Religión

Los vestidos de los Reyes

12507427_231838707147212_3733266983927384230_nEste año ha comenzado con toda la caterva hablando del vestido de la Pedroche. Que si era feo, que si era bonito, que si no tapaba nada, que si tapaba lo justo y necesario, que si tapaba el sitio de donde le había salido ponerse el vestido. Y así unos cuantos días. Hasta las tortugas se metieron en el debate. Y solo otros vestidos pudieron sustituir la polémica del momento: los de los Reyes Magos de la cabalgata de Madrid-Madrid. Y digo de Madrid-Madrid porque en Madrid hay muchas cabalgatas. Ya sabéis que Madrid es una ciudad con unos 7 millones de habitantes, 21 distritos y un montón de barrios. Y, por tanto, no hay una sola Cabalgata de Reyes. Aunque ya sabemos que hay clases: no es lo mismo la Cabalgata al otro lado de la M-30 que la de dentro de la circunvalación.

Manuela Carmena y los Reyes Magos en Madrid, Cabalgata 2016. Foto de eldiario.es

Si la pobre hija de Cayetana (nombre aristocrático donde los haya) Álvarez Tol hubiese sido del distrito de Usera, Puente de Vallecas y San Blas, habría visto unas Reinas vestidas en condiciones. Pero no, tenían que estar viendo la Cabalgata más cara, la más suntuosa, la que solo los niños y niñas VIP pueden ver desde sitios reservados para ellas y ellos. Este año, la hija de Cayetana se había quedado sin sitio VIP, así que no sabemos qué estaría escuchando mientras veía la Cabalgata en la televisión de plasma de su casa. Porque en mi casa, cuando vemos la televisión, no dudamos en comentar en voz alta todos los detalles ni arremeter contra el enemigo, haya o no haya niños y niñas delante: esa es la esencia de la formación política de nuestras criaturas, no lo vamos a negar.

Y claro, ver a Gaspar con ese traje rosa con detalles de pájaros amarillos y la corona de cartón tipo roscón del Corte Inglés o cumpleaños de Mc Donald debió ser un trauma para la madre Cayetana, miembro de la FAES y ex-diputada del PP, que corrió al Twitter creyendo que ese sería un buen argumento para lanzar la daga a su oponente, Manuela Carmena.

¡¡¡HIJA, ¿TE PARECE DE VERDAD ESE TRAJE?!!!

No mamá, parece la Barbie Honolulu. ¿Dónde están los Reyes? ¿DONDE ESTÁN, MAMÁ?

Y la madre, en vez de inventar una buena historia, como hemos hecho todas alguna vez, pues va y corre al Twitter. Y consigue miles de retuits y miles de notificaciones. Y cuando acaba su momento de gloria, se da cuenta que su familia ha cenado sin ella y se han acostado dejando los zapatos bajo el árbol de Navidad. ¡¡¡MALA MADRE!!! En vez de estar en lo que tienes que estar, ale, al Twitter a ver si consigues el TT.

Pero claro, hay cosas que son más fáciles de tuitear que de explicar. “Mira nena, el tío Alberto ha tenido que sustituir a Baltasar porque al pobre Rey se le desbocó el camello y se rompió una pierna.”

Claro, sí mamá. Cuéntame ahora una de vaqueros. 

Pero bueno, el caso es que todas tenemos la manía de hablar de los vestidos de las y los demás. Somos malas, muy malas. No dejamos que las que pueden luzcan todo lo que pueden lucir. Deberíamos alabar su poder posar con un vestido así delante de unas cámaras para que todas y todos nos traguemos las uvas al unísono. Y cuando un señor sale vestido de rosa, no corremos al Twitter a piar como locas. Qué doble rasero.

Pero en fin, para eso está Alfonso Rojo, para decir cómo deben ir vestidas las reinas magas. No como prostitutas de Western, desde luego. Y si son hombres, mejor que mejor.

Diez cosas que ignora la infancia sin religión

Cuando dices que tus hijos/hijas no van a religión, la gente suele reaccionar de dos formas: o se calla con un supuesto buenrollismo que afirma la libertad religiosa o te amenaza con la falta terrible de cultura que van a tener las pobres criaturas. Lo curioso es que, sin haber asignaturas de cine, nadie se plantea la falta de cultura que van a tener en relación al séptimo arte. Pero cuán relevante es que los niños y las niñas sepan que Jesús es el hijo de Dios, que llegó a la tierra para redimir nuestros pecados, y que el ser humano no es capaz de ser feliz sin conocer a Dios.

El caso es que llevo viviendo 15 años con niños y niñas que no han ido nunca a clase de religión. Estas son algunas de las cosas que ignoran:

1. No saben lo que es el pecado. Cuando haces cosas malas, no basta con arrepentirse delante de un señor de negro. Hay que pedir perdón a la persona a la que han afectado tus malas acciones y no a un ente invisible. Hay que resarcir el daño, no rezar 20 Avemarías y un Padre Nuestro. Y, por supuesto, las malas acciones son aquellas que van en contra del bien común, no tienen nada que ver con su sexualidad. Tampoco saben qué es el cielo o el infierno, de modo que las amenazas con su vida ultra-terrena no sirven de nada.

2. La concepción siempre se produce a partir de la unión de un óvulo y un espermatozoide. Nunca hay palomas implicadas en el asunto. Cuando son mayores y aprenden mitología clásica, la paloma que representa al Espíritu Santo está en el mismo orden de cosas que la lluvia dorada o el ganso en el que se transformó Zeus para seducir a Leda y a Dánae.

3. Adán y Eva son “esos pringaos religiosos que se comieron una manzana”. Pero si les preguntas por el origen del universo siempre hablarán del Big Bang y de la evolución de las especies. En su tierra, el Paraíso ha sido destruido por los hombres en su afán de explotar la naturaleza para satisfacer su avaricia y no por dos personas insensatas que probaron la fruta de un árbol prohibido.

5. No distinguen entre la misa del gallo y el domingo de ramos. Pueden decirte un 28 de marzo que darán un concierto con su agrupación de la Escuela de Música después de la misa del gallo, o preguntarte si podrán comerse uno de esos adornos amarillos que lleva la gente en la mano ese domingo. Ese es el momento que usas para aportarles esas migajas de cultura y explicarles lo que es la misa del gallo, el domingo de ramos y la entrada de Jesús en Jerusalem a lomos de un borrico. 

6. No distinguen entre el Ku Klux Clan y los penitentes. Eso demuestra que saben lo que es el Ku Klux Clan, organización xenófoba en EE.UU., y su educación en la igualdad y en contra de los movimientos que atentan contra los derechos humanos. Para explicarles lo que es una procesión de Semana Santa hay que contarles un montón de cosas que no son aptas para menores y que es mucho mejor contar en familia que dejar en manos de personas ajenas: hay que hablar de invasión, de opresión, de tortura, de injusticia. Y luego explicarles que la religión católica dice que una persona que fue torturada y ajusticiada hace siglos lo hizo por nosotros y nosotras, y es por eso que hay gente que sale vestida de morado, con cucuruchos en la cabeza, y a veces van descalzos e incluso se dan latigazos mientras pasean por las calles. Complicado ¿verdad?

7. Cuando ven a gente portando imágenes religiosas, preguntarán por qué sacan en brazos a esos muñecos disfrazados. Y es que la adoración por estatuas de madera vestidas con aparatosos trajes es para ellos/as tan extraña como para nosotras puede serlo el culto al dragón en China. Ver con ojos extrañados una tradición que les es ajena y, de esta forma, la perciben como nunca la podremos percibir quienes nos hemos criado asumiendo su normalidad.

8. No se saben persignar. Van aleatoriamente del pecho a los hombros a la cabeza. Cuando ven a la gente hacer ese gesto, intentan imitarlo, no saben muy bien por qué. Mis chicos llegaron un día de la escuela haciendo ese extraño gesto porque sus compañeritos y compañeritas que iban a religión se lo habían intentado enseñar.

9. Lo de explicarles qué son los curas y las monjas es quizás la parte más difícil, pero llega un momento que asumen que en la vida todo no tiene por qué tener lógica. Mi hija creía que las monjas eran como las princesas de los cuentos hechas realidad, y cuando les dije que los curas se subían al altar todos los domingos a hablar a la gente y a leerles el evangelio, perdieron todo su interés por ir a una misa. 

10. Por último, os diré una cosa que rompe un mito de los niños y niñas que no van a religión: saben lo que es la comunión pero no desean hacerla. Cuando llega el momento en que todas sus compañeras y compañeros de clase hacen la comunión, a ellos/as les trae al pairo… es decir, que no sienten ninguna envidia ni tienen el menor atisbo de duda sobre su condición de no-católicos. Ni quieren vestirse de princesa ni de marinerito, ni envidian la fiesta o los regalos. Nada de nada. Cero. Es más, yo les he llegado a preguntar si querían hacer la comunión, y todos me han mirado con cara de “¿Estás loca?”.

Esos hombres


martinez-caminoLas madres y padres conscientes e implicados/as y responsables en la crianza de sus criaturas, desde que surge Internet como herramienta de comunicación , se han constituido en una compacta comunidad que está cambiando mentalidades y actitudes. Podemos decir que somos afortunadas y afortunados de poder compartir con esta comunidad nuestras dudas, desvelos, dificultades, alegrías, ideas, etcétera.

Pero con la llegada de la maternidad 2.0 aparecen un tipo de especímenes del género masculino que en seguida vais a reconocer. Son los hombres que todo lo saben y que se permiten darnos consejos a las mujeres y decirnos, desde su encumbrada autoridad de machos, lo que debemos hacer. Estos hombres suelen presentar el siguiente perfil:

– Se presentan como defensores radicales de la infancia y la crianza respetuosa.

– Son defensores a ultranza de la lactancia materna, el colecho y otras prácticas ligadas a este tipo de crianza

– Y aquí viene el problema: se dedican  a aleccionar a diestro y siniestro a las mujeres para que cumplan con los requisitos que ellos creen imprescindibles para seguir estos preceptos.

Por ejemplo, según ellos las mujeres que trabajamos estamos engañadas, somos unas egoistas y estamos abandonando a nuestros hijos e hijas a su suerte. A ver, no lo dicen así de claro, pero de sus intervenciones se puede derivar esta conclusión. Normalmente, su pareja no trabaja y cuida a sus hijos/as a tiempo completo, opción totalmente respetable. Pero cuando planteas que tu opción ha sido otra, los ataques arrecian. No eres libre, eres una inconsciente, no te has planteado con responsabilidad lo de la crianza, etcétera etcétera. Es indiferente lo que plantees en el ámbito de la crianza, que hayas mantenido una lactancia prolongada, que hayas colechado, da lo mismo: lo tuyo no vale y punto. 

Esta postura absolutamente irrespetuosa da por supuesto que todas las mujeres tenemos una relación duradera y estable con el padre de nuestras criaturas, y que podemos dejar de trabajar para ocuparnos de la casa, mientras él trabaja y trae los alimentos. También da por supuesto que todas las familias son biparentales. Además, rechaza la opción de que la conciliación es posible, y desprecia a la mujer trabajadora por sistema, culpándola de todos los males de nuestra sociedad. Y, por supuesto, da por hecho que las mujeres están hechas para el cuidado, y si optan por el trabajo, deben renunciar a tener descendencia.

Cada vez me producen más rechazo esta postura neomachista y patriarcal disfrazada de buen padre preocupado por la infancia. Los hombres que se meten en los grupos de mujeres a decir qué tenemos que hacer nosotras para criar bien a nuestras hijas e hijos, sencillamente, SOBRAN. Empiezan diciendo que lo de quedarse en casa puede hacerlo cualquiera de los dos, padre o madre, (dando por supuesto, como ya he dicho, que todas las familias son biparentales y nucleares), pero pronto se destapan y nos aleccionan sobre lo que debemos hacer NOSOTRAS. Se disfrazan de buenismo proponiendo vidas austeras y anticapitalistas dedicadas a nuestra prole.

Chicos, la vida tiene muchos caminos. No nos intentéis estrangular imponiéndonos el vuestro a través del juicio y la amenaza de los mil males que caerán sobre nosotras por trabajar. Hace tiempo que hago oídos sordos a vuestras peroratas por Internet, y, por supuesto, no compro ninguno de vuestros libros. Pero creo importante que las mujeres seamos conscientes de la existencia de estos individuos. Mujeres, somos, sois dueñas de vuestras decisiones. No os dejéis maltratar por personas ajenas a vuestra vida y condiciones. No os dejéis culpabilizar, haced oídos sordos a esos curillas 2.0 que intentan meterse cual virus en nuestras mentes y sembrar discordia. Nuestras decisiones son nuestras y de nadie más. Y los predicadores, a los púlpitos. 

Viernes dando la nota #3: Todo se transforma

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Para este viernes he elegido un tema que representa un trocito de mi filosofía. No creo en el perdón de los pecados. Cada acto tiene su consecuencia. Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da. La vida nos da la oportunidad de aprender y de parar la rueda del Karma. Cada persona que se cruza en nuestro camino es un aprendizaje. Cada fracaso nos enseña una lección. Nada se pierde, todo se transforma. Si somos capaces de aprender las lecciones que nos ofrece la vida, seremos capaces de llegar al centro del amor. Jorge Drexler no necesita presentación (y si la necesita, mirad en internet que yo me voy a un sitio sin cobertura y no tengo tiempo de escribir más)

MAMÁ ¿QUIÉN ES CRISTO? UNA MIRADA A TRAVÉS DEL GRECO

El otro día estábamos comiendo cuando, de repente, Vampi Killer hizo una de esas preguntas que te vuelven del revés: Mamá ¿quién es Cristo?

En un principio me quedé bastante sorprendida de que no lo supiera. Luego pensé que era lógico: nunca había ido a clases de religión y en casa rara vez ha salido el tema. Cuando los niños hacen ese tipo de preguntas atribuyes automáticamente un deseo trascendental de saber, de modo que buscas una forma transcendental de respuesta. Por tanto, empezamos a explicarle con lujo de detalles la historia de Jesucristo y el por qué de la celebración de la Semana Santa. El nos miraba muy serio y con los ojos muy abiertos. Cuando terminamos nos dijo: Pero ¿por qué dicen eso de “antes de Cristo” y “después de Cristo”?  La respuesta a esa pregunta no es nada sencilla. ¿Cómo puede un niño entender que la organización temporal de occidente depende de un nacimiento? Se lo contamos lo mejor que pudimos, y seguía serio y callado.

Al día siguiente fuimos a Toledo para visitar las exposiciones con motivo del IV centenario de la muerte del Greco. Él estaba muy interesado en el tema, porque en el colegio habían trabajado sobre ello en la semana cultural. La entrada básica incluye  ‘Toledo Contemporánea’ en el Centro Cultural San Marcos,  ‘El Griego de Toledo’ en el Museo de Santa Cruz, la visita al Convento Santo Domingo el Antiguo, la iglesia de Santo Tomé y el Hospital Tavera. Comenzamos por el Hospital de Tavera, en el que destaca la maravillosa obra “La Sagrada Familia” . 

 

La Sagrada Familia. El Greco.
La Sagrada Familia. El Greco.

El miraba y remiraba. Nada extraño: un bebé tomando teta y su madre y familia embelesados mirándole. Comentábamos lo bella que es esta obra, la belleza de la cara de la Virgen y la naturalidad con la que el Greco refleja una escena de lactancia materna. ¡VÁMONOS, QUE YA LO HEMOS VISTO! 

Vampi comenzaba a impacientarse. Seguimos nuestra visita por el Monasterio de Santo Domingo de Silos (el antiguo), lugar donde está enterrado el Greco. Allí le explicamos lo que era la pila bautismal y para qué servía el agua bendita. Puso cara de poker y seguimos la visita. Esa iglesia estaba llena de imaginería religiosa (como es lógico). En la sacristía había dolorosas, niños Jesús del siglo XVII, Vírgenes adornadas con mantos para salir de procesión, tallas del siglo XIV del la Virgen con el niño. Una maravilla. Pero él estaba cada vez más serio y molesto. Cuando salimos de allí dice: “Yo he venido a ver al Greco, no tanta tontería de iglesias y muñecos. ¡No quiero ver más muñecos!” Nos entró la risa floja, y le explicamos que muchas de las obras del Greco eran religiosas y estaban en iglesias, pero que lo próximo que íbamos a ver no estaba en una iglesia. ¡Yo quiero ir al museo! seguía gritando. 

Nuestra siguiente parada fue el Centro Cultural San Marcos, con obras contemporáneas, algunas basadas en la obra del Greco. Vampi quedó fascinado con este cuadro

Javier Díaz Guardiola. La catedral de Toledo.
Javier Díaz Guardiola. La catedral de Toledo.

Iba hacia atrás y hacia delante comprobando la perspectiva y la impresión de profundidad que daba el suelo a rombos. También quedó impresionado por el vídeo que se proyectaba en una pantalla gigante en el que un grupo de personas en blanco y negro se movían formando patrones imprevisibles. No obstante, todavía no ha desarrollado la paciencia para contemplar una obra de arte, y quería irse enseguida. 

Nuestra penúltima parada fue la iglesia de Santo Tomé, en la que se encuentra “El entierro del conde Orgaz”. Vampi señaló al niño que aparece de frente, a la izquierda del cuadro.

¡Ese es el hijo del Greco!

– Uy, ¿y tú como lo sabes

Nos lo contaron los de tercero en el cole. 

Y efectivamente, el Greco retrató a su hijo en varias ocasiones, y esa fue una de ellas. Muy bien Vampi, muy bien, cole. 

Lo único que captó la atención de Vampi dentro de la iglesia fue una bella virgen negra, la Virgen de Guadalupe. Le expliqué el por qué de las velas frente a las vírgenes, santos y cristos y le dejé que encendiese una. 

– ¿Qué has pedido?

Ahhhh? Eso no se dice

Acabamos nuestro itinerario en la maravillosa exposición del Greco del Museo de Santa Cruz. La paciencia de Vampi estaba llegando a su fin. Había tenido cristos y vírgenes para rato. Miraba con seriedad los cristos crucificados, sin entender muy bien el por qué de ese empeño por representar la muerte de un hombre torturado y ensangrentado.

– ¿Cuál es el cuadro que más te ha gustado, hijo? 

El de la mujer del Greco.

Vaya, el de la Dama del Armiño, el único cuadro cuya autoría es dudosa. Tanto Greco para eso…

Dama del armiño. El Greco.
Dama del armiño. El Greco.

Este día Vampi aprendió muchas cosas. Su mente esponjosa absorbió gran cantidad de información, aunque todavía no sé como ha encajado toda la historia de Cristo, la Virgen y la Semana Santa. Me quedo con su cara de estupefacción cuando le explicamos lo que hacía una paloma en el cuadro de la Anunciación. 

La Anunciación. El Greco.
La Anunciación. El Greco.

 

FELIZ NAVIDAD

No sé como será la Navidad en los países en los que ahora es verano, pero de seguro que no hay tantas personas quejándose del malestar que les provocan estas fiestas.
Desde niña he amado la Navidad. Sobre todo por los regalos, para qué negarlo. Pero también por la tormenta de sentimientos que genera, ligada sin duda a la llegada del invierno. El solsticio de invierno es época de recapitulación y examen. El frío nos obliga a meternos en nuestra cueva oscura, en solitario, y hacemos repaso de las situaciones vividas.

CÁSATE Y SÉ SUMISA

La publicación del libro de Constanza Miriano,  editado por el Arzobispado de Granada, ha sido un bombazo en nuestro país. Frente al abrumador rechazo de gran parte de la sociedad, es curioso que, actualmente, sea el libro más vendido . Esto da mucho que pensar: la autora italiana plantea sus técnicas de sumisión, de obediencia y de entrega como una estrategia para perpetuar el matrimonio cristiano y para llegar a Dios a través de tu dueño y señor: tu marido.

Por supuesto que no voy a respaldar que las relaciones de pareja estén basadas en la sumisión, pero me parece muy llamativo que la necesidad por perpetuar el matrimonio cristiano no haya tenido ninguna propuesta aclamada desde las filas laicas para solventar lo que creo que es un gran problema en nuestra sociedad: el fracaso de la pareja.  El libro de Bucay y Salinas, que fue un gran éxito de ventas, Amarse con los Ojos Abiertos, y el de Osho, Amor, Libertad, Soledad, no hablan de las relaciones monogámicas estables a las que estamos acostumbrados. Sí tratan de la forma de establecer una relación de forma saludable y de romperla de una manera saludable, pero no se plantean el problema de que una relación se deba perpetuar en el tiempo ni de las nuevas circunstancias que surgen cuando la pareja tiene hijos.

Cuando yo leí esos libros ya era demasiado tarde. Me abrieron los ojos a cosas que nunca me había planteado. Desde pequeña pensé que estudiar una carrera, casarse y tener hijos era el desarrollo lógico de la vida. No culpo a nadie de esta ceguera, creo que es algo que pesa sobre nuestras cabezas de manera estructural y que quizás desaparezca en dos generaciones, pero de momento seguimos en la rueda sin pararnos a reflexionar por qué hay tanto sufrimiento a nuestro alrededor, tantas rupturas, tantos niños y niñas sufriendo las desavenencias matrimoniales o la imposición de acuerdos legales que les hacen viajar de un lado a otro con sus maletas un fin de semana sí y otro no.

Creo que muchas de mis lectoras sabéis a cuento de qué viene esta reflexión. Y sabéis quién ha dicho la siguiente frase:

no he visto jamás un estudio que demuestre aquella tan repetida afirmación de que un matrimonio con conflictos es peor para los hijos que el divorcio. Vale, pelearse continuamente a navajazos es malo para los niños. Pero muchos padres podrían, si se lo propusieran, mantener una convivencia lo suficientemente civilizada durante el tiempo suficiente para permitir a sus hijos una infancia estable. Como se ha hecho durante siglos.”


Vale, por fin encuentro una propuesta laica para perpetuar la relación de pareja, y esta propuesta consiste en mantener una convivencia civilizada durante el tiempo suficiente para que los hijos crezcan y se emancipen. Está claro que esta afirmación se basa en la firme creencia (sin pruebas) de que es mejor para los hijos vivir en un hogar sin amor que con sus padres separados. Y también en la firme creencia de que los padres, guiados por su egoísmo, no hacen el mínimo esfuerzo por mantener la relación. Como siempre suele hacer la persona que ha dicho esa absurda frase, que por cierto, no es experta en relaciones de pareja ni en desarrollo infantil, ni ha realizado ningún estudio al respecto de lo que afirma, hace una generalización a las bravas y nos planta ante una pareja utópica y universal, que es la que está en su mente, pero no en el mundo real. Y como suele hacer, sentencia de la misma forma sobre todas las parejas, no solo de nuestro tiempo actual, sino sobre las parejas de hace siglos.

No le voy a quitar razón a ese personaje en que la ruptura de pareja acarrea sufrimiento, tanto para los hijos como para los padres. Pero la propuesta que hace es absolutamente irrelevante e inútil. Al menos Constanza nos da pistas y estrategias concretas sobre la forma de perpetuar nuestro matrimonio y a la vez ser felices. Ser católica le hace feliz, y ser sumisa a su marido también (aunque pase por alto que, a veces, hay mujeres que están casadas con energúmenos que les parten la cara. Pero claro, esto forma parte de la sumisión: poner la otra mejilla). La única propuesta de este afamado gurú es “comportaos como se ha hecho durante siglos.” De ahí se infiere lo siguiente: “Es probable que las parejas de antaño fuesen tan infelices o más que vosotros, pero aguantaban juntos por sus hijos, y eso las hacía grandes. Durante siglos, la humanidad ha sido feliz porque las parejas, aunque dejaran de quererse, seguían unidas hasta la muerte. Eso es lo que tenéis que hacer vosotros: languidecer en una pareja fracasada de una forma civilizada, y así la humanidad seguirá conservando su felicidad”. Además, añadiría: “Para que esa felicidad sea plena, la mujer es mejor que no trabaje y se quede en casa cuidando de la prole, para así no tener que llevar a los niños a la guardería y que se conviertan en tarados emocionales el día de mañana.”

En fin, que no veo muchas diferencias entre la propuesta de Constanza Miriano y la de este afamado gurú laico, excepto que Constanza cree que se puede ser feliz siendo sumisa. Por lo tanto, y como no estoy de acuerdo con ninguno de los dos, os hago una propuesta: eduquemos a nuestras hijas e hijos para que sean capaces de entablar relaciones emocionalmente sanas; no les transmitamos la idea de que, para ser un ser completo y feliz, hay que tener hijos, y que sepan que, si los tienen, debe ser con alguien muy especial, al que conozcan en profundidad, con el que hayan hablado y acordado muchos aspectos que, aunque parezcan irrelevantes, surgen cuando se tienen hijos. Ah, y por último, si os divorciáis (es un derecho que tenemos y al que no tenemos por qué renunciar), intentad ser civilizados en la distancia y poner siempre a vuestros hijos por delante de toda decisión que toméis. Sin embargo, os diré que la clave del éxito en un divorcio suele ser la independencia económica de ambos cónyuges. No tengo datos científicos sobre esto, pero, como dice un amigo “Tampoco existe un metaanálisis con ensayos clínicos doble ciego sobre la seguridad de los paracaídas y, sin embargo, se siguen usando” (referencia del estudio que demuestra esto aquí).

Puedes encontrar otras entradas que hablan sobre este tema en El rincón de Mixka y en Bea, mamá de dos.

EL MILAGRO DE SAN ILDEFONSO

Pensé que una vez en la ESO, mis mellis dejarían de darme material para relatar anécdotas sobre su paso por el sistema educativo, pero me equivocaba. Éstas, como su intelecto, son cada vez más floridas y complejas y además no van acompañadas de la ansiedad del principio. Ahora me demuestran día a día que sus cabecitas están bien amuebladas y tienen una buena formación en valores que aplican en todas las situaciones en las que se encuentran.

Como ya he contado en otras entradas, mis hijos nunca han cursado la asignatura de religión. Tampoco han ido a ninguna misa ni se saben ninguna de las oraciones que la gente de mi generación aprendió en su más tierna infancia. Para decirlo de una forma sencilla: son no católicos practicantes. Eso no es óbice para que vayan poco a poco aprendiendo qué son las creencias religiosas, las distintas religiones que existen en el mundo y la religión mayoritaria en el país en el que viven: el catolicismo. Lo cierto es que nunca han mostrado ninguna tendencia a la religiosidad, son incrédulos en cuanto a los aspectos sobrenaturales de la vida y tienen una moral que proviene más del razonamiento que de los dogmas. Y eso va a quedar demostrado con la anécdota que voy a contar.
Durante este curso, en la clase de literatura, llegaron a la parte en que la profesora comenzó a hablarles del Mester de Clerecía, curas poetas que durante los siglos XIII y XIV escribían poemas didácticos y moralizantes  de temática religiosa. Cuando llegaron a Gonzalo de Berceo y su Milagros de Nuestra Señora, la profesora les pidió que buscasen información en casa sobre el milagro de San ildefonso, por ser un santo autóctono de gran relevancia en nuestra provincia. Así que, cuando llegaron a casa, me pidieron ayuda para buscar información sobre el santo. Es curioso, porque normalmente son autónomos para buscar información en google, pero no sé que palabras clave estarían usando que no daban con un enlace que les convenciera.
En cuanto puse San Ildefonso Milagro aparecieron miles de enlaces, y escogí (para qué ir más lejos con el tema) el de la Wikipedia. Se lo leí en voz alta y escuchaban con los ojos como platos. Cuando llegué a la parte de “Los árabes, durante la dominación musulmana, al convertirse la Basílica cristiana en Mezquita respetaron escrupulosamente este lugar y la piedra allí situada por tratarse de un espacio sagrado relacionado con la Virgen María a quien se venera en el Corán” dice Phantom Killer:

– Si hubiesen sido los cristianos hubiesen arrasado con todo…
(glups)

A parte de esa intervención y la lógica de “Mamá, ¿Qué es una casulla?” no dijeron más y resumieron el milagro en sus cuadernos. (Para las vagas y vagos que no abráis el enlace de la wiki, os diré que el milagro consistía en que la virgen se apareció a Ildefonso, obispo de Toledo, y le entregó una casulla que éste debería usar los días festivos dedicados a ella )

Bueno, ahí quedó la cosa. Pero lo cierto es que el enlace de la Wikipedia se saltaba una parte importante del milagro (enlace con el milagro relatado por Berceo): el sucesor de San Ildefonso quiso ponerse la casulla para igualar a éste, esa casulla que le había entregado la Virgen en exclusiva, y pereció ahogado en el intento. En clase comentaron el milagro completo, y he aquí que, según relata Phanton Killer, a la profesora se le ocurre preguntar:

– ¿Os parece bien que la Virgen matase al que intentó ponerse la casulla?

La mayoría de la clase dijo que sí, y solamente a unos 10 estudiantes les pareció una barbaridad el tema (entre ellos Brigitte y Phanton Killer). Los motivos de los que dijeron que sí eran que la Virgen era Misericordiosa y Todopoderosa y cualquier cosa que hiciera o hiciese estaba bien. Bien, bien, bien…

Por lo que cuentan mis mellis, la profesora se quedó tan asombrada como ellos ante esa respuesta.

Cuando me lo contaban hoy por la tarde les pregunté:

– ¿Pero sabéis que es eso de Misericordiosa?
– No sé  – dice Brigitte-  una de esas palabras largas que se usan para convencer.

En fin, que ahora entiendo mucho mejor eso de los valores cristianos. Si una persona todopoderosa y misericordiosa asesina, está bien. No es delito, ni moralmente reprobable, ni va en contra de los mandamientos. Ahora entiendo que eso de la Educación para la Ciudadanía es totalmente incompatible con estos desarrollados valores cristianos, y entiendo que Wert se la quiera quitar de enmedio inmediatamente. Bromas aparte… ¿Os parece bien, lectoras y lectores, que la Virgen asesinase al orgulloso y soberbio sucesor de San Ildefonso?

¿Por qué mis hijos nunca han ido a religión? (II)

Imagínense a esas alturas el lío que tenía yo. Dos potentes sistemas morales tirando de mí en direcciones contrarias. Uno me decía que nada dependía de mí, el otro que había que mover el culo para transformar el mundo. El primero me decía que amara a dios sobre todas las cosas y el otro que la religión era el opio del pueblo.

Luego vinieron el feminismo y el relativismo, y qué voy a decir que no se sepa, ya no quedaba sitio en mi repertorio moral para una Eva y un Adán castigados por comer del fruto del Árbol de la ciencia. Fueron expulsados definitivamente al rincón de pensar, junto con los mandamientos, los rezos, el fervor y todas esas cosas que seguramente estaban muy bien, no digo que no, pero yo no les encontraba mucha utilidad tal y como se estaban desarrollando las cosas.

Pero el tema es que,  cada vez que se me van de viaje, tengo un asunto que resolver o quiero conseguir algo, me queda ese impulso irrefrenable de rezarme una coplilla o de santiguarme de forma impulsiva (sé que tú, si si tú, la cotilla que no pone nada en el Facebook y lo lee todo, ahora te estás revolcando de risa). Lo que había absorbido desde pequeña está ahí ocupando su parte dominante en mi esqueleto.

A ver, que no tiene nada de malo ser incoherente, pero me fastidia que me hayan inoculado algo sin pedirme permiso. Me incomoda que hayan alojado en mí el concepto de pecado, culpa, infierno, castidad, en una etapa tan vulnerable como la infancia. Me hubiese gustado construir por mí misma el significado del mundo. Porque claro, como buena relativista, pienso que la realidad depende del marco desde el que te detengas a mirarla, y eso de que te incrusten uno del que no te puedas deshacer en tu vida, pues es una faena. No sé como sería mi realidad sin el concepto de DIOS.

Bien es cierto que todo lo que vamos aprendiendo son marcos y que si no me hubiesen impuesto el de la religión, habría otro sustituyéndolo. Pero ese marco… ¿no os parece ciertamente perverso? Domina todas las facetas de nuestra vida, desde la sexualidad hasta la forma de abordar la injusticia social, fundamentándose en la obediencia debida a un ser omnipotente y omnipresente. Vamos, no te dejas nada por controlar así.

En fin, que mis hijos nunca han ido a religión para que sean ellos los que elijan el marco desde el que mirar su realidad. Si me preguntan, yo les contesto; si quieren indagar, les doy los medios, pero  nunca les digo lo que tienen que pensar. Y os aseguro que la experiencia ha sido un éxito: han tenido una infancia sin el concepto de DIOS, de pecado, de culpa, de infierno. El día de jueves santo que me preguntaron por qué sacaban a esos muñecos disfrazados a hombros es cuando me dí cuenta de que eso es lo que había estado buscando: una ignorancia total del sistema.

¿Que van a ser unos ignorantes? A ver, en el mundo en el que vivimos, todo lo que quieran saber está a un solo click. Además, con todas las cosas que ignoramos en esta vida, creo que podrán vivir sin saber ciertos detalles escabrosos de la historia de la humanidad.