El arte y la escuela

¿Arte? ¿Has dicho arte? El arte es la expresión libre de emociones, pensamientos, sentimientos, intuiciones, percepciones estéticas, emulación de situaciones imaginarias, invención de situaciones que reflejan problemas de la vida. Las pocas veces que esto se hace en la escuela, sale en los periódicos, porque debe ser muy difícil dar rienda suelta a la creatividad de niñas y niños.

En la escuela, el arte ni está ni se le espera. Comenzamos la educación infantil cumplimentando cientos de fichas, pegando palillos y lana en el papel, coloreando sin salirse de la figura, recitando de memoria poesías de autores desconocidos, etc. El corta, pega y colorea se convierte en la regla de oro de la formación “artística” en la escuela española, y de ahí pasamos al “aprende de memoria y reproduce con tonillo escolar” o el “lee esta birria de cuento adaptado y haz un resumen”.

Quiero detenerme especialmente en el tema del tonillo escolar. En la actualidad, hay muchos ejemplos de este problema, ya que YouTube está lleno de vídeos dirigidos por maestras/os en los que niñas y niños reproducen lo que les han dicho que tienen que decir. No estoy hablando de teatro, que ese es otro tema. Estoy hablando de reportajes en los que los niños y niñas presentan su colegio, por ejemplo. ¿Sabéis de qué hablo cuando digo lo del tonillo escolar? Es ese tonillo con el que hablas cuando estás reproduciendo frases de memoria. Esa cadencia, ese ritmo que comienza con cierto énfasis y tiene una duración aproximada de 12 palabras. Se me ponen los pelos de punta cada vez que lo oigo. También lo usan cuando hacen teatro, pero aquí añaden esos movimientos de las manos que alguien les ha dicho que tienen que hacer, de adentro a afuera, con las manos abiertas y los brazos primero semiflexionados y después extendidos.

Que no digo que haya que dar clases de interpretación en los colegios (o sí), pero sería importante enseñarles la diferencia entre una buena interpretación y una interpretación sobreactuada y recargada, una interpretación natural y otra recitada de memorieta. Apreciar el séptimo arte no es un tema baladí, y quizás así no tendríamos las salas de cine llenas de borregos que solo van a dar grititos y a hacerse los chulitos delante de sus novias, dejando todo perdido de palomitas y las marcas de sus pies en los asientos de delante.

¿Y qué me decís de esa obsesión de la escuela por la copia y el resumen? Los niños y niñas leen un libro maravilloso ¿y tienen que resumirlo? Esa es una actividad absolutamente artificial y restringida al entorno escolar. De los libros no se hacen resúmenes, en todo caso se hacen reseñas, un género publicable y socialmente reconocido. Escribir una reseña supone tomar una postura como lector/a sobre el libro que has leído. Supone ir más allá de la reproducción memorística de lo leído y da voz al lector. Los niños y las niñas tienen que aprender a tomar postura ante las producciones de su cultura, no a reproducirlas acríticamente.

Lo mismo ocurre con el arte pictórico: hay cientos de láminas de pintores famosos rulando por ahí para imprimir y que los niños y niñas las coloreen. Ya estamos de nuevo con las restricciones creativas. ¿Es tan difícil mostrar a los niños el arte, enseñarles a apreciarlo y darles materiales para que se expresen libremente y enseñarles a usarlos? Quizás el problema de base es que no toleramos la supuesta imperfección de sus obras, pero hemos de saber que ningún artista nació pintando las Meninas de una sentada. El arte es un proceso y las producciones son todas igualmente válidas. Lo importante del arte es la posibilidad de expresar cosas con distintos lenguajes y recursos, no acabar exponiendo en el MoMA, publicando en Anagrama o actuando en Brodway.

Dejemos de deforestar los bosques imprimiendo láminas para colorear, dejemos de torturar a las familias con esos festivales de fin de curso interminables, en los que niñas y niños hacen lo que les dice la maestra. Dejemos de imponer plantillas a sus mentes y dejémosles que se expresen y que aprecien con sus sentidos las expresiones de otras personas. Igual no llenamos los museos, pero los niños y niñas habrán andado un camino que, en la actualidad, se comienza a andar al salir del sistema.

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