KILLERFEMINISMO

Relación sentimental y cuñadología

Lo peor que te puede pasar si eres mujer y no estás casada con tu pareja es que te detenga la policía. Desde ese momento, pasas a tener una relación sentimental con alguien. Yo me pregunto si se considera agravante del delito tener una relación sentimental. Porque claro, eso suena así como a que vives en concubinato, mantienes relaciones sexuales poco convencionales y tu vida es ciertamente desordenada. 

Si eso va acompañado de tu edad, apaga y vámonos. Analicemos el siguiente párrafo: 

“Esta mujer, de 42 años y sin antecedentes policiales que mantenía una relación sentimental con el padre del referido alumno, fue detenida como presunta autora de un delito de daños informáticos y falsificación de documento público.”

Vamos a jugar. ¿Qué creéis que hizo esta mujer para ser detenida? Algo truculento, muy truculento. A esa edad, tener una relación sentimental, y encima CON EL PADRE DE UN ALUMNO, no es de recibo. ¿Daños informáticos? ¿Le tiraría el ordenador a la cabeza a alguien? ¿Al alumno, quizás? Y esa relación sentimental ¿comenzaría en la barra de un bar? ¿En una discoteca? ¿En la fiesta de fin de curso, quizás, en uno de los baños del centro?

Vamos a ver cómo podríamos cambiar este párrafo para que esas visiones no vengan a nuestra mente al leer la noticia: 

“Esta mujer, de 42 años y sin antecedentes policiales, pareja del padre del referido alumno, fue detenida como presunta autora de un delito de daños informáticos y falsificación de documento público.”

Ha cambiado la cosa, ¿verdad? Parece como que la relación toma más consistencia. Ya es una relación más duradera, como algo más formal. A ver, si lo que quiere expresar el periodista al transmitir la noticia sin modificar una coma del informe policial es que la mujer y el padre del alumno eran novietes y se acababan de conocer (que a lo mejor es así) pues lo de la relación sentimental queda un poco más adecuado. Pero si no se ha preocupado por indagar al respecto o considera que no es relevante, lo mejor es utilizar un término sin connotaciones. Porque, seamos serias, nadie va diciendo por ahí que tiene una relación sentimental con alguien: eso solo lo dice la policía cuando te detiene. Tener una relación sentimental, en ese sentido, es chungo. Significa que estás detenida. 

Siguiendo con el párrafo, me pregunto qué relevancia tiene la edad de la mujer en la noticia. Vamos a pensar de nuevo que los periodistas copian la ficha policial textualmente y lo mandan a publicar. Pero lo que ya lo borda es que no tenía antecedentes policiales. El hecho de poner eso suena a que podría tenerlos. “Mujer de 42 sin antecedentes policiales” suena a mala persona, aunque no lo haya demostrado hasta ahora. En ningún momento podemos decir que el periodista mienta. Pero vamos a dar otro retoque al párrafo, a ver qué tal queda: 

“La jefa de estudios y profesora en el centro, pareja del padre del referido alumno, fue detenida como presunta autora de un delito de daños informáticos y falsificación de documento público.”

¿Os vais haciendo ya una idea? Os dejo una de las muchas noticias publicadas sobre el caso. Todas han copiado la ficha policial, pero esta está especialmente mal escrita

Esa delgada línea…

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Desde que llegué al mundo de la crianza, que fue cuando me quedé embarazada por primera vez, he observado una delgada línea entre la crianza con respeto, el puritanismo y el machismo feminista. Por empezar por algún sitio, empecemos por el feminismo. Siempre he defendido que la maternidad debe ser protegida como uno de los estados de mayor vulnerabilidad. Tienes hijos y la sociedad ignora la necesidad de las crías de ser cuidadas y de la madre de cuidar a sus crías. Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero a partir de ahí, toda decisión de la mujer con respecto de las actividades a las que se va a dedicar después de tener un bebé son cuestión suya. No ayudan esas afirmaciones carlogonzalescas de que “La conciliación no existe, hay que decidir entre el trabajo o la familia”. Esas afirmaciones, dirigidas a personas que no forman parte de nuestras vidas, solo cumplen una función: la de extorsionar a las mujeres que hayan decidido seguir con su carrera profesional o que tengan que seguir trabajando sin más y ponerlas bajo el punto de mira como si hubiesen tomado una decisión egoista y desnaturalizada.

Así, secuestrando la voz del feminismo, diciendo a las mujeres lo que deben sentir al ser madres, lo que deben hacer y lo que deben pensar, cumplimos la misma función que en los años 50 cumplieron los discursos machistas que culpaban a las mujeres del descenso de puestos de trabajo y las exhortaban a volver al hogar para mantener a la familia unida. Ahora la bandera es el vínculo sagrado y reprimido entre la madre y la criatura. Ese vínculo que no vemos, que no sentimos porque estamos oprimidas, porque estamos heridas, porque llevamos una coraza de acero.

Al final, nos quedamos en un puesto tan difícil como en el que ocupamos en aquellos años de las tartas humeantes en el alfeizar de la ventana, ahora convertidas en sabrosos cupcakes y maravillosos tratados sobre como mantener el orden en casa. Las madres volvemos a ser esas santas puras que mantienen cada cosa en su sitio, tanto física como socialmente. Y, por supuesto, tenemos el deber de velar por el desarrollo sagrado e intocable de la bondad de nuestros infantes.

Aquí es donde entra en juego el puritanismo. La teoría del vínculo sagrado va acompañada habitualmente de una creencia Roussoniana del desarrollo infantil. Los niños y niñas son almas puras que se desarrollan de manera perfecta si lo hacen en plena libertad. Y nosotras, sus madres, hemos de velar por la imperturbabilidad de esta pureza en desarrollo. Toda intervención en este proceso sacro es inadecuada, incluso los premios y las alabanzas se transforman en manipulaciones inadmisibles y violentos sobornos.

El lugar que antes ocupaba el Rock’nd Roll, esa música del diablo que pervertia a los jóvenes de antaño según las mentes bien pensantes,  es ocupado ahora por el sucio regeton,  que hipersexualiza a las mujeres según la feminista blanca de clase media. Ahora solo se admite la música infantil y, en todo caso, el pop clásico.

Y así andamos, convirtiendo discursos antiguos y actualizándolos para los tiempos que corren.  Discursos que ignoran por completo las diferencias de clase y que nos tratan a todas por igual, ignorando las múltiples circunstancias que nos conforman en la historia de nuestra vida. Triunfa la que, habiendo sorteado miles de obstáculos, consigue criar a sus cachorros cual lobos en manada y se convierte en bloguera o en coach de madres y mujeres. Y la que no lo consigue, pasa sus días lamentándose por la sociedad en la que le ha tocado vivir. Esta sociedad enferma que le impide alcanzar la tierra prometida.

El feminismo no aboga ninguna forma de vida. No tiene nada que ver con la imposición  de un modelo de mujer (la que siente el instinto maternal biológicamente determinado) ni de madre (la que permanece en casa junto a sus crías durante sus primeros años de vida). El feminismo persigue la igualdad y la libertad de elección. También la de las madres que quieren quedarse en casa para criar. Y la de las madres que eligen otras formas de conciliación. Y la de las mujeres que no quieren ser madres.

Las mujeres envejecemos peor

http://www.fucsia.co/moda/famosos/articulo/mujeres-iconos-de-moda-mayores-de-60-anos/64948

Uno de los primeros pasos para cambiar algo es hacerse consciente de ello. Y una cosa que está empezando a hacerse evidente es que a las mujeres, a partir de los 50, no se las toma en serio. No es que antes de los 50 sea una maravilla y nos tengan en un pedestal, no. Es que, en el ideario común, la mujer a partir de 50 adquiere un estatus de ignorante, inocente y gracioso ser que hace muy buenas croquetas pero que no entiende nada de lo que dicen los jóvenes y los hombres.

Ya sé que los lugares comunes, si no se viven y experimentan, no se comprenden. Pero imaginad. Una mujer, 50 años, baila en una discoteca. Una mujer, 50 años, va a la quedada de Pokemon Go en la Puerta del Sol de Madrid. Una mujer, desconocida, 50 años, da una opinión política en una tertulia. ¿Qué os ha pasado por la cabeza? Seguramente lo mismo que cuando veis a Iris Apfel (que ya pasó la cincuentena) vistiendo esos llamativos ropajes y collares. No es común ¿verdad? Lo típico de una mujer de 50 es estar recluida en su hogar vistiendo una bata de flores y solo saldrá del brazo de su marido con la media melenita teñida con mechas y las lorzas embutidas en un vestido por debajo de la rodilla.

Pero vamos llegando a la cincuentena, e igual que en su momento me negué a adoptar el papel de madre reciente, que deja atrás los pearcing y los tatuajes para cambiarlos por la coleta y las chanclas, me niego ahora a que se me encasille y se me mire por encima del hombro por estar llegando a un sitio al que todos y todas vamos a llegar. No es solo ya la típica actitud de los adolescentes que creen que sus madres no saben nada. Eso es comprensible y puedo vadear con ello. Es además la actitud de tus compañeros de trabajo más jóvenes, que se creen con una sabiduría infinita que tú nunca rozaste, la forma en que la gente que no te conoce te sitúa en las conversaciones, el modo en que empiezas a escuchar la palabra señora de los hombres expertos en chapuzas varias en el hogar y en el automóvil, etc.

Yo entiendo que cuando no se pasa por un etiquetado colectivo tácito e inconsciente, no se comprende cómo se vive esta situación. Pero es muy desagradable que los demás quieran que seas de una manera que te es absolutamente ajena. Se empeñan en hacernos envejecer según la idea que tienen en su mente de lo que debe ser eso. Pero lo siento, no creo que cumpla con vuestras expectativas. Nunca he sabido dónde venden esa ropa de señora, esas batas de flores y esas zapatillas imposibles. Nunca me he puesto ni faja ni combinación, no me pienso poner mechas y no pienso dejar de leer y opinar sobre política. Y lo que es peor: nunca he sabido hacer croquetas.

Para que os hagáis una idea de cómo nos sentimos las mujeres cuando llegamos a los 50, os dejo aquí un vídeo que me ha pasado una amiga mía, muy lúcida en el terreno del impacto visual y narrativo. Somos las viejas brujas locas a las que nadie tiene en cuenta, peligrosas y apestosas. Nuestra experiencia profesional, nuestras competencias, nuestras virtudes se han corrompido al llegar a los 50. Dejad paso a las jóvenes promesas y atended los consejos de los viejos expertos. Donde esté un Merlín y un hada joven y buena, que se quite Madam Mim.

#VDLN 105 : Seré mecánico por ti/ Kiko Venemo

 

Kiko Veneno

Hoy me voy a saltar la #SummerEdition de cosas horteras para contaros una experiencia que es muy habitual en estas fechas del verano: tenemos que llevar el coche a revisar, porque se acercan las vacaciones y no queremos llevarnos sorpresas en la carretera. Yo procrastino ese momento al máximo, porque sé que de una forma u otra voy a terminar muy cabreada.

¿No os pasa a vosotras que los señores mecánicos os miran con sonrisita condescendiente? Tú les explicas lo que le pasa al coche y dicen constantemente “Sí, ya, bueno, vamos a ver“. Pero bueno ¿cómo que vamos a ver? Mire señor, puede decirme lo que sea. Las mujeres ya votamos, trabajamos…. Y HASTA CONDUCIMOS, JODER. ¿Creéis que los hombres nacéis sabiendo el funcionamiento de la maquinaria de un coche? ¿Creéis que nosotras nunca llegaríamos a comprenderlo? Si viviésemos a mediados del siglo XX comprendería la actitud de los mecánicos. Pero ahora me parecen tan demodé que me pregunto cómo será su vida. Cuando necesiten un médico, un abogado, un arquitecto o un informático y aparezca una mujer para hacer el trabajo ¿saldrán corriendo? Porque cualquiera de esas profesiones son más complejas que arreglar la maquinaria de un coche.

En fin, que me toca el coño bastante todo esto. Que me tomen por tonta, que se rían de mí, que no me den explicaciones o que miren a mi pareja en vez de a mí cuando dan explicaciones sobre la reparación de MÍ coche. De verdad, ¿vosotros os habéis puesto en nuestro lugar cuando nos hacen estas cosas? ¿Creéis que exageramos, que somos unas histéricas, que realmente no tenemos ni idea de como funciona un coche? ¿Seguiríais siendo clientes de alguien que os trata así?

Es indignante. De verdad. Pero escuchando esta canción de Kiko Veneno he logrado entender algo mejor los entresijos de esta conducta incomprensible. Ser mecánico debe ser algo muy relacionado con lo masculino. Nosotras somos como un coche o una moto. Servimos para montar sobre nosotras y correr(se) a toda velocidad. Tenemos una maquinaria que requiere apretar un conjunto de tuercas para ser ajustada. Si es que nos metemos en berenjenales que no son para nosotras.

Bueno chicas, me voy a tomar el fresco un rato. Ya le he pedido a mi media naranja que sea mecánico por mí para no tener que aguantar tantas gilipolleces, pero me ha dicho que lo que va a hacer a partir de ahora es llevar él el coche al taller, que nos vamos a ahorrar muchos disgustos y que yo voy a estar mucho más contenta. Me gustaría un cambio más radical de la sociedad, pero de momento es lo máximo que puedo conseguir sin tener que arrancarle la cabeza a nadie.



La filosofía de las madres

Intento recordar mi infancia y a las que entonces eran madres hablando de su maternidad como lo hacemos nosotras en el Facebook y no encuentro parangón en mi memoria. Por más que busco sólo recibo las ondas de tardes de café con las vecinas contando muchos chismes, pero nunca éramos nosotrxs (o al menos muy pocas veces) lxs protagonistas de estas conversaciones. Sin embargo, entro en las redes y ahí están las madres, venga darle vueltas a un hecho aislado protagonizado por un niño, una situación en el parque, en el colegio, en una tienda, en la piscina o en el autobús. Y el nivel de profundización en este hecho me hace recordar cuando estudiaba el Discurso del Método de Descartes. Parece que estemos desgranando la existencia de Dios a veces.

Esto demuestra varias cosas: la maternidad ha llegado por fin al ámbito de la filosofía. Algo que antes era ignorado en los discursos más enrevesados de los filósofos masculinos está tomando relevancia como objeto de reflexión profunda. Y no lo digo de coña. ¿Es más elevado e importante hablar de la existencia de Dios que de la crianza en el hogar? Teniendo en cuenta que lo segundo es algo que ha sido y sigue siendo considerado como cosa de mujeres, es comprensible que haya sido ignorado por los señores pensadores de antaño.

Pero siempre que a una mujer le ha dado por pensar públicamente (en privado lo hacemos todas, aunque algunos tengan serias dudas al respecto), ha hablado de la maternidad. Y no me hagáis enumerar nombres. Podría mencionar a Simone de Beauvoire, Margaret Mead, Celia Amorós, Victoria Sau e incluso nuestra querida Amelia Varcárcel. Pero me interesan mucho más nuestras reflexiones: mujeres anónimas que abordamos el tema de la maternidad desde las tripas, el corazón y la garganta, y nos lanzamos a nuestros teclados a mostrar nuestros dolores, nuestras dudas, nuestra culpa, nuestro amor, nuestra soledad.

Muchas veces no estamos de acuerdo y defendemos con uñas y dientes nuestras posturas. Va nuestra identidad en ello, y quién sabe si algo más. Seguramente, cuando dejamos el teclado y nos encontramos de nuevo con nuestros hijos e hijas lo hagamos con una pizca más de sabiduría, o con unas cuantas dudas azotando nuestros pensamientos. Pero ningún debate es en vano. Cada debate lleva un poco de nuestras vidas y de nuestros desvelos. Quizás por eso, la contraparte de estos salones de café virtuales sea la creación de facciones enfrentadas que se baten en duelo en los grupos. Las de la Herida Primal vs. las de la Pedagogía Blanca. O las Malas Madres vs. las Madres Reales. O las blogueras comerciales vs. las blogueras independientes.

No creo que estas disputas sean muy diferentes a las que tienen los académicos y académicas en sus reuniones científicas. Una disputa siempre está investida de ego. Hay una parte de nosotras mismas que está en riesgo. Negar la herida primal y los efectos nocivos de la represión del alma infantil puede ser tan amenazante como negar la existencia de Dios. Sostener que la conciliación pasa por los permisos iguales e intransferibles tan drástico como decir que el lenguaje da forma a la realidad. Y cada cuál tiene sus argumentos bien aprendidos y ensayados. Alcanza la gloria la que construye el argumento más novedoso y contundente.

Bueno, y ahora os dejo que voy a ver cómo sigue la última discusión. Promete mucho. Creo que resolveremos, de una vez por todas, la cuadratura del círculo.

 

#VDLN 100: Hipersexualidad (Virginia Rodrigo)

Virginia Rodrigo. PercoAutora. Hipersexualidad

Virginia Rodrigo, feminista, baterista, percusionista, lo deja claro: está harta de la hipermercadotecnia del sexo. El sexo industrial, como producto, lo invade todo. No veo a nadie disfrutar, dice. Y es así: está ya todo tan mercantilizado que parece que no podemos disfrutar de nuestros cuerpos como nos de la gana. Hay que innovar, hay que ser fogosa, hay que ser elegante a la par que sofisticada, y darlo todo en la cama. Hartas ya de estos planteamientos, Virginia nos propone hacernos hermafroditas o asexuales.

Ella lo cuenta, ella lo expresa, ella lo deja claro. Ya está bien de ser objetos hipersexualizados para vuestro disfrute. La letra es contundente. El vídeo también. No os lo perdáis.



El divorcio y los expertos

Ya sabéis lo que opino de los expertos. En el post La familia infantilizada hablaba de las imposiciones que hace la escuela sobre la familia, pretendiendo adoptar su papel en la educación de las niñas y los niños e invadir su espacio con la tareas escolares. Aquí voy a hablar de los procesos de divorcio y de la fe ciega que algunas personas tienen en que estos procesos van a ser resueltos si unos expertos asesoran al juez para que tome decisiones por la familia con hijas/os que se desintegra.

Lo cierto es que, si la pareja fuese capaz de mirar por el bien del niño o de la niña, buscaría la manera de alcanzar un acuerdo de divorcio sin aspavientos, peleas y juicios interminables. Cualquier divorcio supone sacrificios: todo el equilibrio cotidiano, todos los hábitos, la economía, las costumbres y el entorno social se ven alterados. Deberíamos encontrar soluciones que fuesen adecuadas para los pequeños y que no nos dejasen a los adultos en estado de indigencia o de inestabilidad, que no perpetuasen el conflicto. Las niñas y los niños no son entes aislados para los que se pueda buscar el bienestar independientemente del bienestar de las personas que les rodean. Por eso, y teniendo en cuenta que las circunstancias de cada familia son muy diversas, las soluciones se deben encontrar en el seno de la misma familia y teniendo en cuenta los recursos de los que dispone.

Por otra parte, creo que la figura de un juez absoluto que dictamina objetivamente y encuentra la solución más justa, sinceramente, no existe. Creer en la existencia de una objetividad y una verdad absoluta a estas alturas es ser bastante ingenua. Todas las decisiones que se toman en un juzgado, igual que las que se toman en la vida “real”, están impregnadas de ideología. Y como tengas la mala suerte de que te toque un juez que no tenga la misma ideología que tú, estamos listos. Jueces que alegan SAP para quitar la custodia a madres y dársela a padres, jueces que tienen asesores amigos de supernanny, jueces que son más de las teorías de Carlos González, jueces piagetianos, jueces vygotskianos. Lo cierto es que, quitando lo del SAP, que no puede ser considerado como algo científico y no está reconocido en el DSM (hasta que a alguien le de por introducirlo), sobre todas las demás “verdades” puedes encontrar expertos que te digan cosas radicalmente opuestas sobre la crianza de un niño/a sin que se les mueva una pestaña.

Pero lo cierto es que los únicos expertos en la familia que se está desintegrando es la familia que se está desintegrando. Y me temo que los jueces sólo la conocen a través de los informes de los peritos, y dictaminan sin profundizar mucho en los detalles y a partir, fundamentalmente, de la ideología de los expertos que les asesoran.

La última disputa es custodia compartida sí, custodia compartida no. No creo que esa sea una disputa que se pueda establecer en el vacío empírico. Imponer una custodia compartida o cualquier otro tipo de custodia sin considerar las consecuencias que va a tener en la familia es un despropósito. Yo impongo mi ideología y allá vosotros dos y vuestras hijas con las consecuencias. Habrá familias a las que le vaya estupendo con la custodia compartida, pero otras no tienen ni las posibilidades económicas ni psicológicas de sostenerla.

Y luego está el tema de la lactancia. Desde mi punto de vista, es de sentido común que si una pareja se separa teniendo un bebé lactante, no va en beneficio del bebé el destetarle para que su padre “ejerza su derecho a la paternidad“. Pero mi punto de vista no es el que mantienen todas las personas, y mucho menos el que mantienen todos los expertos. De hecho, ¿no conocéis pediatras que os animan a usar leche de fórmula y a introducir los cereales y la fruta a los 4 meses? Aquí estamos otra vez en una situación en la que dependemos de la suerte. ¿Daremos con un Carlos González o con un Estivill en la separación?

En conclusión, es todo muy difícil. No estamos formados para la resolución pacífica de conflictos, para ceder una parte y obtener un beneficio a cambio, para manejar el dolor, el orgullo, los celos, el odio y superarlos pensando en un proyecto de vida (teniendo sólo en cuenta los casos en los que se supone cierta coherencia y sentido común a las personas que se separan). Y esto nos aboca a dejar nuestros conflictos en manos de expertos y de jueces que no saben nada de nuestra vida y que tomarán sus decisiones en función de su ideología. La solución no es a corto plazo e implica un trabajo educativo profundo en relaciones de pareja, su significado y su caducidad, así como en las cosas que implica tener un hijo/a con una persona determinada. Pero creo que deberíamos ir pensando en el papel de la justicia en nuestras vidas como pareja, madres y padres.

#VDLN 97: Vetusta Morla (Sálvese quien pueda)


Hay tanto idiota ahí fuera… Y lo hemos podido comprobar estos últimos días, cuando a Anna Gabriel, de la CUP (mujer, roja, independentista, política y sin mechas) decía que le satisfaría tener hijos/as y criarlos en grupo. Aquí su intervención completa. Bien, pues esto le ha hecho merecedora de miles de insultos en las redes sociales y en la televisión y prensa basura (puta y malfollada entre otras lindezas en Periodista Digital). Como si hubiese dicho algo que no pensasen cantidad de personas en el mundo occidental. Como si se le hubiese ocurrido a ella de repente. Como si lo que ha dicho fuese algo totalmente absurdo e impensable.


No me voy a poner a citar a antropólogos ni a hacer historia para sacar del olvido nuestras tribus recientes, nuestra sociedad rural, nuestras plazas y nuestras eras. Pero sí voy a hablar de las muchas mujeres a las que he oído hablar de la crianza en tribu como un deseo inalcanzable que pudiese paliar su soledad. Sí, porque criar en una sociedad como la nuestra, en la que mamá, papá y sus vástagos se encierran entre cuatro paredes, a veces hace que la persona que cuida (que normalmente es la mujer) pase horas y horas sin estar en contacto con otro adulto, mientras da de comer, limpia, viste y entretiene a un bebé. Y eso hace de la crianza una experiencia desquiciante. No el hecho de criar, que puede ser inmensamente satisfactorio, sino estar sola en la crianza.

Pero claro, Anna G. ha tocado un tema relacionado con la estructura que sostiene nuestra sociedad. Los cimientos de la sociedad occidental capitalista depende de la falta de apoyo comunitario. Pagamos servicios que antes se solventaban con el trabajo compartido de los miembros del grupo. Nuestra soledad es una herramienta para tenernos atados y bien atados a los dictados de los mass media. Antes se debatía en la plaza. Ahora es la opinión pública la que determina lo que tenemos que pensar. Y desde luego, en esa opinión mayoritaria y “normal”, plantear lo de tener hijos e hijas en grupo es una verdadera aberración, de la que hay que reírse y a la que hay que pisotear.
Pasó lo mismo cuando las mujeres de la CUP de Manresa plantearon fomentar entre las mujeres en uso de medios de contención menstrual más ecológicos y respetuosos con el cuerpo de la mujer, como las copas menstruales. Conozco un montón de mujeres que ya han hecho ese cambio y han decidido dejar de usar compresas y tampones. Pero esta propuesta fue seguida de miles de chuflas y chirigotas de personajes incultos que no se habían molestado de informarse lo más mínimo sobre el asunto. Y es que a quién se le ocurre hablar de menstruación en un consistorio y plantear algo sobre la salud de la mujer. Las mujeres a menstruar como toda la vida, y cuanto menos se vea, mejor.

Dentro de poco, las mujeres de la CUP empezarán a hablar del parto respetado, de parir en casa, de contratar una doula y una matrona y de comer placenta. Eso va a ser el acabose, aunque como las doulas ya han sido objeto mediático de ataques, burlas, acoso y derribo, eso que llevan hecho. El caso es que no se hable de mujer ni de maternidad fuera de los límites establecidos. La mujer a parir, a criar y a menstruar como Dios Bendito manda. Y lo demás son cosas de mamarrachas y guarras antisistema, incultas y que no respetan el acerbo cultural europeo (que esa es otra)

Buenas noches, buenos días a todas y a todos. Os dejo con esta maravillosa canción.

Lo que decía mi madre es un clamor


Hace 16 años, cuando tuve a mis pequeños monster, mi madre alababa continuamente las labores de cuidado de su santo padre (el de los monster). Que si fíjate que los cambiaba, que si fíjate que hacía los biberones, que si fíjate y tal. Yo estaba pringada hasta las orejas, no hace falta decirlo, pero a mí nadie me decía lo bien que lo estaba haciendo. Era mi obligación, mi sino, mi casta. Y además me tenía que sentir mal porque el santo hiciese sus tareas vinculadas a la paternidad. 

Me enfadaba bastante, la verdad. Igual que me enfadé con Errejón cuando publicó este estado de Facebook de David Bravo diciendo: 

Os dejo esta reflexión de David Bravo, tan brillante como necesaria, conciliar y cuidar tiene el mismo valor lo haga una mujer o un hombre.

¿Y por qué me enfadé? Pues porque no hace mucho tiempo, Íñigo Errejón alababa a las personas que renunciaban a su vida y a su familia para dedicarse al partido y les trataba como verdaderos héroes. Podría ponerme a rebuscar en su Facebook para encontrar la entrada en concreto, pero como es una de esas personas dedicadas, tendría que bucear entre miles de estados. Es decir, viva los hombres cuando se dedican al partido, viva los hombres cuando cuidan a sus hijos e hijas, viva los hombres, siempre tan brillantes, cuando dicen que no les alaben, que está haciendo lo que siempre han hecho las mujeres. Nosotras, que llevamos tanto tiempo diciendo lo mismo, ya se sabe que no somos brillantes, sino feminazis de baja estopa. 

En fin, esto tomárselo con humor, hombres conscientes. Ya se sabe que, hagáis lo que hagáis, lo vais a hacer mucho mejor que nosotras. Si hasta he tenido que sufrir mansplainers de hombres que no tenían hijas/os contándome cómo tenía que criar a las mías. Lo mejor es que nosotras nos dediquemos al akelarre y vosotros paséis la aspiradora y cuidéis a las criaturas, además de trabajar y traer el sustento a casa. Sois los putos héroes. Os amamos.