POLÍTICA

Lo sencillo

Hoy, mi hijo pequeño me ha dicho que tiene “miedillo”. Me ha preguntado si puede haber una gerra civil, y no le he podido asegurar que no. Nos ha escuchado comentar que el presidente de nuestro país ha rechazado la mediación y nos ha preguntado que qué es eso. Le he dicho que la mediación es algo que se hace para poner paz, y se ha echado las manos a la cabeza. ¡Cómo puede alguien rechazar la paz! ¡Cómo puede un político mandar a la policía a pegar a la gente! He pensado que para qué iba a explicarle todo lo que he leído estos días: para él las cosas son sencillas. La paz es mejor que la guerra, la violencia es el mal y cuando las personas no están de acuerdo deben hablar para solucionar sus problemas.

Disfrazar el interés de orgullo patrio, la dignidad de venganza trapera, unas leyes escritas hace más de 50 años de escrituras sagradas y una amenaza de legalidad establecida no le va a convencer, porque él está ligado a las explicaciones sencillas. Por las mañanas nos levantamos de una cama caliente, desayunamos, acudimos al colegio y al trabajo, nos alimentamos, jugamos, leemos, estudiamos. En casa no hay banderas. La pobreza es un fallo del sistema que deberíamos solucionar, así como el cambio climático. ¿Por qué no hacemos nada, mamá? ¿Por qué discuten y no aportan ninguna solución? ¿Por qué cobran un sueldo?

Las cosas son sencillas. Y cuando nos parecen difíciles es porque son falsas o porque se han levantado estructuras artificiales que las convierten en inaccesibles. Ya no labramos la tierra, ya no producimos nuestro propios sustento. Trabajamos para otros por un número en una pantalla que se actualiza todos los meses. Este número va bajando para engordar los números de otras pantallas. Aseguramos la casa, el coche, la vida, las manos, los ojos… por si acaso. Vamos al supermercado, y rara vez tocamos la tierra que hay bajo nuestros pies.

Las cosas son fáciles cuando son de verdad. Y todo lo que está pasando estos días es una farsa. Señores que salen muy serios a amenazarse en público, recubiertos de solemnidad y galones. Señores que se esconden y no salen. Señora de negro que parece que está dando una homilía. Señores con faldas y gorros puntiagudos que no tienen nada que ver con nuestras vidas y que dicen que van a mediar. Señores que quieren mediar pero no les dejan. Y el patio digital ardiendo. Me da risa todo. Lo veo tan lejos… Ah, y vecinas y vecinos que cuelgan trapos rojos y amarillos y siguen con su vida miserable, de paro, jornadas laborales interminables y mal pagadas, sanidad de mierda y educación deteriorada.

Hoy la luna luce maravillosa, en este mes de octubre caluroso y convulso. Y mañana saldrá el sol, para iluminar vuestros ridículos juegos. Lo sencillo persiste, espero que no acabéis con ello.

#VDLN 131: Blessed (Elton John)

El budismo dice que el sufrimiento proviene del deseo, el apego y la ignorancia. Hoy me voy a centrar en el deseo, esa pulsión que Nietzsche reifica cuando dice que, en última instancia, lo que amamos es a nuestro deseo más que al objeto deseado. Y eso pasa cuando surge el deseo de la pater/maternidad. Ese deseo crece, se construye, se expande, se alimenta de nuestras necesidades de afecto, de nuestra imagen futura como guías. Y si ese deseo se encuentra con dificultades para ser satisfecho, el sufrimiento es inmenso, porque la persona ya había generado una autoimagen futura de madre/padre perfecta/o, colmando de bendiciones a ese pequeño ser que traemos al mundo.

El niño-deseo solo existe para satisfacer estas ansias de completitud en un universo onírico que ha construido el o la deseante. Esto hace que fantaseen con que ser padres, tener un hijo o una hija que cumpla con sus expectativas tan largamente mantenidas, es un derecho adquirido desde el mismo momento en el que se nace.  Pero no lo es. Un derecho nunca se puede definir por la posesión de otra persona. Tenemos derecho a una vida digna, pero esa dignidad no está vinculada a ningún estatus concreto, sino a unas condiciones generales de salud, entorno acogedor, alimentación y desarrollo personal que nunca puede implicar la posesión de una persona que todavía no es, y que para ser tiene que haber alguien que te preste una parte de su cuerpo.

Por tanto, cuando el deseo de ser madre o padre no se ve satisfecho por distintas razones, implica las vidas de otras personas. Por ese simple hecho, no es un derecho. Solo es un deseo que se puede satisfacer de una manera altruista, adoptando a niños y niñas que se han quedado sin familia, o de una manera mercantilista, comprando los servicios de alguien que puede gestar un bebé por ti. Y como dicen en mi casa, esta segunda opción solo se contempla en un mundo capitalista, en el que la dignidad de las personas parte de un supuesto libre albedrío, y no de la reflexión anticipada de lo que supone convertir  a  las personas en moneda de cambio.



Las cosas que yo reivindicaría #noalalomce

Después de unos añitos de reivindicaciones en defensa de la educación pública y en contra de la LOMCE, y dado que ahora que no hay mayoría absoluta, los y las políticas han decidido hacer un pacto por la educación. En este tiempo, hemos podido comprobar que en las sucesivas huelgas y movilizaciones, la clase docente ha pedido nuestra colaboración, pero sistemáticamente se han obviado nuestras reivindicaciones, ensalzando las suyas. Las familias hemos tenido a bien secundar estas movilizaciones, ya que a muestros hijos e hijas les beneficia una bajada de ratios y unas profesoras y profesores con más horas para preparar clases y atender tutorías. 

Pero creo que ha llegado el momento de reflexionar si nos compensa seguir apoyando las convocatorias de los sindicatos de trabajadores que no cuentan con las familias para incluir reivindicaciones pero que sistemáticamente nos llaman a apoyar las huelgas. Yo daría un BASTA y les diría que, si quieren nuestro apoyo, deben incluir nuestros puntos. Yo incluiría los siguentes:

1) Eliminación de la condición de autoridad pública de los docentes en las comunidades en las que exista esta normativa.

 En esa ley, se les otorga a los docentes la presunción de veracidad (es decir, la palabra de un docente siempre está por encima de la de un/a alumno/a o sus familiares) y se obliga a las familias a colaborar a sus órdenes, además de convertir a los centros educativos en cárceles en los que, lo que se disfraza bajo el inocente epígrafe de “normativa de convivencia” es un listado de faltas y sanciones con los que el profesorado pueden cometer abusos de poder impunemente. Es cierto que la mayoría del profesorado es sensato y no usa de esta forma la normativa, pero el problema es la potencialidad de la misma para tratar a las personas usuarias de los centros educativos como si de un ejército se tratase. Esta es la normativa de Madrid

2) Reconocimiento de la autonomía de las familias y de la autoridad de madres, padres y tutores legales. 

Quizás muchos/as piensen que incluir normativa sobre este aspecto no es necesario. Ya en el preámbulo de la LOMCE se dice lo siguiente: 

“La realidad familiar en general, y en particular en el ámbito de su relación con la educación, está experimentando profundos cambios. Son necesarios canales y hábitos que nos permitan restaurar el equilibrio y la fortaleza de las relaciones entre alumnos y alumnas, familias y escuelas. Las familias son las primeras responsables de la educación de sus hijos y por ello el sistema educativo tiene que contar con la familia y confiar en sus decisiones.”

Por tanto, queda claro que la responsabilidad de la educación de niñas, niños y jóvenes recae en las familias, y el sistema educativo debe confiar en nuestras decisiones y contar con nosotras. Sin embargo, en los últimos tiempos, desde que el debate sobre los deberes ha saltado a la palestra, pareciera que los/as docentes tienen alguna potestad para organizar nuestro tiempo libre e imponer su autoridad sobre la nuestra, la de las familias. Lo que se hace en casa es problema nuestro. No tenemos por qué organizar nuestro tiempo libre dependiendo de lo que a las maestras y los maestros se les antoje imponer para el puente, las vacaciones o el fin de semana. Por otro lado, los deberes como “café para todos/as” es un despropósito pedagógico que debe terminar e imponerse la racionalidad desde algún sitio, sin olvidar que, si las y los docentes requieren disponer de las horas no lectivas, siempre tiene que ser con el acuerdo y consenso con la familia. 

3) Recuperación del poder del Consejo Escolar y dotación de funciones decisorias al AMPA. 
La LOMCE destruyó el carácter democrático de nuestra escuela pública. Creo que es obligado exigir que el Consejo Escolar recupere su poder decisorio e incluso que lo incremente, dotando de más representatividad a las familias en el mismo y dándole funciones de gobierno que actualmente recaen en exclusiva en la dirección, como la elaboración del proyecto educativo del centro, los criterios de admisión de alumnos/as o la programación general anual. Desde la aprobación de la LOMCE en diciembre de 2013, todas las decisiones dependen, única y exclusivamente, de la dirección. Por otra parte, la elección de la directora o director debe volver a recaer en la comunidad educativa del centro y eliminar la posibilidad de que esta figura sea nombrada a dedo por la Administración. 

En cuanto a las AMPAs, creo que es necesario recuperar el espíritu con el que nacieron. El AMPA debería tener poder decisorio sobre el comedor escolar y la calidad de lo que allí se oferta, tener un espacio reconocido dentro del centro en el que poder reunirse y guardar sus materiales y ser consultada en todos los temas que atañen a la vida en el centro y que compromenten el bienestar de los y las alumnas. 

4) Obligación de los docentes de usar prácticas docentes y metodología basada en la evidencia.
Sé que este es uno de los puntos más controvertidos, pero creo que ya es hora que en este país, la gente que se dedica a la educación comience de forma masiva, y no marginal, a reflexionar sobre sus prácticas profesionales. La prescripción de usar prácticas basadas en la evidencia (PBE) se introdujo en la legislación educativa de EEUU, con IDEA (Individual with Disabilities Education Act, 2004) y con ESSA (Every Student Succeeds Act, 2015) y aunque la forma en que este precepto se ha llevado a la práctica en EEUU es muy criticable, aporta una mentalidad profesional sobre la educación en la que ya no todo vale. Es una pena que toda la cantidad de investigación educativa, tanto básica como aplicada, quede en papel mojado porque el cuerpo docente no siente la necesidad de acudir a ella para programar sus prácticas. También en los últimos años, en Europa, se ha creado EIPPEE (Evidence Informed Policy and Practice in Education in Europe), proyecto que tiene como objetivo recopilar PBE y hacer que estas sean influyentes en las prácticas educativas y políticas dirigidas a la educación. 

Algunos sitios que se manejan para consultar prácticas educativas basadas en la evidencia son los siguientes: 

What Works ClearingHouse

Promising Practices Network

Lo importante de este planteamiento es dotar de racionalidad a las prácticas educativas. Exigir que estén basadas en teorías educativas contrastadas y no sean un cúmulo de tradiciones que se perpetúan por comodidad del profesorado e interés de las editoriales que sangran a las familias con libros de texto de dudosa calidad. 

Hablemos de segregación


Como vivo en un lugar recóndito de la Mancha, no me había enterado de que a las familias que queremos que nuestros hijos y que nuestras hijas aprendan inglés se nos acusa de segregacionistas, por el simple hecho de hacer uso de algo que el sistema pone a nuestra disposición: colegios públicos en los que se trabajan varias asignaturas en esa segunda lengua y en los que se da una séptima hora de inglés. Desde la capital del reino, llegan mensajes de que el sistema bilingüe que implantó el PP está siendo un fracaso porque carece de los medios necesarios, los niños y las niñas no aprenden ni contenidos ni idioma y los más vulnerables son los más perjudicados. 

Escucho también que los niños y niñas que, después de haber ido a un cole bilingüe, van a un IES de secciones, son altaneras/os, clasistas y miran por encima del hombro a sus compañeras/os monolingües. Vamos, que la introducción del bilingüismo está siendo un elemento segregador en el que los pobres docentes no tienen absolutamente nada que ver. 

La segregación forma parte de nuestras vidas. Recuerdo a ese niño al que nunca dejaban ir a las excursiones del colegio porque las maestras no se querían hacer cargo de él. O ese al que ponían al fondo de la clase con tareas diferentes al resto de la clase. O esos niños y niñas a las que se hace repetir una y otra vez curso, hasta que se dan cuenta de que tienen una dificultad de aprendizaje y hay que hacer una adaptación para que aprendan. O las niñas que son leídas como niños y viceversa, que son acosados de mil formas y maneras y a los que se les niega la entrada al centro si no van vestides conforme a la ley de la buena gente. O esa niña a la que obligan a quitarse el velo. O ese niño al que llaman penoso, vago y desgraciado porque no sabe hacer las tareas. O a los chavales y las chavalas de humanidades, pobres, que no valían para ciencias. Sí. La segregación forma parte de nuestras vidas. 

Lo que está claro es que el saber se traduce en poder, y las personas que son capaces de comunicarse en lenguas dominantes tienen más poder que quienes no lo son. Pero el mundo es así, no lo he inventado yo. Otra cosa es cómo uses tu poder, pero la diferencia está establecida en estructuras muy superiores. Los saberes crean poder. En otros países, todas las personas tienen acceso relativamente igualitario al aprendizaje de una segunda lengua. Pero en España seguimos siendo unos borricos que doblan las películas, nos reímos de la gente que pronuncia bien los anglicismos y despreciamos el conocimiento de un idioma extranjero. Y además, si queremos que nuestros hijos y nuestras hijas lo aprendan, somos unos segregadores. 

Lo que eliminaría ese segregacionismo que producen los sistemas bilingües sería que todas las personas tuviésemos las mismas oportunidades para acceder al aprendizaje de una L2, no que las familias dejásemos de desear que nuestras hijas y nuestros hijos aprendiesen inglés. Dejemos de marear la perdiz y de acusar a las familias y, si realmente somos tan luchadores y queremos tanto la igualdad, luchemos por un sistema que fomente el aprendizaje de una L2 igual que el aprendizaje de las Matemáticas o de las Ciencias Sociales. Que ese aprendizaje no dependa de que tengamos pasta para viajar y mandar a nuestros hijos e hijas de intercambio, o de que tengamos unos amigos en UK, o de que tengamos la posibilidad de llevar a nuestra prole a colegios bilingües carísimos y super pijos. 

En las condiciones actuales, nos queda la educación en valores. No imagino a mis hijos ni a mi hija mirando por encima del hombro a sus compañeros y compañeras por saber más inglés. No formarían parte de mi familia si lo hiciesen. Las personas que lo hacen son gente estúpida y engreída que actúa así en todas las facetas de su vida. Siento mucho que os hayáis encontrado con gente. Yo sí me he encontrado con ese tipo de gente en mis años de lucha por aprender un inglés que no me enseñaron en el colegio y que tuve que aprender en la universidad a la fuerza. Y esas humillaciones y desprecios fueron los que me llevaron a tomar la decisión de que mis hijos no pasarían por lo mismo que había pasado yo. Llamadme segregadora si queréis. 

“Eso no es científico”: Las creencias populares sobre la construcción del conocimiento 

La cultura popular está desarrollando mecanismos súmamente perniciosos de control. Poco podemos decir fuera de los límites de lo revestido por la autoridad suprema: la ciencia. La ciencia entendida, por supuesto, como un proceso de búsqueda de la verdad, nunca como un proceso de construcción del conocimiento a partir de métodos sentenciados como científicos. 

Porque la ciencia no es nada más y nada menos que eso: construir conocimiento usando procedimientos determinados. Se parte de una hipótesis y trata de averiguarse si es falsa a partir de un experimento. Los experimentos consisten en diseñar situaciones controladas que simulen lo mejor posible las condiciones naturales en las que se produce un fenómeno y hacer mediciones de ciertas variables en estas circunstancias, para contrastar la hipótesis formulada. Si la hipótesis se confirma, esto nunca quiere decir que esta sea la verdad, ya que lo único que podemos comprobar a ciencia cierta (valga la redundancia) es que la hipótesis es falsa. Solo en este caso podemos estar seguras de que eso no es lo que estamos buscando. 

Popper siempre me ha producido un gran desasosiego. Saber que lo único que podemos tener por cierto es lo que es falso y que la experiencia solo nos puede llevar a corroborar, pero nunca a verificar, me dejó a las puertas del relativismo. Sin embargo, la dureza de la ciencia persistió en mi cabeza hasta que empecé a viajar a lugares recónditos del microanálisis. Las hipótesis que siempre rondan nuestra cabeza son las que explican un todo universal e inmanente. La física y la química son las ciencias duras por antonomasia. Estudiar el mundo no orgánico se nos antoja totalmente accesible y explorable en profundidad, sin necesidad de protocolos de ética científica que se ponen en el camino de las científica de lo orgánico (excepto si formas parte del equipo del Dr. Menguele et al). Sin embargo, ¿tenemos claro cómo se realizan las investigaciones en estas ciencias durísimas y exactísimas?  Son muy interesantes a este respecto los trabajos de etnografía de la ciencia, que observan de cerca el trabajo de las científicas y de los científicos en los laboratorios. 

Las ciencias de la vida y las ciencias humanas y sociales trataron de adoptar el método hipotético-deductivo (llamado científico) en el desarrollo de su conocimiento. Esto implica, intevitablemente pero de manera tácita, construir un modelo de ser humano-máquina, que es estudiable ignorando su historia de significados y su entorno social, en el que funciona como una pequeña célula de un organismo complejo. Esto no quiere decir, desde mi punto de vista al menos, que el estudio del ser humano como individuo sea inadecuado o inutil, ni que no existan métodos adecuados para estudiar los procesos y prácticas humanas. Los métodos cualitativos de investigación son poderosas herramientas para adentrarnos en el mundo social, lingüístico y cultural de los entornos de interacción humana, pero son poco populares y denostados por los legos como no científicos, inexactos o poco creíbles

El quid de la cuestión es cuál es el objetivo cuando investigamos los procesos humanos. ¿Es encontrar una verdad inmanente sobre lo que somos, cómo actuamos, cómo nos desarrollamos, cómo vivimos, cómo interactuamos? Entonces, quizás, el objetivo está reflejando una idea del ser humano más que una realidad universal. Uno de los dilemas principales en el estudio de los procesos de pensamiento del ser humano han sido las diferencias culturales en las formas de razonar sobre el mundo. De este modo, el hecho de que un investigador occidental investigue la mente humana determina decisivamente lo que busca y lo que encuentra. Por eso, algunas ramas de la Psicología proponen métodos inductivos en vez de hipotético-deductivos para estudiar el funcionamiento de la mente en su contexto, aunque ni siquiera esto nos libra de la mente del que investiga. 

Por otra parte, pareciera que el único conocimiento válido fuese el universal y el que revela lo genético y natural. En este sentido, estoy encontrando últimamente un rechazo absurdo al estudio científico de las prácticas educativas y su optimización, que son prácticas culturales e históricas. La gente que no ha tenido contacto con una investigación educativa en su vida, desprecia como no científico y poco creíble el extenso campo de estudio que existe sobre los procesos de enseñanza-aprendizaje. Desde mi punto de vista, y volviendo al principio de esta entrada, el concepto de ciencia dura está haciendo mucho daño al progreso social que podría aportar la investigación en humanidades y ciencias sociales. Los legos tienen su folk-psychology bien asentada en sus neuronas y no van más allá. Mientras, en otros sitios, se reflexiona sobre la práctica educativa, se ponen a prueba distintos métodos de enseñanza, se hace microanálisis de la interacción en el aula, se reflexiona sobre el discurso educativo, etcétera etcétera. 

El reto es convertir los resultados de todas estas reflexiones y estudios, denostados por no producirse en un laboratorio, en conocimiento transferible y divulgable. Pero esto también es un peligro: en un mundo inundado de artículos periodísticos sobre cualquier tema, lo que se hace urgente es enseñar a distinguir entre conocimiento construido siguiendo los métodos adecuados de indagación y razonamiento y el conocimiento que proviene de las creencias o posturas políticas del momento, que interesa difundir y asentar en el ideario de la población. Eso nos haría menos manipulables y más rebeldes. Un peligro en potencia. 

La autoridad del profesorado

Leo con estupefacción que un señor que es profesor, aunque ataca a las disciplinas encargadas de estudiar el hecho educativo con saña y odio, ha ido a hablar al parlamento de Navarra sobre la necesidad de dar más autoridad al profesorado. A él le gustaría que se hablase de autoridad más que de protección, pero da por bueno hablar de una ley de protección del profesorado.

Vamos a ver. Los necesitados de protección son los menores. Siempre y por encima de todo. Partiendo de ahí, el profesorado se debe dotar de herramientas para la resolución de conflictos en el aula. Haya o no haya ley, el poder en el aula lo ejerce el profesorado. Tiene cogidas las riendas y es el menor el que tiene las de perder. Aunque nos inunden con historias del pobre profesor que es diana de las burlas de sus malvados estudiantes, en las que él siempre termina de baja por depresión, estamos hablando de alumnos y alumnas que tienen entre 12 y 16 años (asumo que estamos hablando de la etapa obligatoria de la E.S.O.). Para gestionar un aula, hay que desarrollar competencias pedagógicas que te permitan manejar las dificultades.

Este señor dice que los docentes tienen derecho a ejercer su labor en unas condiciones adecuadas. Olvida que el derecho constitucional es el de la educación, y su labor es que los niños y niñas hasta los 16 años puedan disfrutar de este derecho. Esto implica que un docente tiene que ser especialista en trabajar con adolescentes. Su labor no es llegar a una clase y empezar a soltar su perorata mientras los estudiantes le miran con admiración e introducen la información en sus cabezas. Su labor es potenciar el aprendizaje de una manera adecuada a la edad y los conocimientos previos de sus pupilas y pupilos.

Partiendo de estos supuestos (que el que está ejerciendo su derecho es el y la estudiante, y no la profesora o el profesor, y que hay que saber trabajar con adolescentes), pretender basar el clima de convivencia en lo que este señor llama “medidas disciplinarias” es un absoluto despropósito basado en una ideología muy concreta. Puede ser que, para él, la educación se pueda desarrollar en un ambiente de miedo. Pero desde la Pedagogía y la Psicología de la Educación, eso es imposible. El aprendizaje solo se puede desarrollar en una ambiente de confianza, y el profesorado es el encargado de crear ese clima.

Pasa que, entre los estudiantes, este profesor se va a encontrar una gran variedad. Y además, en la vida de una persona, pueden pasar muchas cosas, y hay días en que un niño o una niña puede haber vivido algo especialmente amargo, violento o desagradable. No hay que perderlo de vista: los alumnos y alumnas son personas que se alegran, sufren, viven fuera del colegio y del instituto. Y forma parte de la educación, sobre todo a estas edades, ser sensible a estas situaciones. No son máquinas en las que introducir el excelso contenido. Esas máquinas tienen vidas e intereses con los que hay que sintonizar. Malas noticias para una persona que quiere basar la convivencia en medidas disciplinarias.

En cuanto a la confianza que debemos depositar las familias en el profesorado, eso depende de muchas cosas. Las familias somos responsables de velar por el bienestar de nuestros hijos e hijas. Nunca debemos depositar confianza ciega en nadie, por mucho que tenga un título y haya obtenido una plaza en un servicio público. Nuestros hijos e hijas siguen siendo responsabilidad nuestra, y haremos todo lo que esté en nuestras manos para asegurar su bienestar. Las familias pueden tener muy buenos argumentos para no estar de acuerdo con algunas de las prácticas que tienen lugar en las aulas y es nuestro deber denunciarlas y exigir su erradicación. De la misma forma, apoyaremos al profesorado cuando sus argumentos sean correctos y la educación de nuestros hijos requiera de nuestra intervención para que su conducta en el aula sea adecuada. Todo es, efectivamente, una cuestión de diálogo en un entorno democrático. No hace falta que el profesorado se convierta en policía y su palabra tenga más valor que la nuestra como familias.

Por último, recordarle a este señor que el respeto no se impone, el respeto se gana. Es obvio que todas las personas (profesoras y profesores, madres, padres y estudiantes) merecen respeto a priori como seres humanos, y eso no se le niega a nadie. Pero aquí hablo del respeto como emoción que surge de una historia de convivencia. Este tipo de respeto debe ser mutuo: sin reciprocidad es imposible que exista el respeto. Claro, si se refiere al respeto que emana de la autoridad tipo militar, que el cabo le tiene al comandante y el comandante le tiene al general, efectivamente estamos hablando de cosas distintas: así no funciona la educación. Eso lo sabía hasta la profesora y ex marine LouAnne Johnson en Dangerous Minds.

Cualquier ciudadano y ciudadana está protegida legalmente ante las agresiones. Si un profesor o profesora es agredido, será protegido sin necesidad de que exista una ley, como cualquier otra persona. Pero cuando el que agrede a una persona adulta es un niño o una niña, hay que estudiar esta situación y poner en marcha medidas educativas y de convivencia real, no medidas disciplinarias más propias del sistema penitenciario y militar. Negar la necesidad de formación educativa sobre estas cuestiones y pretender solucionar los conflictos que se producen en las aulas (en las de algunos más que en las de otros) con medidas cohercitivas y disciplinarias es un despropósito solo comprensible en una persona que tiene más nociones de instrucción militar que de manejar contextos educativos. Si esto es lo que llaman “anti-pedagogía”, ya sabemos a lo que nos enfrentamos.

Madres: prohibido hablar de educación

Llevo casi cuatro años en este blog, y desde que escribo desde mi identidad de madre he podido constatar que a la gente que en las redes escribe desde sus perfiles profesionales les molesta sobremanera que una madre hable de otra cosa que no sea “sus labores”. 

Desde la perspectiva de estos expertos (y expertas), una madre es una madre. Y punto. La interacción con nosotras es serena cuando planteamos nuestras dudas partiendo de la ignorancia y la admiración por sus inalcanzables conocimientos. Pero ay de nosotras si osamos poner en cuestión sus planteamientos. En esos casos, da lo mismo que nuestros argumentos sean impecables, estén basados en la evidencia o que citemos investigaciones recientes de gran impacto: somos unas histéricas que atacamos desde la rabia y el resentimiento a los sabios expertos (y expertas). 

Leyendo el blog, la gente puede saber de forma fehaciente que tengo 3 hijos, pero no saben nada sobre mi profesión. La sensación que he tenido siempre debatiendo desde mi identidad de madre es que, cuando estos expertos interactúan conmigo, usan un arquetipo caduco de madre. Me siento tratada como una ignorante sin formación que se hace la listilla, una mujer de su casa que habla desde la emocionalidad y no desde la razón.

La verdad es que estoy aprendiendo mucho desde un punto de vista socio-psicológico sobre la forma en que funciona el poder en las interacciones cotidianas cuando me relaciono con personas desconocidas desde mi identidad de madre. Foucault estaría fascinado si pudiese observar las interacciones en las que me veo envuelta. Cualquier estudioso del poder, del discurso y de la interacción lo estaría.

¡Pero qué hago yo hablando sobre estas cosas, si solo soy una pobre madre histérica! Vuelvo a mis fregonas, mi bayeta y mis cup cakes. Perdones excelsos expertos del saber oculto que ose argumentar sin llevar un mísero título en la boca. 

Esa delgada línea…

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Desde que llegué al mundo de la crianza, que fue cuando me quedé embarazada por primera vez, he observado una delgada línea entre la crianza con respeto, el puritanismo y el machismo feminista. Por empezar por algún sitio, empecemos por el feminismo. Siempre he defendido que la maternidad debe ser protegida como uno de los estados de mayor vulnerabilidad. Tienes hijos y la sociedad ignora la necesidad de las crías de ser cuidadas y de la madre de cuidar a sus crías. Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero a partir de ahí, toda decisión de la mujer con respecto de las actividades a las que se va a dedicar después de tener un bebé son cuestión suya. No ayudan esas afirmaciones carlogonzalescas de que “La conciliación no existe, hay que decidir entre el trabajo o la familia”. Esas afirmaciones, dirigidas a personas que no forman parte de nuestras vidas, solo cumplen una función: la de extorsionar a las mujeres que hayan decidido seguir con su carrera profesional o que tengan que seguir trabajando sin más y ponerlas bajo el punto de mira como si hubiesen tomado una decisión egoista y desnaturalizada.

Así, secuestrando la voz del feminismo, diciendo a las mujeres lo que deben sentir al ser madres, lo que deben hacer y lo que deben pensar, cumplimos la misma función que en los años 50 cumplieron los discursos machistas que culpaban a las mujeres del descenso de puestos de trabajo y las exhortaban a volver al hogar para mantener a la familia unida. Ahora la bandera es el vínculo sagrado y reprimido entre la madre y la criatura. Ese vínculo que no vemos, que no sentimos porque estamos oprimidas, porque estamos heridas, porque llevamos una coraza de acero.

Al final, nos quedamos en un puesto tan difícil como en el que ocupamos en aquellos años de las tartas humeantes en el alfeizar de la ventana, ahora convertidas en sabrosos cupcakes y maravillosos tratados sobre como mantener el orden en casa. Las madres volvemos a ser esas santas puras que mantienen cada cosa en su sitio, tanto física como socialmente. Y, por supuesto, tenemos el deber de velar por el desarrollo sagrado e intocable de la bondad de nuestros infantes.

Aquí es donde entra en juego el puritanismo. La teoría del vínculo sagrado va acompañada habitualmente de una creencia Roussoniana del desarrollo infantil. Los niños y niñas son almas puras que se desarrollan de manera perfecta si lo hacen en plena libertad. Y nosotras, sus madres, hemos de velar por la imperturbabilidad de esta pureza en desarrollo. Toda intervención en este proceso sacro es inadecuada, incluso los premios y las alabanzas se transforman en manipulaciones inadmisibles y violentos sobornos.

El lugar que antes ocupaba el Rock’nd Roll, esa música del diablo que pervertia a los jóvenes de antaño según las mentes bien pensantes,  es ocupado ahora por el sucio regeton,  que hipersexualiza a las mujeres según la feminista blanca de clase media. Ahora solo se admite la música infantil y, en todo caso, el pop clásico.

Y así andamos, convirtiendo discursos antiguos y actualizándolos para los tiempos que corren.  Discursos que ignoran por completo las diferencias de clase y que nos tratan a todas por igual, ignorando las múltiples circunstancias que nos conforman en la historia de nuestra vida. Triunfa la que, habiendo sorteado miles de obstáculos, consigue criar a sus cachorros cual lobos en manada y se convierte en bloguera o en coach de madres y mujeres. Y la que no lo consigue, pasa sus días lamentándose por la sociedad en la que le ha tocado vivir. Esta sociedad enferma que le impide alcanzar la tierra prometida.

El feminismo no aboga ninguna forma de vida. No tiene nada que ver con la imposición  de un modelo de mujer (la que siente el instinto maternal biológicamente determinado) ni de madre (la que permanece en casa junto a sus crías durante sus primeros años de vida). El feminismo persigue la igualdad y la libertad de elección. También la de las madres que quieren quedarse en casa para criar. Y la de las madres que eligen otras formas de conciliación. Y la de las mujeres que no quieren ser madres.

#VDLN 97: Vetusta Morla (Sálvese quien pueda)


Hay tanto idiota ahí fuera… Y lo hemos podido comprobar estos últimos días, cuando a Anna Gabriel, de la CUP (mujer, roja, independentista, política y sin mechas) decía que le satisfaría tener hijos/as y criarlos en grupo. Aquí su intervención completa. Bien, pues esto le ha hecho merecedora de miles de insultos en las redes sociales y en la televisión y prensa basura (puta y malfollada entre otras lindezas en Periodista Digital). Como si hubiese dicho algo que no pensasen cantidad de personas en el mundo occidental. Como si se le hubiese ocurrido a ella de repente. Como si lo que ha dicho fuese algo totalmente absurdo e impensable.


No me voy a poner a citar a antropólogos ni a hacer historia para sacar del olvido nuestras tribus recientes, nuestra sociedad rural, nuestras plazas y nuestras eras. Pero sí voy a hablar de las muchas mujeres a las que he oído hablar de la crianza en tribu como un deseo inalcanzable que pudiese paliar su soledad. Sí, porque criar en una sociedad como la nuestra, en la que mamá, papá y sus vástagos se encierran entre cuatro paredes, a veces hace que la persona que cuida (que normalmente es la mujer) pase horas y horas sin estar en contacto con otro adulto, mientras da de comer, limpia, viste y entretiene a un bebé. Y eso hace de la crianza una experiencia desquiciante. No el hecho de criar, que puede ser inmensamente satisfactorio, sino estar sola en la crianza.

Pero claro, Anna G. ha tocado un tema relacionado con la estructura que sostiene nuestra sociedad. Los cimientos de la sociedad occidental capitalista depende de la falta de apoyo comunitario. Pagamos servicios que antes se solventaban con el trabajo compartido de los miembros del grupo. Nuestra soledad es una herramienta para tenernos atados y bien atados a los dictados de los mass media. Antes se debatía en la plaza. Ahora es la opinión pública la que determina lo que tenemos que pensar. Y desde luego, en esa opinión mayoritaria y “normal”, plantear lo de tener hijos e hijas en grupo es una verdadera aberración, de la que hay que reírse y a la que hay que pisotear.
Pasó lo mismo cuando las mujeres de la CUP de Manresa plantearon fomentar entre las mujeres en uso de medios de contención menstrual más ecológicos y respetuosos con el cuerpo de la mujer, como las copas menstruales. Conozco un montón de mujeres que ya han hecho ese cambio y han decidido dejar de usar compresas y tampones. Pero esta propuesta fue seguida de miles de chuflas y chirigotas de personajes incultos que no se habían molestado de informarse lo más mínimo sobre el asunto. Y es que a quién se le ocurre hablar de menstruación en un consistorio y plantear algo sobre la salud de la mujer. Las mujeres a menstruar como toda la vida, y cuanto menos se vea, mejor.

Dentro de poco, las mujeres de la CUP empezarán a hablar del parto respetado, de parir en casa, de contratar una doula y una matrona y de comer placenta. Eso va a ser el acabose, aunque como las doulas ya han sido objeto mediático de ataques, burlas, acoso y derribo, eso que llevan hecho. El caso es que no se hable de mujer ni de maternidad fuera de los límites establecidos. La mujer a parir, a criar y a menstruar como Dios Bendito manda. Y lo demás son cosas de mamarrachas y guarras antisistema, incultas y que no respetan el acerbo cultural europeo (que esa es otra)

Buenas noches, buenos días a todas y a todos. Os dejo con esta maravillosa canción.