El himen de Leticia

Leticia

Creo que Leticia Sabater no requiere presentación. Esta mujer, que pobló las pantallas de TV en los programas infantiles hace décadas, ha tomado la decisión no solo de reconstruirse el himen y perder su no-virginidad, sino que además de difundirlo por las redes sociales. Twitter es un clamor. Facebook se llena de comentarios sobre el asunto en cuanto publicas algo al respecto. Hay un antes y un después desde que Leticia comunicó que se había reconstruido el himen. 

Pero bajo el clamor de risas y coñas (lógicas) sobre el evento, quizás sea interesante hacer una reflexión seria sobre el asunto. Leticia se ha reconstruido el himen. Ya solo esta simple afirmación tiene su aquel. A saber dónde estaban los restos del hipotético himen original de Leticia. Porque el hecho de reconstruir implica que se construye a partir de unos restos. Y esto, permitidme que os lo diga, es imposible. No me voy a molestar en indagar sobre los entresijos de la operación en cuestión, pero apuesto a que la telilla que se hace llamar himen tras esa intervención es cualquier cosa menos un himen. 

Por tanto, lo que aquí importa sobre todas las cosas es el concepto de himen. El himen como símbolo que reviste a la persona que lo porta. El himen como objeto que, al romperse, nos deja vulnerables a la penetración, nos cambia de estatus. La ruptura del himen implica, de una forma u otra, una pérdida de valor: el que consigue romper un himen posee por siempre el alma de esa mujer y se convierte en el depositario del derecho a penetrar y usar el vientre femenino como receptor de su descendencia. 

La ruptura de un himen supone, en las culturas tradicionales, pérdida de la propia esencia. La mujer deja de pertenecerse a sí misma (o a su padre), para pasar a pertenecer a su marido. En la cultura occidental, este proceso ha perdido su dogmatismo, y solo queda reflejado en las ceremonias matrimoniales por el velo de la novia y el vestido blanco, que se siguen usando de manera puramente estética. Sin embargo, la pérdida del himen es uno de nuestros hitos de paso no escritos que más presente está durante la adolescencia. Mamá, ya no soy virgen. Seguramente muy pocas adolescentes escojan este formulismo para anunciar su nuevo “estatus” que supone “no ser” o “dejar de ser”. Y tras esta especie de confesión, cae una nueva mirada sobre esa mujer. Ya no es lo que era. Ya no es esa joya que hay que proteger. Ya puede ser usada sin cuidado. Ya se la puede culpar de no protegerse, de vestirse como una zorra, de provocar, de mirar con descaro. 

Las mujeres nos tenemos, de alguna forma, que liberar del poder el himen para volver a respetarnos y a pedir respeto. Una mujer que se precie como liberada del himen, lo debe ser desde el momento mismo del nacimiento. Dejar de suponer himen a las personas asignadas como mujer al nacer  sería un gran paso adelante en nuestro empoderamiento y afectaría a todo el conjunto de la sociedad. Todas las personas se verían liberadas del poder del himen y muchos actos violentos hacia niñas y mujeres perderían su valor simbólico e incluso podríamos empezar a trabajar para su completa desaparición. 

Con todo esto, vuelvo a la reconstrucción del himen de Leticia. Una mujer sin himen pierde su estatus. Los hímenes se han reconstruido durante siglos para sortear y evadir el castigo que supone su ruptura no autorizada. Una vez reconstruido, la mujer sigue manteniendo su valor simbólico como mercancía de intercambio. Por otra parte, a la facción masculina siempre se le ha supuesto una compulsión malsana a romper hímenes que no les pertenecen. El desvirgar a alguien es una prebenda de gran valor en este mundo “imaginario” del que estamos hablando. ¿Qué busca una mujer como Leticia con la reconstrucción del himen? Si es verdad que lo ha hecho (cosa que no podemos comprobar a ciencia cierta, o yo al menos no) el hecho tendría una parte interna y subjetiva y una parte externa y de espectáculo. 

En la parte interna y subjetiva, todas y todos podemos suponer que Leticia le da mucha importancia a su aspecto juvenil y su promoción como objeto sexual. Aunque sus actuaciones, vídeos y presentaciones públicas desaten la mofa generalizada, esto no quiere decir que su visión de sí misma sea la que todas y todos los demás tenemos de ella. La reconstrucción del himen la pone, de forma simbólica, de nuevo en circulación. Le rejuvenece, le dota de un valor que perdió hace mucho tiempo. Es un proceso de dignificación y de resimbolización de su cuerpo, si me lo permitís. Es el culmen de una serie de transformaciones corporales técnicas que culminan con la vuelta atrás definitiva: la reconstrucción del símbolo de la pureza original. No hay patas de gallo que se resistan a un himen reconstruido. 

En la parte externa y de espectáculo, a ver, Leticia se va a pagar la operación y va a difundir la existencia y la posibilidad de la misma entre todas las mujeres interesadas en ese proceso de resimbolización. Por tanto, además de hacernos mucha gracia, sus tonterías en el twitter llegan a los subconscientes de mujeres vulnerables, sin autoestima, que no se sienten amadas y que quizás piensen en un momento dado que la reconstrucción del himen puede ser una solución a sus problemas. 

Así, a lo tonto, ya tenemos en la arena pública, y en primera línea, una operación de cirugía estética que reconstruye nuestra esencia y nos devuelve el tesoro perdido. Perverso. Es un ejemplo bestial de lo que B.P. llama farmacopornoterrorismo. 

5 Responses

  1. Para mi la noticia tiene su lado coña y su lado serio.. En esta vida creo que hay que aprender a reírse de todo, incluso de uno mismo (cosa que a mi conmigo misma muchas veces me cuesta) Yo la verdad es que jamás pagaría por hacerme algo así.. Creo que tener que hacerse una operación de esta envergadura, para sentirse valorada, es vergonzoso. Al igual que ponerse tetas, culo, labios carnosos, ect. Otra historia es que lo haya echo por sentirse bien consigo misma.. Aunque creo que el sentirse bien, y sentirse valorada por los demás entra en conflicto.. Pero bueno.. cada uno es libre de hacer con su cuerpo y su dinero lo que mejor le parezca.. Y a quien no le guste con no mirar tiene suficiente.. Y a Leticia esto le va a resultar fácil, ya que pocas personas le van a ver su reconstrucción.. jaja

    1. Jajajaja, bueno, eso asegura que le dure mucho tiempo, que su dinero le debe haber costado. Ahora, te digo una cosa: cuando ofrezca su virginidad… nos vamos a enterar seguro.

  2. Al margen de tus reflexiones, mi natural disposición a la simplicidad voluntaria propia de mis ideas decrecentistas, me llevan a dos conclusiones:
    1ª.- Esta tía es imbécil hasta para ser imbécil (Del lat. imbecillis, adj. alelado, escaso de razón).
    2ª.- En la próxima operación que se reconstruya los acentos. No pone ni uno.

  3. Perdí mi virginidad de muy niña por abuso sexual de mi padre…me ha costado mucha terapia remontar eso y debo reconocer que nunca me detuve a pensar en mi himen y menos en mi virginidad. He trabajado en mi autoestima y en recuperar mi feminidad y la verdad que me has hecho pensar en, que tan valido o importante seria para mi (que ya hasta soy madre) tener algún tipo de reivindicación de mi derecho a decidir como, cuando y donde inicio mi vida sexual. Pero de ninguna manera se me ocurre usar una cirugía ni hacerlo público y volverlo un show mediático…eso me parece vanidad y más bien exageración. También creo que estamos en un momento socialmente en el que al parecer hablar y mostrar lo mas íntimo es lo que mas raiting esta dando. No lo comparto pero le funciona por que aquí nos tiene hablando de ella. Saludo Killer Mother siempre te leo.

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