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Las verdaderas maestras tienen algo que enseñar: Encuentro Orquestal Sinfónico (EOS)


(Nota: en esta entrada uso el femenino genérico porque me da la gana)

Este verano, nuestras niñas fueron a un campamento organizado por el Grupo Concertante Talía, dirigido por Silvia Sanz Torre. El campamento dura 12 días, y las niñas se levantan a las 8:30, asisten a clases de disciplinas variadas (instrumento, teatro, vídeo, música pop, etcétera) y por la tarde ensayan en la orquesta un repertorio con el que luego nos deleitarán a familias y lugareños de Alba de Tormes. Es un ritmo de trabajo verdaderamente intenso. Las niñas, de 9 a 18 años, van con su respectivo instrumento, dispuestos a darlo todo, a aprender y a poner toda su alma para que su música se una a la de los casi 100 que componen la orquesta. 

Parece mentira que, después de todo un curso académico de clases de mates, lengua, naturales, sociales  y demás, les queden fuerzas para volver a embarcarse en una rutina de trabajo. ¿Dónde está la diferencia? ¿Por qué las niñas terminaron el curso echando pestes del colegio y, sin embargo, lloraban desconsoladamente cuando terminó el campamento? ¿Qué tenían esas profesoras que todas se querían hacer fotos con ellas y besarlas antes de irse?

Sospecho que cuando enseñas algo que amas con todo tu corazón, transmites ese amor a esas estudiantes. Les trasmites tu admiración, el esfuerzo que has hecho para conseguir dominar un instrumento, la pasión que sientes cuando interpretas, cuando diriges, cuando la orquesta suena como tú imaginas. En este encuentro, se pone de manifiesto una vez más que las comunidades de aprendizaje tienen que construirse de manera natural: yo tengo algo que enseñarte, tú tienes algo que aprender. Y ese algo lo aprendes haciendo y observando a las maestras y a tus compañeras con más experiencia. Se aprende música haciendo música. Y se aprende de la gente que se dedica a hacer música. 

Por el contrario, la escuela no es una comunidad de aprendizaje, sino una fábrica de merchandising del conocimiento. Nada es real ahí. Todo viene empaquetado en cápsulas de papel. Nada de lo que ahí se hace o dice sirve más allá del sistema educativo. Es lógico: en EOS, lo que se hace solo sirve para tocar en una orquesta. 

La escuela está fuera de lugar, ese es su problema. Sin duda, aprender a leer y escribir y “las cuatro reglas”, como se decía antiguamente, es útil. Pero la desvinculación que de la vida cotidiana tienen estas actividades es el lastre que lleva a la escuela a ser un espacio plagado de rutinas que se auto-alimentan. Las maestras de escuela se quejan de que sus estudiantes no tienen entusiasmo por el saber y de que solo se interesan por Pokémon Go. Pero me pregunto por qué esas niñas se deberían entusiasmar. ¿Por ese saber sin alma que emana de los libros de texto? Para eso tienen las lecturas libres que hacen en casa, las actividades extraescolares que, de vez en cuando, se convierten en vocación y los campamentos monográficos, en los que encuentran verdaderas maestras dedicadas a enseñar con pasión lo que saben hacer. 

En septiembre las niñas volverán al colegio. Esperarán meses y meses a que llegue otra vez ese momento de aprendizaje verdadero, que significa sumergirse en una comunidad que hace cosas, que crea cosas, que recrea y que construye. Hasta entonces, maestras de colegio ¿podéis hacerles más fácil la espera?

#VDLN 106: Icona Pop/I Love It (Malas Madres)


Pues sí, he ido a verla. Y no ha decepcionado: es tan mala como me esperaba. Sobre un discurso que apoyaría hasta la muerte, que las mujeres somos capaces de sobreponernos a todos los baches y contratiempos que se ponen en nuestro camino y que hemos de querernos, amarnos, cuidarnos y seguir disfrutando de la vida (¿a pesar de ser madres?), está ese posillo machirulo insoportable. Ese planteamiento que nos dice: llegar a ser presidenta del AMPA del cole es lo máximo a lo que podéis aspirar. 

La canción de Icona Pop acompaña uno de los momentos cumbre de la película, el desmadre de las tres simpáticas protagonistas en el supermercado. Tres mujeres perfectas y que no tienen ningún problema para ponerse tibias a whisky con hielo en el pub del barrio y asaltar el ultramarinos bebiendo ginebra a morro. Los hijos en casa seguramente solos, ya que una es madre soltera, la otra acaba de echar a su marido de casa y el de la tercera es un padre ausente. 

I got this feeling on the summer day when you were gone

I crashed my car into the bridge, I watched, I let it burn

I threw your shit into a bag and pushed it down the stairs

I crashed my car into the bridge

El mensaje es… ¿claro? No tienes por qué ser una madre perfecta. Bebe y desmádrate con tus amigas siempre que quieras, ves conduciendo como una loca cantando y bailando en el coche cuando llevas a tus hijos al colegio, búscate un tío buenorro que te cuide como a una reina y ponle las cosas claras a tu jefe. A poder ser, que el tío buenorro sea viudo y lleve a los niños al mismo cole que tú: eso facilitará mucho las cosas. 

En fin. Lo de siempre: al final todo sigue siendo igual. Todo esto está muy bien si lo que estamos proponiendo es una sociedad de amazonas en las que los hombres solo hacen de sementales. O una situación de fantasía en la que, de la noche a la mañana, los padres empiezan a ocuparse de sus hijos porque de repente les has gritado por el móvil que lo hagan. 

Lo que apoyo con entusiasmo es la desaparición de las AMPAS tal y cómo las conocemos. Y de las presidentas del AMPA que se convierten en policías de la bondad materna. Ser del AMPA está sobrevalorado. El curso pasado hice una maldad: no me apunté al AMPA del cole por primera vez en 13 años que llevamos ahí. ¿Y sabéis qué pasó? Nada. No noté ninguna diferencia. Así de simple. 

Ni periscope ni hostias


Hace unos días se hacía viral un vídeo grabado y transmitido en streaming de una madre gritándole a su hija algo sobre un tal Periscope y de un tío con la polla al aire. La madre no sabía lo que estaba pasando. Si hubiese sido consciente de que miles de personas estaban siguiendo su bronca en directo seguro que se hubiese maqueado, hubiese puesto su mejor sonrisa y habría intentado inculcar el buen hacer en las redes sociales y los supuestos peligros del Periscope. 

Para quienes no no sepan (yo no tenía ni idea, porque dejé de usar twitter hace unos años gracias a dios o al infierno), Periscope es un sistema que permite emitir vídeos en directo a través de twitter, de modo que otros usuarios pueden verlo e ir reaccionando al vídeo con comentarios. Funciona igual que los vídeos en directo del Facebook, pero en lugar de ver un montón de corazones, manos y caritas volando, salen los comentarios de los espectadores. 

Pues bien, dos adolescentes están en la habitación de una de ellas con un móvil, retransmitiendo un vídeo en directo. Sus colegas o seguidores les van dejando comentarios hasta que, de repente, la madre de una de ellas entra en la habitación gritando “NI PERISCOPE NI HOSTIAS, UN TÍO CON LA POLLA AL AIRE…”, les quita el móvil y sigue gritando mientras todo, absolutamente todo, se publica en streaming y los seguidores de las niñas, estupefactos, van dejándole mensajes a la madre a través de twitter. 

Todo muy raro ¿verdad? . En primer lugar ¿dónde está el tío con la polla al aire? Una versión que circula es que la madre entra en twitter con su propia cuenta y pilla el streaming de alguien exhibiendo sus genitales. En ese momento imagina, piensa, cree, que su hija y la amiga, por alguna razón, están viendo lo mismo que ella y entra en bucle. En este punto es conveniente que nos detengamos y pensemos un poco. Si un señor enseña la polla a nuestra hija ¿es adecuado echarle la bronca a la niña? ¿Está la niña haciendo algo malo? ¿Qué hay de malo en quedarse mirando algo que no se suele ver… al aire? En ese momento, han surgido todos los miedos ancestrales hacia el falo. Si nos paramos a pensar un poquito, quizás la madre podría haber tomado ese momento como una oportunidad pedagógica y explicarles a su hija algo sobre exhibicionismo y comportamientos sexuales. Pero claro… las niñas no estaban mirando ninguna polla, de modo que se hubiesen quedado a cuadros si su madre entra y empieza a hablarles del asunto. 

Es evidente que la madre no domina la tecnología. Y todo lo que no se domina es temible. Yo aconsejo a toda madre que tenga miedo de que sus hijas e hijos se pierdan por culpa de las redes sociales, que se esfuercen un poco en conocer el terreno en el que se mueven. Esta madre no tenía una comprensión adecuada del funcionamiento de Periscope. Igual que la avestruz esconde su cabeza en la arena y se cree invisible, ella creía que todo lo que veía ella lo estaba viendo su hija. Y claro, existe por supuesto la posibilidad de que la hija encuentre el streaming del tipo con la polla al aire, pero ella estaba a sus cosas de adolescente y no buscando cosas turbias y morbosas, como puede que hagamos las madres para confirmar nuestras sospechas de que las redes sociales son el mal. 

En resumen, más formación digital, más confianza en nuestras hijas e hijos y más preocupación por formarles en valores en vez de arrancarles el móvil de las manos. A la larga será mucho más útil para ellos si saben discernir tipos de contenidos en las redes, intenciones de los usuarios y gestión de los tiempos que se pasan en internet. 

Perros, gatos y bebés


El otro día comentaba una amiga de Facebook el malestar que le producía que la gente comparase tener perros o gatos con tener bebés. Creo que es una situación que hemos vivido prácticamente todas las personas que hemos tenido bebés. Cuando comentas lo ocupada que estás con la crianza y lo cansada que estás con las noches sin dormir, no falta el comentario de esa amiga que dice que ella también tiene a su bebé, mientras mira tiernamente al peludo atado a la pata de la mesa. 

En fin, miras a la chica en cuestión con ojos desorbitados e intentas explicarle que no, que ella no tiene un bebé. Pero no lo comprende. Igual que no lo comprendíamos nosotras cuando no teníamos bebés y pensábamos que vaya histéricas las madres, que cuando nosotras tuviésemos hijos todo iba a ser plácido y sereno, que alimentaríamos sin aspavientos compartiendo los quehaceres con nuestra pareja, que hablaríamos pausadamente a nuestros hijos para que se durmiesen a la hora establecida en su cuna. 

En primer lugar, a un gato o perro no lo pares. Y con esto no quiero señalar la importancia de que sea tuyo, no. Quiero señalar el dolor, las horas de trabajo de parto, las humillaciones y violencias sufridas en los partos hospitalarios, los 9 meses de espera viendo cómo tu cuerpo crece y tus piernas se hinchan. Todo aderezado con un montón de gente intentando controlarte y dando opiniones sobre tu vida, tu pareja y tu futuro hijo/a. Con un perro o un gato, vas, lo coges, algunas veces pagas (yo nunca pagué por un perro o un gato) y te vas a casa. Tu cuerpo no cambia ni sufre, y los comentarios que te pueda hacer la gente no implican un cambio de identidad como madre gatuna de por vida. Y sí, pobres, algunas veces el pequeño perro llora durante toda la noche y le tienes que dar un biberoncito. Pero por favor, no comparemos esto con las noches de alimentación nocturna de un bebé humano durante lo que se puede convertir en años si optas por la lactancia materna. 

En segundo lugar, nunca he oído hablar del problema de la conciliación de la vida laboral y familiar cuando tienes perros y gatos. Vamos, que igual puedes tener algún que otro problema si el perro se te pone malo o si cada vez que te vas ladra y pone en jaque a todos los vecinos. Pero no es comparable a la situación que pasa una familia cuando, a las 16 semanas del nacimiento, la madre se tiene que reincorporar al trabajo. Un niño o niña humana necesita atención las 24 horas del día durante muchos años. No se puede quedar sola en casa mientras nosotras/os nos vamos a trabajar. No, no os llevéis a engaño (no sé por qué tengo que explicar todo esto). 

Tener un bebé no es, ni de lejos, como tener un perro o un gato. Y tener un niño o niña tampoco: la educación que tenemos que brindarle a un ser humano va más allá de coge la pelota, levanta la patita, no estés merodeando por la mesa y dando lametazos a los comensales cuando estamos comiendo o espérate a salir a la calle para mear.  La educación de un niño es bastante más compleja y dura mas de una década. Y que sí, que igual que los dueños y dueñas de los perros insisten en que no todos los perros están mal educados, ni que decir tiene que tampoco todos los niños y niñas lo están. Aunque, una vez más, las comparaciones son odiosas. Los niños y niñas no pueden compararse, y lo siento mucho, con las mascotas. Que un niño moleste en un espacio público no  se puede tratar de la misma forma que un perro que moleste en el mismo espacio. Ya sé que hay mucha gente que no estará de acuerdo, pero hoy por hoy a un niño no se le puede echar de ciertos sitios por jugar, llorar o gritar, y a un perro sí. 

Tener mascotas es maravilloso. Yo he tenido perros y gatos, y la relación que se establece es profunda y bonita. Pero no es comparable, tanto en inversión material como emocional, con tener un bebé. En serio. Y si lo seguís dudando, haced la prueba. Si queréis, claro. 

#VDLN 104 #Summeredition: Cruz de Navajas (Mecano)


Lo siento, pero esta #Summeredition está dedicada a mis placeres horteras. Y Mecano lo es. Ha envejecido fatal, la verdad. Pero los ripios del trío causaban furor hace años. Y pensar que Cruz de Navajas era una de mis favoritas me causa un poco de rubor, porque mira que es casposa y rancia la canción. Una mujer que se queda sola en casa mientras su marido trabaja por la noche. Le espera con ansia por las mañanas, pero el llega cansado. Y ella va y moja las ganas en el café, magdalenas del sexo convexo, que a saber lo que es eso. El caso es que, al final, la mujer se lía con otro y entre los dos matan al marido de madrugada. 

A ver, yo siempre me he preguntado por qué matan al pobre hombre. ¿No podría decirle “mira Mario, he conocido a otro, te dejo“? Además, sin hijos ni nada, digamos que María era relativamente libre de romper su compromiso. Digo yo que, aunque tuviesen una hipoteca conjunta y estuviesen muy entrampados, no hace falta matar al pobre Mario. Pero zasca, le tienen que esperar en una esquina y asestarle unas cuantas navajadas. Qué kinkis y qué macarras. 

Pero en fin, esta canción sonó hasta la extenuación en todas las radios y la cantábamos con frenesí. De verdad, qué grimilla me da ahora. Pero en fin, aquí está. Agradeced que no os haya puesto Hijo de la Luna.