Cuando sea suegra

  

Miro a mis hijos, lo bien criaditos que están. Amables, educados, bien parecidos. Y no puedo dejar de pensar en el momento en que llegue otra y los arranque de mis manos. Que mis niños son míos, les he parido yo. Ninguna será lo suficiente buena para ellos. A todas les sacaré mil defectos que les señalaré cumplidamente

No veré el momento en el que esa otra aparezca en casa. Mi poder será que no sepa dónde ponerse, que no sepa qué hacer cuando es la invitada. Se sentirá como una intrusa. Hablaremos de ella cuando no esté, nos reiremos de ella, y luego haremos como si nada, pero compartiremos un conocimiento común sobre su forma de ser, su peinado, sus maneras, que servirá para mantener una atmósfera insoportable a su alrededor. 

Le haré sentir fatal mostrándome sumamente dependiente de la atención de mis hijos. Cual pobre mujer inválida, requeriré sus servicios como albañiles, carpinteros, electricistas, chóferes y acompañantes a consultas médicas. Ella se quejará, seguramente, porque sentirá que su vida depende de la mía. Entonces mostraré mis debilidades de mujer mayor, lloraré si es preciso por el abandono al que me tienen sometida mis adorados hijos. 

Con respecto a mis nietos o nietas, no quiero que me molesten mucho, que yo ya he criado y no tengo más cariño que dar. De visita todo lo que quieran, pero eso de ser una abuela amantísima se lo dejo a otras. Y es que los hijos de mis hijos no representarán más que un obstáculo para disfrutar de la presencia y atención de los míos. 

Cuando sea suegra, refinaré el arte de la puñalada trapera disfrazada de buñuelo de chocolate. El “parece que estás más gordita” de algunas de mis congéneres será agua de borrajas. El “uy, qué feilla que estás hoy” será el saludo de bienvenida, seguido de “hoy no os iréis tan pronto como el último día, que echo de menos a mi chiquitín”. Una vez lanzada la carga de profundidad, podemos seguir con un “pues no será tan importante lo que haces en tu trabajo para no tener tiempo para hacer una comida en condiciones”. Podemos finalizar con un “mira, te he comprado esta mopa especial, porque el día que me pasé por vuestra casa vi que os hacía falta.”

La verdad es que, escribiendo esto, se me está poniendo un poco de mal cuerpo pensando en mi futura nuera. Me pregunto si todo esto será o no violencia de género. Si esto será parte o no del patriarcado. Si el que nosotras siempre seamos las malas no será una trampa del sistema, que nos pone siempre en el centro del huracán de lo privado, de la toma de decisiones domésticas, de las disputas por el poder en la cocina. No sé. Lo voy a pensar un tiempo y quizás recapacite y no haga de mi lugar común de suegra una repetición de la historia. 

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