El pensamiento crítico en nuestro sistema educativo 

No, este no es un post sobre si nuestro sistema educativo fomenta o no el pensamiento crítico de los estudiantes. Es evidente que, en términos generales, no lo hace. ¿Cómo lo va a hacer, si se transmite el conocimiento como si fuese la verdad absoluta, sin posibilidades de cuestionamiento? Pero ¿quiere decir esto que nadie que esté sometido a nuestro sistema educativo (prácticamente todo el mundo) tiene pensamiento crítico? ¡No, por favor! A pesar de nuestro pésimo sistema educativo, hay gente que aprende a pensar. Podrían ser más personas, pero afortunadamente no todo el mundo se queda enganchado en la barbarie acumulativa que nos proponen en las aulas

El otro día leía por enésima vez ese estúpido argumento de, si no te han enseñado a pensar críticamente en la escuela, ¿cómo es que criticas el sistema educativo? ¿En serio que creéis que nuestra capacidad de criticar al sistema educativo viene del propio sistema educativo? Años tuvieron que pasar para darme cuenta de la escasa calidad de lo que me habían enseñado. Pura bazofia. No sabía música, ni matemáticas, ni filosofía, ni tenía nociones del método científico. Todo lo interesante que pasó en mi cabeza ocurrió FUERA del sistema educativo. 

Es una pena, pero mucha gente se queda por el camino sin encontrar su filón, aquella actividad que les llena, que se les da bien, con la que disfrutan. Hay gente que sigue pensando que aprender es sufrir y memorizar. Que siguen creyendo que hay que pasarlo mal para aprender. No, mira: aprender es placer, aunque haya esfuerzo. Te lo voy a explicar, te lo voy a dar masticadito para que lo entiendas. El esfuerzo no implica sufrimiento necesariamente. El esfuerzo que realiza un esclavo es un esfuerzo vacío. Si un niño es obligado a aprender de memoria todos los ríos, lagos, cabos, picos y cordilleras de un continente, sin  darle un sentido a ese esfuerzo, pues mira, eso es sufrimiento. Y ese aprendizaje, si se puede llamar así, es poco duradero.  Pero si ese mismo niño se esfuerza por aprender las características geográficas de un lugar que van a visitar con el colegio y por usar el mapa de ese lugar para orientarse mientras pasea por él, las cosas cambian bastante. El aprendizaje  tiene una finalidad, un fruto. El placer del aprendizaje surge en el imaginar lo que se puede hacer con esos nuevos contenidos y competencias. Y se sigue aprendiendo cuando estos contenidos se aplican a situaciones reales o se puede hacer cosas interesantes con ellos.

En definitiva, sin no consideramos que el aprendizaje nos va a deparar algún tipo de placer, aunque sea más adelante, es difícil conseguir que alguien se esfuerce. Sin una meta que valoremos, que persigamos, no hay esfuerzo. Sin motivación, es muy difícil conseguir que alguien aprenda. Esforzarse, por otra parte, no implica necesariamente sufrimiento, no exageremos.  El propio esfuerzo puede implicar placer. El buscar una solución, indagar, investigar, buscar información, leer, escribir, pensar y reflexionar conducen al aprendizaje, suponen esfuerzo y son todas actividades que pueden llegar a ser muy placenteras. Pero claro, si por aprender entendemos memorizar y lo que se suele denominar como “machacar”, evidentemente el aprendizaje está vinculado al sufrimiento y a la falta de significado, además de no ser perdurable. 

En fin, que está claro que entendemos cosas muy distintas por aprendizaje y por esfuerzo. El aprendizaje es perdurable y útil. Pobre del que no haya experimentado placer en un proceso de aprendizaje: no sabe lo que se pierde, la verdad. 

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