El perdón es una cuestión de género

La filmografía occidental está llena de historias en las que alguien que ha sido gravemente maltratado, abusado u ofendido en su infancia o adolescencia, cuando llega a la edad adulta se convierte en un peligroso y sangriento asesino en serie. Eso sucede normalmente en el caso de los hombres. Es, según el imaginario serie B, su forma de sublimar las heridas. Sin embargo, aunque últimamente van apareciendo antiheroinas que se cobran la venganza por su triste infancia, la respuesta femenina a estas afrentas suele ser la locura, la enajenación, la depresión y la histeria. 

Es en este contexto en el que aparece el discurso del perdón. Este discurso, aunque no lleve inscrita de manera explícita una marca de género, va dirigido normalmente a las mujeres. Esto no quiere decir que a todas las mujeres y a ningún hombre se le sugiera que es mejor perdonar para sanar las heridas, no nos vamos a poner #notallmen #notallwomen, sino que hay un sesgo culturál que funciona insistiendo de forma persistente a las mujeres que deben sanar sus heridas perdonando. 

Quizás esto sea porque ellas son las ofendidas con mayor frecuencia. Y también porque no nos interesan las mujeres rencorosas, enfadadas y vengativas. Tengamos en cuenta que en las mujeres recae el peso de los cuidados. Nos interesa que las mujeres hagan piña con la familia y no la abandonen por un quítame ahí estas pajas. Da lo mismo lo que haya pasado en tu infancia y tu adolescencia: una buena hija perdona y contribuye a los cuidados familiares. 

Si ponéis en google la palabra “perdón” encontraréis cientos de artículos intentando convencernos de las necesidades de afrontar este proceso. Nos cuentan lo bueno que será para nosotras, lo liberador, lo sanador. Pero yo me pregunto si es el perdón lo que sana realmente. Perdonar implica dejar de sentir la necesidad de tomarse la revancha. ¿Pero implica también volver a los roles iniciales de madre-hija-esposa-hermana-nieta con respecto a tus ofensores/as? ¿Quiere decir que, una vez que has perdonado, todo vuelve a ser como el principio? Oh, espera. Si es que el principio es el estado en el que la víctima fue ofendida y maltratada. ¿Quiere decir que la persona que perdona tiene que volver a exponerse?

El proceso de perdón tal y como la sociedad lo entiende es problemático y contradictorio a este respecto. No podemos pedir a la gente que haga borrón y cuenta nueva y hacerles creer que, desde ese momento todo será idílico y habrá paz y salud en su vida. El perdón es un proceso inscrito en una red de relaciones interpersonales, e implica, por tanto, hacer cosas y dejar de hacer otras. Importa menos que perdones o no a una amiga que te ha despreciado y difamado a que perdones a tu madre o a tu hermano. Digamos que a la amiga la puedes perdonar y no volver a verla nunca más, pero a tu familia vas a tenerla siempre ahí, a no ser que haya una dolorosa ruptura. Y esta ruptura está muy mal vista socialmente y es un tabú que aparece hasta en los 10 mandamientos: “Honrarás a tu padre y a tu madre”

El perdonar, por tanto, significa, además de un proceso psicológico, un cambio en las acciones. Y este cambio en las acciones te pueden volver a situar en la misma posición en la que estabas previamente: una situación de desventaja en la que la persona ofendida deja sus deseos de revancha pero en la que no se dice nada de los sentimientos del ofensor. Nunca se habla de la necesidad de arrepentimiento para que haya perdón, excepto en los confesionarios. 

Quizás deberíamos alejarnos del concepto judeocristiano del perdón y hablar de una transformación interna que implica el vaciarnos de la ira y el rencor hacia la persona que nos ofendió pero no el deber de resituar a esta persona en nuestra red de relaciones sociales. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que esta redefinición del perdón no contribuye al mantenimiento del orden social. La víctima se libera del daño infringido, pero deja de ser un eslabón en el sistema viciado de la familia en la que sufrió. Aquí, miles de voces presionarán por el perdón tradicional y la vuelta al nucleo para ocuparse de su parte de cuidados y hacerse cargo de la herencia. 

Deja un comentario