en su discurso una perorata en contra de los grupos de WhatsApp de madres y padres. Ya otros cursos se había quejado de que las madres hablábamos en la puerta del colegio y difundíamos rumores y críticas infundadas sobre el centro. Pero ahora, directamente, nos estaba instando a no usar el WhatsApp. Me sentí como una niña pequeña a la que están echando una reprimenda por hacer algo prohibido y a la que están limitando las formas de comunicación con el mundo. 

Las madres somos ciudadanas libres, mayores de edad, con libertad de expresión y de reunión. Las críticas atroces que están recibiendo los grupos de WhatsApp de madres no responden a otra cosa que al miedo de los centros educativos a que haya unión entre las familias y se empiecen a denunciar las malas praxis de manera colectiva. Por lo demás, los grupos de WhatsApp del cole no son diferentes a los grupos de amigotes, familiares, antiguos alumnos, etc. Hay gran diversidad entre ellos y las dinámicas que se generan pueden ser múltiples, desde los grupos que no hacen más que compartir cadenas de niños secuestrados como los que están abonados a los vídeos humorísticos de caídas o al negro del WhatsApp. Pero son grupos de personas adultas y nadie externo tiene derecho a venir a fiscalizarlos o a pedir que no se hable de X o de Y. 

Por lo demás, personalmente no espero nada de los grupos de WhatsApp del colegio. Mi hijo rara vez tiene dudas sobre lo que hay que hacer de deberes y si tengo algo que decirle al centro o a la tutora voy personalmente a hablar con la persona en cuestión. Siempre me ha molestado la gente que se queja en la puerta del colegio porque la tutora hace esto o lo otro y espera que sea otra la que se caldee y suba a hablar con la directora. Mientras, su hijo o hija está sufriendo las consecuencias de su falta de responsabilidad, y tenemos que ser otras las que le saquemos las castañas del fuego. 

Los grupos de WhatsApp sirven para lo que sirven, pero lo que es claramente sintomático es el revuelo que han montado los maestros y profesores para desacreditarlos. Si tanto les molesta que las familias les critiquen, deberían mirarse un poco a sí mismos y a sí mismas y recordar cuando hablan de la vida privada de una familia en público, critican el aspecto de una madre o cotillean sobre la separación de los padres de uno de sus alumnos. El respeto no es unidireccional, y si se pide respeto, hay que estar dispuesto a ofrecer lo mismo a cambio. 

2 Responses

  1. Soy directora de un colegio y comparto totalmente tu opinión. Las madres, los padres, como cualquier adulto, tienen derecho a decir lo que piensan donde quieran, a quienes quieran y como quieran.
    Los grupos de whatsapp no cambian nada sustancial en esa comunicación, si bien, como apuntas, la inmediatez, la comodidad, los tiempos varían.
    Cualquier comentario fuera de contexto puede dañar, pero de eso no es whatsapp culpable. Los rumores en lugar del diálogo abierto enturbian las relaciones, las de la comunidad docente y las de cualquier comunidad.
    Como directora instó a las familias a que comuniquen sus dudas, sus problemas, sus quejas. A que compartamos todo aquello que favorece el crecimiento de nuestras criaturas, suyas y nuestras.
    Como directora atiendo siempre a las familias e intentó resolver, ayudar, acompañar. No siempre lo consigo.
    Los comentarios sobre los maestros y maestras, por parte de los padres y madres, así como sobre las familias, por parte de maestros y maestras, son normales, entran dentro de nuestra esencia como personas. La maledicencia, la ofensa, la calumnia, por parte de uno se otros es otra cosa y, de eso, ni whatsapp ni el patio son culpables. Solo nuestra ética, nuestra integridad pone límites a nuestras palabras y las define.
    No me asustan los grupos de whatsapp, ni ahora como directora ni los años anteriores, y ya son muchos, como tutora. Me asusta la falta de comunicación y de empatía de unos hacia otros porque, en esta labor, no se puede ir por libre.
    Como siempre, un placer leerte.

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