LACTANCIA

El divorcio y los expertos

Ya sabéis lo que opino de los expertos. En el post La familia infantilizada hablaba de las imposiciones que hace la escuela sobre la familia, pretendiendo adoptar su papel en la educación de las niñas y los niños e invadir su espacio con la tareas escolares. Aquí voy a hablar de los procesos de divorcio y de la fe ciega que algunas personas tienen en que estos procesos van a ser resueltos si unos expertos asesoran al juez para que tome decisiones por la familia con hijas/os que se desintegra.

Lo cierto es que, si la pareja fuese capaz de mirar por el bien del niño o de la niña, buscaría la manera de alcanzar un acuerdo de divorcio sin aspavientos, peleas y juicios interminables. Cualquier divorcio supone sacrificios: todo el equilibrio cotidiano, todos los hábitos, la economía, las costumbres y el entorno social se ven alterados. Deberíamos encontrar soluciones que fuesen adecuadas para los pequeños y que no nos dejasen a los adultos en estado de indigencia o de inestabilidad, que no perpetuasen el conflicto. Las niñas y los niños no son entes aislados para los que se pueda buscar el bienestar independientemente del bienestar de las personas que les rodean. Por eso, y teniendo en cuenta que las circunstancias de cada familia son muy diversas, las soluciones se deben encontrar en el seno de la misma familia y teniendo en cuenta los recursos de los que dispone.

Por otra parte, creo que la figura de un juez absoluto que dictamina objetivamente y encuentra la solución más justa, sinceramente, no existe. Creer en la existencia de una objetividad y una verdad absoluta a estas alturas es ser bastante ingenua. Todas las decisiones que se toman en un juzgado, igual que las que se toman en la vida “real”, están impregnadas de ideología. Y como tengas la mala suerte de que te toque un juez que no tenga la misma ideología que tú, estamos listos. Jueces que alegan SAP para quitar la custodia a madres y dársela a padres, jueces que tienen asesores amigos de supernanny, jueces que son más de las teorías de Carlos González, jueces piagetianos, jueces vygotskianos. Lo cierto es que, quitando lo del SAP, que no puede ser considerado como algo científico y no está reconocido en el DSM (hasta que a alguien le de por introducirlo), sobre todas las demás “verdades” puedes encontrar expertos que te digan cosas radicalmente opuestas sobre la crianza de un niño/a sin que se les mueva una pestaña.

Pero lo cierto es que los únicos expertos en la familia que se está desintegrando es la familia que se está desintegrando. Y me temo que los jueces sólo la conocen a través de los informes de los peritos, y dictaminan sin profundizar mucho en los detalles y a partir, fundamentalmente, de la ideología de los expertos que les asesoran.

La última disputa es custodia compartida sí, custodia compartida no. No creo que esa sea una disputa que se pueda establecer en el vacío empírico. Imponer una custodia compartida o cualquier otro tipo de custodia sin considerar las consecuencias que va a tener en la familia es un despropósito. Yo impongo mi ideología y allá vosotros dos y vuestras hijas con las consecuencias. Habrá familias a las que le vaya estupendo con la custodia compartida, pero otras no tienen ni las posibilidades económicas ni psicológicas de sostenerla.

Y luego está el tema de la lactancia. Desde mi punto de vista, es de sentido común que si una pareja se separa teniendo un bebé lactante, no va en beneficio del bebé el destetarle para que su padre “ejerza su derecho a la paternidad“. Pero mi punto de vista no es el que mantienen todas las personas, y mucho menos el que mantienen todos los expertos. De hecho, ¿no conocéis pediatras que os animan a usar leche de fórmula y a introducir los cereales y la fruta a los 4 meses? Aquí estamos otra vez en una situación en la que dependemos de la suerte. ¿Daremos con un Carlos González o con un Estivill en la separación?

En conclusión, es todo muy difícil. No estamos formados para la resolución pacífica de conflictos, para ceder una parte y obtener un beneficio a cambio, para manejar el dolor, el orgullo, los celos, el odio y superarlos pensando en un proyecto de vida (teniendo sólo en cuenta los casos en los que se supone cierta coherencia y sentido común a las personas que se separan). Y esto nos aboca a dejar nuestros conflictos en manos de expertos y de jueces que no saben nada de nuestra vida y que tomarán sus decisiones en función de su ideología. La solución no es a corto plazo e implica un trabajo educativo profundo en relaciones de pareja, su significado y su caducidad, así como en las cosas que implica tener un hijo/a con una persona determinada. Pero creo que deberíamos ir pensando en el papel de la justicia en nuestras vidas como pareja, madres y padres.

¿Brechas o alteraciones en la fuerza?


A veces, los extraterrestres nos enseñan más sobre las desavenencias en el feminismo que las propias feministas. Ana Fernández Vega publicaba hace poco en su blog una entrada sobre la brecha en el feminismo actual, y me situaba en un lugar en el que no me reconocía. Hacía una división entre las feministas que dábamos prioridad a los derechos de los niños y niñas sobre los de las mujeres (¿las malas?) y aquellas otras que creían que los cuidados y la conciliación dependían de la corresponsabilidad (¿las buenas?). Y yo era de las malas, cómo no. Es mi sino. 

Y esto era así a pesar de las múltiples batallas que he librado contra la facción de la herida primal, que no nos deja desviar la vista de las necesidades de nuestras criaturas. Este grupo sostiene que no podemos dejar que el cerebro de nuestros bebés se convierta en papilla bajo los efectos del cortisol que segregan cuando llora, y mantiene una férrea vigilancia hacia la actitud de la madre hacia su retoño: “Es tu bebé, cuídalo, no hay nada más a tu alrededor, ahora existes para él, la exterogestación es lo principal y prioritario”.

Pero no, yo no soy de las de la herida primal, y preferiría hablar, más que de una brecha entre los feminismos, de alteraciones en la fuerza, como decía el maestro Yoda. Para las feministas buenas, las que quieren corresponsabilidad, sé que hablar del derecho a amamantar y a criar a nuestros hijos es, en cierta forma, dar un paso al lado oscuro, en el que las mujeres volvemos a ser las empleadas del hogar sin remuneración, las analfabetas, las limpiadoras de culos y bocas, las que chillan por las escaleras a los que se van a ver mundo que se pongan el abrigo.  Y no. A algunas mujeres amamantar les gusta. Es un deseo que tienen. Y además lo consideran un derecho inalienable, porque han leído que amamantar reduce el riesgo de cáncer de mama y de útero. Por otra parte, les gusta porque les proporciona placer y porque es una forma de relacionarse con su hijo que les encanta, por no hablar de lo cómodo que es: salir a la calle sin polvos, agua y utensilios múltiples es un placer inigualable. 

Y además, algunas mujeres a las que nos ha encantado amamantar, no hemos renunciado a seguir con nuestro trabajo, a seguir implicadas con nuestra profesión. A otras, francamente, les ha dado igual: preferían mil veces cuidar a sus hijos que pagar a otra persona e irse a cobrar una miseria por trabajar 8 horas al día como mínimo. Pero en fin… Corresponsabilidad. 

Podemos hablar de corresponsabilidad si hay más personas dispuestas a cuidar del bebé junto con nosotras. Pero para que haya corresponsabilidad, tiene que haber como mínimo dos personas de acuerdo en compartir responsabilidades. Y eso muchas veces es mucho más difícil que conseguir una baja maternal más prolongada o un subsidio por cuidado de menores. En serio. De verdad. Preguntad, haced una encuesta en un barrio cualquiera de vuestra ciudad. 

Yo me alegro mucho por vosotras. Es genial que hayáis encontrado parejas que hayan superado su estructura mental patriarcal y hayan accedido a cogerse una reducción de jornada para cuidar a su hijo. Pero os aseguro que no es lo normal ni lo habitual. Y además, me niego a plantear que es nuestra la responsabilidad de alcanzar la manida corresponsabilidad. No: bastante tengo con luchar por mis derechos y contra mis limitaciones para encima tratar de cambiar la mente masculina (sí, estoy hablando de parejas heterosexuales) para que se corresponsabilice. 

Por tanto, no existe tal brecha. Es cuestión de entender las necesidades las unas de las otras. Es cuestión de comprender que hay diferencias en las vidas de distintas mujeres. Que tenemos deseos diferentes y venimos de situaciones muy distintas. No es que unas queramos volver a la naturaleza más ancestral y las otras hayan evolucionado. Vamos a admitir que una mujer puede tener derecho a criar a su hijo con sus tetas y sin dejarlo en manos de extrañas. Si las buenas admitís esto, quizás nosotras dejemos de ser tan malas y podamos luchar juntas por la dignificación de los cuidados. 

Estrategias fallidas en la promoción de la lactancia materna

  

Los discursos sobre la lactancia materna (LM) están cambiando. Se nota en el aire y en los giros discursivos que, de repente, usa gente que era defensora radical de la lactancia materna. “La lactancia no es lo mejor para todas las mujeres”. En nuestro país, que todo llega con unos 10 años de retraso, estamos viviendo ahora la cumbre de la LM como “Gold Standard” (lo mejor que se puede dar al bebé). Las mujeres empiezan a manifestar cada vez con más frecuencia presiones por parte de los servicios de salud para amamantar a sus bebés. Sin embargo, las tasas de amamantamiento no parecen ascender. Mientras que la mayoría de las mujeres optan por la LM en el momento del nacimiento de su bebé, muy pocas (apenas el 15%, dependiendo de la comunidad autónoma estudiada), mantienen la lactancia en exclusiva los 6 primeros meses, tal y como recomienda la OMS. 

Por lo tanto, parece que por falta no intención no es. Las mujeres quieren amamantar porque están convencidas de que dar el pecho es lo mejor para el bebé. Sin embargo, no consiguen hacerlo. Encontramos cientos de testimonios en las redes de mujeres que dicen que no tenían suficiente leche, que el bebé no cogía peso, que no soportaban el dolor de las grietas ocasionadas por la mala postura o que las mastitis casi acaban con ellas. ¿Qué pasa entonces con la LM? ¿Por qué las mujeres no consiguen amamantar?

Por otra parte, la mayor parte de las mujeres que consiguen mantener una lactancia en exclusiva durante los 6 primeros meses y continúan a partir de entonces con alimentación complementaria, son mujeres que, de alguna u otra forma, están en contacto con grupos de mujeres que amamantan, independientemente de que sean grupos constituidos como asociaciones o grupos naturales de comadres o familiares. En este sentido, parece que la mejor información proviene no de los agentes de salud, sino de las mujeres experimentadas. Estas mujeres actúan de modelo, mostrando formas adecuadas de amamantar tanto en público como en privado, constituyen un grupo de apoyo frente a las ideas retrógradas de la sociedad ante la LM y ofrecen asistencia personalizada y, en muchas ocasiones, incondicional, a las madres recientes. 

La participación en estos grupos es voluntaria y forma parte de la red social de apoyo más próximo de las mujeres. Sin embargo, las matronas, enfermeras y pediatras son agentes con los que la mujer se va encontrando en su paso por el sistema de salud y va recibiendo información más o menos adecuada dependiendo de la formación, la filosofía y la política institucional que mantengan estos agentes. Por otra parte, las circunstancias de las mujeres son múltiples y cambiantes, variando el apoyo social, el nivel socio-económico y cultural, si tienen pareja, si trabajan o no trabajan, etc. En definitiva, los factores que pueden influenciar que una mujer mantenga o no la LM son múltiples, y poco relacionados en la mayoría de las ocasiones con su propia voluntad. 

Sin embargo, se mantiene la imagen social de que las exclusivas responsables del mantenimiento de la lactancia materna son las mujeres, y éstas se ven sometidas a una presión moralizante que tiene efectos en el bienestar psicológico de las madres. ¿Merece la pena mantener la presión sobre las madres y pasar por alto su derecho a decidir? ¿Merece la pena seguir jugando con nuestra culpa, visto que los resultados de la presión moralizante de poner la LM como Gold Standard no tienen el efecto deseado?

La estrategia de potenciar la LM desde los sistemas de salud no funciona. No funciona si no se añaden otras medidas complementarias que llevarían a facilitar su mantenimiento hasta al menos los 6 meses, como por ejemplo el aumento de las bajas maternales o la potenciación de grupos de lactancia que aportasen una atención más personalizada. Esta estrategia solo consigue aumentar la culpa de las mujeres y los conflictos entre los  grupos más radicalizados de madres. Si no se hace nada más allá de lo que se está haciendo, yo optaría por plantear no hacer nada, informar de forma aséptica y dejarnos libertad real para elegir el tipo de alimentación para nuestros bebés. 

No funciona tampoco, por cierto, el que, después de que la estrategia de decirnos que la LM es lo mejor para nuestros bebés, que les hace más sanos y más listos, que no sufran alergias o cáncer, nos digan que no nos tenemos que sentir culpables por haber fracasado en nuestras lactancias. No funciona en absoluto.

Dar la teta es un placer

  

Después de la entrada de ayer, me quedó la impresión de que estaba hablando de la maternidad como una terrible tortura que nos esclaviza. Y a veces es así, no nos vamos a engañar. Y no solo en los primeros años, sino durante toda nuestra vida. Pero la verdad es que sarna con gusto no pica, y hay placeres que las madres (y los padres, de vez en cuando) no deberían perderse, ya que tienen la oportunidad de experimentarlos. 

Ya sé que está de moda decir que amamantar es un tremendo sacrificio. Que es dificilísimo instaurar una lactancia exitosa, que lo de las grietas es terrible, que si el bebé no se engancha, que si no gana peso. Un no parar. Bueno, ya tenéis muchas entradas sobre esa terrible faceta de la lactancia. Un horror, una tortura. Pero yo os voy a hablar de la parte buena. 
Dar la teta es un placer. Cuando sabes cómo funciona el pecho de una mujer y tienes muy claro que quieres amamantar a tu bebé, cuando todos los hados se conjuran para que las cosas salgan bien y asumes que puede que salgan grietas y que duelan unos días, todo irá sobre ruedas. Y lo disfrutas. A tope. 
Uno de los requisitos para disfrutar de la lactancia es no hacer caso de mitos y leyendas. Antiguamente, en el campo corría el rumor de que las culebras entraban sigilosamente en el cuarto de las madres lactantes mientras éstas dormían y robaban la leche de sus pechos. Las criaturas comenzaban a perder peso y pasaban hambre. MENTIRA. Si eso fuese así, el pecho de la mujer produciría leche de sobra para su bebé y para la culebra. Si conociésemos cómo funcionan nuestros pechos, dejaríamos de creer esas estúpidas leyendas y dejaríamos de decir eso de “me quedé sin leche“. No, el pecho sano de la mujer sana da leche para aburrir. Si maman dos bebés, produce para dos bebés. Y si se saca leche, produce para el bebé y para donar al banco de leche. Somos mujeres fontana. 
Otra buena noticia es que, a partir del segundo mes, las cosas van rodadas. Puedes salir con tu bebé a cualquier sitio sin tener que preparar miles de potingues y llevar cientos de trastos. Con tus tetas tienes suficiente. De aquí para allá, cual vagabundos, puedes ir al cine, al teatro, a museos, al parque… donde quieras y donde te permitan. Hay veces que la gente se molesta por verte con la teta fuera. A mí nunca me pasó, y mi espíritu exhibicionista disfrutó durante 4 años escrutando las miradas curiosas de las y los espectadores. 
¿Y el reflejo de eyección? ¿Qué decir del reflejo de eyección? Durante el primer año, la leche sale sola de los pechos casi con solo mirarlos. A veces, un fino hilo de leche sale disparado del pezón mojando la cara de los curiosos que se pasan por ahí a husmear. Como en la foto que ilustra este post, nuestros pechos rezuman vida y se convierten en una pistola de agua. 
Pero lo mejor es su función de consuelo. ¿Que el niño se cae? Teta ¿Que el niño tiene sueño? Teta ¿Que el niño se coge una rabieta? Teta. La teta lo soluciona todo. Es un instrumento mágico que a todos gusta y a todos calma. Vale para todo y para todos. Tenemos a nuestro alcance la tecnología más sofisticada para conseguir la paz mundial. Hay que aprovecharla. 
Que sí, que dar la teta es un placer. Que es parte de nuestro ciclo sexual, no lo vamos a negar. Que el cuerpo se siente pleno y el bebé crece sano y rollizo. Podéis ver en esto que digo toda la perversión que queráis ver: es vuestro problema. ¿Podréis vivir con ello? 

Comemos: es el problema

Ya han pasado años desde que dejé de amamantar. Desde entonces, lejos de sentirme liberada, el trabajo para alimentar a las bocas de la familia numerosa que me he labrado ha ido en aumento. Me imagino que a las demás os pasará lo mismo. Sin embargo, aunque podemos encontrar cientos de luchas encarnizadas en internet entre las detractoras y las partidarias de la lactancia materna, no encuentro por ahí las discusiones sobre si seguir alimentando a tu prole cuando llega una determinada edad o dejarlos a su suerte (el típico “dale 20 duros y que se compre lo que quiera”).

Esta ausencia de referentes me tiene bastante confundida. Veamos: son 7 días a la semana, 2 comidas principales al día (vamos a suponer que el desayuno y la merienda son cosas que ya se saben hacer ellxs solxs), es decir, 14 sentadas en una mesa llena de alimentos que previamente han sido comprados y cocinados. Esto para una familia como la Killer (6 personas, persona arriba, persona abajo) hace un total de 84 platos a la semana que tienen que estar llenos, eso sin contar que la mayoría de las veces comemos primero y segundo.

Y me pregunto yo… ¿qué hacen tantas y tantas mujeres discutiendo sobre lactancia sí, lactancia no, la lactancia me esclaviza, la lactancia me deja las tetas caídas, la lactancia bla bla bla? A ver: la lactancia dura lo que dura. Después, al niño o a la niña hay que darle de comer. Y lo del comedor escolar, que en un momento determinado te saca de un apuro, es un sitio inhóspito en el que los niños/as comen mal y pasan horas alejados del calor de su hogar. Yo lo usé por un tiempo, pero me pasaba la vida haciendo malabarismos para dejarles el menor tiempo posible, les sacaba del colegio inmediatamente después de comer y les dejaba sólo algunos días.

Llegan al instituto y resulta que no hay comedor escolar, así que, ¿para qué vas a dejar al pequeño si tienes que dar de comer a los mayores?. De modo que tenemos 6 comensales todos los días, con una jornada laboral y una casa que no se mantiene sola. En fin, bendita lactancia, qué queréis que os diga. Y hay que buscar con lupa (que no digo yo que no los haya) los blogs en los que nos cuenten cómo se sobrelleva esto junto con una carrera profesional de “alta implicación social”.

Eso sí, encontramos entradas en las que una mujer afirma ocuparse en cuerpo y alma de sus hijos/as, prestarles toda su atención, coser dobladillos, cocinar cupcakes y postres suculentos y además ser una eminencia en su campo profesional. Es entonces cuando te planteas “algo estoy haciendo mal”. Porque mi cocina es de lo más básico (macarrones con tomate es el plato más complejo en mi repertorio), tengo una pareja que cocina mucho más que yo, mi casa está hecha un desastre (algún día subiremos las fotos prometidas al feis), nunca tengo tiempo para nada y con el trabajo hago lo justo y necesario, que es lo que me da tiempo en mi jornada laboral. Y eso no da para ser una eminencia, más bien para ir con la lengua fuera. Porque que sepáis que para tener una producción escrita adecuada (es un poner) hay que invertir muchas horas que no entran dentro de las 8 laborales de rigor. Eso o tener esclavillos que trabajen para ti.

En fin, mujeres post-lactantes trabajadoras por cuenta ajena: os animo a escribir blogs en los que nos deis los trucos que usáis para sobrellevar el día a día. Aquí he de puntualizar que también me valen los blogs escritos por hombres (ay dios mío, si los hombres hablasen) porque al menos hablo por el que tengo a mi lado (tengo claro que la mayoría no dan ni palo en casa y se sientan a ver el futbol con los pies encima de la mesa), puedo decir que algunos de ellos no se quedan cortos en eso de la doble jornada.

El otro día veía una publicación en feis de uno de esos personajes anónimos que se hacen superfamosos y tienen un montón de seguidores (no tienen que hacer comida para 6, seguro) que decía “¿Si tuvieses que elegir entre poder vivir sin comer, sin beber o sin follar, qué elegiríais?” Me sorprendió la poca cantidad de gente que dijo “sin comer“. Yo lo tenía taaaan claro.

ESTA TETA ES MÍA

A ver señoras, señoritas… señores conscientes. Sé que lo que voy a decir no va a gustar… o sí. Pero llevo años con un sensación de corazón dividido que tengo que resolver. Esta entrada va de lactancia, sí. Pero de una lactancia natural, alegre, aprendida, nutricia, satisfactoria y saludable. Esa lactancia es la que se desarrolla de forma efectiva en un entorno que la conoce y la valora como la forma lógica de alimentar a los bebés recién nacidos. 

Partiendo de la base de que la lactancia materna es la manera natural de alimentar al ser humano, la única que se adapta de manera perfecta a sus características fisiológicas y a sus necesidades alimenticias en los primeros años, hemos de asumir que vivimos en una sociedad que ha despreciado esta característica de nuestra especie con fines comerciales. El negocio de la leche en polvo, fenómeno que aparece en el siglo XX y se extiende primero por los países occidentales  después por los países del llamado tercer mundo, surge para enriquecer a unos hábiles empresarios y ligado a potentes estrategias publicitarias. Estas estrategias logran 1) invisibilizar la lactancia materna, 2) borrar de nuestra memoria lo necesaria que es para el desarrollo de la especie, 3) hacer que las mujeres dejen de aprender de manera comunal y cultural esta práctica de crianza y 4) desvincular el rol de madre del rol de mujer para que parezca que son incompatibles. 

Un siglo de continuado bombardeo destructivo contra la lactancia ha contribuido que sean cada vez menos las mujeres que amamantan a sus bebés más alla de los 3 primeros meses. El otro día, escuchando el telediario, me sorprendió el comentario de la periodista hablando de los problemas de desabastecimiento en Venezuela. Decía que la población no tenía acceso a alimentos tan básicos como la leche en polvo para los bebés. Que la leche en polvo se haya convertido en un alimento básico significa que la leche de madre ha dejado de serlo, por desgracia para esa población desabastecida que podría estar alimentando tranquilamente a sus bebés sin necesidad de ir al supermercado. 

Todo esto tiene como consecuencia que la lactancia materna se haya marginalizado como práctica de crianza. Perdido el nicho ecológico natural en el que la lactancia se aprendía (grupos de mujeres dando de mamar a sus bebés rodeadas de su familia, sus hijas, sus sobrinas, sus vecinas, etc.), tenemos que buscar la información en otros lugares, sin saber a ciencia cierta dónde está escondida la verdad sobre esa práctica que fue humana. Este vacío cultural, unido a la desinformación a la que nos someten los profesionales sociosanitarios y a la conversión de los pechos femeninos en un símbolo extremo de los tabúes sexuales (en redes sociales como facebook se censuar antes un pezón femenino que un contenido de extrema violencia), hace que el hecho de que una mujer quiera y sepa dar de mamar sea una proeza friki del siglo XXI.

Así las cosas, entiendo que la defensa de la lactancia materna debe ir dirigia a la reinstauración de las condiciones que existían antes de que unos avariciosos empresarios decidiesen cargársela para ganar mucho dinero: recuperar la práctica requiere luchar contra la represión sexual que nos impide mostrar nuestros pechos en público. Requiere amamantar en comunidad, rodeadas de niñas y niños que puedan observar esta práctica como algo natural y beneficioso. Requiere recuperar el conocimiento ancestral sobre nuestros procesos fisiológicos. Pero nunca, NUNCA, requiere culpabilizar a las mujeres por no estar haciendo lo mejor para su bebé.   Y hemos de tener en cuenta que, aunque nuestra intención no sea culpabilizar, puede parecerlo si centramos toda la fuerza de nuestro trabajo para restaurar la lactancia materna en la RESPONSABILIDAD de la mujer. Porque la pérdida de la lactancia materna no es un problema individual, sino social y cultural y tiene que ser tratado como tal. 

Además, esta culpabilización secundaria puede causar un efecto rebote, que lleve a acusar a las personas que imponen la lactancia materna a toda costa de sectareos, machistas, dictadores, etcétera. Mis tetas son mías y nadie tiene que decirme qué hacer con ellas: esa es una norma de oro que no deberíamos romper en la promoción de la lactancia materna. Si quieres información, asesoramiento, ejemplos, apoyo y trucos, te los ofrezco. Pero siempre asumiendo la libertad de la otra persona y olvidado ese tufillo a adoctrinamiento propio de los reverendos a domicilio. La sociedad ha cerrado las puertas a la lactancia materna y, para volver a abrirlas, hará falta un trabajo árduo y continuado pero sobre todo dar mucho de mamar a nuestros bebés delante de la sociedad.

¿Por qué censuran los pezones?

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Ayer, la Fox nos sorprendió con un acto de censura absurdo y cateto: el que dicen que es el cuadro más caro de la historia, Las damas de Argel, de Picasso, apareció con los pezones de las damas emborronados. ¿Quizás los de la Fox temían que nos excitásemos con la visión de los pezones de un cuadro cubista? ¿Seguro que este gesto responde exclusivamente a la patanería de los responsables de una cadena de televisión?

Si tenéis una cuenta en Facebook, sabréis de su obsesión por los pezones. Si hay algo que les produce pavor a los administradores de esa red social es el cuerpo de las mujeres, y especialmente nuestras tetas y su puntiagudo acabado. En el siglo XXI, en el que la pornografía es el negocio que más dinero genera en Internet, no creo que esta obsesión censuradora esté originada en un inocente pudor derivado de valores tradicionales. Por el contrario, considero que este afán por censurar nuestros pezones deriva de un acto intencional que tiene como objeto hacer del pezón femenino un elemento de connotaciones exclusivamente sexuales. 

¿Y que tiene de malo que el pezón femenino tenga connotaciones sexuales? Diréis. Pues nada, si no viviésemos en una sociedad hipócrita que difunde violencia y pornografía de manera indiscriminada y después construye la sexualidad como un conjunto de actividades secretas que deben permanecer ocultas en los espacios públicos. Lo único que tienes que hacer para revestir algo de un halo de suciedad es prohibirlo. Y prohibir la visión de los pezones femeninos es algo que se manifiesta con más fuerza en una época en la que la difusión de la imagen en forma de vídeos y fotos caseras se ha extendido a la población general como parte de la era digital. Nuestro mundo está dominado por la imagen, y todo el que tenga una cuenta en una red social tiene la capacidad de difundir sus fotos. Sin embargo, a nosotras se nos veta la posibilidad de difundir fotos de nuestros pechos. Incluso las imágenes de amamantamiento han entrado en la categoría de censurables. 

Y es aquí donde quería llegar. Hubo un momento no muy lejano en la historia en el que dar el pecho en público era la cosa más normal del mundo. El ser humano es una especie mamífera, y los pechos femeninos, en fin, aunque no haga falta decirlo, tienen una función alimenticia en nuestra especie y se han usado hasta no hace mucho tiempo para amamantar a las crías. La historia del arte nos ha dejado gran cantidad de vírgenes de la leche que pueblan los museos europeos.

Virgen de la leche. Bartolomé Bermejo.
Virgen de la leche. Bartolomé Bermejo.

Censurar sus pezones sacros supondría una ingente labor de lavado de cerebro y de atentado contra el patrimonio. Pero la ignorancia social que nos invade, acompañada de la invasión mediática de las redes sociales y de la intolerancia de ciertos organismos públicos (tiendas, piscinas, museos bibliotecas de las que se expulsa a las madres lactantes), crean una visión de persecución social y rechazo de la lactancia materna. 

¿Y quién se beneficia con todo esto? Pues, como no podía ser de otra forma, las grandes multinacionales que nos venden sus productos artificiales para alimentar a nuestros bebés, y entre ellas, Nestlé, multinacional suiza que lleva 140 años en el mercado, obteniendo pingües ganancias con lo que llama “salud y nutrición”. Imaginad que la lactancia materna volviese a recuperar su puesto como forma de alimentación prioritaria de las niñas y los niños. Imaginad que los partos fuesen respetuosos y no medicalizados, no se separase a los bebés recién nacidos de sus madres nada más nacer, se usase la técnica de la cesárea solo cuando fuese estrictamente necesario y las bajas por maternidad permitiesen amamantar hasta los 6 meses en exclusiva y al menos hasta los 2 años con alimentación complementaria. Imaginad que pudiésemos sacar nuestros pechos en cualquier sitio sin sentirnos censuradas, juzgadas y castigadas. Eliminando todas esas trabas para el establecimiento de una lactancia materna exitosa, se acabaría el negocio de la leche materna (aunque ya sabemos que Nestlé tiene recursos para todo, y se va a engañar a las mujeres del “tercer mundo” cuando las del primero dejan de enriquecerle).

Así es cómo la mojigatería hipócrita de nuestra sociedad ante nuestros pechos desnudos controla prácticas de subsistencia tan básicas cono el amamantamiento y contribuye al enriquecimiento de unos pocos basado en el sufrimiento de muchos. Este es uno de los ejemplos de cómo la era digital controla nuestras prácticas y nuestros cuerpos. Si has conseguido, tras los muchos obstáculos que te pondrán y las múltiples informaciones erróneas sobre la lactancia materna que difunden personas de bata blanca, ofrecer la leche que tú misma generas y que es gratis, a tu bebé, todavía te queda enfrentarte al rechazo público de tus pezones. Y quizás decidas llevarte un biberón esos días que sales de casa y estás fuera todo el día. Porque sacar la teta en un espacio público te supone sudores y disgustos.

La censura pública recluta múltiples adeptos y adeptas que, con su ignorancia, están contribuyendo a que otros (que no son ellos) conserven sus ganancias a costa de nuestra salud. Por eso, movimientos como el #FreeTheNipple , al que se han unido famosas de todo el mundo, o el #MamáNoTeEscondas , promovido por madres y padres blogueras españolas, son de gran importancia y actúan como formas de resistencia al control semiótico que los medios de comunicación digital pretenden instaurar sobre nuestros pezones. 

La persistencia en la censura de los pezones los sitúa en una posición comprometida ante los ojos de millones de internautas y televidentes que, obedientes y sumisos en unas ocasiones, o pagados por intereses que no dan la cara en otras, van sembrando la inquina en las redes sociales con sus comentarios y denuncian el mínimo indicio de pezón que encuentren por ahí. Todo grupo de mujeres sobre parto natural o sobre lactancia tiene su troll. Con todo el tiempo del mundo, este personaje se dedica a denunciar puntualmente las fotos de amamantamiento o de partos naturales y a censurar, cargado/a de razón, a aquellas madres que se sienten en el derecho de mostrar prácticas que están en el corazón de nuestra existencia como especie. 

Se habla mucho últimamente (y con razón) de los ataques que sufren los grupos de feministas en las redes sociales. Aquí podríamos incluir los ataques que estamos sufriendo las personas que defendemos la lactancia natural y el parto respetado, que nos posicionamos en contra de la violencia obstétrica y de la medicalización excesiva, masiva y no necesaria de la infancia. Todo esto va en contra de intereses económicos muy poderosos (el alimenticio y el farmacéutico) que dependen, entre otras cosas, del control del cuerpo femenino para subsistir. Lo único que podemos hacer contra estos ataques es resistir. Y el único arma que tenemos es la unión, el apoyo mutuo y la difusión de la información. 

Sintonizar y tocar teta: Conductas habituales del amamantamiento

La lactancia materna como elemento nutricional básico del ser humano se entremezcla a veces con elementos moralistas que nos recuerdan que los pechos están cargados de simbolismo sexual. Si para ti la sexualidad no supone algo temible que hay que ocultar a toda costa en los espacios públicos, pues es algo “muy íntimo”, ofensivo y vergonzoso, no tendrás ningún reparo en ver a una madre amamantando en público. 

No me imagino de ninguna forma a nuestras antepasadas ocultándose para amamantar en público. Cuando una mujer da de mamar a su criatura, está realizando una acción tan antigua como la vida misma, imprescindible para la vida y para la especie. Sin ese acto no estaríamos aquí, os lo aseguro. 

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Sin embargo, el puritanismo social y la distorsión que hacen ciertos sectores de la sociedad de la vida sexual nos conducen a una suerte de estupidez colectiva en la que las madres se tienen que cubrir los pechos para alimentar a su bebé, tienen que encerrarse en habitaciones aisladas, deben educar a sus retoños para que no les toquen los pechos en público y adquirir decorosas ropas para amamantar con la máxima discreción. 

Virgen de la leche. Pedro Berruguete. S.XV
Virgen de la leche. Pedro Berruguete. S.XV

Todo esto está muy bien si quieres hacerlo. Si te da vergüenza amamantar en público, tienes alguna otra opción. Pero desde luego perderás la libertad de alimentar a tu hijo o hija a demanda en cualquier momento y sin barreras psicológicas. Y cuando no ponemos barreras a la naturaleza, además de la succión nos encontramos con que otras cosas pueden pasar (y pasan) cuando amamantamos.

Las madres lactantes y que hemos sido lactantes sabemos que el amamantamiento no solamente es una conducta alimenticia. La succión va acompañada de otras conductas y, además de aportar alimento, contribuye con seguridad, afectividad y vínculo entre la madre y su criatura. Cuando amamantamos siguiendo los consejos de la OMS y de la madre naturaleza, y prolongamos la lactancia más allá de los 4 meses,  el bebé que succiona va desarrollando sus capacidades motoras y cognitivas e interactúa con nuestros (sus) pechos de una forma cada vez más compleja. Es aquí donde aparece el reflejo de sintonización, que consiste en que el niño, mientras succiona de un pecho, agarra el pezón (ordinariamente llamado *****) del otro, girándolo como si estuviese buscando una emisora de radio. Sí, esas cosas suceden, y lo sabemos las personas que amamantamos. Un gurú de la lactancia, un hombre que nunca haya amamantado y que no haya visto a una mujer amamantar en libertad no sabe esto: es parte de nuestro conocimiento como expertas en el tema. El hecho de que esta conducta pueda tener una función fisiológica de estimulación del reflejo de eyección (en términos vulgares, conseguir que la leche salga por sí sola y llene la boca a chorros), es interesante para desviar a las mentes perversas de la posible función sexualizada que le puedan atribuir a este comportamiento. 

Pero además de esto, las mujeres que hemos dado de mamar siguiendo las recomendaciones de la OMS y las de la madre naturaleza sabemos que, llegado el destete, las niñas y los niños no se separan de manera drástica de su fuente de placer. Un niño o una niña que ha mamado durante varios años no olvida de la noche a la mañana que los pechos de su madre le han calmado, nutrido, quitado miedos y penas, ayudado a dormir, etc. Quizás por eso, conservan durante un tiempo la costumbre de tocarlos en los momentos de ansiedad y a la hora de dormir. Hay quien recomienda eliminar de raíz lo que creen que es una fea costumbre. Sin embargo, desde mi punto de vista, como profesional de la Psicología, creo que censurar esta etapa intermedia de destete definitivo es innecesario y puede producir conflictos entre madre e hija/o, así como momentos de ansiedad innecesarios. Esa conducta cesará paulatinamente, y os aseguro que vuestra/o hija/o nunca más se interesará por vuestros pechos. 

Es una pena que la especie humana se avergüence con tanta frecuencia de un acto que forma parte de su esencia misma. Señoras y señores que se escandalizan por ver una teta humana alimentando a un cachorro humano, señoras y señores que se escandalizan por ver a un cachorro humano jugando con los pechos de su madre: respiren hondo. No pasa nada. Es la naturaleza siguiendo su curso. 

Pediatras y patriarcas

LactanciaEl médico pediatra, ese señor que un día decide escribir un libro ojeando sus apuntes de la carrera que estudió hace lustros, nos dice que no seamos dogmáticas, que no ocupemos nuestras trincheras. Que no seamos tercas y no dejemos morir de hambre a nuestras pobres criaturas, empeñadas como estamos en darles de mamar más allá de los cuatro meses, cuando ellos y ellas, bebés indefensos, claman por una buena papilla de cereales y de carne picada. Ya se sabe que la humanidad no evolucionó hasta que se inventó la batidora y las grandes multinacionales comercializaron leche en condiciones, en polvo y salida de las ubres de las vacas, ese animal sagrado que nació para alimentar a nuestros cachorros.

Señor pediatra, qué haríamos nosotras sin usted, que sabe más de nuestras tetas que nosotras mismas. Gracias pon pensar en nuestros pezones doloridos por el continuo roce de las edípicas bocas de nuestros bebés. Ahora, el padre podrá ocupar el lugar que le corresponde: el de cabeza de familia entre nuestros lúbricos pechos y el pequeño déspota que solo desea nuestro cuerpo de madres. Edipo Rey ha sido derrotado y todo ocupa su lugar. Ya no nos aventuraremos en calles y plazas enseñando nuestros turgentes manantiales impúdicos, amamantaremos lo justo y lo necesario, cuatro meses, lo que dura un permiso por maternidad. Ni más, ni menos.

Gracias, señor pediatra, por traer ese rayo de luz. La OMS nos quiso convencer de que lo mejor para nuestras criaturas era amamantarlas 6 meses en exclusiva, solo con la leche de nuestros pechos, ese extraño líquido que no sabemos porqué mana de nosotras. Nos intentaron convencer de que éramos mamíferas, incluso nos hablaron de extraños benefícios sobre la maduración del sistema inmunológico de nuestros infantes, y de la prevención del cáncer de mama y otras partes de nuestro cuerpo. Y nos lo creímos. Y decidimos amamantar. Incluso algunas seguimos haciéndolo después de los 6 meses, después del año, de los dos años, de los 3… Inaudito.

Ahora, gracias a sus doctos y moderados consejos, nuestros pezones serán libres y nuestros bebés engordarán sus michelines y los bolsillos de las grandes multinacionales. Nos sentiremos aliviadas por estar contribuyendo a una buena causa: el enriquecimiento de esos pobres empresarios, patriarcas como usted, que tanto han hecho por la humanidad. Gracias por alejarnos de nuestro dogmatismo. No más teta. Seamos sensatas. Hasta los cuatro, solo la puntita.