Diez Minutos

Praha - Reloj astronómico

 

No sé si os ha pasado. Probablemente sí. Esa experiencia de no tener más de 10 minutos para hacer… cualquier cosa que se os ocurra. Yo me di cuenta hace tiempo que ese remordimiento absurdo por no leer libros y pasarme el día en Facebook o Twitter es infundado. Son los únicos textos que puedo leer completos en el tiempo del que puedo disponer con cierta continuidad. No es que solo tenga 10 minutos al día para hacer lo que me plazca, no. Es que solo puedo mantener una actividad durante 10 minutos seguidos. Y así llevo 16 años… que se dice poco.

Al principio, durante los tres primeros años de Brigitte y Phanton Killer, llegué a pensar que había desarrollado un trastorno de atención. No podía permitirme desviar mi vista y mi pensamiento de sus actos, porque en cuanto lo hacía, ocurría algún cataclismo. Una maceta caía en la cabeza de Phantom, una pared se llenaba de preciosos dibujos hechos a rotulador, un bote de ibuprofeno se deslizaba por las gargantas de mis hijes curiosos y exploradores. Cuando esto no sucedía, estaba en socorrido “MAMAAAAA” seguido de “un vaso de agua”, “léeme un cuento”, “tengo hambre” “me aburro”, etc. Este estado de alerta sostenido durante años llega a tener efectos curiosos en una persona que está habituada a soñar despierta, por ejemplo. Interrumpir bruscamente la costumbre de soñar despierta y no poder volver a hacerlo en años seguro que tiene efectos a nivel molecular.

16 años sin poder realizar una actividad de manera sostenida es muy estresante. En 10 minutos no te da tiempo a profundizar mucho en nada. En una hora te da tiempo a plantear la tarea, pero hacen falta al menos 3 para completar algo de manera relativamente exitosa. Estoy pensando en cosas como leer un libro o estudiar ingles, por ejemplo. Pero la ventaja de esto es que optimizas el tiempo de una manera asombrosa. Guardas y atesoras con celo esa media hora perdida y casi “regalada” para escribir ese post que te ronda en la cabeza hace días. Sabes que lo vas a escribir en 20 minutos, que si tuvieses una hora quedaría estupendo, pero te conformas con lo que te da la vida.

A ver, no me creo esos espejos que rondan por ahí mostrando lo maravillosa que es la vida jugando las 24 horas del día (es un decir) con los niños. Bueno, voy a precisar. Quizás haya gente que disfrute dedicando a los niños todo el tiempo disponible… pero yo me muero. Desfallezco. Mi mente colapsa. No, no puedo estar permanentemente dedicada a elles. Necesito hacer cosas de adultos. Aunque sea de 10 en 10 minutos aislados. Sé que esto me convierte en una madre terrible. No mala, sino horrorosa. Pero es lo que hay.

Ahora ya podéis decirlo: “pues no haber tenido hijos”. Pues no, mira. Me quejo porque me da la gana. Me quejo y lo hago en voz alta porque es sano. Porque quejarse es una acción humana que, si existe, será porque es adaptativa… ¿o no? Me quejo y así la gente sabe a lo que atenerse cuando emprenda la aventura de la maternidad. Podéis optar por leer cuentos de hadas, en los que las madres siempre están sonrientes y dispuestas a hacer bromas y juegos educativos con sus hijos. Pero podríais ser una de las mías, creedme, una de esas que prefiere un buen libro a 10 cambios amorosos de pañales.

1 Response

  1. pues claro que sí, yo también me quejo y con eso no quiero decir que no me guste lo que tengo sino que hay cosas que quiero cambiar.. yo creo que ser inconformista es bueno! yo echo de menos leer un libro tantoooo

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