EL NARRADOR AUSENTE

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Ni estás, ni estuviste ni estarás. Narrador ausente, que se permite juzgar lo que no supo evitar. Que se permite hablar de otros sin hablar de sí mismo. Que es juez despiadado con los demás e indulgente consigo mismo.

Siempre estuviste ausente, en el pozo profundo de tu rigidez. Si hablasen las paredes, podrían corroborar mi sensación de frialdad, desapego, reproche y amargura. Y a pesar de todo, daba lo que tenía, que era muy poco. Mis fantasmas se desataron como un torbellino y no pude controlar mi violencia. Pero tampoco mi amor desmedido. Di calor y apoyo intenso. Sobrevivimos a pesar de tu indiferencia.

El que hace siempre es peor juzgado que el que no hace, se queda impasible y actúa como un mártir. Siempre he sentido un profundo rechazo por los mártires. En vez de luchar por su vida se dejan abrir en canal. La postura de mártir es la ideal para no tener la culpa nunca de nada.

Salí de un pozo profundo y vi la luz. Los fantasmas volvieron de vez en cuando, pero aprendí a echarlos a tiempo. Recuperé la cordura, recuperé la autoestima, recuperé la capacidad de amar. Recuperé mi identidad.

Solo espero que, en tu lejanía eterna, recuperes algún día la luz y dejes de ser un narrador ausente. Que dejes de hablar de los demás y empieces a hablar de ti.


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