LACTANCIA

¿Qué saben los pediatras sobre crianza?

Newborn ExaminationMi relación con las y los pediatras en mi historia como madre ha sido desigual. A la primera pediatra que conocí la apodábamos “doctora Menguele”. Podéis conocer su historia en esta entrada. Esa señora me hizo perder toda la confianza en mi cuerpo lactante y entregarme a la medicina más convencional para criar a mis mellizos. Ellos crecieron entre toses, mocos y bronquiolitis gracias a ella. Lo que mejor recuerdo de esa médica (que no doctora) era la seguridad con la que se dirigía a mí, madre primeriza asustada por la enorme tarea que me había caído en los brazos. Ese gesto grave, la seguridad con la que hablaba, sentando cátedra, aplicando protocolos aprendidos en sus años de práctica (que por su edad, no podían ser muchos), hacía que el espacio para la duda disminuyese hasta el mínimo. Vivíamos en los tiempos en los que Internet todavía no era la fuente de interacción entre iguales en la que se convirtió poco después en la era 2.0. 

En esa etapa aprendí que los pediatras no saben nada de lo que nos interesa a las madres cuando acudimos a su consulta una y otra vez, con un niño que llora y llora y con el que no sabemos qué hacer. Después de caer en la trampa del Dr. Estivill, que nos las prometía muy felices adiestrando a nuestros bebés para el sueño, y de perderme una infancia de amor y colecho con mis pequeños, descubrí que la palabra “pediatra” encierra una falsa promesa de sabiduría. El Dr. Estivill (y algún que otro pediatra en nuestro país) se hizo de oro a nuestra costa. Utilizó nuestra desesperación, nuestra pérdida de norte, nuestro sufrimiento en una sociedad en la que la crianza se iba desnaturalizando más y más y la convirtió en oro. 

Con mi tercer hijo, las cosas cambiaron bastantes. Mi relación con las y los pediatras se transformó. Lo tenía claro: los pediatras que tengo a mi disposición no saben NADA sobre lactancia, alimentación, sueño infantil y educación en general. En cuanto a lactancia, había absorbido toda la sabiduría de mujeres lactantes y de libros escritos por verdaderos expertos en lactancia (sí, ahí estaba Un Regalo para Toda la Vida, de Carlos González). Nunca se me ocurrió preguntar al pediatra nada sobre este tema. Nunca introduje los cereales ni las papillas de frutas cuando él o ella me lo indicaban. Nunca introduje leche de vaca en la dieta de mi hijo cuando estuvo lactando. Mi hijo no ha tenido una sola bronquiolitis. Es muy raro que se ponga enfermo, y cuando le pasa, su sistema inmunológico funciona rápida y eficazmente. 

Tampoco se me ha ocurrido nunca decirle al pediatra “mi niño no me duerme ¿qué hago?“. Las prácticas de crianza relacionadas con el sueño infantil no son incumbencia del pediatra. Ya sé que en muchas publicaciones de pediatría se considera trastorno del sueño infantil al hecho de que un bebé tenga que ser acunado en brazos para que se duerma, que se despierte por la noche o que no se duerma cuando se le tiende despierto en la cuna. Es una cuestión de perspectivas. En mi caso, no existía cuna ninguna, así que tampoco había trastorno del sueño por el que preguntar al pediatra. La cuna fue un regalo que nos hicieron con mucho cariño, que apreciamos mucho… pero que no usamos en absoluto. Muerta la cuna, se acabó la rabia… y los trastornos de sueño. Todo ello ligado a un colecho informado, consciente y vinculado a la lactancia materna. Mano de santo.

A ver, la crianza es la crianza, implica dedicación, mucha dedicación. pero si sabes lo que estás haciendo porque lo experimentas, te lo cuentan otras madres y lees libros que te convencen por su argumentación, la cosa cambia bastante. Para mí el pediatra se ha convertido en ese especialista al que acudo cuando creo que es necesaria una auscultación, un vistazo a los oídos o una opinión experta sobre síntomas desconocidos. Incluso en aspectos del desarrollo motor o lingüístico, yo misma u otras compañeras psicólogas saben muchísimo más que cualquier pediatra. Es cierto que, como agente de prevención de trastornos del desarrollo, el pediatra es crucial, ya que su acceso a la población infantil es superior al de cualquier otro profesional. Pero eso no les hace expertos en desarrollo infantil. 

Pero una cosa hay que tener en cuenta: cuando llegas al pediatra con esa prestancia de madre segura que no necesita consejos, hay algunos a los que no les sienta nada bien. Es ahí donde comienzan los comentarios cargados del principio de autoridad, con ADMs de nivel elevado. Les molesta que no nos postremos ante su autoridad, protocolos de alimentación, protocolos de medicación y protocolos de sumisión. Les molesta que nos informemos, que seamos expertas en crianza y que estemos seguras sobre cómo cuidar la salud de nuestras hijas e hijos. Esto no le pasa a todos los pediatras, por supuesto. Existen esas maravillosas excepciones. Pero la pediatría forma parte del patriarcado. Y punto final. 

Yo no dilataba y el niño no se enganchaba al pecho

Caio na sala de partoEstas son dos de las frases que más oigo cuando, incauta de mi, se me ocurre hablar con una mujer sobre sus partos y sus lactancias. Exceptuando entornos de madres organizadas en asociaciones o madres con una tradición familiar que defiende la lactancia, lo más habitual es que las mujeres hablen de sus partos y sus lactancias en términos de sus dificultades. 

En cuanto al parto, me sorprende mucho que las mujeres normalicen las intervenciones innecesarias a las que son sometidas en el proceso del parto. Aquí podéis consultar las recomendaciones para un parto normal del Ministerio de Sanidad y la OMS. En ellas podemos ver que no se recomienda ni la ruptura intencional de la bolsa de líquido amniótico, ni el subministro protocolario de oxitocina, ni la episiotomía (los famosos “puntos” de los que se quejan las madres recientes) ni la postura boca arriba con las piernas en alto para parir (litotomía). Sin embargo, estas prácticas aparecen una y otra vez en los relatos de las mujeres. Las sufren sin saber que son perjudiciales, dan lugar a un parto más doloroso e incluso suponen riesgos de los que las mujeres rara vez son informadas. Acabamos creyendo que el parto es así, hay que pasarlo y hacer todo lo que nos digan sin rechistar ni quejarnos demasiado.

Me pregunto por qué, si el ministerio de sanidad hace estas recomendaciones, se siguen realizando estas prácticas de forma rutinaria en tantos y tantos hospitales. ¿La formación de las y los profesionales que atienden partos es deficitaria? Entiendo que sí, y entiendo que los esfuerzos para difundir estas recomendaciones y formar a las/os profesionales para cumplirlas no han sido suficientes. Quizás el momento del nacimiento no sea objetivo prioritario para realizar una inversión y lograr que las mujeres dejemos de sufrir partos traumáticos e innecesariamente intervenidos. 

En cuanto a la lactancia, pasa otro tanto de lo mismo. Más de un lustro de desaprendizaje ha hecho que el bebé deje de engancharse al pecho. Puede ser que haya casos en los que sea necesario recurrir a la leche de fórmula. Incluso puede haber mujeres que no quieran dar de mamar a sus bebés. Pero el porcentaje de mujeres que dicen “no le di el pecho porque no se enganchaba” es demasiado elevado. Al menos en mi muestra cotidiana. O el ser humano ha evolucionado a formas extrañas de auto-extinción o pasa algo en nuestra sociedad que dificulta la instauración de la lactancia. 

Seguramente el motivo sea la falta de modelos con éxito. En una sociedad en la que se ve con malos ojos que una mujer de el pecho a su bebé en público, es difícil que otras mujeres sean testigos de esta práctica humana y mamífera. Y esta invisibilización de la lactancia conduce a una pérdida de confianza en la capacidad del cuerpo femenino para nutrir a sus crías. Nos da la sensación de que nuestros hijos e hijas se van a morir de hambre si no vemos lo que comen, y el transparente biberón nos da la seguridad que no nos ofrece nuestro desconocido cuerpo. 

Leyendo el libro de Lionel ShriverTenemos que hablar de Kevin“, en el que la madre de un chico que ha asesinado a sus compañeros de instituto en una de esas típicas masacres estadounidenses escribe cartas a su ex-marido desgranando la historia de su maternidad, me asaltan muchas dudas, que van de la ficción a la realidad y de la realidad a la ficción. Después de uno de esos partos “comunes”, hospitalario, doloroso e impersonal, Eva intenta dar de mamar a su bebé. Lo hace mientras están cosiendo su episiotomía. El bebé rechaza el pecho. La madre interpreta esto como un rechazo a ella misma. A partir de ese momento, la relación de madre y bebé nunca es “normal”, no surge ese vínculo de amor que nos dicen es natural e instantáneo. La novela salta en una insinuación de culpas de la madre al hijo, del hijo a la madre, sobre los sucesos acontecidos cuando Kevin tenía 16 años. 

El libro de Shriver cuenta una historia límite, pero me hace plantearme la de relaciones difíciles entre madre e hijo recién nacido que pueden causar estas condiciones en el nacimiento. La de depresiones postparto que se podrían evitar si rodeásemos el parto de humanidad y re-naturalizásemos algo tan natural como la lactancia. No se trata de algo superfluo, se trata de nuestra llegada al mundo. El momento más importante de nuestras vidas merece estar rodeado de más amor y de menos civilización superflua. Y, aunque no lo hemos mencionado a lo largo del post, de menos intereses económicos que van ligados a hormonas sintéticas, anestesias, leches de fórmula y demás artefactos.

La teta o el biberón no son lo más difícil

Sucking & smokingEn los últimos días vuelve a surgir la recurrente polémica entre las detractoras y defensoras de la lactancia materna. Aparecen los mismos argumentos de siempre, los mismos datos, los mismos reproches, la misma amargura, los mismos desplantes. Argumentos desde lo objetivo y desde lo subjetivo. Disputas que no son del todo inútiles, ya que indican una toma de conciencia que antes no existía, pero que a mi ya personalmente me cansan porque las vivo como recurrentes.

Yo lo tengo muy claro: como mujer trabajadora y profesional que ha tenido tres hijos, ha dirigido alguna que otra investigación y ha escrito algunos artículos científicos, dar el pecho ha sido para mi la opción más cómoda y satisfactoria. Cuando la pediatra se empeñó en que, por motivos laborales, tenía que dejar de dar el pecho a mis mellizos, fastidió una lactancia que nos estaba beneficiando a las tres. Con el pequeño no me pillaron despistada y la lactancia duró hasta los 4 años. Hay quienes hablan de la lactancia como un gran sacrificio: a mi no me lo pareció en absoluto. Maticemos: no más que el biberón. Pero evidentemente, cuando tienes hijas e hijos, te cambia la vida. Y quien diga lo contrario seguramente tenga o mucho dinero para encargar el cuidado de sus hijos a otras personas o muchos familiares a su alrededor dispuestos a ocuparse de las criaturas. Y aún así, por lo menos en mi caso, dejar a tus hijas y a tus hijos al cuidado de otras personas conlleva una preocupación y un sufrimiento importantes. Aunque he usado las guarderías y los cuidados de personas contratadas, para mi ese periodo no ha sido nada satisfactorio. Siempre vigilante a la mínima señal de sufrimiento de los peques, sintiéndome culpable por no estar con ellos, rogando por que aprendieran a hablar cuanto antes para que pudiesen contarme todo lo que pasaba en los ratos que no estaban conmigo o con su padre.

Pero esa época pasa, y las niñas y niños aprenden a hablar, a leer, a escribir, a sumar y a restar. Aprenden inglés y francés, aprenden formulación química e integrales. Empiezan a saber más que tú de ciertos temas y eso te llena de orgullo. Entonces miras a tu alrededor y el mundo de repente se convierte en una peligrosa jungla. En los periódicos lees noticias sobre chicas violadas, botellones que acaban mal, abuso de menores, sexting, muerte por consumo de drogas en fiestas nocturnas, balconing… y un largo etcétera. Es entonces cuando empiezas a valorar lo que les has ofrecido a tus hijos e hijas. Empiezas a valorar la confianza que tienen contigo o el recelo que muestran ante tus consejos. Haces un repaso de sus valores e intentas recordar en qué momento los han adquirido. Te tiras de los pelos por no haberles enseñado a colaborar en las tareas del hogar. Es entonces cuando comprendes que todo el tiempo invertido ha servido para algo, y el no invertido ha dejado un hueco en el aprendizaje.

Miren, la lactancia materna es sin duda mejor para la salud de nuestros pequeños y mejor para la nuestra. No hace falta que ponga ningún enlace para atestiguarlo: hay muchísima información seria la respecto y quien se quiera informar de verdad puede hacerlo. Pero vivimos en tiempos difíciles para la maternidad. Aún optando por el biberón, la crianza es difícil. La integración en el mercado laboral no te hace más independiente y realizada: si quieres ser madre (o padre) te tendrás que enfrentar a muchas dificultades. Y entre esas dificultades, la elección teta-biberón no es de las peores, creedme. Yo tuve que elegir entre convertirme en una afamada investigadora mientras que mis hijos se criaban entre manos extrañas o cumplir con mi trabajo de manera adecuada y pasar más tiempo con mis hijos. No tuve ninguna duda, la verdad. La fama cuesta, es una pena que no haya podido dedicarme en cuerpo y alma a mi profesión. Pero más penoso sería si, ahora que mis hijos mayores son adolescentes, fuesen unos desconocidos para mi. 

En la vida las cosas son así: el día tiene 24 horas, y tienes que decidir en qué ocuparlas. Las profesiones de alto rendimiento requieren una dedicación intensiva, y en muchas ocasiones tienes que trabajar más horas de las que te pagan. Los hijos también requieren tiempo y energía. Cuando tienes las dos cosas, hay que tomar decisiones. Y en estas decisiones no está en juego solo el yo-soy-mujer-libre-e-independiente-que-sigue-con-su-carrera-profesional-lee-y-se-realiza. Está en juego también la educación de unos seres que has traído al mundo bajo tu responsabilidad (y la de tu pareja, que estará tan atareado como tú y también renunciando a cosas importantes en su vida profesional, si sois una pareja igualitaria). Y esa educación está compuesta de ejemplo, de cariño y de acompañamiento a partes iguales.

Nadie es perfecto, por supuesto. La carga es a veces tan grande que hace que perdamos los nervios y que cometamos errores continuamente. Pero ser padres es también un aprendizaje. Lo importante es adquirir conciencia de lo que eso supone. Traer al mundo a unas criaturas no es tan fácil como dar la luz y dar teta o biberón. Hay que darles la energía para crecer, energía hecha de amor y de muchas más cosas. Y la maternidad no se agota cuando alcanzan la pubertad ni cuando empiezan a salir con los amigos y amigas, ni cuando se van de casa siquiera. 

Por eso, discutir sobre la teta o el biberón me parece que, aún siendo útil, ocupa demasiado espacio en los debates sobre la maternidad. Está claro que hay intereses económicos que pretenden que todas gastemos mucho dinero en leche de fórmula para criar a nuestros hijos e hijas. Pero mientras que la gente se da cuenta de esto, os aseguro que hay otros debates igualmente importantes que deberíamos empezar a abordar seriamente. 

A demanda

Demanda

 

Parece simple: demandar hace referencia a solicitar algo que queremos. Algo que nos apetece y deseamos. Es una palabra simple, sin recovecos extraños. ¿Por qué entonces su significado parece tan oscuro y se malinterpreta en tantas ocasiones cuando hablamos de lactancia materna (LM)?

De acuerdo con la Asociación Española de Pediatría: “La alimentación al pecho tiene que ser a demanda, es decir, hay que ofrecer el pecho al bebé cuando éste lo pida y durante el tiempo que quiera, hasta que lo suelte espontáneamente.  De este modo se regula la producción de leche según las necesidades del niño, se asegura la ingesta de leche del inicio y del final de la toma, cuya composición es diferente, y se logra un buen vaciamiento del pecho, evitando un excesivo acúmulo de leche que puede ocasionar ingurgitación y mastitis. Muchos niños, además de alimento, buscan consuelo en el pecho de su madre. Un bebé que llora y que demanda ser amamantado necesita a su madre. Retrasar innecesariamente el momento de la toma causa un sufrimiento evitable tanto para el bebé como para su madre.”

Sin embargo, aunque la aclaración de lo que significa “lactancia materna a demanda” parece meridianamente clara, todavía hay muchísima confusión, tanto entre las madres como entre los propios pediatras. Como ejemplo, las recientes declaraciones de la presentadora de TV, Pilar Rubio, que afirmaba dar lactancia materna a demanda a su bebé CADA DOS HORAS, “porque es muy glotón y no aguanta tres”. A ver, Pilar, “a demanda” es cuando el bebé lo pida. Y sí, los bebés muy pequeños piden la teta con mucha frecuencia, no porque sean muy glotones, sino porque lo necesitan. A medida que su fuerza aumenta y son capaces de succionar con más fuerza y más eficacia, esta frecuencia disminuye. Y si tu bebé de pocos meses solo pide teta cada dos horas, la verdad es de una precisión meridiana y no es ningún glotón. 

Navegando por los foros, podemos encontrar muchas madres desconcertadas por las recomendaciones contradictorias que les dan distintos profesionales sobre el significado de “a demanda” y la conveniencia de pautar la lactancia. Por ejemplo, una mamá en el foro Enfemenino pide ayuda porque la pediatra y la matrona le han dado informaciones muy diferentes sobre el momento en que ofrecer el pecho al bebé.  Dice: 

hola! necesito ayuda mi bebe tiene 13 dias y al principio le daba pecho con ayuda,tube k ir al pediatra xk llego un momento k solo keria comer se pasaba el dia llorando,solo se callaba si comia,llegaba a comer pecho y hasta 60 de bibe no lo daba saciado,fui al pediatra y me dijo k estaba descontroladisimo k lo k tenia k hacer era darle 15minutos de un pecho y 15 de otro,y k el bibe se lo kitara solo le diera si viera yo k se kedaba con hambre se lo diera como postre,bien pues llevo 2 dias asi y yo veo k el niño llora mucho y tiene hambre,y x otro lado la matrona me dice k le de pecho a demanda y la pediatra dice k a demanda es solo la primera semana .me estan volviendo loca,necesito ayuda x favor,a kien hago caso?k hariais en mi lugar? gracias

Impresionante ¿no? El caso es que esta situación no es tan extraña. Yo misma la sufrí. Cuando tuve a mis mellizos, estuve una semana esperando la cita con el pediatra. Esa semana, les daba teta cada vez que se quejaban, y apuntaba la hora de la toma. No tenía ni idea sobre lactancia materna. Todavía no había tantísima información como hay ahora circulando por internet, era el año 1999. Cuando llegué y le enseñé a la pediatra la hoja de las tomas, la miró de reojo, me la arrojó a la cara y me dijo que ahí había que poner orden. Me pautó biberones para uno de los mellizos cada tres horas y para otro cada tres, y que luego, si querían teta, que tomasen teta. Os podéis imaginar el despropósito que supone eso: por las noches no dormíamos en absoluto. Después de darnos cuenta que aquello acabaría con nuestras vidas, volvimos a establecer el “a demanda” por demanda de nuestra salud. 

Si hay alguna dificultad, no está en el significado de la expresión “a demanda”, sino en la interpretación de las señales que nos lanza el bebé. Recuerdo esa incertidumbre. El bebé se agitaba, le ofrecía la teta, la rechazaba, seguía inquieto. Ni siquiera el recurso a las “crisis de lactancia” me daba para explicar algunos comportamientos de mi bebé. Pañal cambiado, alimentado, achuchado… ¿qué le pasa? ¿querrá dormir? ¿querrá jugar?

La naturaleza no tiene pautas. O sí las tiene, pero no responden a una lógica humana del orden. Desde luego, el problema está en que hemos perdido el norte. ¿Cuantas lactancias a demanda y prolongadas hemos conocido? ¿Con cuántas mujeres hemos compartido nuestras experiencias, nuestras dudas, nuestros miedos? La tribu ha quedado truncada. Las empresas que se enriquecen con la fabricación de leche de fórmula lo saben, y se aprovechan de ello. Incluso los supuestos profesionales, los que nos deberían asesorar adecuadamente sobre la lactancia materna, están perdidos e intentan imponer normas rígidas a un proceso flexible y natural. Qué necesarias en este momento las asesoras de lactancia, las doulas, las asociaciones de mujeres y, en definitiva, el contacto con mujeres conscientes de su cuerpo y de su vínculo con el bebé. 

El otro día, viendo un capítulo de la famosa serie Vikingos, la princesa Aslaug da a luz a Sigur Ojo de Serpiente. Es un bebé precioso y regordete, con un ojo un poco raro pero perfectamente alimentado. Que yo sepa, en la época de los vikingos no existían los biberones. El caso es que el pecho de la princesa Aslaug no se ve una sola vez. Va ataviada con un largo vestido, del cuello a los pies, que nos hace pensar que el bello Sigur se debe alimentar del aire. Eso sí, la serie es florida en degüellos, lanzadas, flechazos y sangre… mucha sangre. ¿Creéis que existe un acuerdo de no mostrar una escena de lactancia en ninguna serie, película o similares? Puede ser que no, pero igual que la discapacidad o la homosexualidad, la lactancia materna es una gran ausente en los productos culturales de nuestra época. Y menos, a demanda. 

Algunas cosas que a las madres que dan lactancia materna a su bebé les molesta oir

Lactancia maternaNo es que sea una desagradecida. Agradezco mucho que hombres que no darán de mamar en su vida se preocupen por nuestro buen hacer a la hora de emprender la lactancia. Pero hay algunas cosas que me incomodan cada vez que leo lo que escriben algunos de estos hombres pro-lactancia materna. No voy a hacer un decálogo, como ha hecho Bebes y Más estos últimos días en tres entregas. Creo que los decálogos nos obligan a decir 10 cosas, cuando quizás lo podíamos haber dejado en 3. Vamos pues con la primera.

1) No le digas a una mujer que amamanta que “no hace falta que tenga la casa impoluta y que pida lo que quiere y necesita”. Diciéndole esto a la mujer, estás dando por hecho que es ella la responsable del hogar y del bebé en exclusiva. Puede que en algún caso lo sea. Pero en los casos en los que haya una pareja, es a él a quien hay que decirle que tiene que ponerse las pilas y mantener la casa en orden y la nevera llena sin que la mujer que amamanta tenga que pedírselo. Lo necesita porque ahora hay un bebé que pide teta con frecuencia, día y noche, y no puede ocuparse además de alimentarle y cuidarle a él (o ella). Si la pareja se hace consciente de esto, logrará un entorno acogedor en el que será mucho más fácil establecer la lactancia, que ya sabemos que, en sus inicios, no es un camino de rosas. La leche brotará de forma abundante y el bebé y la mamá tendrán tiempo de establecer su vínculo con calma y descanso.

2) No des por hecho que la mujer que amananta es un ser indefenso lleno de inseguridades. La seguridad en el propio cuerpo es la base en la que se fundamenta una lactancia exitosa. Por eso, no temas que la gente hable del tamaño de sus pechos o que haga comentarios sobre la calidad de su leche. Formar al personal sanitario para que informen adecuadamente a las mujeres sobre este proceso natural es muy importante. A las suegras, madres y vecinas no tenemos acceso, pero sí a las madres. Dotémoslas de esa seguridad necesaria y que los cursos de preparación al parto sean también de preparación a la lactancia.

3) Asume que hay mujeres que trabajan y que no quieren dejar de hacerlo. No plantees el dejar de trabajar como una solución para que prolonguen su lactancia. Emplea las energías que malgastas intentando convencerlas de que es mejor que se queden en casa en luchar por una conciliaciación real. Emplea esas energías en concienciar a la sociedad sobre la importancia de la maternidad y la lactancia materna prolongada.

4) Y por encima de todo, no le digas a una madre lactante que va a perder su belleza por culpa de la lactancia, y que así lo debe de asumir porque va en beneficio de su bebé y es un proceso natural. Tampoco le digas a su pareja que debe asumir que los pechos de su mujer han perdido su función sexual. No se lo digas sobre todo porque es mentira. Las mujeres son bellas en todo momento, y “lucir el busto” es una de las cosas más recomendables en el periodo de lactancia. Esos pechos repletos de leche son bellos, y los de después de la lactancia son bellos. Y además, en ningún momento pierden su función sexual. Es recomendable que la pareja no pierda de vista esta faceta y les hará mucho más felices. Tendrán que adaptarse a la nueva situación, como no. Pero dejar de tener en cuenta a la mujer para ensalzar a la madre no es la solución.

Este tetrálogo responde a algunos puntos planteados en esta entrada y en esta

Parto, lactancia, crianza

bebe_15Parto, lactancia y crianza son los tres pilares en los que se sustentaba una asociación a la que pertenecí hace un tiempo. Parto respetado, promoción de la lactancia materna y crianza respetuosa. Desde el principio tuvimos claro, al menos yo, que la implicación en estos tres temas no era sencilla. Había (y hay) muchos muros por romper, muchas batallas que ganar, muchos caminos que abrir. Y para abrir estos caminos, es necesaria una implicación abierta, una documentación constante y un trabajo de difusión e información que no siempre es un camino de rosas. Cuando hablamos de parto respetado, nos estamos enfrentando a la institución médica obsoleta que es violenta con las mujeres y los recién nacidos. Una institución que tiene la autoridad y el poder sobre nuestros cuerpos porque nosotras se lo concedemos ya sea por desconocimiento, ya sea porque no nos atrevemos a enfrentarnos con esta autoridad en uno de los momentos más cruciales de nuestras vidas: el nacimiento de nuestros hijos y nuestras hijas.

En cuanto a la lactancia, la forma natural de alimentar a nuestros bebés, inherente a la especie humana como mamíferos que somos, se ha convertido en una práctica extráñamente difícil. Las grandes multinacionales han ganado la batalla, y ahora parece que no podamos sobrevivir con la leche de fórmula. Da lo mismo que la evidencia científica muestre que los bebés humanos, así como sus madres, obtienen grandes beneficios de la lactancia materna. Las extrañas pautas de alimentación introducidas por muchos profesionales de la salud, que se empeñan en convencer a las madres de que los bebés maman 10 minutos cada 3 horas, unidas a la creencia de que la leche materna no alimenta y deja con hambre a los bebés y al desconocimiento del funcionamiento fisiológico de la mama, hacen que la lactancia no dure más de 3 meses en la mayoría de los casos. La promoción de la lactancia materna es, por tanto, una lucha constante contra personas con autoridad que desinforman a las madres y las disuaden de seguir la vía más natural, saludable y económica de alimentar a sus bebés.

Con respecto a la crianza respetuosa, el apellido en cuestión levanta tales pasiones que parece más una práctica clandestina que algo guiado por el más común de los sentidos. No obligar a comer, atender al llanto del bebé, respetar sus ritmos de desarrollo, no dejarle llorar, mantener el contacto necesario con la cria humana, en definitiva, criar con apego y, cuando el niño o la niña crecen, seguir ofreciéndoles el cariño y afecto necesarios para un buen desarrollo psicosocial. No parece tan extraño, pero en seguida nos empiezan a ofrecer métodos de adiestramiento del sueño, nos recomiendan a Super Nany y nos dicen que un buen cachete a tiempo cura todos los males de los niños consentidos y malcriados. De esta forma, vemos crecer a nuestros hijos entre consejos contradictorios de una y otra parte, y la sensación permanente de que lo estamos haciendo mal. La llegada al sistema educativo empeora las cosas, cuando vemos que nuestros hijos son sometidos (qué gran exageración) a rutinas y ritmos a los que, unos más, otros menos, se resisten y a los que acaban sucumbiendo. “Dejadles llorar, no les miméis, que no os vean nerviosas” son algunos de los consejos que dan las maestras de infantil los primeros días de cole, cerrando las puertas de la institución tras las espaldas de niños aterrados que no saben qué está pasando.

No es una tarea sencilla la de una asociación de este tipo. Quizás por eso, hay que tener las ideas claras y objetivos comunes. Una asociación de este tipo no es un grupo de amigas que se reunen con sus bebés para sacar la teta juntas y contarse lo mal que duermen, lo mal que lo pasan cuando dejan a su bebé en la guardería y lo que les reconforta juntarse para hablar de sus cosas. Eso también, pero no solo eso. Hay mujeres que no forman parte de ese grupo de amigas y que buscan apoyo. Otras mujeres, sin buscarlo, se podrían beneficiar de campañas de información concretas sobre parto, lactancia o crianza. Otras veces, es necesario que una asociación de este tipo exija a la administración ciertos ajustes en los servicios que se prestan en relación a la maternidad. Y, por supuesto, una asociación de este tipo tiene claro que existe una lealtad entre sus miembros. Si una de las personas que pertenece a la asociación plantea un problema relacionado con parto, lactancia o crianza, se tratará de buscar soluciones como asociación, si así se solicita.
Nosotras hicimos cosas como asociación, hasta que se perdió el sentido de lo que esto significaba. A partir de entonces, cada una buscó su camino. Las amistades permanecieron en la medida en que existían. Para mí estaba claro que algunas cosas eran imperdonables, como que alguien enseñase las conversaciones privadas por correo electrónico de nuestra asociación a instituciones educativas que investigaban (sin mucho afán) malos tratos en alguna guardería de Villa Springfield, y luego acusase a una antigua socia de haberlo hecho en su lugar. Acabada la asociación, acabada la amistad con quien lleva a cabo y permite ese tipo de conductas. Pero lo que es cierto es que una asociación como esa, con los tres pilares originales, parto, lactancia y crianza, sigue siendo necesaria en una ciudad como Villa Springfield.

UN APEGO EXCESIVO… O ALGO PEOR

Niño durmiendo
Niño durmiendo

En este vídeo emitido por A3 TV el 13 de marzo de 2014 podemos ver una “noticia” que habla del sueño de los niños. El título,  “más de la mitad de los bebés padecen problemas de sueño” nos trae a la cabeza a un montón de niños insomnes dando vueltas en sus cunas… ah NO, espera, ¿que los bebés en realidad tienen que dormir toda la noche de un tirón? Vaya, parece que nos han tocado todos y todas las bebés del 50% insomne.

En este minireportaje salen dos personas hablando como expertos sobre el sueño de los niños, un hombre y una mujer. En ningún momento se nos informa por qué estas personas hablan con tanta autoridad sobre el sueño infantil. ¿Serán pediatras? ¿psicólogos? ¿padres, al menos? No lo sabemos, pero hablan con gran desenvoltura sobre las características del sueño infantil y nos dan consejos para paliar la desinformación a la que sometemos a nuestros hijos sobre CÓMO SE DUERME. A ver ¿es que no os habéis enterado de que incluso los primates enseñan a sus monitos a dormir?… Ah, ¿que no? Vale, es que yo creía que, como lo habían dicho dos que parecían expertos, sería verdad.

Tampoco se nos informa a lo largo del reportaje sobre las fuentes de toda la información que nos están dando. ¿Se han realizado estudios para saber cómo es el sueño normal de un bebé y cómo el deficitario? ¿Se ha indagado en las causas de estos problemas de sueño? Porque afirman con mucha soltura que los niños duermen mal por culpa de la vida desordenada de los padres, que no son capaces de generar rutinas a lo largo del día. Lo que me pregunto es cómo dormían los bebés de los cazadores-recolectores, todo el día vagando de aquí para allá para conseguir comida, sin un lugar fijo en el que dormir… todos insomnes, pobres.

De acuerdo con McKenna y colaboradores, que me merecen mucha más confianza que los expertos sin nombre del vídeo, la forma habitual de sueño de nuestros ancestros ha sido el colecho. La razón es de tipo biológico: los bebés humanos necesitan el cuerpo de su madre para regular sus funciones durante el sueño, además de tener a su disposición su único alimento: la teta. Además, estos autores atribuyen los elevados índices de muerte súbita en nuestra sociedad a la ruptura de las costumbres naturales de sueño y alimentación. El colecho y la lactancia materna, en este sentido, previenen la muerte súbita, no la provocan. Es cierto que hay que tomar ciertas precauciones en situaciones de obesidad de alguno de los colechantes, o si alguno ingiere alcohol, somníferos u otras drogas. Pero no hay datos que demuestren que en el resto de los casos exista riesgo de muerte por aplastamiento del bebé, como sugiere muy alarmada la “experta” del vídeo.

En cuanto al apego excesivo que dicen puede producir el dormir con los niños en la misma cama, tampoco nos dan datos al respecto. ¿Pretenden que en el siglo XXI nos creamos a pies juntillas todo lo que nos dicen sin que intenten demostrárnoslo siquiera? En primer lugar ¿qué es un apego excesivo? Yo he oído hablar del apego seguro, que es el que desarrolla un niño con una o varias figuras que le cuidan de forma constante a lo largo del tiempo, y luego de otros apegos que se consideran menos sanos, pero nunca, en ningún estudio he visto mención a que una de las causas de estos apegos patológicos sea el colecho. Y tampoco he oído hablar de “apego excesivo” en ninguna teoría o trabajo experimental. Por otra parte, si como ya he dicho, el colecho era la forma habitual de dormir de nuestros pequeños ancestros, ¿cómo sobrevivieron a esa incapacidad para independizarse de su madre, estando como estaban todo el día pegados a ella?

Los medios de comunicación deberían informarse un poco más antes de soltar este tipo de documentales al aire. Me da la impresión que este fue un pequeño reportaje de relleno al que no le dieron mucha importancia. Sin embargo, la tiene. Imagínense cuántos padres y cuántas madres estarán pensando ahora si su bebé tiene problemas de sueño, sintiéndose culpables porque le meten en la cama cuando llora por la noche, forzando al bebé a dormir en la cuna y explicándole que se tiene que dormir porque es de noche. Hay mucha información al respecto que nos habla de los beneficios del colecho, que arroja luz sobre la maduración del sueño infantil y de la adaptación progresiva a los ritmos circadianos. Por favor, antes de hablar, estén seguros de que lo que dicen es mejor que el silencio.

Me he convertido en estado

Mamando con mamá
Mamando con mamá

Estas navidades, mi querida hermana nos regaló una pareja de Hámsters rusos, Sergei y Sindy. Sergei es algo peculiar, y nos deleita con un extraño tic que consiste en caerse de espaldas cuando se pone nervioso. Corre por toda la jaula y, cuando llega a la pared, se pone a dos patas, se tira de espaldas, y vuelve a empezar. A veces permanece tumbado unos instantes, muy quieto. Nos asustamos porque parece que le ha dado un paraflús, pero en seguida vuelve a levantarse y continúa con su frenético vaivén. Es lo que, en términos humanos, llamaríamos una “discapacidad“. Eso le hizo pensar a mi hermana que nunca criarían. Craso error.

La semana pasada le dije a Vampi: “Venga cariño, vamos a limpiarles la jaula. Tú les coges, que a mi me da miedo, y yo hago el resto.” Vampi Killer iba tan contento a cumplir su cometido, cuando, al levantar la caseta verde, descubrimos…. SEIS COSILLAS ROSAS RETORCIÉNDOSE AL COMPÁS. El grito que pegué hizo que Father se incorporase como un resorte de su siesta en el sofá. Yo tengo un terrible trauma infantil. Cuando era pequeña, me levanté a ver a mis hámsters y descubrí con horror que la hembra había parido, y que el macho se estaba comiendo a las crías. Así que ahora no quería mirar, no fuera que descubriese una escabechina. Father devolvió a los adultos a la jaula y les dejamos como estaban para que no se pusiesen nerviosos y no dañasen a las crías. Estaban todos bien.

Según lo que he leído, lo mejor es separar al macho de su prole recién nacida, pero Sergei se ha comportado como un padrazo. Da calor a sus bebés y les deja dormir acurrucados a él. Algunos incluso le buscan la teta cuando la madre está tomándose un respiro. Al principio, pensamos regalar rápidamente a las crías, pero a medida que pasan los días son cada vez más bellas. Además, el argumento de Vampi es contundente: “Imagina que regalamos a Monster Girl… eso no está bien ¿verdad?” Claro, que le regalásemos a él, a Vampi Killer,  es inimaginable, por supuesto.

Mamando con papá
Mamando con papá

Así que me he convertido en estado. El estado debe asegurar el bienestar de sus ciudadanos. El derecho a estar alimentados y tener una vivienda digna es indiscutible. Es indigno de un estado dejar que sus ciudadanos y ciudadanas vivan hacinados. Por tanto, hemos comprado a nuestras criaturas una jaula de tres pisos. Los bebés se crían en la planta de abajo, tienen agua fresca y comida disponible. Su madre les da la teta y ellos buscan por el suelo la comida que papá y mamá esparcen para que esté a su disposición. Cuando la mamá se cansa, se va al tercer piso y deja a los bebés con papá, que les cuida pacientemente y aguanta sus embestidas en busca de un pezón inexistente. Si yo no asegurase el bienestar de mis ciudadanos, seguramente los padres terminarían dañando a sus crías, ya que éstas se convertirían en competidores peligrosos por la comida y el espacio. Un buen estado procura tener cubiertas las necesidades básicas de sus ciudadanos.

Además, como Sergei parece tener dificultades para subir a las plantas superiores, hemos instalado un bebedero adicional en la planta baja. De este modo, su discapacidad no es óbice para que Sergei sea un ciudadano de pleno derecho, con las mismas facilidades para acceder a los recursos básicos. También tiene una rueda en el piso de abajo para poder hacer ejercicio. Su condición no le hace inferior a los demás habitantes de nuestra jaula.

En definitiva, estoy muy orgullosa de verles crecer en paz y armonía. No sé en qué momento y con qué medios tendremos que imponer el control de la natalidad, pero lo haremos de una manera justa y ecuánime, de modo que nadie salga perjudicado y asegurando el bienestar de toda nuestra población. 

Durmiendo Juntos

La cuna. Berthe Morisot.
La cuna. Berthe Morisot.

Cuando nació Vampi Killer, le regalaron una cuna. Nunca la estrenó. Desde su primer día de vida dormimos en la misma cama. Había leído sobre colecho, pero no sabía realmente cómo iba a progresar el asunto. Había leído sobre lactancia materna, sobre los patrones de alimentación de los recién nacidos, su mala costumbre de alimentarse tanto por el día como por la noche, con frecuencia las primeras semanas, y las ventajas del colecho para mantener la lactancia.

En un primer momento montamos la cuna, pensando que quizás fuese más cómodo acostarle allí cuando estuviese dormido después de alimentarse, pero poco a poco vimos que la cuna lo único que hacía era ocupar sitio en la habitación y la desmontamos. Entonces compramos una cama de dos metros. Una inmensa cama japonesa muy bajita para disminuir el peligro de caídas accidentales. Es la mejor compra que he hecho en mi vida.

El colecho tuvo, desde mi punto de vista, sus ventajas y sus inconvenientes. La mayor ventaja era poder alimentar a mi bebé mientras dormía. La verdad es que fue un bebé dormilón y comilón: si se despertaba, bastaba con ofrecerle la teta para que se volviese a dormir. Solo cuando estaba malito, muy de cuando en cuando, había que levantarse a mecerle en brazos para que se durmiera. Así que, por esa parte, era estupendo no tener que estar dando paseos nocturnos con un bebé en brazos, como pasó con sus hermanos mayores.

Otra ventaja era la tranquilidad de tenerle siempre al lado. Con los mayores me despertaba a media noche sobresaltada porque no habían llorado, y me iba a verles a la otra habitación para comprobar que respiraban. ¿Obsesiones de primeriza? No lo sé, he oído a otras madres y padres mencionar este miedo y esta conducta. Pero tener al bebé a mi lado me daba paz, y me encantaba sentir su respiración acompasada y saber que estaba bien. A esto se unía el placer de poder acariciarle y besarle mientras estaba dormido.

Pero no todo eran ventajas. Permanecía prácticamente durante toda la noche en la misma postura: de lado, de cara al niño, para amamantarle. Esto me produjo fuertes dolores de cadera, que aún hoy, después de los años, permanecen. Esto, unido a mi manía de cargar a un bebé regordete también en la cadera, con una bandolera, me dejó la espalda hecha un ocho. La práctica del yoga palió un poco estos dolores, pero lo cierto es que, desde entonces, tengo contracturas por toda la espalda y el eterno dolor de cadera.

Por otra parte, cuando el niño ya era mayor, tres años aproximadamente, le pusimos su nueva cama. Él se dormía en mi cama, y cuando estaba dormido, le llevábamos a la suya. A media noche siempre volvía con nosotros, muy sigilosamente, y se acostaba en su sitio acostumbrado: en medio de la cama. Poco a poco fue durmiendo cada vez más tiempo en su cama, pero a día de hoy, con 7 años, no he conseguido que se duerma solo. Normalmente no me importa meterme con él en su cama hasta que se duerma, pero a veces es desesperante tener que estar metida en su cama a las 10 de la noche, con cosas por hacer y luchando para que no me venza el sueño a mi también. No creo que esto sea malo para él en absoluto (aunque me ha dejado bien claro que ni se me ocurra contarle a sus amigos cómo se duerme él) pero si lo es para mí. A veces me quedo dormida y me despierto a las 11 o las 12 refunfuñando y poco operativa para realizar cualquiera actividad.

Por lo demás, el colecho creo que ha sido beneficioso para él: le permitió alimentarse cómodamente por la noche durante los primeros dos años (edad en la que decidí amamantarle solo por el día), le aportó seguridad ante su miedo a la oscuridad y los monstruos nocturnos y creo que su carácter afable e independiente proviene de esa seguridad que se fue forjando a lo largo de los años. Dormir con su mamá sigue siendo, no obstante, un placer para él. “Qué bien se está aquí” dice los días que le dejo acostarse en mi cama y dormir junto a mi.