Controlar esfínteres no es lo mismo que aprender a ir al servicio

El tema de la retirada del pañal es uno de los asuntos más escabrosos en la crianza. Pero lo es por el contexto en el que nuestros niños y niñas se desarrollan: una sociedad en la que su cuidado depende desde edades tempranas de personas ajenas a su familia. Si, aún así, nuestro clima permitiese ir en cueros todo el día, el problema no sería tan grave, ya que esa circunstancia disminuiría la dependencia para el mantenimiento de la higiene. Por tanto, el tema de la retirada del pañal mezcla dos asuntos importantes: 1) la maduración neurológica para el adecuado control de esfínteres (debemos tener en cuenta que no es lo mismo controlar el esfínter anal y el urinario) y 2) los condicionantes sociales sobre cuándo se debe controlar esfínteres, quién y cómo lo debe enseñar y cuáles son los protocolos sociales a seguir para ir al servicio.

La maduración neurológica para el control de esfínteres, en condiciones normales, se produce de los 18 a los 54 meses (del año y medio a los cuatro años y medio, para los/as que odien que se hable en meses). Según un estudio clásico en el se hizo un seguimiento de 671 niños y niñas en el condado de Lancashire (UK), los niños controlaron el intestino entre los 18 y los 24 meses, de la vejiga, durante el día, antes de los 4 años, y de noche, antes de los 4 años y medio. Las niñas controlaban esfínteres antes que los niños El control del intestino se conseguía antes por la noche que durante el día, mientras que pasaba lo contrario con la vejiga: el control era antes diurno que nocturno. Sin embargo, al comparar a los niños ingleses con una muestra americana, se comprobó que existían grandes variaciones en la edad de adquisición así como en la secuencia. También parecía que los niños y niñas que iban a guardería, adquirían antes el control de esfínteres, pero esta diferencia no parecía estar relacionada con las formas en las que se producía el entrenamiento, sino más bien de las expectativas que tenía el medio social sobre cuándo debería producirse este hecho. (ver Stein, Z., & Susser, M. (1967). Social factors in the development of sphincter control. Developmental Medicine & Child Neurology9(6), 692-706.)

En conclusión: todos tenemos una buena intuición de cuándo se produce la maduración neurológica y podemos pedir a los niños y niñas que empiecen a pensar en desechar su pañal. Sin embargo, además de existir diferencias individuales relacionadas con el desarrollo neurológico, existen grandes diferencias vinculadas a factores sociales y relacionales que no debemos pasar por alto. Un fallo en el control de esfínteres siempre va ligado a un entorno que no tiene recursos para atender a la persona que no controla. Que un bebé no controle esfínteres, no es un problema. El problema comienza cuando el bebé crece y entra en un centro educativo en el que no le permiten llevar pañales. Es entonces cuando empiezan los intentos de entrenamiento forzado, rodeados en algunas ocasiones de ansiedad, nerviosismo y angustia por parte de las familias, que ven que el momento se acerca y el niño todavía se hace pis encima.

Lo que antes era un suceso común y placentero en su vida, miccionar y defecar, hablando finamente, se convierte en un infierno. Y esto le suele pasar con más frecuencia a aquellos niños y niñas cuyo sistema neurológico es más inmaduro, lo cual hace que la familia se desespere más y más. La maduración neurológica sigue su curso, pero los niños dan significado a esos eventos desagradables que se suceden ante sus meadillas inocentes, y el hecho de hacer pis y caca se convierte en un problema, algo que deja de ser natural para convertirse en un suceso social cargado de contenido. Y esto es lo peor que puede pasar: que un hecho que hasta ahora era fisiológico adquiera un significado relacional y se conecte con una situación estresante. La cosa se descontrola y podemos provocar una eneuresis… o no.  Ya nos explicó Pavlov cómo las respuestas fisiológicas, como la salivación, se pueden condicionar a estímulos con los que antes no estaban relacionadas, como los pasos del investigador que lleva la comida al perro (ver Condicionamiento Clásico). Pero no preocuparse: todo pasa. Eso no dura toda la vida. Los niños acaban controlando esfínteres tarde o temprano.

Todo esto no quiere decir que no deba haber una actitud educativa en torno al control de esfínteres. No está mal que los niñas y los niños, alrededor de los 2 años, vayan sabiendo que habrá un día no muy lejano en el que tendrán que decir adiós a su pañal. Los 2 años es una buena época, en tanto en cuanto las niñas y los niños ya van adquiriendo el lenguaje y comprenden situaciones cada vez más complejas. La decisión de abandonar el pañal debe ser, en la medida de lo posible, tomada por ellos y ellas, dándoles apoyo, pistas, consejos y comprensión, mucha comprensión. . Y esa comprensión debería ser por parte no solo de la familia, sino también de la escuela. Los niños y niñas de 3 años, cuando llegan al colegio, están en proceso de desarrollo de control de esfínteres. Eso debería ser tenido en cuenta por la administración y dotar de recursos a las escuelas para que los niños y niñas no se vean sometidos a un control forzado de esfínteres que puede provocar mucho estrés innecesario y alguna que otra eneuresis.

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