Killertonterías

LOS DÍAS TROLL

Por las mañanas, lo primero que hago al abrir el ojo (normalmente el izquierdo, que el otro lo tengo vago) es abrir mi Facebook y mi Twitter. Empiezo a repasar las publicaciones de la gente. Hay días normales: algunas noticias me hacen sonreir, otras refunfuñar, las más pasan indiferentes por mis dedos. Pero hay otros días que una simple palabra o expresión se me atragantan y aparece un pensamiento recursivo: ese día es un DÍA TROLL.
Ese día lo mejor sería esconder mis dispositivos y dedicarme a la meditación. Pero si me lo han puesto a huevo ¿cómo no voy a sucumbir al placer del trolleo? He de decir que la mayoría de las veces me contengo. Ayer leía un post de una amiga hablando de la alimentación de su hija, que si lo bien que comía, lo sano y lo super CG que se lo hacía, y me vino a la cabeza esta frase: “Para que al final acaben comiendo mierda…” Afortunadamente tengo un filtro: si tengo a Father cerca se lo cuento para ver qué cara pone, y la mayoría de las veces frena trolleos peligrosos, de los de “haciendo amigos”. Pero otras veces Father no está y me lanzo a la carrera, sin filtro y sin freno. Al final de ese tipo de días, un extraño silencio puebla mi Facebook y varias velas negras lucen por mí en distintos sitios de la geografía española.
Esos días tengo especial debilidad por los post ñoños, esos en los que alguna mamá habla de lo guay que es dedicarse tiempo a sí misma cocinando una sopa juliana para toda la familia, o ese otro en el que se asegura que los niños son maravillosos y aportan dulzura y estabilidad a nuestras vidas. Los que más me encienden, sin embargo, son los que te invitan a no decir a los niños nunca que no. Fijaos, lo de dejar de gritarles, pase (salud para nuestra garganta, sus oídos y nuestra convivencia) pero no decirles nunca que no para dejar que surja su naturaleza a raíz de la libido no contenida… NO, LO SIENTO.  Y claro, ante argumentos freudianos esencialistas, ironía y sarcasmo a tope, y ya la tenemos liada.

¿Y qué me decís de esas chicas que cuelgan fotos de tíos buenísimos (suele ser siempre el mismo) y les echan piropos y les declaran su amor incondicional? ¡¡¡Buscaos uno real, nenas, que ese está cogido por Shakiraaaaa!!! (las veces que he tenido que borrar ese comentario). 

Pero lo voy a dejar, lo dejo, me estoy quitando. No puedo soportar verme reflejada en el vídeo que me puso Father  ayer en el Facebook.


SI LO VIERAS CON MIS OJOS

Tengo una teoría: nunca dejamos de ser niños, aunque lo olvidemos nunca abandonarnos esa esencia con la que nacimos. Forma parte de nosotros y se va quedando oculta tras las capas de una cebolla. Sin embargo, el hecho de hacerse adulto lleva consigo la norma implícita de no parecer un niño: no debemos hacer niñerías ni chiquilladas para no parecer estúpidos ante nuestra cohorte, ni dar chillidos de gozo cuando nos hacen el mejor regalo del mundo (gracias Father), ni llorar convulsivamente cuando algo nos da mucha pena de repente. No podemos acosar a nadie para que juegue con nosotras ni echar a alguien a tortas si nos cae mal. En eso consiste hacerse adulto: la represión de nuestros instintos más primarios. Pero de vez en cuando el velo se levanta y nuestro niñito asoma disfrazado de cordura.

Estos últimos días, Anonymus nos ha sorprendido publicando las cuentas del PP desde 1990. La sacudida ha sido tremenda, pero no me ha dejado de sorprender que el dato más comentado haya sido una factura de 800 € gastados íntegramente en Lacasitos. Seguramente habrá cosas más directamente punibles en estas cuentas, pero nuestros niños han saltado de su refugio con esta información poniendo el grito en el cielo.

Yo hice una prueba: se lo conté a mis hijos, y esto fue lo que ocurrió.

__Mother : Chicos, sabéis que los del PP se han gastado 800€  en Lacasitos?

__ Bridgite Killer : GUAU! Eso es genial. Pudiendo gastárselo en cualquier otra cosa y han elegido Lacasitos. Siento decirte, mamá, que esto hace que recupere mi fe en los políticos. Es como Lilith en Supernatural (su serie favorita), que posee a una niña y les obliga a celebrar todos los días su cumpleaños.

__Phantom Killer: YO QUIERO SER POLÍTICO. Todo el día comiendo Lacasitos, ¡Bien!

Mientras, Vampirillo  nos miraba con los ojos como platos. De repente, preguntó incrédulo

__¿Quién es Pepe?

En su imaginación, ese tal Pepe era un héroe. Tenía un montón de Lacasitos para él sólo, y se los había comprado con dinero público, joder. La verdad es que era de admirar el Pepe ese.

Está claro que a mis niños les queda mucho que aprender sobre la represión adulta, que va acompañada de moral, contención y reflexión. Pero imaginar que llenas una bañera de Lacasitos y te sumerges  en ella es demasiado tentador para ese niño que se esconde bajo la capa.

LA COMPRA 2.0

Las madres 2.0 pasamos mucho tiempo en el ordenador… ordenando cosas. Por eso, preferimos usar los servicios de compra on-line que nos ofrecen algunas cadenas de supermercados. Así podemos hacer la compra a las 12 de la noche, mientras los niños duermen, y no tenemos que preocuparnos por sus canastas en el carro de la compra con bolsas de chuches, juguetes y bollos de aspecto suculento. Sí, es un placer hacer la compra por internet. Te sientas tranquilamente, te pones un tecito al lado y abres el aplicativo. 
Vaya, ¿qué te creías? ¿Que la lista de la compra viene hecha? ¿Que te venían recetas en las que puedes pinchar y adquirir todos los ingredientes? ¿Que te proporcionaban menús completos con sus correspondientes recetas y listas de la compra? ¿Que al menos los productos vienen con una foto al lado, para identificarlos? Pues no, el que ha hecho el aplicativo no se ha devanado los sesos. Tienes que ir eligiendo producto por producto en base a un listado de categorías no siempre compartido con los compradores. Por ejemplo, para encontrar “harina”, un alimento difícil de categorizar, te tienes que dar una vuelta por todas las pestañas, hasta que descubres que en la parte superior izquierda hay un ventanuco con una lupa. ¡¡El buscador!! Gritas entusiasmada. Craso error. El buscador es un intelectual con una forma amplia de categorización, y te ofrecerá en un listado por orden alfabético todos los productos que, por una razón u otra, contengan la palabra “harina”. Ale, a buscar. 
En medio del proceso de compra, el niño tiene hambre y sed, tu amiga te manda un wassap que es importante contestar y te das un morreo del diez con tu chico de premio. Cuando te quieres dar cuenta… sesión expirada. 
NOOOOOOOOOOOOOO, a ver si me acuerdo de lo que había puesto… yogures, galletas, fruta, leche… ah, los aperitivos para los invitados, si. Aceite, vinagre… lo básico. Sal (otra hora buscando entre categorías extrañas). Por fin acabas y le das a enviar. Listo. 
La parte mejor es cuando no tienes que subir la compra al segundo sin ascensor. El señor te la sube con un carrito muy moderno que trepa por las escaleras solo y que emite un característico chirrido durante todo el trayecto. Y entonces a ordenar la compra. 
Es entonces cuando te preguntas qué coño vas a hacer tú con cinco botes de aceitunas, un regimiento de yogures y bolsitas de patatas en miniatura. ¿Y dónde están los macarrones? ¿No metí los huevos en la lista? ¿y qué es ese bote? ¿crema de vinagre? ¡pero si yo quería vinagre del de toda la vida!
En fin, desde que hago la compra por internet, la dieta de mi familia es rica y variada en productos que nunca habíamos probado. Os lo recomiendo.