#VDLN

#VDLN 150: V.O.S. y el señor de la goma

El otro día quise volver a oir una de esas canciones con las que nos deleitaba a antigua Oreja de Van Gogh (la única posible) en su album doble Guapa. Busco el nombre de la canción en Spotify, V.O.S. Es la típica canción de desamor cargada de amarga ironía. A Amaia le encantan este tipo de canciones en las que queda arrastrada por los suelos por un amor que la dejó tirada en medio de la calle. Esta mujer tiene un gran problema de autoestima. Demasiadas decepciones amorosas.

El caso es que V.S.O. acabó y dejé que Spotify siguiese su curso hacia la siguiente canción. La música, ya sabéis, nos transporta emocionalmente, así que puede ser que no estuviese preparada para lo que vino a continuación:

Y es que yo iba andando por la calle, muy formal, con mi paraguas amarillo, mi abrigo negro y con los cascos puestos. Escuché por encima de la música de los violadores del verso, a ese señor gritándome.

– EHHHHHHHH, QUE SE LE HA CAÍDO UNA COSA.
Tal y como lo dijo, pensé que se me había caído un billete de 50 euros o algo por el estilo. Yo seguía con los cascos puestos en las orejas a todo volumen, escuchando esa canción que acabáis de oír. Bum bum bum, voy a tomar de todo menos decisiones…

Me vuelvo y veo al señor en cuestión muy preocupado mirando al suelo.

– Bueno, si no lo quieres coger…

Miro al suelo y veo una mísera goma del pelo. Una mierda de goma y un señor al que yo había tenido que prestar toda mi atención. Me fui a agachar para cogerla, y el señor que se agacha antes que yo e intenta coger la goma una y otra vez sin conseguirlo. Yo seguía con los cascos, haceos una idea. Escuchando esa canción aterradora. Por lo que no debí susurrar “déjeme coger la goma”. Debí gritarlo, dar un alarido. Y no se lo dije una ni dos veces, sino al menos tres. El hombre me dio la goma con cara de susto y se fue corriendo.

Os dejo con las canciones.

#VDLN 149: The other (King Tuff)

Hay cosas que nos mantienen vivas. Y crear es una de las más importantes. Tener siempre el cuerpo y la mente pendientes de un nuevo proceso, de un nuevo nacimiento, de un nuevo milagro. Esas cosas que parece que siempre estuvieron ahí, que eran invisibles y de repente brotan a nuestro lado, de nuestras manos, de nuestros ojos, de nuestros labios.

Crear es maravilloso, aunque sea una ilusión. Aunque todo ya exista, lo importante es la sensación de estar construyendo algo nuevo. Es nuevo para mí y con eso basta. Como cuando una niña aprende a caminar: es su primera vez y por eso es única. Así podemos estar la vida entera: descubriendo todo el proceso, reinventando el camino que otras recorrieron antes, saludando al sol cada mañana. Envejecer es creer que ya no podemos crear más. Sentir que nuestras herramientas creativas han caducado y ya no sabemos usar las que han inventado otras. Dejar de aprender a recrear la vida es la muerte del alma. Pero hasta la muerte forma parte de la creación.

Sigo soltando lastre, paso a paso, cambiando a cada esquina, probándome trajes nuevos, ocultando mi cara y mi cuerpo del escenario público, que se repite. Que me aburre. Que no aporta, solo pide, exige, demanda, exclama una y otra vez las mismas consignas de forma cíclica. Sumidero de energía nauseabundo que gusta de las consignas manidas, los lugares comunes, la verdad de los bienpensantes que está escrita en todas las esquinas, en los periódicos del bar y de la caseta del conserje, en los comentarios de noticias del Facebook, en la agenda de las secretarias.

Es mejor recogerse en un lugar tranquilo, en la penumbra y cantar como las sirenas, aullar como los lobos, ronronear como los gatos. Ladrar no, no. Ladrar es común y no queremos nada común en ese pequeño espacio. No quiero tener que discutir con el listo de siempre, con la señora encopetada, con el intelectual de izquierdas, con el sobradamente preparado de derechas, con la feminista de la segunda ola y todas esas cosas que me aburren soberanamente. Solo quiero escuchar vuestra voz escrita que me acompaña. Solo quiero ver a mis creaciones creciendo e independizándose, creando maravillosamente. Y a ti, que hasta en sueños me haces reír.

#VDLN 147: Morrissey (Spent the day in bed)

Ser adulto es una condena. De repente, te buscan para pedirte cuentas de la vida de otros, y tú, en vez de seguir fumando un canuto, tirada en la cama, buscando placeres ociosos y etéreos, saltas accionada por un resorte y te pones en pie. No hay escapatoria: tus deudas no están anotadas en ningún libro, pero la huida no se contempla como alternativa.

Noticias, llegan noticias. E intuyes que el mundo, dentro de poco, dejará de ser como tú lo conoces y dejarás de formar parte de él. Se reirán de tus ideas anticuadas, ideas de vieja en las que el mundo sigue siendo una mierda, pero al menos Internet funciona con una tarifa plana y la gente, si quisiera, podría indagar otras verdades en las ventanas abiertas de ceros y unos. Ceros y unos. Ceros y unos….

No quiero ser responsable de su desilusión. No quiero decirles que todo es una gran mentira. Solo quiero pasar todo el día en la cama y disfrutar de la nada. Porque de la nada venimos, y algún día, toda esta maraña de absurdas ideas se desmoronará y seremos pobres, pero libres.



#VDLN 145: Magic (Chucho)

Os voy a contar una cosa: la felicidad es algo mucho más sencillo de lo que parece. Quizás decir esto en momentos como los que vivimos, en los que hay tanta falsedad, amargura, avaricia y ego, sea visto como una frivolidad. Pero es lo que hay. Es una verdadera mierda que los corruptos del PP hayan usado el 155 para tapar sus imputaciones en los casos de corrupción y que la justicia culpe a la víctima de “la Manada”. Pero hay tantas cosas que te pueden meter en un trance de placer: escuchar una canción, sonreír a una persona desconocida, tomar una cerveza con unos amigos, escribir un post que hace reír a la gente. Y así me paso los días, en el descubrimiento tranquilo y constante de una vida nueva. Una vida que no habría soñado hace diez años.

Cuando vives permanentemente enfadada, no disfrutas de esos pequeños detalles. La gente huye de ti, asustada por tu agresividad. He de decir que me toca mucho los ovarios la gente cobarde; me aburre y me molesta que me juzguen. Pero, en cierto sentido, y debido a su debilidad, entiendo su miedo al contagio. Hay gente que no sabe sostener grandes emociones, ni positivas ni negativas, y viven en esa medianía peremne, tan insulsa, tan seca.

Yo tuve una amiga que podría haber disfrutado mucho conmigo y podría haber salido de su encorsetamiento. Yo hubiese nadado en su paz llevándome, a cambio, su inseguridad. Pero se asustó de mi forma rabiosa de vivir la vida y nos separamos. Fue un adiós definitivo y sin palabras. También se llevó otras cosas de las que no voy a hablar. Pero en fin, hay que aceptar las pruebas y los dilemas que te pone la vida por delante sin mirar atrás.

Cuando por fin me di cuenta de que todo es pasajero, aprendí a sonreír.



#VDLN 144: Cosas extrañas

Qué lejos quedan los 80, los guateques, esos bailes organizados en locales privados, esas aventuras en descampados y solares. Ahora parece que todo aquello sea cutre, rancio, pasado de moda, heteropatriarcal y esas cosas. Qué se le va a hacer, no teníamos abiertos los ojos a la verdadera visión, vivíamos en el mundo del revés, ciegos a los ataques de los malos, subsumidos en el régimen del 78. Los poderosos manejaban los hilos y nosotras creímos vencer. Los demoperros se comieron nuestros sueños y pasamos por la vida esperando a que llegase eso que tanto tiempo anduvimos buscando.

Se han apagado las luces, la gente se ha ido a casa. Los que quedaron por el camino surgen de la oscuridad como zombis, pidiendo su ración de sesos. Y al llegar, miramos esperanzadas a nuestras hijas, por si ellas encuentran lo que nosotras no sabemos siquiera si existe. Y entonces, esa canción. Ahora, esa maldita canción. Esa con la que bailábamos. Esa que ahora está en las listas de las más buscadas. Ya no somos princesas, deja de vigilar nuestros pasos. Ahora todo ha caído hecho pedazos. Todo cambia, nada es para siempre.



#VDLN 143: Rodrigo Cuevas, Prince de Verdiciu

¿Sabéis cuando escucháis una canción y decís: “esta va para el VDLN”? Pues eso fue lo que me pasó a mí con Verdiciu, de Rodrigo Cuevas. Increible fusión de los ritmos astures con la música electrónica y guiños a viejos temas. Y el vídeo. Impresionante. Es increible lo ricos que son los pueblos que habitan estas tierras. No me atrevería nunca a imponerles una bandera y una identidad, teniendo una propia tan rica en matices. Pero más allá de la estética de la identidad de grupo, todas esas vivencias compartidas en una tierra que tiene sus peculiaridades orográficas, climáticas, históricas, económicas y culturales dan forma a un conocimiento compartido solo visible a través de la convivencia.

Porque, ¿cómo se modela nuestra identidad si no es a través de vivencias compartidas? El orgullo de pertenencia, eso que en estos días está en tantas bocas, no es otra cosa que la felicidad de pertenecer a un grupo que te aporta riquezas materiales, simbólicas y espirituales. La imposición de valores, colores, ideas, esquemas, es una invasión y nunca puedes sentirte orgulloso/a de algo que no sientes tuyo.

Yo siempre digo que no tengo raíces. No me ha dado tiempo a echarlas. De aquí para allá, sin fiestas patronales, sin baile regional, sin bandera, sin acento reconocible y sin plato típico, voy por la vida admirando a la gente que tiene todas esas cosas. También es verdad que me saca de quicio que intenten imponérmelas o que quieran que participe de asuntos que no siento con la pasión que veo que la gente pone en ellos. Pero cuando veo esas expresiones culturales que están arraigadas en una historia común, me quedo hipnotizada contemplando, no como algo que me es ajeno sino como algo en lo que estoy participando de alguna forma.

En Verdiciu se entremezclan distintos niveles de pertenencia. Puedes elegir o disfrutar de cada uno de ellos al unísono. Le llaman el Freddy Mercury asturiano. Judgad por vosotras mismas.

#VDLN 142: Este amor ya no se toca. Yuri

Me enamoré de esta canción cuando oí a Loles León tararearla en uno de esos programas de la tele de cuyo nombre no quiero acordarme. Es de esas canciones incomprensibles que tienen muchísima energía y se prestan a una coreografía tipo Giorgio Aresu pero que hablan de una situación absolutamente dramática, aunque cargada de erotismo. Una canción ochentera cantada por una rubia despampanante, Yuridia Valenzuela Canseco, más conocida como Yuri.

Las despedidas tienen que ser dignas y pactadas. Este amor ya no se toca, pero te vas a ir sabiendo lo que te pierdes, y, a partir de hoy, este amor ya no se toca. Así, con un par. ¿Un rey sin su corona no puede ser un rey, un hombre que no es hombre no tiene una mujer?¿Lo hacemos una vez más y te vas sin despedirte? A ver, muchacha, en qué quedamos ¿le vuelves a besar y te sientes de nuevo enamorada o le niegas la boca?

Así, a la desesperada, se despide de ese hombre que parece estar deseando huir, diciéndole que si se va no piense que va a volver. Esta situación es, de nuevo, algo que podemos trasladar a la superestructura social y esa extraña conducta de escupir en la cara a aquellos que queremos retener desesperadamente, ya sea con la fuerza de las leyes, de la policía y, si fuese necesario, del ejército. Y es que este amor ya no se toca, pero te vas a cagar en cuanto salgas por esa puerta. Bailemos.



#VDLN 141: Te lo digo a ti. Vetusta Morla

Que llega el otoño, mujer, y se nos desarman las hormonas. A ver qué tema saco que me pueda desatar, porque no puedo con toda esta energía que me desborda. El verano me ha sabido a poco y tanto calor no me ha dejado moverme para agitar huracanes. El otoño nos ha traído una especie de primavera. La tierra ruge, las banderas se agitan, las mujeres callamos porque no damos importancia a nuestros dolores, a nuestros miedos, a nuestras penas, a nuestras verdades.

Las hay que se disfrazan para ocultar la desolación y las hay que se disfrazan de la desolación misma. A veces, la risa es sincera, pero entonces surge un dedo acusador, de aquí, de allá, y volvemos a nuestras oscuras guaridas mientras los gritos de los play movil se escuchan allá afuera. Ese allá afuera que es una pantalla grande, inmensa, en la que ellos expresan la trascendencia de sus asuntos trillados con palabras grandilocuentes. Con lo fácil que es desmontar la magestuosidad de sus corbatas y nosotras soplando la hoguera en el fondo de la cueva.

Qué fácil es hacernos retroceder, basta un silencio, un hueco vacío, una ceja alzada. No somos capaces de reconocernos entre tanta palabrería y luego un simpre gesto nos lanza a la nada otra vez. La reina de corazones cortando cabezas o las harpías tristes cotorreando en sus guaridas. Te lo digo a ti.