Killertonterías

Los padres cuarteleros: Una tendencia en alza

Tomada de Pixabay

Los expertos lo han detectado con su radar “encuentra fenómenos”. Son los padres cuarteleros. Tratan a sus hijos a golpe de silbato, les educan en un ambiente absolutamente dictatorial y nunca les ayudan a levantarse cuando se caen. Esta forma de educación, que se puso de moda tras la adopción de las tesis de ese concepto pseudocientífico llamado “hiperparentalidad”, está acabando con la autonomía y la autoestima de niños y jóvenes, que tienen sistemas nerviosos débiles y son incapaces de enfrentarse a los retos más sencillos de la vida, como tomar decisiones por sí mismos, hacer amigos, abordar los conflictos con serenidad o mantener conversaciones distendidas. 

Los padres cuarteleros hacen oídos sordos a las quejas de sus hijos. No importa que lleguen llorando a casa del colegio con un ojo morado. Les dicen que se defiendan, que devuelvan el puñetazo y que no lloren como nenazas. Si su hijo es una hija, les dicen que algo habrán hecho, que sean tranquilitas y jueguen a la goma en el patio, así no se meterán en líos. Es así como los casos de acoso en el colegio han aumentado de forma alarmante: sin un control por parte de las familias, que son las encargadas del bienestar de los menores, no hay nadie que ponga freno a la escalada de violencia en los colegios e institutos. 

Además, este tipo de padres no atienden a sus hijos cuando sufren accidentes o tienen dolores. Son de la idea de que, cuando un niño se cae al suelo, hay que dejar que se levante solo para forjar su fortaleza y valentía. De este modo, están llegando a los hospitales niños con fracturas antiguas mal soldadas que no fueron atendidas debidamente en su momento. Además, los niños crecen con la idea de que no hay que ayudar al otro cuando tropieza y estamos asistiendo al surgimiento de una generación de adolescentes insensibles ante los infortunios de sus semejantes, que pasan sin mirar a las viejecitas que encuentran tiradas en el suelo y que no ceden el asiento en el metro a las embarazadas. 

Marilita Jiménez, experta en ingeniería genética en la Universidad de Gayamil, afirma que estos padres crían a sus hijos como si fuesen infantes de la marina. Las maneras espartanas en la educación están dando lugar a gran cantidad de casos de estrés postraumático en niños y adolescentes, que llegan gritando “SEÑOR, SÍ SEÑOR” a las consultas de psiquiatría. “Como sigamos así, en unos años vamos a tener zombis en vez de personas paseando por las calles” afirma la experta. 

Quedaron atrás los tiempos en los que se daba crédito a las teorías que afirmaban que una crianza respetuosa y con amor generaba individuos respetuosos consigo mismo y con sus semejantes. En la actualidad, parece que estamos educando a soldados que van a ir a la guerra a combatir por su patria, más que a ciudadanos conscientes y resilientes, preocupados por contribuir al bien común. Y es que necesitamos personas que se construyan sobre una base sólida de apoyo, respeto y amor por parte de sus progenitores, y no de individuos obedientes sin autoestima que no sepan relacionarse con los demás porque nunca les han cuidado. 

Todo es un espejismo

 
 Vivimos en un espejismo de mierda. Todo podría ser de otra forma si, al levantarnos por la mañana, nos pusiésemos de acuerdo para que las cosas fuesen de otra manera. Pero seguimos alimentando este infierno que hemos creado día a día, acto a acto. Sí, todo esto está forjado sobre los actos individuales de millones de personas. ¿O creéis que hay algo superior que regula el funcionamiento de nuestro mundo?

Reaccionamos al deseo, al hambre y a la sed de sustancias y de experiencias. Solo el hambre, la sed y el deseo regulan todo nuestro mundo. Queremos tener el estómago lleno, que el sol nos de en la cara, tener nuestros orgasmos y que nuestros hijos vayan a la universidad. O simplemente que se casen y poderles dar una dote. O que lleguen fuertes a cierta edad para que puedan trabajar en la fábrica de Inditex y traer cuatro perras a casa. 

No somos nadie sin nuestra ración diaria de soma. La wifi nos da conexión a la comunidad virtual, y todos lloramos al unísono. Es terrible lo que está pasando. Je sui todos los muertos del mundo. Llega la hora de cenar. Deja el móvil y atiende a la tele. ¿Qué tal en el cole? Bien, la maestra me puso una pegatina por tener el cuaderno ordenado. Eso me dará grandes competencias para sobrevivir a los bombardeos el día de mañana y a la puñetera apocalipsis zombie que nos llevan vendiendo durante años y años. 

Bueno, no os preocupéis. Todo esto son ideas inconexas de un día después. Uno más. Un día más en el que saltan miembros por los aires. En los que salen listas de muertos en los periódicos. Pero qué más da. Al final todos moriremos, de una forma u otra. Estaremos en una lista o en una esquela. Todo acabará. Habrá una glaciación, una tormenta solar, una guerra nuclear o un cataclismo masivo que acabará con nosotros, una mota de polvo en un universo infinito. Y ya seremos nada. Y ninguna mente nos recordará. Fin. Descanso. Nada. Muerte. Vida. 

Las canas

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Tengo canas desde los 18 años y desde muy pronto me empecé a teñir. Primero por coquetería, pero después por miedo a parecer una anciana. Ahora resulta que las canas se han puesto de moda y aparecen por doquier un montón de modelos impresionantes con el pelo blanco. Atraída por su bello aspecto, tengo la tentación de dejarme el pelo blanco. Pero ¿cómo?

Mi amor, que para eso es mi amor y me quiere de cualquier forma, dice que me rape la cabeza y deje crecer el pelo. El lo hace a menudo y se deja una especie de cresta en el centro que, junto con la barba larga y canosa, le da aspecto de motero peligroso. Pero yo siempre he sido una niña modosita y acomplejada. Lo de ponerme en evidencia rapándome la cabeza no sé, no lo veo. Lo pasaría mal. Me pondría un turbante y no aguantaría las miradas de compasión de la gente. Serían unos meses larguísimos. Él me dice que es una situación graciosa, cuando haces algo radical con tu aspecto, observar las reacciones de la gente y reírse de ellas. Y seguro que tiene razón, pero mi autoestima no está tan bien amueblada como para abordar ese experimento tan radical.

Otra posibilidad sería dejar crecer el pelo sin teñirme. Ir dejando crecer esa raya blanca que aparece puntual cada dos semanas. Teniendo en cuenta que mi pelo “es” oscuro (me tiño con un 5) el contraste entre la raíz y el resto del pelo sería tremendo. La gente pensaría “mírala, pobre, lo descuidada que va. Habrá perdido la razón de forma definitiva”. Y seguramente la perdería, pues soy muy sensible a mi aspecto exterior y si tengo cara de loca y desquiciada me siento loca y desquiciada. 

La tercera posibilidad sería ir a la peluquería y pedir que hiciesen un cambio radical con transición artificial: una decoloración completa del pelo. ¿En qué condiciones quedaría mi cabeza? No tengo ni idea. Y bueno… no estoy del todo segura de que me gustase el resultado. Cuando me imagino con canas me imagino con cara de anciana. Y a ver, es que empiezo a ser algo anciana, voy camino de los 50. No sé si estoy preparada para dar ese paso tan brusco a la ancianidad. Y tampoco estoy segura de que yo, con canas, tenga ese aspecto tan cool como las modelos que salen promocionando la nueva moda. 

Bueno, al final no sé qué haré, pero intuyo que algo va a pasar. Cuando se me mete en la cabeza que tengo que cambiar algo, no pasa mucho tiempo hasta que lo consigo. Sé que el pelo es una simple excusa, que lo que quiero transformar en mí y en mi entorno es mucho más profundo. Pero hasta que lo averigüe y vaya tomando forma, me conformo con hacer locuras con mi cabeza (que no es poco).

Disfraces

Disfraz de indioMañana me las tengo que ingeniar para ir a trabajar, llevar a la cuadrilla a las extraescolares y, acto seguido, acudir a la fiesta de carnaval con ella y él disfrazados de indios. No tengo materiales, y si los tuviera no sabría que hacer con ellos. Pero lo conseguiré. Los chinos siempre son un recurso fácil y rápido. Lo descubrí cuando dejé de intentar ser perfecta en todo.

Cuando los mayores eran pequeños, me compré una máquina de coser y me dejé llevar por la furia costurera de mis comadres en el colegio. No tuve en cuenta que había llegado a vivir a una pequeña ciudad con una tradición textil importante, y quien más, quien menos, había trabajado en uno de esos talleres de confección o tenía una madre, una tía o una abuela que manejaba los hilos a la perfección.  Yo ahí no daba la talla. Mientras ellas confeccionaban bellos trajes de pollo en los que el foam permanecía erguido y lustroso sobre las cabezas de sus pequeños, los míos iban con un saco que se caía por todos lados y les tapaba los ojos, haciendo que fuesen dando traspiés en los desfiles de carnaval. 

Por otra parte, tenía que sacar tiempo libre para usar esa máquina infernal en la que se me enredaban los hilos, la costura salía torcida, la aguja era una sanguinaria herramienta que bajaba y subía sobre mi dedo y nunca sabía cómo poner la tela para que no me quedase toda arrugada. Y ese tiempo era nocturno. Despertaba a todas y a todos con mis “joder”, “hostia puta”, “me cago en tó”, etc. Y los pobres niños miraban de reojo, pensando “¿me tendré que poner eso mañana?”

Dí el cerrojazo a la máquina cuando comprobé que no podía competir de ninguna manera con las supermamis. Esto coincidió con la decisión del ayuntamiento de nuestra ciudad de acabar con los carnavales y relegarlos a las fiestas de los colegios. Ya no había concurso de coles en el desfile de carnaval, y las madres también perdieron el interés por demostrar sus dotes de confección. Así que ahora, casi todos los niños y niñas van vestidos con estupendos disfraces made in china, de telilla de forro y fieltro. Todavía hay algunas que derrochan creatividad y arte, pero son las menos.

El curso pasado fue nuestra Monster Girl la que ganó el concurso disfrazada de egipcia china. Todo un bochorno, teniendo en cuenta que el concurso era en el cole de Vampi, al que venía de invitada. Tras este acontecimiento, Father pensó que lo mejor que podíamos hacer era correr cuanto antes con el regalo, ya que las madres de las niñas autóctonas empezaban a mirarnos de reojo y a murmurar. 

Si somos capaces de ganar concursos de disfraces con esos ropajes, desengañaos, ¿merece la pena estar horas y horas comprando las telas, cortándolas, volviéndolas a cortar porque nos hemos equivocado, intentando averiguar cómo unir lo que hemos recortado y luchando con el niño o la niña para que se pongan el resultado de todos nuestros desvelos? La respuesta es NO. Una vez al año, no hace daño. Disfraz del chino para salir del paso, y todas tan contentas. 

¡¡FELIZ CARNAVAL!!


Qué hace una chica como tú…

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Un año de mi vida me ha llevado darme cuenta de que no estaba en mi sitio (si es que algo así existe). Me hice una cuenta de tuiter a base de seguir a madres tuiteras. Pepito Grillo me lo decía una y otra vez: ¿Qué haces aquí? Pues a ver, si abres un blog que se llama como éste y hay tuiteras que dicen “ay qué miedo, una madre asesina” es que algo falla-falta, de algo se carece, vamos. Bueno, me imagino que a @diostuitero le habrá pasado esto mucho más que a mí. “Oh, Dios tiene tuiter”. Así que mira, Mother Killer ha cerrado su cuenta de tuiter, porque ya estaba harta de los grititos histéricos de las mamás tuiteras.

La verdad es que ya había llegado a la saturación del conocimiento, ese estado que te dice que ya sabes todo lo que tenías que saber. Los códigos para hacerse con una tribu, los patrones de #FF para mantener la cohesión de grupo, el significado de los Fav y RT, los Fav sin RT y los RT sin Fav. Los “Ohhhh” y los “Ainssss”. Los UF y los F repentinos y sin avisar. Los temas que no se pueden tocar, los que se pueden tocar a dos manos y a manos llenas. Todo eso y mucho más.

La gente de carne y hueso me miraba con cara de poker cuando les hablaba del mundo tuitero maternal. Era tan ajeno a la realidad cotidiana que alguien se levantase por la mañana y escribiese a los cuatro vientos que fulanita le había dado un unfolou y estaba mosqueada que daba hasta risa. Y me miraban con cara de “¿Qué haces tú ahí?”, y reafirmaban mi sensación de que estaba haciendo el gilipollas. Pero oye, todo el mundo tiene derecho a hacer el gilipollas de vez en cuando, y si de ello saca una moraleja vital, pues mejor que mejor.

Lo de tener fologuers me la pela. Ya sé que esto no se debe escribir en un blog, pero es la expresión que mejor transmite mi sentimiento. Ya me la pelaba antes, pero ahora que no tengo cuenta de tuiter es algo definitivo. Ya he tenido suficiente. Mujeres tuiteando su parto en directo, mujeres peleando porque una plagiadora es atacada por una manada de seguidoras de una bloguera italiana, que a su vez tiene un blog que no dice gran cosa. Mujeres discutiendo, insultándose y linchándose porque fulanita supuestamente se ha quedado con un negocio inmaterial y ha echado a sus socios inmateriales quedándose con la pasta inmaterial (y yo ahí metiendo baza cual lerda que no se entera de la misa la media). Mujeres diciendo que son malas madres, otras diciendo que son buenas, otras que son reales y otras que son artistas. Y mientras el mundo siguiendo su curso y llamando al orden: Shhh Shhh, que estoy aquí, que soy el mundo, la gente, los niños, las niñas, la explotación, el capitalismo y la madre que me parió.

Pero ellas nada, a lo suyo (que ya es bastante). Pero vamos, que ya he entrado en razón. Que vuelvo a ser yo. Se acabó secundar grititos histéricos de una vez por todas. Que mira, no es de mi incumbencia si has dormido esta noche, si te has emparanoiado con el tuit de pepita, si te han dado un UF como una catedral o si se lo vas a dar a la falsa de tu supuesta amiga. Pero a ver, ¿en qué estado de enajenación mental entré cuando me metí de lleno en todo esto? Si nunca lo he hecho en la vida real ¿Por qué ahora?

Bueno, a lo hecho pecho y a otra cosa mariposa. Era algo que me picaba la curiosidad. Una vez satisfecha, aquí paz y después, gloria.

NO ES PAÍS PARA GAFAPASTAS

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Si os ha gustado leer desde pequeños/as, habéis desarrollado un rico vocabulario, os gusta darle vueltas a las cosas y solíais sacar buenas notas en el cole, sabréis que hay una tendencia en nuestro país a despreciar este tipo de comportamiento. Aunque parezca insólito, últimamente encuentro con demasiada frecuencia reproches sobre la complejidad lingüística de ciertos escritos. Esto que antes era un problema del lector, que debía aplicarse en la comprensión del texto usando el diccionario y leyendo repetidas veces hasta construir un significado plausible, ahora se ha convertido en problema del escritor, que se empeña en elevar su discurso en un mundo de argumentos sencillos y lenguaje plano. 

Cada vez cuesta más salirse del ideario común sin que alguien se te tire al cuello alegando que eres un/a “lumbreras”, un/a iluminado/a o un/a sabio/a, calificativos éstos dichos con cierto retintín y desprecio (todo el mundo sabe que lo realmente suag es ser un tonto el culo que no sabe hacer la O con un canuto). Te pueden incluso invitar a escribir un libro, como si eso fuese el colmo de los colmos en lo que a intelectualidad se refiere, aunque todos sepamos que si personas como Belén Esteban o Ana Botella han conseguido escribir uno, la empresa no debe ser nada del otro mundo.

Ya cuesta incluso confesar que has leído a Unamuno sin que se te hayan caído los ojos al suelo, o que disfrutas de la enredada prosa de Thomas Pynchon sin que te miren con pena y condescendencia. Tu vida debe ser muy aburrida para dedicarte a esos menesteres, pudiendo discutir con frenesí sobre la vida y milagros de un tal Pocholo o una tal Marujita que elevan los índices de audiencia en las noches de los viernes. Por eso, hasta mi hijo pequeño me da lecciones de sabiduría popular. Hoy discutíamos sobre el mundial de fútbol, y yo alcanzaba a saber que Shakira, después del último acontecimiento futbolístico, se había casado con uno de los héroes del canto rodado.

Yo:  Ah, entonces fue cuando Shakira cantó el Waka Waka y se casó con Casillas

Vampi (con cara de condescendencia): No mamá, estás pirada. Shakira está casada con Piqué. Con Casillas está la Carbonero.

Yo: Ahhhhmmmmm, vale.

 Reíros, reíros. Qué falta de cultura imperdonable.

Pero en fin, la selección natural debe funcionar así. En un país en el que se ve como normal que los puestos de trabajo, los cargos políticos y otras prebendas se consigan por afinidad con las personas que los otorgan y no por la capacidad para desempeñarlos es lógico que, a la larga, se imponga un estilo de pensamiento austero. La austeridad ha llegado a todos los rincones de nuestra geografía en lo que a intelectualidad se refiere. Recuerdo que hace años fuimos a pasar unos días de verano a un bonito paraje de la costa catalana. Fuimos a parar a un camping regentado por alemanes en el que reinaba la paz y la concordia. Todo eran buenos modos, orden, educación y silencio nocturno. Pero quiso la suerte que a nuestro lado acampasen una pareja de españoles. La primera noche creímos salir ardiendo de manos de una barbacoa humeante que no sabían controlar. Ellos comieron carne churruscada, y nosotros estuvimos oliendo sus viandas en nuestra ropa durante días. La segunda noche llegaron bien entrada la noche y, hablando a gritos, se quejaban de la extraña costumbre alemana de irse a dormir temprano (cabe decir que la mayoría de los campistas tenían niños pequeños, al igual que nosotros, y gustaban de dormir de noche y vivir de día). Por la mañana decían “mírales, todos nos miran mal. No saben vivir, los pobres”.

¿Qué será de este país de la relaxing cup of café con leche en la Plaza Mayor? Seguiremos comprando los yogures caducados que nos ofrecen en las baldas de nuestros supermercados con una sonrisa en la boca porque un Ministro, actual candidato al parlamento europeo, nos dijo que los podíamos comer con toda tranquilidad. Y olvidando que, alguna vez, no hace mucho tiempo, tuvimos políticos como Manuel Azaña, periodistas como Larra o poetas como Lorca.

Cuentos para dormir

Leer cuentos a los niños antes de dormir (y a cualquier hora del día) es divertido. Si lo haces de manera regular, fomentas su hábito lector y les enganchas al mundo del discurso escrito, que no es moco de pavo (esta expresión la uso porque es bastante difícil de traducir al chino, así que a ver quien es el guapo o la guapa que plagia esta entrada). Pero cuando se acaban los recursos impresos, suelo recurrir a mi calenturienta creatividad. Es entonces cuando más disfrutan. Si no fuese tan cansado, pasaría de los libros y les escenificaría cada noche una historia de cosecha propia. Los niños y las niñas son de naturaleza agradecida, y cualquier cosa que te inventes les parece maravillosa. Si además usas recursos no verbales, como modular la voz para los distintos personajes y gestos exagerados para darle vida a las escenas, tienes el éxito asegurado.

Empecé hace ya más de 10 años contándoles a mis mellizos la saga del famoso “Tal y tal” (no me dio la imaginación para inventarme un nombre más elaborado). Tal y tal era un pequeño niño aventurero que salía a jugar con su bocata de nocilla y siempre acababa envuelto en las más trepidantes aventuras. Todas las noches, de forma recurrente, Tal y tal entraba en el bosque de Irás y no Volverás a rescatar a un amigo, a una amiga, a su perro, a su gato o a quien quiera que fuese tan tonto para entrar en un bosque con ese nombre. De forma recurrente también, Tal y tal llegaba a la puerta de una cueva donde sospechaba que se encontraba la persona que iba a rescatar, y llamaba a la puerta TOC TOC TOC, y una voz profunda y grave respondía QUIEEEEEEN OSA LLAMAR A MI PUEEEEEEERTA. Tal y tal, muerto de miedo y con voz temblorosa, respondía soy yo, el pequeño Tal y tal. Entonces la puerta se abría con un espeluznante chirrido y, ante los ojos de Tal y tal aparecía… un pequeño ogro FEO FEO FEO y muuuuuuy pequeño, con la nariz llena de mocos que no hacía justicia al vozarrón que le había hecho estremecerse de pavor. A Tal y tal le entraba un ataque de risa nerviosa (a mis hij@s también) y el pobre ogro feo acababa llorando de vergüenza, reconociendo su complejo de inferioridad y devolviendo a la víctima secuestrada. Tal y tal se hacía amigo del ogro y prometía volver a hacerle compañía y enseñarle a hacer amigos para no sentirse tan solo, y volvía con el incauto o la incauta víctima a comerse el bocata de nocilla al parque.

 La saga de Tal y tal acabó hace tiempo, pero hace poco recuperé la costumbre olvidada de inventar historias a vuela pluma… o a vuela boca más bien (ala, traduce eso, mamón). Ahora han aparecido en nuestras vidas tres personajes que, la verdad, no son políticamente correctos, para qué nos vamos a engañar. Se trata de tres osos rosas, dos osos y una osa, que se llaman Telerín, Chiquilín y Ana Rosa (sigo teniendo poca imaginación para los nombres). En el primer episodio, Ana Rosa, que mangonea todo lo que quiere a sus dos pobres compañeros, les convence para que cojan una pistola de agua, se pongan una media en la cabeza y atraquen un banco. ¡¡PERO PARA QUÉ, ANA ROSA!! Y dice Ana Rosa la osa rosa:

– A ver chicos, ¿vosotros queréis ir de crucero?

– Siiiiiiii

– ¿QUÉ SOMOS?

– OSOS ROSAS

– ¿Y QUÉ QUEREMOS?

– IR DE CRUCEROOOOO

– Pues venga, pónganse las medias en la cabeza, cojan las pistolas, y a por el dinero, que yo me quedo aquí vigilando.

Así que Telerín y Chiquilín, todo temerosos, entran al banco y le dicen al cajero:

– Por favor señor, ¿nos da dinero para irnos de crucero?

– VEEEENGA YA, FUERA DE AQUÍ, TARAOS

Y los pobres osos rosas vuelven donde está la Ana Rosa y le dicen:

– No nos ha querido dar el dinero

-¿¿¿COMORRRRR??? Dadme la media y una pistola

Y va Ana Rosa, entra en el banco, todo el mundo al suelo, dame todo el dinero que tengas para mi crucero, le dan todo el dinero y sale triunfante con el saco de pasta. Se van de crucero los tres y colorín colorado este cuento se ha acabado. Y el resultado de este cuento es un niño y una madre a los que les duele la tripa de reírse. Tamaña chorrada nos proporciona un rato inigualable de diversión.

Moraleja: No es muy difícil crear. Cualquier chorrada es agradecida si se cuenta con gracia y con salero y si el que escucha y el que cuenta ponen el suficiente interés y entusiasmo. Como decían Mobby y Amaral:

EL SENTIDO DE LA AUDIENCIA

Hoy voy a hablar de uno de mis temas favoritos cuando hablo de escritura: el sentido de la audiencia. Sin aburriros con citas académicas, os diré que esa expresión hace referencia a la representación que elabora la persona que escribe sobre sus posibles lectoras y lectores y que guía la forma en que se dirige a este público imaginario. Todos los escritores expertos elaboran esta representación de manera consciente y la relevancia de su texto depende de esté bien elaborada. Por ejemplo, cuando una bloguera escribe una entrada tiene una idea más o menos elaborada de las personas que leerán su post y la línea en la que irán los comentarios que reciba.
Sin embargo, la escritura en el entorno 2.0 nos lo pone un poco más difícil que a los escritores y escritoras de antaño. Por una parte, la relación que tenemos con nuestra audiencia es direrente. Quizás no sea más cercana, pero sí es más cotidiana y mantenida en el tiempo por el complemento fundamental de nuestro blog: las redes sociales. Esto hace que muchas veces, sin darnos cuenta, escribamos guiados por una representación restringida de la audiencia: nuestras tuiteras preferidas, nuestras fan followers o incluso nuestras hater followers, si me lo permitís. ¿Pero qué hay de esa audiencia silenciosa? ¿Esa que llega a nuestro blog por casualidad y se se encuentra con una entrada sobre ColeChan o sobre Madresfera y flipa en colores?
Esa audiencia silenciosa es una audiencia interesante ¿Es la que hace grandes los blogs de DIY? ¿La que deja comentarios anónimos que no sabemos cómo contestar? ¿La que comparte nuestro post por lejanas tierras disparando por un día nuestras pobres estadísticas? 
Para vosotras y vosotros, esa audiencia silenciosa, va esta canción

@ColeChanxxx

Esta historia comienza con la valiente @todomundopeques enfrentándose ella solita al mundo pro-cunas y camas en habitaciones separadas y al partido de “la cama de los padres es sagrada”. Intentaba convencer a otra mujer de que meter a un niño en la cama de sus padres cuando sufre por las noches no es un pecado mortal ni le convertirá el día de mañana en un adolescente salvaje y drogadicto. Era tan vehemente la argumentación de la señora que decidí echarle un cable y envié el siguiente tuit:
” los japoneses colechan hasta los 7 años o más y son muy disciplinados”
La sangre no llegó al río con la discusión, pero al día siguiente alguien retuiteó la GRAN VERDAD que yo había ofrecido al mundo. “Ohhh, quién será” – me pregunté- Y descubrí que había sido ColeChan, un chavalito de Georgia que se define a sí mismo como “Competitive CoD player” (ya le preguntaré a Phanton qué significa eso. EDITO: Phanton me ha dicho que es un juego de guerra que se llama Call of Duty). Entonces lancé el siguiente tuit al mundo:
” Que alguien que se llama @ColeChan me retuitee cuando hablo del colecho… no tiene precio 😀 #cosasdeltuiter” 
La respuesta de @ColeChan no se hizo esperar: 
” .@mother_killer WHAT ARE YOU SAYING I SPEAK ENGLISH”
Fijáos bien en ese puntito desafiante, ese que se pone para que todos lean tu discusión y vengan en tu ayuda, ese punto que es llamada a la batalla tuitera. De hecho, la respuesta de sus huestes no se hizo esperar de las manos de su amigo Competitively:
 “@ColeChanxxx @mother_killer dude watch out hes the mother killer” 
Ni corta ni perezosa, marqué como favorito ese tuit que demostraba mi capacidad para dar miedo en las RS, pero ahora me quedaba el problema de si traducirle a ColeChan lo que él mismo había retuiteado. Sin duda, no es de recibo explicar a un chaval de 15 años que conoces por el tuiter con tu cuenta de mommy blogger que colechar es dormir juntos, y tal y como está el tema de la pederastia en internet solo me faltaba que Cole tuviese una mamá vigilante que me denunciase por perversión de menores. Así que le envié un tuit inocente: 
“@ColeChanxxx why do you RT then? XD”

Y él me contestó:
 “@mother_killer I saw my name “colechan” ;)”
Ese guiño de compicidad me desarmó y decidí dejar a ColeChan seguir su camino como competitive player. Ya se enteraría de lo que es el colecho en el momento adecuado y preciso. Pero nuestra querida @trimadre30 puso la guinda a la conversación:
” @mother_killer @ColeChanxxx Jajaja.This is the most bizarre Twitter conversation I’ve ever read It s #almodovarstyle Pedrooo.. look that!”