¿Dónde está la tierra?

portal zone, another dimensionSé que este será el tipo de entrada que os hace pensar que he perdido el norte. Y es verdad. Pero no sólo lo he perdido yo. Mal de muchos, consuelo de tontos, dicen. Pero es que desde hace ya bastante tiempo (no es de ahora) siento que la tierra que está bajo nuestros pies se ha alejado y nos ha dejado suspendidos en una atmósfera irreal. 

Hablamos de ganar y perder de una manera tan superflua que me siento como en un tablero de ajedrez. No sé muy bien qué pieza soy, pero tengo claro que los movimientos no dependen de mi voluntad. Pierdo de vista los objetivos ante tanta información cruzada. No sé muy bien a dónde queremos llegar. El otro día vi una noticia por ahí que decía que se vendían aldeas abandonadas por un precio irrisorio y le envié el enlace a mi compañero de aventuras y desventuras. Así, sin más. Irse, volver a la tierra, desaparecer. Dejar de depender de un sistema que nos tiene cogidos de los pelos. Dejarnos de circunloquios complicados para seguir viviendo. 

Hubo un tiempo en que cualquier persona de la aldea era imprescindible. Cada cuál conocía su papel y lo desempeñaba sin escollos. Ahora todos somos prescindibles. Mueren miles de personas en lugares remotos y firmamos en Change.org para detener la masacre. Nos sentimos tristes y cansados y nos mandan una pastilla. Nos roban ingentes cantidades de dinero y salimos a la calle a gritar al aire. Tenemos hijos y nos dicen que no sabemos criarlos ni educarlos, desprecian el poder de nuestros cuerpos para alimentarlos y nos someten a prácticas violentas cuando les traemos al mundo. Y cuando se hacen mayores, la incertidumbre sobre su futuro dura décadas.

Vivimos en la sociedad del espectáculo, un espectáculo que está perdiendo su gracia. La verdad, no sé como acabar esta entrada. Esto no es un camino de ida y vuelta, pues partimos hace ya mucho tiempo y no sabemos a dónde nos dirigimos. No creo que la solución esté en unas elecciones. No creo que esto se solucionase aunque ganasen “los buenos”. Porque no es un problema político, es un problema humano. Y los problemas humanos son esos que se solucionan con cambios terrenales. Este en el que estamos metidos es de órdago, de glaciación, tormenta solar, tsunami, volcán y terremoto. Algo que sea capaz de destruir el yo y volver a colocar el nosotros en su lugar. 

Mi padre se reía cuando de pequeña le decía que el ser humano nunca debería haber salido de las cavernas. Ahora seguro que me tomaría en serio. 

6 Responses

  1. Llevo yo planteandome esto tiempo. Ha donde hemos llegado y en que condiciones. Humanos, esa especie que se ataca, destruye y automasacra, arrasando todo a su paso.
    Duro. Sí. Pero hasta cuándo?
    Ganas de escapar.

  2. Vaya , no se sí alegrarme de no ser la única que siente que esto sólo se solucionaría con un buen par de hostias (tu lo has llamado glaciación etc…) pero de verdad que creo que el ser humano necesita un buen rapapolvos para reubicar sus prioridades y necesidades sino duraremos ya muy poco.

    Triste no ver salidas… Hoy yo no las encuentro

  3. Sinceramente… nada que añadir. Comparto plenamente la emoción.
    Sólo una crítica: hoy no quería estar triste, coño, ya tenía mi bajón moderado con unas multas, cuotas impagadas, mi niña del hospital que se va a casa, la pancreatitis, los impagos y alguna otra cosilla. Eres un poquito inoportuna 😉

  4. Ufff y yo con todo el día,(y parte de la noche) para pensar en todo esto que planteas y de como sacar de mi esa sensación de “¿para qué coño viniste mujer?” Y bueno me miró al espejo y aunque soy humana (en especie y corazón) no me reconozco en este entorno hostil que no entiendo ni me comprendo; y que para colmo de males contribuyó a destruir.
    Un beso terrenal y sincero

  5. Pues me ha encantado la publicación por estética, por ética y por contenido. Esta vez y sin que siente jurisprudencia, seré más optimista que tú. Se puede construir un mundo distinto, una realidad paralela, sin necesidad de volver al taparrabos. Al menos en mi entorno, aunque lo reconozca sesgado y predispuesto al cambio, se percibe. No es preciso el ruido tan característico de nuestro tiempo. Con ir sumando voluntades individuales, con modificar comportamientos y alcanzar una felicidad que estimule mediante el ejemplo (o la envidia), es suficiente. El problema es que “su mundo” y el nuestro son incompatibles. No se puede servir a dos señores como no es factible simultanear sin engaños dos parejas. “Los otros” lo saben y el mejor modo que hallan para contener un proceso que reconocen imparable es ofrecer la esperanza de que se puede transformar desde dentro. En los duelos es el agraviado quien ostenta la potestad de elegir arma y nosotros, de un modo tan estúpido como inconsciente, renunciamos con frecuencia a ese derecho. Me puse estupendo. Sorry.

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