El Black Friday


Andaba yo ayer husmeando por el Facebook y observé que había una división clara entre los detractores del Black Friday y las vehementes defensoras de esta fecha tan señalada. Ya ves… ayer que era 25 de noviembre, día de denuncia en contra de la violencia machista, el Black Friday se imponía como tema de debate. Nunca hubiese pensado que un día de descuentos (o rebajas, como se ha llamado de toda la vida) pudiese levantar tanta polvareda. La verdad es que me la trae un poco al pairo, aunque como tema de reflexión sociológica me parece muy interesante.

Yo, que soy perezosa por naturaleza para esas cosas de las compras, paso por el Black Friday sin pena ni gloria. Porque, por una parte, me da pereza ponerme a pensar en qué necesito y qué me compraría que cupiese en una casa ya de por sí llena de trastos. ¿Una secadora quizás? ¿Y dónde la meto? Descartado. Por otra parte, irme a comprar al tun tun, después de haberme convencido de que el consumismo es el mal y el dinero que gano con esfuerzo mejor reservarlo para lo necesario, pues no mira. Paso de encontrarme en casa con objetos inútiles que pueblan mis estanterías y se llenan de polvo. Tengo libros, electrodomésticos, de cepillos ando sobrada, dispositivos no me faltan y la tostadora sigue funcionando. 

En cuanto a las ofertas de cursos on-line, webinares y toda la pesca, pues en este momento ando bien de conocimientos y reflexiones propias. Además, estoy haciendo un MOOC que me sale gratis en Miriadax y no tengo que andar agitando pompones ni nada de eso. Lo que sí que pagaría con gusto es un intensivo de Yoga, a ver si se me van las contracturas del cuello, pero por lo demás, aprender me sale gratis, no tengo que buscar gangas en el Black Friday. Esto no quiere decir que a otras personas les vengan de perlas los cursos ofertados y puedan beneficiarse de tan suculentas rebajas. 

Me voy a poner seria un momento para decir que me da mucha pena la locura que se desata en las calles con este tipo de fenómenos. No es que me parezca mal que la gente compre o venda. Es tontería. Lo que me entristece es cómo la compra desatada de objetos llena los huecos de nuestra vida. No soy autosuficiente (más quisiera), pero me gustaría serlo. El proceso es difícil, lento, costoso. Ya se ha ocupado esta sociedad nuestra de tenernos bien atados temporal y físicamente. Pero de ahí a abandonarme al consumo desatado que suponen este tipo de eventos va un trecho. 

Ahora llega la Navidad, y me da muchísima pereza. Por no comprar, no he comprado ni lotería. No entiendo esos llenos en las tiendas y esas compras anticipadas. Quizás es que yo sea muy rancia, pero me parece estúpido comprar toneladas de comida para tirar la cuarta parte a la basura mientras intentas cebar a los comensales de una manera desmedida. ¿Y los adornos navideños? Pues tengo el mismo árbol prefabricado con las mismas bolas y los mismos adornos desde hace casi 10 años. Qué horror ¿verdad?

Eso sí, en mi casa no falta la sidra en Navidad (Ah, ¿que mejor el cava? Puffff)

2 Responses

  1. Buena reflexión 🙂
    En realidad para aprovechar bien estas rebajas y todas hay que ser una buena planificadora de tu economía, conocer tus necesidades y tener el temple de esperar a hacer la compra en el momento justo.
    Creo que muy poca gente se organiza a este nivel…
    Por cierto, si lo del intensivo de yoga va en serio vendo un programa online buenísimo que… jajajajaja
    Bueno, va en serio, te regalo esta clase https://youtu.be/goApa6SlkE8
    Me encanta leerte… besos

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