El divorcio y los expertos

Ya sabéis lo que opino de los expertos. En el post La familia infantilizada hablaba de las imposiciones que hace la escuela sobre la familia, pretendiendo adoptar su papel en la educación de las niñas y los niños e invadir su espacio con la tareas escolares. Aquí voy a hablar de los procesos de divorcio y de la fe ciega que algunas personas tienen en que estos procesos van a ser resueltos si unos expertos asesoran al juez para que tome decisiones por la familia con hijas/os que se desintegra.

Lo cierto es que, si la pareja fuese capaz de mirar por el bien del niño o de la niña, buscaría la manera de alcanzar un acuerdo de divorcio sin aspavientos, peleas y juicios interminables. Cualquier divorcio supone sacrificios: todo el equilibrio cotidiano, todos los hábitos, la economía, las costumbres y el entorno social se ven alterados. Deberíamos encontrar soluciones que fuesen adecuadas para los pequeños y que no nos dejasen a los adultos en estado de indigencia o de inestabilidad, que no perpetuasen el conflicto. Las niñas y los niños no son entes aislados para los que se pueda buscar el bienestar independientemente del bienestar de las personas que les rodean. Por eso, y teniendo en cuenta que las circunstancias de cada familia son muy diversas, las soluciones se deben encontrar en el seno de la misma familia y teniendo en cuenta los recursos de los que dispone.

Por otra parte, creo que la figura de un juez absoluto que dictamina objetivamente y encuentra la solución más justa, sinceramente, no existe. Creer en la existencia de una objetividad y una verdad absoluta a estas alturas es ser bastante ingenua. Todas las decisiones que se toman en un juzgado, igual que las que se toman en la vida “real”, están impregnadas de ideología. Y como tengas la mala suerte de que te toque un juez que no tenga la misma ideología que tú, estamos listos. Jueces que alegan SAP para quitar la custodia a madres y dársela a padres, jueces que tienen asesores amigos de supernanny, jueces que son más de las teorías de Carlos González, jueces piagetianos, jueces vygotskianos. Lo cierto es que, quitando lo del SAP, que no puede ser considerado como algo científico y no está reconocido en el DSM (hasta que a alguien le de por introducirlo), sobre todas las demás “verdades” puedes encontrar expertos que te digan cosas radicalmente opuestas sobre la crianza de un niño/a sin que se les mueva una pestaña.

Pero lo cierto es que los únicos expertos en la familia que se está desintegrando es la familia que se está desintegrando. Y me temo que los jueces sólo la conocen a través de los informes de los peritos, y dictaminan sin profundizar mucho en los detalles y a partir, fundamentalmente, de la ideología de los expertos que les asesoran.

La última disputa es custodia compartida sí, custodia compartida no. No creo que esa sea una disputa que se pueda establecer en el vacío empírico. Imponer una custodia compartida o cualquier otro tipo de custodia sin considerar las consecuencias que va a tener en la familia es un despropósito. Yo impongo mi ideología y allá vosotros dos y vuestras hijas con las consecuencias. Habrá familias a las que le vaya estupendo con la custodia compartida, pero otras no tienen ni las posibilidades económicas ni psicológicas de sostenerla.

Y luego está el tema de la lactancia. Desde mi punto de vista, es de sentido común que si una pareja se separa teniendo un bebé lactante, no va en beneficio del bebé el destetarle para que su padre “ejerza su derecho a la paternidad“. Pero mi punto de vista no es el que mantienen todas las personas, y mucho menos el que mantienen todos los expertos. De hecho, ¿no conocéis pediatras que os animan a usar leche de fórmula y a introducir los cereales y la fruta a los 4 meses? Aquí estamos otra vez en una situación en la que dependemos de la suerte. ¿Daremos con un Carlos González o con un Estivill en la separación?

En conclusión, es todo muy difícil. No estamos formados para la resolución pacífica de conflictos, para ceder una parte y obtener un beneficio a cambio, para manejar el dolor, el orgullo, los celos, el odio y superarlos pensando en un proyecto de vida (teniendo sólo en cuenta los casos en los que se supone cierta coherencia y sentido común a las personas que se separan). Y esto nos aboca a dejar nuestros conflictos en manos de expertos y de jueces que no saben nada de nuestra vida y que tomarán sus decisiones en función de su ideología. La solución no es a corto plazo e implica un trabajo educativo profundo en relaciones de pareja, su significado y su caducidad, así como en las cosas que implica tener un hijo/a con una persona determinada. Pero creo que deberíamos ir pensando en el papel de la justicia en nuestras vidas como pareja, madres y padres.

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